El gobierno de la República

Roma mantuvo durante la República una peculiar formar de gobierno, que ante nuestros ojos nos puede parecer extraña, e incluso difícil de comprender. Heredera de la forma de los gobiernos de las polis griegas, tres eran los pilares en el que se asentaba el poder: las asambleas, el Senado y los magistrados, sin que existiera en ninguna de ella un claro poder definido, debiéndose tener en cuenta también que no es posible intentar buscar los tres poderes que hoy conocemos, puesto que dicha división se dio en el siglo XVIII.

Gobierno de la república romana

Como inciso, se debe comentar, también, que política y religión van unidas totalmente, no pudiéndose entender la una de la otra. Los cargos religiosos como los pontífices, del que destaca el Pontifex Maximus (jefe de la religión romana), los flamines, o los augures, eran ocupados por los mismos senadores. Dichos cargos tenían un importante peso político, y desde ellos se podía manipular sesiones del senado, votaciones, etc.

El Senado:

Empezando por  el Senado, éste era sin duda el eje central del poder en la República. Su existencia se remonta hasta los tiempos de la monarquía, como consejo asesor del monarca. Compuesto tradicionalmente por 300 senadores, aunque su número cambiará en varias ocasiones a lo largo del final de la República. Los Senadores pertenecían a las principales familias romanas, cuyo miembros, tras haber ocupado la pretura ,normalmente, tenían derecho a un asiento en el Senado. Era así una cámara de exmagistrados, lo que la hacía una institución con hombres de gran experiencia en la política., todos ellos expretores y excónsules. El senador de  mayor edad, y el que más veces hubiera ocupado el consulado y censura, era princeps senatus, o primero del Senado, que tenía como privilegio el poder hablar en primer lugar en las sesiones.

Estaban, por lo tanto, representados en el Senado las principales familias de la aristocracia romana, lo que hace sin duda de Roma una oligarquía, puesto que el Senado, pese a que sus funciones no estaban definidas, poseía una gran  auctoritas, y nada se realizaba ni se aprobaba sin el consentimiento de éste, normalmente mediante la fórmula del senatus consultum. El hecho de que sus funciones no estuvieran definidas,era precisamente lo que le asignaba un gran poder, puesto que podía tocar cualquier tema al no tener unas funciones limitadas, y hacía cumplir su voluntad por  distintos medios, sobre todo a través de los magistrados, entre los que destacan los consules, quienes emitían los decreta. Se encargaba explícitamente el Senado, además, de las finanzas del Estado y de la  política exterior, de tal forma, que si un cónsul firmaba algún tipo de tratado con un pueblo extranjero, éste no tenía ningún valor hasta que el Senado diera su visto bueno.

El Senado existirá hasta el final del Imperio, pero su poder disminuyó con la llegada de Augusto al poder, tras la muerte de Cesar en el 44 a.C, que conforme iba atribuyéndose poder a su persona, fue dejando al Senado como una mera cámara consultiva, hasta que finalmente con el paso del tiempo acabó siendo simplemente una Curia más, la de la ciudad de Roma.

Las magistraturas:

El otro pilar de la base del gobierno republicano eran las magistraturas, cuyos miembros eran elegidos por las asambleas de ciudadanos, que componían lo que se llamaba el Cursus Honorum. Este Cursus Honorum era la carrera política que todo romano noble debía llevar a cabo, debiendo ocupar las magistraturas en un orden, sin poder ocupar la siguiente sin haber desempeñado antes la anterior. Se comenzaba por ser elegido Quaestor, posteriormente se elegía entre ser elegido Aedil o Tribunus Plebi. Normalmente, la gran mayoría elegían el tribunado, aunque los patricios no podían serlo, por lo que obligatoriamente debían presentarse a la edilidad curulTras ello, se pasaba a las magistraturas superiores, primero Praetor, y finalmente  Consul y Censor.

Dichas magistratura se caracterizaban por la colegialidad, es decir, nunca una magistratura era ocupada por un único individuo, al menos debían ser ocupadas por dos personas, como es el caso de la magistratura máxima, el Consulado.  Esta colegialidad era debido al miedo a la tiranía que se da cuando el poder recae en una única persona, como sucede con los monarcas. Por lo tanto, los magistrados que ocupaban un mismo cargo debían tomar sus decisiones de forma colegiada, puesto que de lo contrario su colega en la magistratura podía vetar una determinada decisión. De igual modo, las decisiones de todo magistrado podían ser vetadas por las magistraturas superiores, puesto que su potestas era mayor.

