El juicio a los generales de las Arginusas

En el 406 a.C, en las islas de las Arginusas, entre la isla de Lesbo y la costa de Anatolia, en el contexto de la guerra del Peloponeso, se llevo a cabo la última victoria naval de los atenienses frente a los espartanos, sin embargo, pese a la victoria, los generales atenienses, que se encontraban al mando de la flota, no corrieron, ni mucho menos, la misma suerte. Acusados de no haber  recogido a los náufragos como consecuencia de la batalla naval, la Asamblea ateniense  juzgó a los generales conjuntamente y los condenó a muerte.
Varios son los autores clásicos que mencionan  este hecho, entre los que cabe destacar a Jenofonte y Diodoro Sículo, por dar ambos amplios detalles sobre cómo se produjo  el proceso judicial a los generales, pero con  abundantes contradicciones entre una versión y otra. Jenofonte vivió aquella época y en su obra claramente se observa una hostilidad hacia la democracia, es olvidadizo y margina hechos de primera importancia pese a que para el primer libro, el que interesa para este comentario, tomó los datos de las notas que supuestamente había dejado Tucídides, aunque éste también se caracteriza por silencios en hechos fundamentales. Por otra parte, Diodoro Sículo, cuyo relato es considerado por los historiadores como más veraz, es un autor del siglo I a.C que usó diversas fuentes, pero al que se le ha acusado de no realizar una función crítica y de juntar una multitud de detalles, a veces inconexos. Otros autores que mencionan este hecho, entre otros, son Aristóteles en la Constitución de los Atenienses, aunque sucintamente,  y Aristófanes en su comedia de las Ranas, aunque este autor solo menciona la batalla y en ningún momento el juicio a los generales, así como Platón al tratar el proceso de Sócrates.
Para entender este hecho, hay que contextualizarlo en los acontecimientos inmediatos que se estaban produciendo internamente en Atenas, así como en el proceso exterior de la guerra del Peloponeso.
En la ciudad existía desde hacía mucho tiempo un ambiente de peligro, puesto que por todos era conocido la existencia de una minoría oligárquica organizada, y que ya había demostrado su capacidad de actuación en los años previos a la batalla de las Arginusas. En el 410 a.C se había producido un verdadero golpe de Estado oligárquico que entregó el poder a los Cuatrocientos, mientras que la flota, en Samos, se mantenía leal a la democracia, y permitió que  se repusiera poco después, aunque en el 404, dos años después del juicio a los generales de las Arginusas,  de nuevo un grupo de Treinta se hicieron cargo del gobierno. En la comedia de las  Ranas de Aristófanes se aprecia bien ese ambiente, en la que el coro, pedía la igualdad de los ciudadanos, la terminación del régimen de terror, y el perdón de aquellos que han cometido alguna falta contra la ciudad.
En cuanto a la guerra del Peloponeso, en el 406, el espartano Calicrátidas  se encontraba con la flota espartana en la isla de Lesbo, lo que había forzado a Conón, al frente de la flota ateniense, a desplazarla desde Samos hasta las cercanas islas de Hecatoneso, cerca de Metimna. Calicrátidas atacó a Conón, con una flota que había logrado incrementar a 170 naves, y Conón se vio obligado a huir a Mitilene, donde estuvo bloqueado con su flota tras perder 30 naves en un combate en la boca del puerto. Asediado por tierra y mar, Conón se hallaba debilitado para poder actuar contra las fuerzas superiores que le rodeaban, y únicamente logró que un barco se escabullera hacia Atenas para notificar su apremiante situación1.
Los atenienses lograron reunir a toda prisa una flota, y embarcaron en ella a esclavos y metecos prometiéndoles que se les daría la ciudadanía2, así como a todos los que tenían edad suficiente. Este hecho lo comentaré posteriormente, puesto que pudo ser uno de los factores que influyó en el juicio posterior de los estrategos.
