Alfonso XIII

 

Siguiendo la obra dirigida por Moreno Luzón, Alfonso XIII, un político en el trono, (Marcial Pons Historia, Madrid, 2003) , intentaré explicar la figura de Alfonso XIII desde diversos puntos de vista que se interrelacionan. Se trata por lo tanto, de hacer una breve biografía, no con anécdotas y detalles de la vida privada del rey, sino desde la visión de un hombre público, cuyas actuaciones repercutían en la política española, y que este hecho  impidió la democratización del régimen de la Restauración.

Dos han sido las visiones que se han tenido del rey tradicionalmente. En primer lugar una  tradición crítica, en la que el rey ha sido tratado como un militarista y autoritario, teoría que se desarrolló durante la época de la dictadura de Primo de Rivera, y más tarde con la República, que incluso le condenaría por alta traición. Esta era la visión, por tanto de los republicanos y los contrarios al rey. Pero para sus partidarios, visión que viene a conocerse como tradición encomiástica, el rey era visto de una forma muy diversa, al que consideraban un patriota español y un caballero.
Son estas dos visiones con las que la historiografía académica ha tratado, aunque matizando, o intentando llegar a puntos intermedios dependiendo de cada historiador. Aunque estudios monográficos acerca del rey, no se realizarán hasta la década de los años ochenta, ante lo delicado que era tratar este tema durante la dictadura franquista.
 
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Alfonso XIII

LA IMAGEN DEL MONARCA

La imagen que se debía dar del monarca era de gran importancia, y era un factor de gran trascendencia en las monarquías constitucionales, algo que se hacía más importante cuanto más poder perdían. Alfonso XIII dio a conocer muchas facetas: soldado, deportista, diplomático, hombre de Estado, de negocios, etc, unas buenas, y otras malas, como mujeriego, pero todas ellas conocidas por el público.
El inicio del reinado de Alfonso XIII, fue un punto de inflexión en el sistema de la Restauración. Creía que él podía llevar al cabo el regeneracionismo del país del que tanto se hablaba en aquella época, ante unos partidos de turno que estaban totalmente desacreditados, sin unos líderes claros, en donde los gobiernos se alternaban en cortos espacios de tiempo, en lo que se ha venido a llamar “crisis orientales”. Quizás se tuvo la oportunidad en aquel momento de arraigar  a la monarquía, y de convertirla en todo un símbolo de la unidad nacional, pero los políticos de la Restauración no realizaron ninguna estrategia en fomentar la figura de la monarquía, si no, que más bien utilizaron la monarquía, como Canalejas, Romanones, o el propio Maura, para mantenerse en el poder, o llegar a él, en lo que se llamaba “política de visitas”. Fue, en cierta medida Maura, el único que intento fortalecer la imagen de la corona, acercándolo al pueblo, llevando de viaje al monarca por diversas ciudades y pueblos de España, y consiguió también mantener al rey alejado de la política, pero la semana trágica de 1909, y la salida de Maura de la presidencia, acabaron con ello, aunque Canalejas, intentaría conseguir apoyos para la corona en sectores que tradicionalmente se acercaban más al republicanismo.
En general, las continuas crisis de gobiernos, impidieron llevar a cabo una política para fomentar la imagen del rey, aunque durante la primera guerra mundial, la iniciativa real, de montar en Palacio una oficina de búsqueda de desaparecidos, dio a la monarquía cierto prestigio, hasta el punto de que Alfonso se convertirá en objeto para promocionar productos de todo tipo. Y muchos de los actos del monarca, serán utilizados por los políticos para intentar formar un discurso nacional, aunque las críticas al rey eran cada vez mayores, por su constante iniciativa política. Y la crítica no solo vendrá por parte de republicanos como Lerroux, sino también de las propias filas de los partidos conservador y liberal, que si bien permanecían callados mientras estaban en el poder, mientras favorecía sus intereses, no dudaban en arremeter contra el monarca una vez eran apartados de los ministerios.
El prestigio del monarca empezó a desgastarse con cada uno de los cambios de gobierno, pero lo que acabo totalmente con él fue el

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Alfonso y su pasión por los coches

desastre de Annual, ante los rumores de sus intereses de Marruecos y la libertad que al parecer se tomó para ordenar, al general Silvestre, un ataque. A partir de entonces, la crítica al monarca no solo fue criticada, si no que la propia institución monárquica empezó a ser dudada, por incluso aquellos que se consideraban monárquicos. El prestigio del monarca pudo recuperarse en un primer momento, con el apoyo al golpe de Estado de primo de Rivera, aplaudido por muchos que consideraban que se había echado del poder a políticos ineficaces.

