El Cid Campeador

altComo fuentes para reconstruir la vida del Cid, se tiene el Carmen Campidoctoris, escrito aún en vida del Cid, desconociéndose su autor. La historia Roderici, que se calcula que fue escrita poco después de la muerte de Rodrigo. El Cantar de Mio Cid, aunque como es usual en los textos épicos, la figura del Cid está exagerada. También se conservas obras en las que se nombra al Cid, de origen musulmán, como por ejemplo las de Ibn Alqama y las de Ibn Bassam. Otras fuentes abundantes son diplomas, cartas, hechos jurídicos de la época, aunque muchos de ellos no han llegado hasta nuestros días.

El Cid Campeador nació entre los años 1048 y 1050 en un pequeño pueblo de la provincia de Burgos llamado Vivar. Su padre era don Diego Laínez, un infanzón que guardaba desde Vivar la frontera de Navarra en el camino de Ubierna a Burgos.

Cuando Rodrigo nació, reinaba Fernando I, rey de Castilla y de León. El reino de Fernando I se había convertido en el más poderoso de la Península y había impuesto a la mayoría de las taifas el pago de parias.

El prestigio adquirido por el padre del Cid, Diego Laínez, tras la conquista del Castillo de Ubierna, entre otros, y el noble linaje de la madre de Rodrigo, hicieron que el Cid se trasladara a la Corte en Burgos, aún con una edad prematura, donde se educó con el Infante don Sancho, el primogénito de Fernando I.

En 1064, Rodrigo que contaba con unos 15 o 16 años acompañó a Sancho en una expedición a Zaragoza para cobrar parias, donde tuvieron una lucha con el Rey de Aragón, Ramiro I, en la que Ramiro murió. Luego Sancho y Rodrigo volvieron a Castilla donde Rodrigo continuó su formación, y muy pronto recibiría la dignidad de caballero.

En 1065 murió Fernando I y su última voluntad era que su reino se dividiera entre sus tres hijos: Sancho II, Alfonso VI y García. Sancho II, el primogénito, recibió el reino de Castilla, Alfonso VI Asturias y León, y García Galicia y Portugal. Pronto Sancho II volcó sus inquietudes de afirmación sobre Zaragoza y las tierras del Ebro. En 1067 éste realizó una expedición a Zaragoza, pero choco con los intereses de Sancho Garcés IV (rey de Navarra) y Sancho Ramírez (rey de Aragón), iniciando la conocida como guerra de los tres Sanchos. Fue en el proceso de esta guerra cuando don Rodrigo tuvo un duelo con un caballero Navarro al cual venció (el Cid solo contaba con unos 17 o 19 años). Fue en ente duelo donde don Rodrigo fue apodado cómo “el Campeador”, nombre con el que fue conocido en la Cristiandad.

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Estatua del Cid en Burgos

En este mismo año, 1067, moría Doña Sancha, la madre Sancho II, Alfonso VI y García. Es a partir de este momento cuando Sancho II empieza a tramar arrebatar a sus hermanos sus reinos. Es entonces cuando Sancho nombra a Rodrigo Alférez Real y le pone al frente de sus mesnadas. En 1068 se produce la batalla de Llantada donde las tropas de Alfonso VI sufrieron una derrota, pero Alfonso logro escapar y volver a su reino antes de ser hecho prisionero.

Curiosamente tras la derrota de Alfonso en Llantada, los dos hermanos, Sancho y Alfonso, se ponen de acuerdo para destronar a García de Galicia. García perdió su reino pero logro huir a tierras de moros, y Sancho y Alfonso se repartieron el reino de su hermano.