La flota de socorro fue comandada por ocho estrategos: Pericles, Diomedonte, Lisias, Aristócrates, Trasilo, Erasínides, Protómaco y Aristógenes3. La flota ateniense pese a contar con una fuerza inferior a la espartana, y gracias a que ésta se tuvo que dividir para retener a Cónon, consiguió una amplia victoria.
Tras la batalla, 25 naves atenienses habían sido hundidas,  y con ellas centenares de hombres se encontraban por lo tanto náufragos.  Al parecer, tras la batalla, los estrategos se reunieron y deliberaron si se debía o no rescatar a los náufragos4. Varios de ellos habían presionado para dejar atrás a éstos tal y como proponía Erasínides y llegar con toda la flota hasta Mitilene donde se encontraba Conón sitiado.  Diomedonte, en cambio, era partidario de que todas las naves fueran en busca de los náufragos. Mientras que Trasilo, por su parte, en una posición intermedia, proponía que además de navegar hacia Mitilene, también se enviara una flota de rescate5.  Las diferentes propuestas que se dieron, servirán posteriormente como línea de defensa para que no se juzgara a todos los estrategos conjuntamente.
Los estrategos organizaron,  finalmente, de acuerdo a lo propuesto por Trasilo, una expedición de rescate de los náufragos, tarea que encargaron a los trierarcas Terámenes y Trasibulo, pero finalmente no se pudo llevar a cabo, ya que se produjo una tempestad de gran magnitud. En cambio Diodoro Sículo nos dice que lo que no pudieron recoger fueron los muertos6. Enterrar a los difuntos era algo importante según los principios de la religión griega tal y como se puede ver en la tragedia de Sófocles: Antigona, en la que éste, pese a no poder  dar sepultura a su hermano Polinicies en la ciudad de Tebas, finalmente lo entierra contra el mandato de Creonte. El miedo a la muerte era mucho menor que el miedo a la privación de sepultura, puesto que al no existir una separación entre cuerpo y alma, se consideraba que la sepultura era necesaria para la felicidad y reposo eterno, de lo contrario el difunto quedaría vagando eternamente. Pese a ello, atendiendo al tipo de combate, y al tipo de naves, el trirreme, no parece que los muertos pudieran ser muchos, puesto que los trirremes, aunque fueran hundidos mediante el choque de espolón, permitía a todos sus ocupantes permanecer flotando durante unas horas en el mar a la espera de que una flota viniera a rescatarles. Pero evidentemente, por muchos individuos que sobrevivieran en un primer momento, si la flota de rescate no llegó, murieron igualmente, y sus cuerpos quedarían sin enterrar, de tal forma que los estrategos podían ser acusados de impiedad, y anular totalmente la victoria que éstos habían obtenido.
Efectivamente, cuando en Atenas se enteraron de la victoria de la flota, la reacción no fue la esperada, y los ocho estrategos que habían comandado la flota en las Arginusas fueron cesados del cargo, aunque según Aristóteles, en la Constitución de los atenienses, se dice que fueron cesados los diez estrategos7, hasta los que no habían  participado en la batalla, es decir, Conón, que estaba en Mitilene y Arquéstrato, que había muerto en la batalla, aunque parece extraño que se cesara a todos, y más cuando la principal acusación hacia éstos era el no haber recogido a los náufragos, y por lo tanto, los estrategos no presentes no pudieron tomar ningún tipo de decisión en esto.
Jenofonte y Diodoro Sículo dan hechos distintos de cómo los generales fueron cesados y de como se llevó a cabo el juicio. Ambos dicen que los generales fueron apartados del mando, hecho que sorprender por ser generales victoriosos, por ello Protómaco y Arstógenes, dos de estos estrategos , debieron temer que la cosa no quedaría tan solo en un cese y que podrían enfrentarse a una causa judicial, decidiendo no volver más a Atenas, y exiliándose, algo que solían hacer muchos estrategos, aunque con motivo de haber obtenido una derrota en vez de una victoria, pese a que estos fueran generales capaces. Quizás pueda citarse aquí el último exilio de Alcibiades poco antes de producirse la batalla de las Arginusas, que pese a que no son las mismas circunstancias, puede observarse como una mala actuación de los que están bajo el mando del estratego, repercute en éste. Así Alcibiades se había tenido que exiliar de Atenas tras la derrota de Notio, en la que pese a que la responsabilidad de la derrota no había sido de Alcibiades, sino de Antíoco que desobedeció las ordenes.