Para Primo de Rivera, la figura del monarca fue una controversia, por una parte le veía como un símbolo para legitimarse, pero por otra era una molestia, por los constante intentos del rey de involucrarse en su política. El desgaste de Primo de Rivera, acabara también finalmente con el prestigio del monarca, que se quedará sin apoyos una vez que Primo de Rivera abandonó el gobierno, aunque para muchos, como para el entonces embajador americano en España, la monarquía era aún fuerte para sostenerse.
 
LOS PODERES DEL REY
¿Se mantuvo el monarca dentro de los márgenes que fijaba la Constitución de 1876? , la respuesta es afirmativa, nada de lo que hizo el rey fue “ilegal”, puesto que el amplio poder que la Constitución fijaba para el rey le permitía involucrarse en la política. El nombramiento de ministros, y el poder para disolver parlamentos era de gran importancia. Pero este gran margen de poder, dependía mucho de quién ocupara el trono, y de cómo lo utilizara, puesto que en el fondo, el sistema político ideado por Cánovas funcionaba si el rey seguía la línea que le marcaran los políticos,  y así lo hicieron, primero Alfonso XII, y más tarde María Cristina en la regencia. Pero a partir de 1902 los partidos del turno empiezan a entrar en crisis y a dividirse, sin una jefatura clara, producirá que el rey se vea obligado a entrar en la política, puesto que sin unos lideres claros, con respaldos en sus propios partidos, y un parlamento que no era representativo de la voluntad nacional, tan solo quedaba la opinión del monarca, que dará y quitara la presidencia del gobierno, aunque nunca de forma arbitraria, puesto que en la mayor parte de los casos había consultas con los principales líderes políticos.
Dos amplios poderes que la Constitución le otorgaba eran el militar y el diplomático. Durante los primeros años del siglo XX, el poder civil enmascaraba el poder militar, que resucitaba. El rey era el comandante en jefe del ejército, y Alfonso mostró de forma temprana su afecto hacia el ejército, rodeándose de consejeros militares. Al igual que muchos militares, Alfonso creía también en un regeneracionismo de la patria, en donde el ejercito debía ser fundamental, “el cirujano de acero”. La guerra de Marruecos, fue para el monarca “un juego” en que demostrar las prerrogativas militares que le adjudicaba la constitución, en donde de forma constante intervino, dejando de lado al gobierno civil. Pero tampoco se puede decir, que el rey fuera el culpable del militarismo de la Restauración, pero su actuación si que agravaron el problema militar, apoyando de esta manera la ley de jurisdicciones, aunque por otra parte se opondría al movimiento juntero, pero prefiero esta situación, a que el régimen diera un giro hacia la democracia.
El golpe de Primero de Rivera, fue tan solo la cúspide del progresivo militarismo del país. Alfonso ya había  expresado, antes del golpe, su intención de formar un gobierno militar, y al parecer, estuvo al tanto en todo momento de la conspiración de Primo de Rivera, aunque se mantuvo al margen, hasta que esta triunfo. Triunfo, que por otra parte, se debió al debilitamiento del poder civil y  al propio apoyo del monarca, puesto que  sin su consentimiento, la mayoría de los militares no hubieran secundado el golpe.
En cuanto a la figura de Alfonso como embajador, su reinado se encuentra en un periodo de gran actividad diplomática de los países europeos, en los que se estaba dando un cambio en las alianzas tradicionales, y la formación de las dos grandes alianzas, la Entente y la Triple Alianza, que caminaran y se enfrentaran en la primera guerra mundial. España, desde que se le concediera el protectorado marroquí, se mantendrá en la órbita de la Entente. Durante el reinado de Alfonso, el rey participara activamente, y estará al tanto, de la política exterior, y aunque no podía, actuó en muchas ocasiones al margen del gobierno. En muchas ocasiones, el mismo intervino en las negociaciones exteriores, prescindiendo de los diplomáticos profesionales, en un intento, que siguiendo con su pensamiento regeneracionista, hacer de España una potencia fuerte en el exterior. En 1904 había realizado su primer viaje, que le llevo a visitar las principales capitales europeas: Paris, Londres, Viena, Berlín. Viajes que se realizaban con la intención simbólica, de estrechar relaciones diplomáticas. Aunque las visitas a los monarcas europeos, no se tradujeron en viajes de éstos a España, debido  a que en 1906, el atentado que  recibió Alfonso en su boda, hizo que los monarcas temieran por su vida, si venían a España. En general, el monarca disfruto en los primeros años de su reinado de una gran consideración internacional, pero a partir de su apoyo a la dictadura, vio como también en el exterior, disminuía su prestigio.
 