De acuerdo a la Lex Villia Annalis del 180 a. C, la cual regulaba el Cursus Honorum, las magistraturas tenían una duración de un año, tras el cual se debía elegir a otra persona para ocuparla, que además no podía ser la misma que ya lo había ocupado. Para que una persona pudiera volver a ocupar la misma magistratura debían transcurrir dos años. De igual modo, para ocupar la siguiente magistratura en el Cursus Honorum, debían transcurrir igualmente dos años.  Las magistraturas eran ocupadas evidentemente por la clase aristocrática, las cuales invertían grandes cantidades de dinero en las campañas electorales, puesto que era el pueblo, el populus, a través de los comicios, los que votaban.

Aunque todo esto solía ser respetado, al final de la República fue usual que generales de gran prestigio se les permitiera presentarse al consulado de forma continuada, como sucede con Mario, que ocupo el consulado siete veces, cinco de ellas en años consecutivos. Y fue normal que se permitiera también, como el caso de Pompeyo, ocupar el consulado, sin haber desempeñado las anteriores magistraturas.

Pasando a analizar las magistraturas, la cuestura era la primera de las magistraturas en el Cursus Honorum, a la cual se llegaba después de haber ocupado un tribunado militar. Su principal función era la de administrar el tesoro público, o tareas de tipo administrativas en las campañas militares. En principio solo existían dos quaestores, cuyo numero se fue ampliando hasta llegar a ser   20 en el s. I a.C.

En un segundo lugar, estaba la edilidad, compuesto por cuatro miembros, dos plebeyos y dos patricios. Sus funciones principales eran policiales, con vigilancia de calles, construcción de obras públicas, así como de su mantenimiento,  juegos públicos, y el abastecimiento de Roma. Ello hacía que ocupar estas magistraturas fuera caro, y por esa razón la gran mayoría elegían el tribunado de la plebe, una magistratura mucho más popular

El tribunado de la plebe nació en el siglo V a.C, en el contexto de la lucha patricio-plebeya, y tras una secesión de estos últimos, se permitió a la plebe tener sus propios magistrados, llamados tribuni plebi, a los que se dio el ius intersecciones, es decir, la capacidad de vetar la decisión de cualquier magistrado, y el ius  auxilii, derecho a auxiliar a cualquier ciudadano en peligro de muerte. Con el final de la lucha patricio-plebeya en el siglo II. a.C la magistratura se integró en el Cursus Honorum, que tan solo no ocupaban los patricios, de tal forma que los patricios saltaban de la edilidad a la pretura. El tribunado de la plebe era una magistratura muy activa legislativamente, puesto que eran éstos los que normalmente presentaban los proyectos de ley, llamados rogatio. Quienes ocupaban esta magistratura tenían sacrosanctitas, es decir, que eran intocables, cualquiera que se atreviera a agredir a un tribuno podía ser perseguido.

La pretura era ya una magistratura mayor, que daba acceso al senado, teniendo además imperium, o poder militar, de tal forma que cada praetor tenía bajo su mando una legión, la cual solía estar compuesta por unos 6.000 soldados. La pretura sería fundada más o menos en el 367 a.C. con las leyes Licinio-sextas. Principalmente sus funciones eran judiciales, administrando justicia. Había en principio dos pretores, uno el praetor urbi, que se encargaba de administrar justicia entre los ciudadanos, y se hacía cargo de las funciones de los consules cuando estos no estaban en Roma. El otro pretor era el praetor peregrini, que administraba justicia entre los que no eran ciudadanos romanos. Cuando Roma empezó a conquistar territorios fuera de la península itálica, en la primera guerra púnica (264 – 241), se planteo el problema de cómo gobernar los nuevos territorios de Cerdeña-Corcega y Sicilia, tan alejadas de Roma, decidiéndose que se mandarían cada año un pretor a cada nueva provincia para que la gobernara. De tal forma cada vez que se conquistaba una provincia, el número de praetores aumentaba.

En cuanto al consulado, era la magistratura más importante, y la que todo aristócrata aspiraba a llegar. Se considera que el consulado no existió desde el principio, ya que comparando Roma con otras comunidades itálicas no se encuentra una institución con magistrados con poderes iguales. Se dice que en principio se podían llamar praetores, quizás uno de ellos máximo, otros dicen que podría haberse llamado Magister Populi, con un ayudante llamado Magister Equitum. Otra posibilidad es que el monarca fuera sustituido por solo un magistrado, con cualquier nombre de los anteriores, incluso dictator. Esto último es lo más común en las comunidades que pasan de monarquía a república, habiéndose producido una evolución hasta llegar al consulado clásico. En el 367 a.C se aprobaron las leyes licinio-sextas, con el nombre de dos tribunos de la plebe, las cuales se piensa que crearon el consulado histórico que conocemos.

El consulado, como magistratura superior de la república, era epónima, por  lo tanto su duración debe ser la misma, pero esto es falso. A partir del 153 a.C entraban en el cargo 1 de enero, de acuerdo a las Periochae de Libio, con motivo de la guerra celtibérica, y la cuestion de Segeda. Antes era el 15 de marzo, pero no se sabe desde cuando esto fue así, pero con toda probabilidad no llevaría mucho tiempo en vigor.