Quién destituyó a los generales fue la Asamblea: “los de la ciudad8. Pero de acuerdo a las leyes, previamente se tuvo que reunir el Consejo de los 500 que sería el que recibiría las primeras noticias sobre lo ocurrido, y el que convocó a la Asamblea, la cual destituyó a los generales, y eligió a Adimanto y Filocles, que los sustituyeron9, u otorgaron el mando de toda la flota  a Conón según la versión de Diodoro. Aunque Jenofonte no lo dice, en cambio, Diodoro comenta que Terámenes y Trasibulo habían vuelto a Atenas antes  que lo hicieran los estrategos10, pero para aquel entonces, ya parece que el Consejo y la ciudad conocían la victoria, pero también que los náufragos no habían sido recogidos, puesto que se dice  que los  estrategos temieron  que Terámenes y Trasibulo les  acusaran del asunto de los náufragos,  y escribieron al pueblo cartas acusando a los trierarcos  del rescate fallido, y de ésta manera, denunciando a los trierarcas antes, podían partir con ventaja. Tanto Jenofonte como Diodoro aluden a la carta, aunque no hay un acuerdo, como veremos después, de si en ella existía algún tipo de alusión al fallido rescate, o si se acusaba a los trierarcos. Independientemente de ello,  Diodoro nos esta hablando de que se convocó  una  Asamblea, anterior a la llegada de los estrategos a Atenas, en la que se pidió explicaciones a Terámenes y Trasibulo, así como a sus asociados, en la que estos gracias a su defensa, consiguieron que la Asamblea los consideraran inocentes11. Hay que recordar que Terámenes era un capaz orador, y que pudo fácilmente convencer a los ciudadanos, y acusar en ese momento a los estrategos, que al no estar estos en la ciudad no pudieron dar sus versiones sobre lo ocurrido. La Asamblea los destituyó y se les solicito que volvieran para su defensa, lo que explicaría por qué Aristogenes y Protómaco prefirieron no volver, ante la posibilidad de que finalmente fueran condenados. En cambio, el resto parece que confiaron que volviendo con gran parte de la flota,  tendrían a un gran número de ciudadanos de su parte en el juicio12. Es curioso que Diodoro mencione que las tripulaciones pudieran apoyar a sus generales, puesto que como hablaré después, cabe la posibilidad de que muchos fueran esclavos y metecos que habían recibido la ciudadanía, y lo que demostraría, por otra parte, que la armada se había convertido en una peligrosa arma de poder, al menos contra la facción oligarca, y a la que éstos temían. Unos pocos años antes ya se había demostrado la influencia de la flota, cuando en el 411, instaurado en Atenas el gobierno de los Cuatrocientos, la flota en Samos se había declarado democrática, y constituida en Asamblea había elegido a sus propios estrategos, entre los que estaban dos de los generales que ahora iban a ser juzgados: Trasilo y Diomedonte.
Jenofonte, en cambio, después de decirnos que fueron cesados, no da la sensación de que volvieran para ser juzgados, y tan solo Erasínides fue encarcelado, una vez que habían desembarcado,  puesto que fue acusado  de haberse quedado con fondos procedentes del Helesponto, al que además se le puso una multa, epibolé, algo que era normal cuando alguien era denunciado. Pero también se le acusaba de un mal desempeño del cargo, quizás porque era el estratego que había defendido que se navegara directamente a Mitilene sin recoger a los náufragos13.