EL REY POLÍTICO
En cierta medida, puede entenderse, que el monarca se sintió presionado a involucrarse en la política, ante unos partidos debilitados, pero se puede observar, que en los momentos en donde ocuparon la presidencia lideres que consiguieron aglutinar a sus respectivos partidos, el rey se alejaba de la política, como sucedió durante el parlamento largo de Maura. Se tuvo, quizás, la ocasión de democratizar entonces el régimen, como proponía Maura, mediante la no intervención del gobierno en el régimen electoral. Pero para Canalejas, que se sucedió después de la Semana Trágica, para la democratización del régimen era necesario la intervención de la monarquía, mientras que al resto de políticos no les interesaba el tema, y seguían mirando a Palacio con el fin de conseguir algún ministerio.
A partir del asesinato de Canalejas, en 1912, la intervención del rey en la política fue algo usual. Continuos cambios de gobiernos y continuas elecciones en que los partidos de turno conseguían cada vez mayorías más débiles. Tras la primera Guerra Mundial, la situación política europea afecto también a España, a pesar de no haber participado en la guerra, puesto que se vio como los imperios caían, las republicas se multiplicaban, y las constituciones eran reformadas, mientras en Rusia se había producido una revolución bolchevique. Empezó esto a preocupar al propio monarca, y  a los políticos de la Restauración, ante la posibilidad de una revolución en España, en un momento también, el de 1917, en que la que se produjo una huelga general, el movimiento juntero de los militares y un intento de reformar la Constitución, con las petición de unas Cortes constituyentes. El rey se vio obligado a realizar un gobierno nacional, presidido por Maura, en cuyo programa no se mencionaba ningún tipo de reforma. El propio Maura consideraba que la reforma constitucional no serviría de nada, sin antes tener unos políticos cualificados, y una base electoral que representara realmente la voluntad del país.
La intervención del monarca en la política hicieron que finalmente  se le empezara a acusar de los males del país, aunque los ministros intentaran cargar con la responsabilidad, tal y como decía la Constitución.
Pero además, el monarca no dudaba en criticar a los políticos y a las instituciones. Fue por ello que no dudaría en aceptar el Golpe de Estado de Primo de Rivera, aunque se duda seriamente si formo parte de él durante los preparativos. Creía que sería una transición de limpieza, que acabaría con los males del sistema de la restauración.
 

