El descubrimiento de América

El 12 de octubre de 1492, la expedición bajo bandera castellana y comandada por Cristóbal Colón llegaba a unas tierras que ningún europeo había visto hasta el momento. Se iniciaba una nueva época de grandes descubrimientos y conquistas.

El descubrimiento, desde luego, no era un acontecimiento aislado. Se contextualiza en un periodo, en la segunda mitad del siglo XV, en donde los descubrimientos geográficos y científicos estaban a la orden del día, especialmente por parte de Portugal, cuya principal meta era la de llegar a la India con el fin de abrir una nueva ruta de las especias. Se trataba de conseguir un camino alternativo al tradicional, el cual se hallaba dominado por el Islam en aquel entonces. Para ello, se pretendía bordear el continente africano, tarea que era de gran complejidad ante los medios de navegación del momento. Tras multitud de intentos, Bartolomé Díaz, finalmente, cruzó el Cabo de Buena Esperanza (al sur de África) y, más tarde, Vasco de Gama llegó a la India.

El descubrimiento de un nuevo continente, que en los primeros momentos ni siquiera se supo que era tal, eclipsaron en los siglos siguientes a los importantes descubrimientos portugueses, quienes, se podría interpretar así, descubrieron el continente africano, pues prácticamente se desconocía lo que existía más allá de las costas africanas del Mediterráneo. De hecho, se pensaba que su extensión era mucho menor.

Por otra parte, en la actualidad se intenta degradar el descubrimiento colombino afirmando que los vikingos ya habían llegado hacía varios siglos. Evidentemente así lo ha confirmado la arqueología, puesto que se han encontrado al norte del continente –en concreto en la isla de Terranova- restos que corresponden a esta civilización. La cuestión no radica en quién llegara el primero (en dicho caso, los primeros en llegar habían sido los antepasados de la población nativa), lo que importa es que la llegada de Colón permitió conocer que existían unas tierras al oeste del Atlántico que eran desconocidas para los europeos.

Volviendo al tema que nos atañe, Portugal se encontraba mucho más adelanta en descubrimientos que Castilla, la cual se afanaba en aquel momento por conquistar los últimos reductos del Islam en la Península: el Reino de Granada. No obstante, el reino castellano también se había lanzado al Atlántico: por aquel entonces también se estaba conquistando las Islas Canarias. De hecho, siendo Portugal y Castilla los reinos más poderosos del momento, se habían repartido entre ambos las tierras que hubiera en el Atlántico mediante el Tratado de Alcaçovas firmando en 1479. Según este, se trazó una línea de este a oeste (por encima de las Canarias), de tal forma que las tierras al norte pertenecían a Castilla, a excepción de las Azores, mientras que las tierras al sur de este meridiano eran de Portugal, menos las Canarias, tanto las conquistadas como las que quedaban por conquistar.

La larga preparación de un viaje

De Cristóbal Colón se sabe muy poco antes de que se presentara en la Corte portuguesa para ofrecer por primera su vez su proyecto. De esta manera es usual que se le atribuyan a este navegante una multitud de localidades natales, así como nacionalidades. Sabemos que, naciera donde naciera, se estableció en Portugal en 1476, desde donde navegó en barcos portugueses a diversos lugares, lo que le permitió recopilar, a lo largo de esos años, ciertos datos de gran interés, que le llevaron a la teoría de que era posible llegar la India a través del Atlántico sin realizar la vuelto al continente Africano como estaban, por aquel entonces, intentado los portugueses. Debemos recordar que en aquel momento en el que está comenzando el Renacimiento, los clásicos grecolatinos vuelven a ser leído, cuyos filósofos ya habían demostrado que la tierra era esférica. De esta forma, con los datos que poseía en su poder, calculó la distancia que tendría dicho viaje a través del Atlántico, que claramente sabemos hoy en día eran erróneos, pero evidentemente lo que este no sabía es que existía un continente desconocido.

