Climas polares

Los climas polares son los climas de las latitudes altas, caracterizados por el frío intenso y la ausencia de verano. El frío de las regiones polares es resultado del enorme déficit del balance de radiación neto, pues, aunque el sol puede estar sobre el horizonte las veinticuatro horas del día durante una época del año, la intensidad de su radiación es baja por la oblicuidad de los rayos solares. No obstante, durante los meses de invierno las horas de sol son mínimas, lo que implica temperaturas muy por debajo de cero.

Las áreas polares son también regiones secas, debido al dominio de las altas presiones térmicas y a la escasa evaporación, lo que motiva que el volumen anual de las precipitaciones sea similar al de los climas secos templados o tropicales. Las pocas precipitaciones se producen en forma de nieve.

Otro rasgo de las regiones polares es la presencia de fuertes vientos, debido a las turbulencias que se producen entre las altas presiones polares y las bajas presiones circumpolares.

 

Climas de tundra

El clima de tundra  ocupa las franjas costeras ártica y antártica. Se da ante todo en el hemisferio norte, en las costas más septentrionales de América, una franja litoral de la mitad norte de Groenlandia, y las de Eurasia, al Este de Nueva Zembla.

Estas zonas están afectadas por la influencia oceánica y el paso frecuente de familias de borrascas del oeste, a las que se deben las relativamente importantes precipitaciones. Aunque no existe el verano propiamente dicho, varios meses pueden alcanzar temperaturas superiores a los cero grados, lo que permite el deshielo superficial. No obstante, la amplitud térmica anual sobrepasa los 20 º. Las precipitaciones pueden sobrepasar los 350mm y se corresponden con los meses fríos.

En estos climas, la vegetación arbórea no puede sobrevivir, lo que da paso la llamada tundra, que es, en general, una formación de musgos y líquenes, que son de las pocas especies que han logrado sobrevivir a un clima tan inhóspito. No obstante, podemos encontrar otras especies en las zonas de tundra más cercana al bosque boreal. Así, podemos hallar, de forma aislada, especies arbóreas con dimensiones de arbusto como abedules, sauces y alisos. También podemos encontrar brezo y, en los humedales permanentes, turberas con una vegetación específica. También herbáceas de ciclo anual como gramíneas. En general, son especies que tienen que vivir bajo un buen número de meses con temperaturas bajo cero y con acumulación de nieve, que únicamente desaparece en los pocos meses de verano.

Al igual que las plantas, el resto de formas de vida debe también buscar estrategias para pasar el largo invierno. Los mamíferos herbívoros suelen migrar a otras zonas con alimento, como los renos y alces que lo hacen a la taiga. Aunque existen aves, como el lagópodos que no migra, y depredadores como el armiño y el búho nival. Un mamífero de estas zonas es el toro almizclero, que se ha reducido a la zona de Canadá.  También encontramos al lobo, que es el mayor de los depredadores, así como el zorro ártico y el oso blanco. Mientras los herbívoros se alimentan de vegetales que crecen en la época menos fría, los depredadores se alimentan de los primeros. Por otra parte, focas, morsas y pingüinos encuentran su alimento en el mar: pescados y algas.

En estos climas la agricultura es prácticamente imposible de llevar a cabo. El único momento de ciclo vegetativo es demasiado corto para lograr la maduración de ninguna cosecha.  Únicamente se puede localizar agricultura en aquellas regiones de tundra que se encuentran mejor orientadas, en donde se suele cultivar  jaras y amapolas.

Este clima es poco propicio para el hombre, por ello esos territorios están poco poblados, especialmente porque el territorio tampoco es capaz de alimentar a una alta población. La mayor parte del alimento proviene de la caza y la pesca, y tradicionalmente las gentes primitivas solían llevar una vida nómada.

 

Clima polares oceánicos

El clima polar oceánico recibe influjo oceánico, es decir, está bajo el influjo de masas de aire polares marítimas y de la descargas de aire ártico o antártico que siguen a las familias de depresiones del oeste. Por tanto, en el hemisferio norte, lo encontramos en las costas de la península del Labrador, mitad meridional de Groenlandia, norte de Islandia y Noruega, Atlántico Norte, el sector litoral del mar de Barents y del Pacífico Norte, desde las Aleutianas hasta el estrecho de Bering. En el hemisferio sur, en la costa antártica oriental, en Tierra de Graham, Tierra de Fuego, en las islas australes menores, como Shetland, Orcadas del Sur, Kerguelen y Macquarie.

Como resultado, los climas polares oceánicos son inestables y reciben precipitaciones copiosas, por encima de la tundra y polares, entre los 400 y 900mm al año e incluso superiores. Estas se reparten homogéneamente a lo largo de los doce meses de año. En los meses más fríos en forma de nieve. Las temperaturas de los meses más fríos no bajan de los -10º, pero el verano no sobrepasa los 10º, por lo que la amplitud térmica está situada entre los 10 y 15º.

 

Climas glaciales

El clima glacial corresponde al dominio permanentemente helado del océano Ártico y, sobre todo, del interior de Groenlandia y de la Antártida, donde al factor latitud se une su considerable altitud. Es el clima más frío del globo, con temperaturas siempre inferiores a los cero grados y registros absolutos extraordinariamente bajos, como los -88º del observatorio de Vostok en el continente antártico. Las precipitaciones son muy escasas, debido al dominio casi absoluto de las altas presiones polares, y casi siempre en forma de nieve.

Las pocas personas que viven en el interior de los inlandsis –desierto polar- son científicos.

 

BIBLIOGRAFÍA:

CLAVERO, P.L. y RASO, J.M. (1983): Los climas. Fundamentos y sugerencias didácticas, Anaya, Madrid.

CUADRAT, J.M. (1992): “El mosaico climático del globo”, en LÓPEZ, F.; RUBIO, J.M. y CUADRAT, J.M., Geografía Física, Cátedra, Madrid, pp. 349-379

PATTON, C.P.; ALAXANDER, C.S. y KRAMER, F.L. (1983): Curso de Geografía Física, Vicens-Vives, Barcelona

RUBIO, J.M. (1992): “Biogeografía”, en LÓPEZ, F.; RUBIO, J.M. y CUADRAT, J.M., Geografía Física, Cátedra, Madrid, pp. 425-578

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