Los estrategos, en un primer momento, como era usual cuando un individuo salia de la magistratura de la estrategia, debían rendir cuentas, euthynai, ante el Consejo, y si este veía algún tipo de delito,  el procedimiento legal, de acuerdo a la ley, era el de pasar el caso a un tribunal popular. En el Consejo, los estrategos  tuvieron que responder acerca del motivo del por qué los náufragos no habían sido rescatados, pero por iniciativa de Timócrates, éste propuso al Consejo que se abriera una causa a los generales y que respondieran ante el pueblo, es decir, ante la Asamblea en su función de impartir justicia. Hasta aquí no existía ningún procedimiento ilegal. La ilegalidad fue cometida en el momento en el que los generales fueron sometidos a juicio colectivo, contrariando  a la ley, que exigía que cada individuo tenía derecho a un juicio individual.
La Asamblea fue convocada,  en donde Terámenes y su facción,  fueron los cabecillas de los que presionaban para que los estrategos respondieran de por qué no se habían recogido los náufragos, es decir, parece que Terámenes y la facción moderada a la que representaba fueron los principales interesados en condenar a los estrategos14. Es curioso que fuera Terámenes uno de los principales acusadores, puesto que él era uno de los trierarcas a los que se les había dado la orden del rescate de las naves hundidas15.
En la Asamblea, los estrategos intentaron defenderse de la acusación de haber abandonado a los náufragos, alegando que se había ordenado recogerlos a los trierarcas: Terámenes y Trasibulo, que además habían sido estrategos en alguna ocasión. Terámanes lo había sido en el año anterior pero no volvió a ser elegido. Los estrategos alegaron únicamente que la tempestad lo había impedido, y para ello presentaron una carta que había sido enviada al Consejo, en donde los estrategos culpaban únicamente a la tempestad16. En cierta medida, acusar únicamente a la tempestad de la causa del fracaso del rescate restaba culpabilidad humana y lo elevaba a los dioses, puestos que éstos habrían sido los que habían querido mandar esa tormenta.   De nuevo, en el discurso que da Euriptólemo ante la Asamblea dice que los estrategos iban a informar por carta al Consejo y al pueblo que Terámenes y Trasibulo no habían rescatado a los náufragos, pero que Pericles y Diomedonte los persuadieron de lo contrario17. No parece que por parte de los estrategos hubiera ningún tipo de interés en culpar a los trierarcas: “mentiremos diciendo que ellos son los culpables, sino que fue la magnitud de la tempestad lo que impidió la recuperación18. E incluso más adelante ellos mismos se pondrán como victimas de esa tempestad: “Sirvan como testigos los que escaparon por si mismos, entre los que se encuentra uno de nuestros estrategos, salvado cuando su nave se hundía…19, aunque en ningún momento se nos dice el nombre de ese general. Ello entra en contradicción con lo que dice Diodoro, como hemos visto antes, en la que hay otra línea de defensa, en la que la alegación de los estrategos era la de culpar directamente a los trierarcas, y que haciendo caso a este autor explicaría el por qué Terámenes actuó de ésta forma contra los generales, puesto que el propio Diodoro nos dice que fue un error por parte de los estrategos culpar a Terámenes, puesto que éste era un orador capaz y con amigos importantes, una facción a sus espaldas, que hubiera sido de gran apoyo en su defensa, pero que en cambio se convirtió en adversario20. Aunque es dudoso que Terámenes los hubiera defendido, más bien, el hecho de los náufragos fue utilizado por la facción oligárquica para atacar los del “demos”.
Sea como fuere, a los generales no se les permitió realizar un discurso para defenderse, sino que con brevedad, cada  estratego tuvo que alegar su inocencia, reconociendo el propio Jenofonte que de acuerdo a la ley se les debía haber permitido realizar un discurso de defensa21. Pese a  ello, y ante la brevedad de los discursos, parece que la intervención de pilotos y otros ciudadanos que habían participado en la batalla, convencieron al pueblo de que la tempestad había sido la única culpable de no haber recogido a los náufragos, y de hecho habrían sido declarados inocentes por la Asamblea, pero ésta fue suspendida puesto que al votarse a mano alzada, y estar llegando la noche, las manos no se veían. Nos encontramos con otra ilegalidad, puesto que si para aprobar, por ejemplo, una ley si que se hacía a mano alzada y no se llegaban a contar los votos, en cambio en los juicios la votación era secreta,  los votos se depositaban en urnas y estos se contaban uno por uno. Continuando con el relato de Jenofonte, éste nos dice que se acordó que antes de convocar la siguiente Asamblea, se dijo que se reuniera el Consejo como era usual para que preparara el acta del día, y que realizara el procedimiento por el que debía realizarse el juicio. Es decir, que el Consejo había iniciado un proceso judicial sin indicar previamente el procedimiento. Sin embargo Diodoro Siculo no informa de que la Asamblea quedó pendiente para otro día y continua el relato como si se tratara la misma Asamblea.