En 1072 se produce la batalla de Golpejera entre Sancho y Alfonso, donde el Cid, al mando del ejército castellano, venció a Alfonso, el cual fue hecho prisionero. Sancho había conseguido lo que se propuso, había vuelto a unificar el reino de su padre. Pero ese mismo año, la hermana de Sancho II, Urraca, desde Zamora hizo frente a Sancho e hizo que Zamora desacatara cualquier orden de Sancho. Sancho y el Cid se dirigieron a Zamora para sofocar la sublevación de Urraca, pero en el ataque a la ciudad Sancho murió asesinado misteriosamente (parece ser que fue Urraca quien mandó que mataran a su hermano). El cadáver de Sancho, que fue acompañado por el Cid, fue llevado hasta San Salvador de Oña donde tomo sepultura.

Tras la muerte de Sancho II sin descendencia, el trono pasó a su hermano Alfonso VI. El Cid que tras haber muerto Sancho quedo como regente del reino, cedió a Alfonso el reino pacíficamente y se puso bajo sus órdenes. El Campeador conservo con Alfonso VI su situación entre los magnates del reino, aunque le quito su puesto de alférez real.

En 1073 el Cid se convierte en procurador del monasterio de San Pedro de Cárdena, donde años después Rodrigo será enterrado. Alfonso durante estos años le envía a hacer de juez en varios pleitos. Alfonso ofrece en 1074 al Cid a Jimena como esposa. Jimena era una noble asturiana, de estirpe regia (era prima del propio Alfonso VI). Ese mismo año Jimena y Rodrigo se casaron, lo que provoco que Rodrigo tuviera un gran ascenso social.

Entre 1076 y 1077 muere el rey Sancho García IV de Navarra asesinado. Alfonso aprovecha esa circunstancia para adueñarse de La Rioja. Aunque es posible que durante esta campaña el Cid no estuviera al lado del rey.

En 1079 el Cid es enviado por Alfonso VI a Sevilla para cobrar las parias. El rey también envió a Granada por el mismo motivo a García Ordóñez. Fue en este momento cuando el rey de Granada optó por hacer un ataque a la taifa Sevillana. El Cid al ver el ataque a Sevilla no le queda otro remedio que ayudar al rey de Sevilla (hay que recordar que como el reino de Sevilla pagaba parias a Castilla, Castilla debía defender a Sevilla de ataques). Pero lo mismo hace García Ordóñez, apoya al rey de Granada. Finalmente los ejércitos castellanos del Cid y de García Ordóñez acabaron teniendo una batalla en Cabra donde Ordóñez sufrió una gran derrota.

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Juramento de Santa Gadea

En 1081, Alfonso realizó una campaña por tierras de Toledo, a la que el Cid no se incorporó por estar gravemente enfermo. El objetivo de esta campaña era devolver el trono del reino de Toledo a al-Qadir, que había sido destronado. Durante la campaña del Rey en Toledo, un grupo de musulmanes realizó una algarada por territorio Castellano. La noticia llego al Cid, que rápidamente se dirigió con su ejército a tierras de Toledo saqueándolas y asolándolas (hemos de suponer que el Cid se había enterado previamente de que los culpables de la algarada en Castillas eran musulmanes de Toledo). Pero la cabalgada de Rodrigo por tierras toledanas no agradó a Alfonso. Los magnates del reino, celosos de la elevación social del Cid, y sobre todo de García Ordóñez, convencieron al rey de que el Cid lo que había tratado de hacer era que mataran al propio rey Alfonso y su sequito, y recordaron al rey que el Cid había servido a Sancho II y quería vengar la muerte de éste. Alfonso empezó a tener dudas de Rodrigo, pero lo que realmente le impulso a desterrarlo de Castilla fue las quejas de al-Qadir (Alfonso tenía una alianza con al-Qadir). A pesar de todo, no está claro los motivos que llevaron a Alfonso VI a desterrar al Cid.