De hecho, el problema de la distancia es lo que ocasionó que su proyecto fuera rechazado en Portugal. Mejor dicho, no lo fue, sino que en 1483 se le invitó a que estudiara mejor la propuesta. Pero el navegante estaba impaciente por lanzarse a la aventura, así que decidió trasladarse a Castilla.

En 1486, Cristóbal Colón es recibido en Alcalá de Henares por los Reyes Católicos, aunque debemos de suponer, claro está, que para tener audiencia con los monarcas debía ser ya conocido por aquellos que tenían influencia dentro de la Corte. Uno de estos debió de ser Alonso de Quintanilla, quien era encargado de los asuntos marinos castellanos. Así, Quintanilla habría movido los hilos para que los reyes concedieran audiencia a Colón. Los monarcas, tras una explicación por parte del navegante que les debió de satisfacer, trasladaron el proyecto a una junta de expertos. Pero la junta pone en tela de juicio, al igual que ya hiciera Portugal, las distancias presentadas. Se decide que Colón permanezca en la Corte, a cargo de la misma, con el fin de que se perfeccione el proyecto propuesto.

Colón, nuevamente, vuelve a pecar de impaciencia, puesto que considera que, en un tiempo de tantos descubrimientos, cualquier otro podría adelantársele. Así que, en 1488, volvió a Portugal para ver a Juan II. Para desgracia del marinero, pocos días después de la entrevista con el monarca luso, llegó la noticia de que Bartolomé Díaz había conseguido superar el Cabo de Buena Esperanza. Esto significaba que se abría la posibilidad de llegar a la India bordeando África y, por tanto, el proyecto de Colón dejaba de tener interés para Portugal.

A partir de entonces, más impaciente, comienza una campaña para dar a entender que existen varias monarquías que están interesadas en su proyecto, así como cuantiosos nobles, sin que tampoco hubiera éxito. En 1491, se acerca al monasterio de Rabida –lugar en donde este era bien conocido-. Allí se encontraba el confesor de la reina, Fray Juan Pérez, quien escribe a esta para que tenga en cuenta el proyecto de Colón. Pero el principal motivo por el que los monarcas vuelven a tener amplio interés en la expedición colombina es el rumor de que el Duque de Medinaceli estaba interesado en esta. Así que, coincidiendo con que Granada ya había sido tomada, la reina ordenó que Colón se traslade a Santa Fe para ser recibido, de nuevo, por los reyes.

Colón solicita ser almirante y virrey de los territorios que descubra de forma hereditaria, así como una amplia parte de los rendimientos económicos que genere la empresa. El rey, Fernando de Aragón, manifiesta que las peticiones eran inaceptables. No obstante, Bartolomé de las Casas argumentó a Isabel la Católica que la empresa que estaba proponiendo Colón era barata y, de tener éxito, los beneficios podían ser cuantiosos. La reina, por tanto, ordena que Colón vuelva y, el 17 de abril de 1492, se firman las Capitulaciones de Santa Fea. En ellas se recogen todas las demandas del navegante, aunque cabe decir que los monarcas, como sucedió más adelante, no estaban dispuestos a cumplirlas. Al fin y al cabo, según las teorías de la época, el poder del monarca estaba por encima de la ley. Dicho de otra manera, un monarca no estaba atado por ningún documento.

Tal y como alegaba Bartolomé de las Casas, el viaje era barato, pese a que se conformó en el siglo XIX una leyenda por la cual la reina había vendido sus propias joyas para financiar tal expedición. En muy mal estado deberían haber estado las arcas reales para no poder hacer frente a tres naves bien pertrechadas y a la tripulación. El valor fue de dos millones de maravedíes, a lo que debemos sumar dieciséis millones que se destinaron para la compra del puerto de Palos a los Zúñiga con el fin de que la expedición saliera desde puerto real y no señorial.