Si damos la razón a Jenofonte, y la Asamblea fue suspendida, esto habría  dado tiempo a Terámenes para intentar crear un ambiente en la ciudad contraria a los estrategos.  Coincidía en aquel momento la fecha en la que se celebraban las Apaturias, un festival a finales del verano, en la que los varones de las fratias se reunían para dar entrada  a los nuevos miembros que alcanzaban la edad correspondiente. Ello hizo que la gran mayoría de las familias echaran en falta a alguno de sus miembros que había muerto en las Arginusas.
Terámenes y su facción consiguió que Calíxeno denunciara ante el Consejo a los estrategos, y de acuerdo a lo que éste propuso se preparó  el juicio. La propuesta era  totalmente ilegal, puesto que se se decidió que se convocaría la Asamblea tan solo para votar la culpabilidad o inocencia de los estrategos, y que no se llevaría a cabo ningún tipo de discurso, al determinar que tanto la acusación como la defensa de los estrategos ya se había llevado a cabo en la anterior Asamblea.  Aunque en ésta ocasión se previó que la votación no sería a mano alzada, sino que dividiendo a los ciudadanos por sus respectivas tribus, se pusieron dos urnas, una para los que determinaran que debían ser condenados y otra para los que no. Se dice que se enviaron heraldos para explicar como se debía votar, lo que haría que hubiera una mayor confusión, puesto que muchos no se enterarían en donde se debía votar.  El Consejo determinó también que en el caso  que los estrategos fueran declarados culpables, estos fueran condenados a muerte, pena que no había sido fijada en la anterior Asamblea22.
La Asamblea fue totalmente manipulada. Terámenes había preparado a una multitud de hombres para que fueran vestidos con mantos negros y la cabeza rapada, como una forma de recordar el duelo por los ciudadanos perdidos y que hiciera recordar a los que estaban en la Asamblea la perdida de miembros de sus familias por la negligencia de los generales. Además ese mismo día un individuo apareció en la Asamblea, diciendo  que era uno de los náufragos de las Arginusas que se había salvado en un barril de harina. Se llega a un punto de patetismo, en la que incluso este naufrago, del que no se menciona su nombre, dice haber oído a sus compañeros moribundos decir que se acusara a los estrategos de no haberlos recogidos “a los que se habían comportado como héroes en defensa de la patria23. Al igual que se hacía en los discursos fúnebres, el anónimo naufrago, estaba caracterizando de héroes homéricos a todos los que habían participado en la batalla, y que aún podrían estar vivos de no haber sido por los estrategos. Claramente es una estrategia más de los que querían condenar a los estrategos, alimentando el odio de la masa hacia los generales.
La Asamblea se había convertido, por lo tanto, en un juicio sumarísimo para los estrategos, en el que la masa enfurecida, iba a condenar sin contemplaciones. Pero la Asamblea tenía dos partes, la primera debía aprobar el procedimiento presentado por el Consejo para el juicio, y una vez aprobado se llevaría a cabo el juicio a los generales.  Por ello, algunos  como Euriptólemo denunciaron la ilegalidad de la propuesta que había presentado Calíxeno, mediante la graphe paranomon, pero finalmente tuvieron que desistir al temer por sus propias vidas, puesto que la masa, alentados por Calixeno, empezó a decir que se juzgara también a los que se oponían al juicio, entre ellos a los propios pritanos: “la masa gritaba que sería terrible que alguien pudiera impedir al pueblo hacer lo que deseaba24. Es decir, se estaba poniendo como tesis la superioridad del “demos” sobre la “ley”.