En el verano de 1081, el Cid sale hacia e destierro. El destierro no fue como lo cuenta el Cantar de Mio Cid (según el Cantar el Cid debía abandonar Castilla solo, nadie podía prestarle ayuda, y se le quitaban todo los bienes).Según el fuero de Castilla cuando el rey desterraba a alguien, no se le podían quitar sus bienes, salvo aquellos que el rey le hubiera otorgado para que los protegiera. Además al desterrado le podían seguir sus fieles vasallos. De este modo al Cid le acompañaron sus vasallos y sus sirvientes, además de camino al destierro, a Rodrigo se le iban uniendo más personas, por lo que cuando Rodrigo salió finalmente de Castilla, ya tenía un pequeño sequito.

Jimena y sus tres hijos: Diego Rodríguez, Cristina y Maria (según el Cantar de Mio Cid las hijas del Campeador se llamaban doña Elvira y doña Sol) se quedaron al cuidado del hermano de Jimena, el Conde Rodrigo Díaz (el Cantar de Mio Cid dice que la familia del Cid se quedaron en el monasterio de Cárdena, pero parece incierto).

Tras salir de Castilla, el Cid tenía que buscar un señor al que servir. En primer lugar el Cid se dirigió a Barcelona donde ofreció sus servicios a los Condes Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II (los condes eran hermanos y gobernaban conjuntamente) pero estos no los aceptaron. Finalmente, avanzado el verano el Cid se dirigió a Zaragoza donde también ofreció sus servicios al rey moro de Zaragoza. Este rey era al-Muqtadir, quien reinaba además de en Zaragoza, en Lérida, Denia, Tortosa, y era protector de Valencia junto con Alfonso VI. Al-Muqtadir acogió los servicios del Cid y le recibió honrosamente. Al-Muqtadir murió pocos meses después de la llegada del Cid.

Tras la muerte de al-Muqtadir su reino se dividió entre sus dos hijos: al-Mutamin y al-Fagit. Al-Mutamin se quedó con Zaragoza, y al-Fagit con Lérida, Denia y Tortosa. El Cid quedó bajo el servicio de al-Mutamin, el cual acogió a Rodrigo como su padre lo había hecho meses atrás.

Pronto empezaron las disputas entre los dos hermanos, y el Cid fue puesto al mando del ejército para defender el reino de Zaragoza. Seguidamente el Cid quiso reforzar las fronteras del reino y ocupó algunas fortalezas pertenecientes a Lérida, como por ejemplo la de Monzón que fue entregada al Cid sin presentar resistencia. Mientras tanto el rey de Lérida conseguía formar una alianza con el rey de Navarra y Aragón, Sancho Ramírez, y con el Conde Berenguer Ramón II.

En 1082 se produce la batalla de Almenar entre los ejércitos de Zaragoza dirigidos por Rodrigo, y los ejércitos del rey de Lérida y del Conde Berenguer II. La batalla dio una gran victoria al Cid, e incluso Berenguer fue hecho prisionero. Cuando el Cid volvió a la ciudad de Zaragoza sus ciudadanos le recibieron con un inmenso júbilo, y al-Mutamin le enriqueció con regalos y joyas de oro y plata.

Ese mismo año, el alcaide de la fortaleza de Rueda, Albofalac, y el antiguo rey de Lerida, al-Muzaffar (al-Muzaffar era el tio de los actuales reyes de Lérida y Zaragoza, y había sido destronado por su hermano al-Muqtadir), que estaba allí hecho prisionero, se alzaron contra el rey de Zaragoza y solicitaron ayuda a Alfonso VI. El rey de Castilla accedió a prestar ayuda, y envió un sequito que el mismo acompaño. Pero mientras el sequito de ayuda llegaba a Rueda, al-Muzaffar murió, y Albofalac que vio que su plan no podía triunfar, traicionó a Alfonso VI, y cuando el ejercito de ayuda entró en la fortaleza de Rueda, éste fue atacado, causando muchas bajas, incluso la muerte de magnates del reino castellano.