LIBERALES Y CONSERVADORES
En cuanto a la relación que tuvo el Alfonso con los dos partidos de turno, el conservador y el liberal, era ambigua, y no se puede encontrar que tuviera mayor vinculación con uno o con otro,  puesto que, por una parte, era un monarca moderno con aspectos característicos del liberalismo, pero por otra parte, también un conservador, como su defensa del catolicismo. En ocasiones, el antiparlamentarismo y el militarismo que mostró, le hicieron ser más conservador que los propios conservadores. En general, estuvo por encima de ambas ideologías.
Alfonso no estaba dispuesto a que su poder se redujera, como decía Maura,  político que tendrá mala fama en los entornos de palacio. Maura por su parte, intentó en todo momento guardar  las formas de la monarquía, e intentará reflejar en la monarquía española las características de la inglesa, en la cual el monarca se mantenía alejado de la política, pero al mismo tiempo, era un referente de estabilidad para el país.
Pero las teorías de Maura chocaban con la constante intervención en la política de Alfonso. Maura nunca dirá que las iniciativas del rey fuera anticonstitucionales, pero si antiparlamentarias, puesto que abusaba de las prerrogativas regias. Sería esto lo que haría que el primer gobierno Maura dimitiera al completo. Ello no quitara para que unos años después, en 1907, Maura sea vuelto a llamar para formar lo que será su parlamento largo. A lo largo de este gobierno intentará un reforzamiento del sistema parlamentaria y electoral, y desactivar la monarquía de la vida política, que lo conseguirá,  y Alfonso se alejara de intervenir entre 1907 y 1909.
La crisis que se abrió en 1909, tras la Semana Trágica, Maura intentará realizar unas elecciones, en la que la nación diera su voluntad, para acabar con la crisis. Pero el rey, volvió a intervenir de nuevo, quitó el apoyo a Maura, al mismo tiempo que muchos liberales y conservadores veían necesario la intervención monárquica. Maura perdió con el retiro del apoyo real, no solo el gobierno, sino también su débil liderazgo dentro del partido conservador, aunque continuará siendo una alternativa de gobierno en el futuro, pero de momento, cuando el rey llamo de nuevo a los conservadores, tras la muerte de Canalejas, para formar gobierno, no nombrará a Maura presidente, si no a Dato, lo que fomento la ruptura aún más del partido conservador. Entre 1918 y 1922 se sucedieron gobiernos conservadores, en los que todos los líderes conservadores presidieron el consejo de ministros en alguna ocasión. Los políticos conservadores, cada vez se empezaran a fiar menos del monarca, y eran consciente, de que el rey solo los utilizaba para conseguir sus deseos.
Entre 1919 y 1923, Alfonso pasó solo a reconocer dos fuerzas, la iglesia y el ejército, lo que le posicionaba más a la derecha que los conservadores. El apoyo del rey al golpe de Primo de Rivera, hizo que los conservadores se convirtieran en la principal oposición a él, y que simplemente pasaran a pensar que la lealtad a la monarquía ya no tenían ningún sentido, aunque algunos aún pensaron, como Maura, que la monarquía podría ser sacada adelante, e incluso Maura redactaría una constitución con amplios tintes democráticos, en la que la monarquía era desactivada políticamente. Pero para entonces, la monarquía ya estaba perdida, y la republica era para la gran mayoría la salida.
 
 
LA CORTE
En cuanto a la Corte de Palacio, de gran conservadurismo, había destacado la monarquía española, durante la regencia de María Cristina, por tener la Corte más austera de Europa, pero a pesar de ello, en la Corte existían cientos de personas con un amplio personal, que suponía un gran gasto para los presupuestos del Estado. La Corte tuvo gran importancia, puesto que al estar rodeando al rey niño, sería esta la que educó a Alfonso, junto a la influencia, también conservadora de su madre. Al rey le gustaban las ceremonias y los uniformes, y se seguía un protocolo rígido. Los cortesanos eran de la vieja nobleza y de la nueva, y sobre todo miembros del ejército. Con Alfonso, su gusto por el deporte, y la llegada de Victoria Eugenia, se introdujeron nuevas formas en la forma de vida de la Corte, así como en los vestidos.
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Alfonso con la túnica de las órdenes de Santiago y Calatrava

Pese a ello, Alfonso se había criado en un ambiente de gran religiosidad, como era la Corte, y sobre todo su madre, Maria Cristina, que provenía de una de las Cortes más rígidas de Europa, la de Viena. La vida Cortesana giraba en torno a la Capilla Real, siempre había alguna ceremonia religiosa, y de igual modo, la mayor parte de los cortesanos eran devotos religiosos. Aunque al rey, no se le puede calificar de beato, puesto que no iba a misa más allá de lo necesario.

El reinado de Alfonso XIII se dio en un momento anticlerical, y se veía obligado en ocasiones a firmar medidas que iban en esta línea. Muchos vieron en el rey también a un anticlerical, puesto que en alguna ocasión afirmó ser partidario de reformas en materia religiosa, y ante la ley del candado, aunque no estaba de acuerdo con ella, tampoco estuvo del todo en contra, mostrando una aptitud compleja. Pero tras la primera guerra mundial, la caída de las monarquías, y la revolución soviética, el rey tendió a un acercamiento con la iglesia, intentado buscar apoyos que le garantizasen la estabilidad en el trono, y de hecho, será la Iglesia, la única que apoyará al rey en las vísperas de la proclamación de la segunda república.
 