De nuevo, la leyenda de las tres carabelas, también debe ser desmentida, puesto que en realidad únicamente la Pinta y la Niña lo eran. La Santa María era una nao, una embarcación de mayor tamaño que las carabelas. Se copiaba, en definitiva, el modelo portugués de las expediciones. Sea como fuere, el 3 de agosto de 1492, las tres naves partieron del puerto de Palos comandadas por Cristóbal Colón, quien capitaneaba, además, la Santa María. La Pinta y la Niña eran dirigidas por los hermanos Pinzón: Alonso en la primera y Vicente Yáñez en la segunda. Tal y como se realizarán los futuros viajes, la flota se dirigió hacia las Canarias. Se hizo escala en la Gomera con el fin de abastecerse de los recursos para un viaje que era incierto. El 9 de septiembre, la flota partía rumbo oeste.

El viaje se prolongó durante treinta y dos días. A lo largo de estos, Colón tuvo que hacer frente a tres motines. En el último de ellos, incluso los hermanos Pinzón participaron. Es evidente que tras tanto días de travesía, sin avistar tierra y sin un rumbo claro, la posibilidad de que no pudieran volver con vida crecía entre los tripulantes, puesto que el agua potable y los víveres menguaban. De hecho, en ese último motín se le da a Colón tres días más de navegación hacia el oeste. Sin en dicho periodo no se avistaba tierra alguna, la flota giraría para volver a tierra firme. Afortunadamente, el 12 de octubre Juan Rodríguez de Bermejo, conocido como Rodrigo de Triana, avistaba tierra. Se trataba de la isla Guanahaní, bautizada por el navegante como San Salvador. Colón, en aquel preciso momento, se convertía en almirante y virrey de las nuevas tierras de acuerdo a las Capitulaciones de Santa Fe.

En los días siguientes, se inició un itinerario por el mar de las Antillas descubriendo nuevas islas: Concepción, Fernandina, la Isabela, Islas de Arena y Cuba. El 22 de noviembre, en cambio, la flota se divide y Martín Alonso y Colón inician viajes separados. El primero debió ir desde Cuba a Jamaica y luego rodeo La Española. Colon, en cambio, navegó por el norte de la Española, en donde tomó contacto con los nativos de esta, entre los que se encontraba el cacique Guacanagari. Más tarde, Pinzón y Colón volvieron a encontrarse.

Desafortunadamente, la Santa María quedó inservible para la navegación. Era imposible acomodar la tripulación de esta en las dos carabelas, así que se optó por construir un fuerte, llamado de la Navidad, con los restos de la nao en La España. Allí quedaron treinta y nueve españoles al mando de Diego de Arana. Desde luego, esto beneficiaba a Colón, puesto que implicaba que, para recoger a estos, se debería realizar un nuevo viaje y, por tanto, la oportunidad para lograr encontrar las tierras del mítico Gran Kan. Dicho de otra manera, una ruta a la especería.

El retorno

La vuelta fue dificultosa debido a las tormentas atlánticas. Estas hicieron que en las Azores ambas carabelas se separaran. De esta forma, el primero en llegar a la Península fue Martín Alonso, que llegó a Bayona, en Galicia, en febrero de 1493. Colón, en cambio, lo hizo a principios de marzo cerca de Lisboa, en donde fue llamado por Juan II. Varios días después, el 15 de marzo, arribó a Palos en donde también lo hacía Martín Alonso con la Pinta.

Nada más desembarcar, Colón se puso rumbo a Barcelona con el fin de reunirse con los reyes, a los cuales les entregó el diario del viaje, del que se realizaron varias copias en diversos idiomas. Allí se encontraba también los embajadores portugueses, que estaban ansiosos por conocer el lugar exacto en donde se encontraban aquellas tierras. Como se ha dicho, años antes del descubrimiento se había firmado el Tratado de Acaçovas por el cual se dividía el Atlántico entre portugueses y castellanos. Si las nuevas tierras se encontraban al norte de la línea que se había fijado, pertenecerían a Castilla; pero, si se encontraban al sur, serían de Portugal. De hecho, sabemos que las islas descubiertas se encontraban al sur de la misma, pero Colón no aportó la información necesaria para precisar su ubicación. El navegante, entonces, propone a los monarcas que se firme un nuevo tratado para dividir el Atlántico mediante un paralelo, es decir, una línea de Polo a Polo, la cual debía pasar por Cabo Verde. El Oeste sería para Castilla y el Este para Portugal. Esta es la propuesta que presenta el papa Alejandro IV, después de que los monarcas españoles pidieran arbitraje al papado.