Cuando el Cid se enteró de la traición de Rueda, éste fue enseguida a prestar ayuda a Alfonso. Alfonso le recibió honrosamente, le perdonó, y mandó a Rodrigo que le siguiera a Castilla, pero mientras iban por el camino de regreso a Castilla, Alfonso empezó a recordar antiguas sospechas, y Rodrigo tampoco estaba muy seguro de volver a Castilla solamente un año y medio después del destierro. Finalmente Rodrigo optó por volver a Zaragoza.

El Cid aún estaría cuatro años más al servicio del rey de Zaragoza. En estos años Rodrigo amplió considerablemente las fronteras de Zaragoza, derrotó en 1084 a Sancho Ramírez, conquistó varias fortalezas de los reinos fronterizos a Zaragoza (menos de Castilla, a pesar de que el Cid había sido desterrado, siguió siendo fiel a su señor). En 1085 muere al-Mutamin y le sucede su hijo al-Mustain.

En 1085 Alfonso VI conquistaba Toledo, aunque fue el propio rey de la taifa Toledana, al-Qadir, el que hizo que los toledanos rindieran Toledo. A cambio Alfonso ofreció a al-Qadir el reino de Valencia. Seguidamente, Alfonso se dirigió a Zaragoza para pedir las parias al nuevo rey. Alfonso acampó a lado de la murallas zaragozanas, y el Cid, leal a Alfonso, no quiso intervenir en lo que pudiera pasa, por lo que abandonó la ciudad a la espera de los acontecimientos. Mientras tanto, la noticia de la conquista de Toledo (antigua capital de los visigodos) llegó a todo el mundo musulmán. Pronto los almorávides, al mando de Yusuf, en el Norte de África, cruzan el estrecho de Gibraltar, para frenar el avance cristiano. Tras la noticia del desembarco de los almorávides, Alfonso deja Zaragoza y se dirige a la frontera de su reino para derrotar a los almorávides y en 1086 los ejércitos almorávides y castellanos se enfrentaron en Sagrajas, sufriendo Alfonso una de las mayores derrotas perdiendo varias enclaves en la frontera.

En 1086, Rodrigo abandona Zaragoza con su mesnada y vuelve a Castilla (hay que recordar que el Cid ya había sido perdonado años atrás por Alfonso, pero el Cid optó por no regresar a Castilla todavía). La decisión de abandonar Zaragoza fue causa de que Rodrigo cada vez se sentía más incomodo con el nuevo rey de Zaragoza. En 1087 Rodrigo entraba en Castilla y Alfonso le recibía calurosamente, nombrándole gobernador de siete fortalezas.

En 1088, el Cid es enviado por Alfonso a Valencia, tras haber pedido ayuda el rey de ésta, al-Qadir, ya que los gobernadores de sus fortalezas no le obedecían, y el rey de Zaragoza aprovechó para intentar anexionarse el reino. Pero tras enterarse de que el Cid estaba de camino a Valencia, el rey de Zaragoza se retiró. Cuando el Cid llegó la situación de Levante era caótica. El Cid logra mantener a al-Qadir en el trono, pero mientras Rodrigo planea empobrecer esas tierras para que Alfonso las tome cuando lo vea necesario. El Campeador sometió a las taifas levantinas a tributos, y en cualquier momento estas podían caer en manos del Campeador. Pero en junio de 1088 el emir almorávides Yusuf desembarca por segunda vez en la península, y se dirige hacia la fortaleza de Aledo con la intención de tomarla. Alfonso acudió en socorro de la fortaleza e escribió al Cid para que también él preparada su mesnada para unirse a las huestes de Alfonso.

Alfonso mandó otras cartas a Rodrigo, con el lugar donde debían confluir el ejército del rey y el del Cid, pero fuera como fuere, el Cid llegó tarde. Yusuf se retiró ante la noticia de la llegada de ejércitos cristianos. Pero Alfonso VI acusó a Rodrigo de traidor por no haberse presentado con su ejército cuando el rey lo necesitaba. El Cid envió cartas a su rey explicándole las razones del retraso y diciéndole que le perdonara pero Alfonso optó una vez más por desterrar a Rodrigo. El Cid salía a finales de 1088 hacia el destierro.