 
ALFONSO Y LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA
La causa de que el rey apoyara un gobierno militar fue el temor del monarca a la revolución soviética, por lo que defendió al ejército, como único modo de salvar a la patria. El apoyo que dio a Primo de Rivera, y la disolución de las comisiones del Senado y el Congreso, daban por acabada la constitución el 76, lo que produjo un distanciamiento de los dinásticos de la Corona. Sus actos, impedirían que en e futuro se pudiera dar una salida constitucional a la crisis.
La división de poderes acabó, el dictador asumió todo el poder, aunque en teoría era el rey la última instancia del poder. Pero esto dejaba a Alfonso, como ocurriría, sin una alternativa si Primo de Rivera caía. Se convertía así, una crisis de gobierno, en una crisis de régimen. En general, el rey perdió iniciativa, que si tenía antes de 1923. En un primer momento, hasta 1924, el rey estuvo entusiasmado con el gobierno militar, pero a partir de ese año, aunque siguió apoyando a Primo de Rivera, vio como él perdía protagonismo a favor del dictador, y a partir de 1926, paso directamente a apoyarle sin ningún entusiasmo, y empezará débilmente a presionar para restaurar la “normalidad”. El desgaste de estos años será tal, que hasta el ejército se posicionara contra Alfonso. Continuando con el siguiente capitulo, todos, hasta los monárquicos, se encontraban contra el rey a la altura de 1929, al mismo tiempo que se encuentra desconcertado, puesto que no quiere volver a una situación política como la de 1923, pero quiere democratizar el régimen, manteniéndose en el trono. Algunos políticos como Berenguer, aún pretendía una vuelta al antiguo sistema de la restauración, pero el resto de los políticos pretendían unas cortes constituyentes, así como una proclamación de la república, de ahí el retraso de Berenguer en convocar elecciones, pero finalmente, las elecciones municipales del 12 de abril, se vio reflejada la voluntad nacional de mayoría republicana. El rey aún pensaba, incluso el 14 de abril, en abrir un proceso constituyente, que diera una monarquía democrática, o incluso llegó también a tramar de nuevo una resistencia militar, pero ya sin apoyo, ni siquiera de los antiguos monárquicos, el rey salio hacia el exilio.
 
EL REY EN EL EXILIO
Desde el exilio, Alfonso confiaría en que en algún momento la monarquía sería repuesta, y tuvo contactos con partidos de la derecha española, con este fin, aunque sorprendentemente, el principal partido en el que confiaría Alfonso no sería RE, partido monárquico por excelencia, si no que fue en la CEDA, con cuyo jefe, Gil-Robles, llegaría a entrevistarse.
Las Cortes republicanas iniciaron un proceso para culpar al rey de atentar contra la soberanía nacional, incluso en un primer texto, que sería rechazada hasta por Azaña, se decía que Alfonso era culpable de un crimen de lesa majestad contra el pueblo. Y de igual modo, sus cuentas fueron investigadas. Tan solo el Conde de Romanones, en la sesión de las Cortes que culpaban al rey, defendió al monarca.
Durante este tiempo, se realizarían contactos con los carlistas, llegando a acuerdos, como el Pacto de Territet, que poco después fue roto, en lo que se intentaba unir de nuevo las dos ramas, en la figura de don Juan de Borbón, hijo de Alfonso. Se estuvo a punto de conseguirlo, pero Alfonso no quiso en ningún momento abdicar en su hijo, al menos mientras no estuviera en Madrid, y en el trono, único lugar donde cedería.
La guerra civil española, fue una esperanza para Alfonso para que la monarquía fuera repuesta, y en todo momento se mostró del lado del general Franco, con el que mantuvo contactos, sobre el rumbo de la guerra, llegando a ayudar, con su propio dinero, al bando golpista. Pero acabada la guerra, muy pronto Franco comunico al Alfonso que la restauración de la monarquía era imposible. Poco tiempo después, Alfonso moría exiliado, en una monarquía que había perdido todo peso.