El segundo viaje

Desde luego, los portugueses no podían aceptar un nuevo tratado con esos términos sin conocer la localización de los descubrimientos. Es por ello que apresuradamente se organizó un nuevo viaje bajo el almirantazgo de Colón, que partió del puerto de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, aconsejándole a este que se apartara de las tierras lusas todo lo que pudiera para evitar el espionaje portugués. Ahora la flota era de diecisiete naves (cuatro naos y trece carabelas), con mil doscientos hombres. Colón tomo una ruta distinta, de tal forma que lograba llegar a las nuevas tierras en tan solo veinte días. Llegó el 3 de noviembre a la isla Dominica, recorriendo varias isla hasta llegar a La Española. Allí advierten que la fortaleza de la Navidad ha sido atacada por los indígenas y todos los españoles habían muerto. Se funda, entonces, el 20 de diciembre, la primera ciudad, La Isabela, a la que seguirán otras como Santo Domingo.

Colón envía a España datos con la situación de la isla. Según Colón esta se sitúa en la misma latitud que las Canarias, algo que es un error. Muy posiblemente, Colón lo realizó a propósito, puesto que de situar las nuevas tierras de forma correcta, estas pertenecerían a Portugal según el Tratado de Alcaçovas y, por tanto, él sería el principal perjudicado, puesto que perdería todos los privilegios que se le habían concedido en Santa Fe.

Sea como fuere, Portugal quedó satisfecho con la situación dada por Colón y, por tanto, aceptaron realizar el reparto que ya había sido propuesto por el papado. De esta manera, se firmó el Tratado de Tordesillas el 7 de junio de 1492. El trazado norte-sur quedaba situado a 370 leguas al oeste de Cabo Verde. África quedaba íntegramente para Portugal y, años después, Portugal reclamó las tierras del actual Brasil, al descubrirse que esta parte del continente quedaba dentro del área portuguesa según el mencionado tratado.

En cualquier caso, Colón aprovecha este segundo viaje para encontrar la ruta que le lleve a la especería. Por aquel entonces, las tierras descubiertas todavía se siguen atribuyendo a Asia. De hecho, la isla de Cuba era considerada una península de la tierra firme y, por tanto, más allá se debía encontrar las tierras del Gran Kan. Tras cinco meses de exploración, volvió enfermo a La Isabela, con un balance de la expedición en donde apenas se han realizado descubrimientos geográficos y, lo que era peor, sin que hubiera un rendimiento económico. Allí se entera también del deterioro de su imagen en España, lo que hace que decida volver. Arribó a Cádiz el 11 de junio de 1496. Su vuelta, desde luego, confirma que la reina había perdido interés en una empresa que no estaba reportando ningún beneficio, pese a ello, Colón consigue que se le reconozcan los títulos prometidos en las Santa fe.

El tercer viaje

El 30 de mayo de 1498, desde Sanlúcar de Barrameda, una nueva flota de seis navíos parte comandada, de nuevo, por el almirante Colón. Evidentemente, el viaje era necesario en cuanto que había que abastecer a las colonias que se había fundado allí y, al mismo tiempo, permite a Colón seguir explorando. Colón toma una ruta distinta a las anteriores, que le llevó más al sur de las islas descubiertas. Su objetivo era, al igual que en su segundo viaje, buscar la ruta de la especería y, por tanto, la posibilidad de dar la vuelta al mundo. En este viaje Colón llega a tierra firme, en la actual Venezuela, concretamente entre el delta del Orinoco, la isla Trinidad y el Golfo de Paria. Allí contactó con indígenas y tomó a ocho indios comarcanos –al observarse que eran pacíficos- para enseñarles el idioma y que sirvieran de guía.