En este segundo destierro el Cid decide que no servirá a ningún otro rey o señor, y que sería independiente. Pero el mantener una mesnada exigía importantes sumas de dinero; los dos últimos años había obtenido sumas necesarias de las parias que recaudaba de los reyes musulmanes de Albarracín y Valencia por la protección que les otorgaba en nombre de Alfonso VI. Ahora rechazado por su rey, la percepción de esas parías aparecía más que dudosa.

En busca de ese dinero, absolutamente necesario para iniciar la nueva vida por si solo, Rodrigo ideó un golpe de mano, y celebrada la Navidad de 1088 Rodrigo fue a Polop. Polop era una fortaleza de Denia en la que guardaba un valioso tesoro. El rey de Denia, viendo peligrar su reino, negoció con Rodrigo, con el cual llego a un acuerdo por el cual el rey se retiraba a cambio de una compensación económica.

En el verano de 1089, Rodrigo acampo en tierras del reino de Valencia, donde al-Qadir, temeroso de lo que pudiera pasar envió sendos regalos al Cid. El rey de Lérida veía también peligrar su reino con el Cid tan cerca de sus tierra por lo que pidió ayuda a Berenguer Ramón, quien en 1090, y también apoyado por el rey de Zaragoza, hizo una expedición con el objetivo de vencer al Cid. Ese mismo año se produjo la batalla del Pinar de Tébar donde el Conde Berenguer Ramón sufre una derrota y fue hecho prisionero por el Cid. Al finalizar el año1090 el Cid se había convertido en un hombre muy rico, y varios eran los reinos y fortalezas que le pagaban parias.

Durante todo esto, en junio de 1090, el emir almorávide desembarcaba por tercera vez en la península, y depone a los reyes de las taifas de Granada, Málaga, Sevilla y Badajoz, unificando estos reinos. Alfonso se dirigió a Granada para combatirlos, y el Cid quiso apoyarle dirigiéndose allí también, pero el encuentro entre Rodrigo y Alfonso fue muy negativo.

En 1091, Rodrigo estableció su cuartel general en Peña Cadiella, donde contempló con preocupación el avance de la marea almorávide. En 1902 Alfonso intentó expulsar al Cid de las tierras de Valencia (hay que recordar que Valencia estaba bajo influencia Castellana, pero ahora era el Cid quien protegía al reino), pero las tropas enviadas por Alfonso pronto tuvieron que retirarse por la falta de provisiones.

Mientras Alfonso intentaba echar al Cid de Valencia, Rodrigo hace un ataque contra uno de sus peores enemigos de Castilla, García Ordóñez, el cual gobernaba La Rioja. Las mesnadas del Cid causaron una gran desolación en La Rioja.

Alfonso se estaba dando cuenta de lo que el Cid, un hombre desterrado, había logrado hacer. El Cid tenía un importante ejército, se había convertido en un hombre muy rico, prácticamente controlaba Levante, y había sido capaz de atacar La Rioja. Alfonso vio como peligraba su reino, pues el Cid podía dar un paso y conquistar todo el reino, y por otra parte estaba el peligro almorávide, Alfonso necesitaba un gran estratega para hacerles frente. En 1092 Alfonso perdonaba al Cid Campeador y permitió al Cid que todas las tierras que conquistase quedaran bajo su protección. Ese mismo año, cuando el Cid se encontraba en Zaragoza, los musulmanes valencianos pidieron ayuda a los almorávides, los cuales entraron el Valencia y depusieron a al-Qadir. En cuanto Rodrigo se enteró de la noticia, empezó a recuperar el territorio valenciano hasta que en julio de 1093 la propia ciudad de Valencia estaba sitiada por los ejércitos del Cid. En agosto la ciudad llega a un acuerdo con el Cid, éste permitiría salir los almorávides de la ciudad sin hacerles ningún mal, a cambio de que la ciudad pagara tributos al Cid como lo había hecho en tiempos de al-Qadir. Pero tras esto, los valencianos pidieron una vez más ayuda al emir almorávide Yusuf, quien prepara una expedición a Valencia. El Cid empieza entonces a preparar la resistencia de la ciudad, y en diciembre de 1093 los almorávides cercan la ciudad de Valencia y la vuelven a dominar rompiendo cualquier pacto con el Cid.