El cónsul tenía especialmente un gran imperium, cada cónsul tenía bajo su mando dos legiones. Tenía también importantes funciones civiles, puesto que eran los encargados de cumplir con las decisiones del Senado, aunque normalmente los cónsules pasaban la mayor parte de su consulado fuera de Roma, puesto que una vez elegidos, el Senado les asignaba una provincia que corriera gran riesgo para que la gobernara, o simplemente para que dirigieran la guerra contra alguno de los pueblos.

Existía una magistratura más, por encima del consulado, en el Cursus Honorum, que pese a que era ordinaria era una magistratura especial: la censura. Estaba compuesta por dos miembros, censores, que normalmente habían ocupado varias veces el consulado. Eran elegidos cada cinco años, y estaban en el cargo un máximo de año y medio. Su principal función era hacer el censo de ciudadanos, y la de renovar el álbum senatorial. También revisaban el tesoro público, y podían iniciar obras públicas de gran importancia. Esta magistratura, a pesar que culmina el Cursus Honorum no supone un poder superior al de los cónsules, sino más bien un poder aparte, el cual no puede ni ser vetado ni vetar, con unas funciones precisas.

Existía además una magistratura extraordinaria, la dictadura, que solo era ocupada por una persona, el dictator, el cual era elegido por los consules a propuesta del Senado, en un momento de gran peligro para Roma, de tal forma que se le daba todo el poder para que salvara a la res publica. La duración máxima era de seis meses, y si el peligro acababa antes, debía devolver el poder y volver a la normalidad.

En el siglo I a.C, con la gran expansión de Roma, y el gran numero de provincias, produjo que ya no fuera eficaz crear nuevos praetores, sino que se procedió a que los consules y praetores, una vez que finalizaban su cargo, se convertían en procónsules y propraetores durante un año más, dándoles una provincia para gobernarla. Esta reforma la llevo a cabo Sila, prohibiendo además que ni consules ni praetores abandonaran Roma durante el tiempo que estuvieran en el cargo.

Asambleas: (Para una mayor información sobre las asambleas romanas, aquí)

Finalmente, están las asambleas. Existían diversos tipos de asambleas, compuestas por los ciudadanos romanos, entre las que se encuentra los comicios centuriados o comitia-centuriata, los comicios por curias o comitia curiata y los comicios por tribus o comitia tributa.

Los comitia curiata quedo como un recuerdo de la primitiva Roma, que aunque no desaparecieron, su única función fue prácticamente la de dar la lex curiata de imperio a los cónsules, igual que se dio en un principio al Rex.

Los comitia centuriata llegará a estar formada por 193 centurias a partir del s. IV a.C, de las cuales 18 pertenecían a la supra classem, es decir a los équites. 170 centurias estaba compuesta por la classis, en cinco grupos distintos, de acuerdo a riqueza, estando el primer grupo compuesto por 80 centurias. Cinco centurias pertenecían a los proletarii, los cuales eran el elemento auxiliar del ejercito al no poder costearse el armamento. Cuando se realizaba la votación, cada comicio votaba en orden de riqueza, de tal forma, que votando las 18 centurias de équites a favor y las 80 centurias de la primera clase de la classis, hacía que se llegara a la mayoría, y por lo tanto ya no era necesario que el resto de centurias votaran. Cónsules, pretores y censores eran elegidos en esta asamblea. Votaban la guerra y las conclusiones de los tratados, así como leyes, y servían de apelación para condenas de muerte.

Loscomitia tributa, estaba en base a las 35 tribus en las que se dividió Roma. En ellas participaban todos los ciudadanos, teniendo cada tribu un voto, al igual que las centurias. Esta asamblea estaba presidida por los tribunos de la plebe. En ellos se elegían a los magistrados menores, y servían como apelación en delitos de pequeña índole.

Estas asambleas no eran democráticas, primero por su forma de votar, y en segundo lugar porque eran manipulables. Las decisiones de estas asambleas siempre debían llevar el beneplácito del Senado. A la hora de votar, siempre se debían tomar augurios, y si éstos eran malos la votación se cancelaba, por lo que se podían atrasar votaciones durante largo tiempo.

El proceso para aprobar una ley era más o menos el siguiente. Un magistrado presentaba un proyecto de ley, al cual se le llamaba rogatio. Si el Senado daba su autoridad, que pese a que en el procedimiento no era necesario, en la práctica no se podía hacer nada sin consentimiento de esta Cámara. Una vez que el Senado había dado su auctoritas, se convocaban contiones, que eran reuniones de los ciudadanos, en las cuales se les explicaba el proyecto, tras lo cual eran convocadas los comicios, ya fueran los comitia tributa o los comitia centuriata. Si era aprobada la rogatio pasaba a tener rango de lex. La ley solía llevar el nombre de quien, o quienes, la presentaba.