Colón, ante todo lo que ve, el comportamiento que observa de la estrella Polar, los cambios de vientos y de clima, considera que se encuentra a las puertas del Paraíso Terrenal. Llega incluso a la conclusión de que el mundo no es redondo, sino que posee el aspecto de una pera. De esta forma justificaba su error en las medidas que él había realizado sobre la longitud del ecuador. Desde luego, las nuevas teorías de Colón, una vez presentada a los monarcas y expertos, no fueron bien recibidas y sentaron un argumento más para retirarle de su cargo.

Mientras tanto, Colón continuaba con su viaje, el cual le lleva a regresar desde la isla Trinidad a La Española. Se entera entonces por boca del gobernador de dicha isla, que a su vez es su propio hermano, Bartolomé Colón, que se han producido importantes sublevaciones en la isla, entre las que destaca la de Roldán. Las noticias pronto cruzan el Atlántico y llegan a oídos de los monarcas, los cuales nombran a Francisco de Bobadilla gobernador, quien comunica a Colón en Santo Domingo su relevo y es hecho prisionero, devolviéndole a la Península. Al llegar a Cádiz, los monarcas le ponen en libertad el 17 de diciembre de 1500. Inició entonces dos años de pleitos.

Un nuevo continente por explorar

La caída de Colón, e incluso en los meses previos a este suceso, permitió que los pilotos de la Corte iniciaran viajes de exploración. Se ocupó Juan Rodríguez de Fonseca de llevar a cabo la organización de estos. Desde 1499 salieron expediciones dirigidas por Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa, Cristóbal Guerra, Alonso Niño, Vicente Yáñez Pinzón, Diego de Lepe, Pedro Álvarez Cabral, Alonso Vélez de Mendosa, Luis Guerra, Américo Vespucio, e incluso el propio Colón, de nuevo, en 1502 realizó un último viaje.

Estos viajes, además de confirmar lo ya descubierto por Colón, encontraron nuevas tierras, la cual se comienza a cartografiar. Esto permitió confirmar prontamente a Américo Vespucio que no se trataba de Asia, sino que era un nuevo continente, algo que Colón nunca llegó a crear. Sea como fuere, los escritos del cosmógrafo mayor de Castilla, es decir, Américo Vespucio, fueron de tanta importancia que algunos editores y cartógrafos comenzaron a llamar al nuevo continente América, denominación que finalmente acabó triunfando pese a que se manejaron otras como Nuevo Mundo, Indias Occidentales, Vera Cruz, etc.

Además de explorar, los navegantes solían tomar posesión simbólica, en nombre de Castilla, de las tierras a las que llegaban. De la misma forma, en algunos viajes se capturaron indígenas, lo que abrió en la Corte castellana, durante los años siguientes, una disputa sobre la condición que se les debía dar a estos. Desde el 1505, además, según se acuerda en la Junta de Toro, se establece como principal objetivo buscar el paso al Pacífico y abrir una ruta con la especería, es decir, la India.

Durante los años siguientes, del mismo modo, se inicia la consolidación y multiplicación de los asentamientos conforme se explora tanto los litorales como el interior del nuevo continente. Se encuentran en él las grandes civilizaciones indígenas, las cuales son conquistadas en un breve espacio de tiempo. En poco menos de medio siglo, el continente americano pasó a estar controlado por Castilla –a excepción de la mayor parte de los territorios de los actuales Estados Unidos y Canadá-, así como por Portugal en el caso de Brasil. Trataremos estos temas, en cualquier caso, en otro artículo.

BIBLIOGRAFÍA

KONEZTKE, R. (1968): Descubridores y conquistadores de América, Gredos, Madrid

LUCENA, M. (1988): Descubrimiento de América : novus mundus, Anaya, Madrid

MORALES, F. (1990): Historia del descubrimiento y conquista de América, Gredos, Madrid

NAVARRO, L. (Coord.) (2001): Historia de las Américas, vol. I, Alhambra, Madrid

OLAYA, F. (1992): Hispania y el descubrimiento de América, Madre Tierra, Madrid

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