Es entonces, en enero de 1094, cuando el Cid cerca de nuevo la ciudad de Valencia, y esta vez no estaba dispuesto a llegar a ningún acuerdo. La ciudad de Valencia sufrió angustias y sufrimientos por la falta de alimentos, cada día morían dentro de la ciudad más personas, el rey de Zaragoza intentó ayudar a Valencia pero fue en mano. Finalmente, Valencia se entrogó al Cid, y con ella todo el reino Valenciano. En junio de 1094 el Cid entraba triunfante en la ciudad, convirtiéndose de esta forma en señor de Valencia, pero a pesar de todo el Cid mantuvo las leyes de los valencianos.

Yusuf cuando se entero de la toma de Valencia por el Cid envía todas sus fuerzas contra el Campeador. Empezó entonces Rodrigo a preparar el terreno y la estrategia para vencer. Las tropas almorávides eran mucho más superiores que las del Campeador pero el Cid lo afronto con la serenidad que le caracterizaba. El general de las tropas almorávides, Muhammand ibn Texufin, creía que un ejército superior podría vencer al Cid, pero no contaba con las dotes estratégicas del Campeador. El Cid se dio enseguida cuenta de la desorganización del ejército almorávide, pero además pidió ayuda a Alfonso, lo que produjo en las tropas almorávides un gran temor. Aprovecho Rodrigo este momento de temor almorávide para empezar el ataque. Rodrigo salió de la ciudad de Valencia con algunos caballeros, entonces la caballería almorávide se precipitó contra Rodrigo, el cual fingió que huía a refugiarse en la ciudad de Valencia, pero la noche anterior el Cid había escondido a parte de sus tropas, que atacaron al campamento almorávide de improviso cayendo en poco tiempo en manos del Cid. A esta batalla que dio una gran victoria al Campeador se la conoce como la batalla de Cuarte.

Pero los almorávides no estaban totalmente acabados y aún intentaran otro ataque a Valencia en 1097. Está vez, el Cid apoyado por el Rey de Aragón, Pedro I, hicieron una poderosa carga frontal contra los almorávides en la batalla de Bairén, que destrozó y abatió todo lo que encontraba a su paso. La victoria del Cid se debió sobre todo a la confianza que tenían sus hombres en él y la serenidad que el Cid presentó en todo momento. El ejército almorávide sufrió muchas bajas y acabó retirándose desorganizadamente.

Tras la derrota del ejército almorávide, Yusuf se dirigió por cuarta vez a la Península, tuvo algunas victorias parciales, y fue en una de las batallas que el ejército Castellano tuvo contra el almorávide donde cayó en combate el hijo del Cid, Diego Rodríguez, en 1097.

A finales de 1098, Rodrigo ya había conseguido que el reino de Valencia estuviera sin ningún enemigo que amenazara su seguridad, pero el 10 de julio de 1099 el Cid Campeador moría, pasando el señorío de Valencia a manos de su mujer Jimena. Ante la muerte del Cid, los almorávides tomaron otra vez la ofensiva, y entre 1101 y 1102 estos ya estaban ante los muros de Valencia. Pero el Cid ya no estaba allí para guiar a su ejército y en 1102 el ejército del Cid y el de Alfonso que había ido en auxilio de Valencia, dejaban la ciudad después de haberla incendiado.