El único que permaneció contrario a lo que quería la masa fue Sócrates, que era a uno de los Prítanos, por la tribu Alopece y ocupaba además la epístata, alegando que la votación era contraria a la ley: “no haría nada que no estuviera en conformidad con la ley25. De lo que no cabe duda es que el gesto de desafío de Sócrates al “pueblo soberano” no fue bien visto, considerandose una aptitud antidemocrática pese a que solo pretendía la aplicación de las leyes. El hecho sería posteriormente recordado, cuando el propio Sócrates tuvo que enfrentarse a la misma justicia ateniense, que le condenaría a muerte.
También Euriptólemo intentó la defensa de los generales y que se aplicara un procedimiento legal. Subiendo a la tribuna consiguió pronunciar un discurso a favor de los estrategos, en donde se pueden observar dos partes, en un primer momento intentaba convencer que si había que juzgarles se hiciera de acuerdo a las leyes, y que por lo tanto cada uno debía ser juzgado por separado. Posteriormente,  defiende la inocencia de los estrategos por la no recuperación de los náufragos, y que ha sido comentado anteriormente.
Euriptólemo alega que la injusticia que se va cometer contra los generales, no es solo contra éstos, sino contra la ciudad en general, e incluso un atentado ante los propios dioses. Llamó a la razón y a que los ciudadanos reflexionen por ellos mismos, puesto que estos están siendo  manipulados por unos pocos, y por lo tanto son esos pocos los que están realmente tomando las decisiones mientras que el resto del “demos” en masa ésta cayendo en el engaño. Y de nuevo vuelve a solicitar que de acuerdo a las leyes se les permita a cada uno de los estrategos defenderse personalmente, para lo cual pide que se les de al menos un día. De esta manera, los ciudadanos conocerían la “verdad” y “para que no tengáis que confiar en nadie más que en vosotros mismos”.26. Más adelante les preguntará a qué se debe la prisa con la que se les quiere juzgar, puesto que si se realizara un juicio acorde a las leyes, éstos quedarían libres: “¿Que, si celebráis  el juicio de acuerdo con un procedimiento conforme a la ley, os va a ser imposible matar o liberar a quien vosotros queráis, cosa que no ocurriría con un procedimiento contrario a la ley…..”27. Se refiere, cuando dice: matar o liberar a quien vosotros queráis, a que injustamente se esta juzgando a los generales, mientras que en cambio se está dejando libre a Terámenes y Trasibulo que de serlo, serían ellos los principales imputados.
Euriptólemo, propone dos alternativas a la propuesta presentada por Calixeno, las cuales ya habían sido usadas con anterioridad, es decir, aplica jurisprudencia. Uno es el decreto de Cannono, que es mencionado también por Aristófanes en la Asamblea de las mujeres, y que era usado contra quién cometía delitos contra el pueblo ateniense, y de acuerdo con las acusaciones que se les hacia a los estrategos, el dejar que cientos de ciudadanos se ahogaran, podía ser considerado como tal. La otra alternativa es una ley contra sacrílegos y traidores. Se eligiera una u otra, Euriptólemo, de nuevo vuelve a aludir que cada uno debe ser juzgado por separado de acuerdo a la ley, y pese a que al final del párrafo existe una controversia entre los diferentes editores, puesto que dice que se dividiera el día en tres partes, uno para votar la culpabilidad o no, otro para la acusación y otro para la defensa, es lo más lógico pensar, que lo primero que se debería hacer es votar el procedimiento por el que serían juzgados, luego la acusación, tras lo cual se produciría la defensa, y finalmente se votaría si se les declaraba culpables o no, como solía ser el procedimiento habitual en un juicio cualquiera28. Da como fuente de derecho  un caso anterior así como precedente de aplicación de las leyes: el caso de Aristarco, que pese a que había destruido la democracia  y había entregado Enoe a Tebas, enemiga tradicional de Atenas, se le hizo un juicio en consonancia con las leyes29.
Continuando con su discurso, le dice al pueblo que si juzgan a los estrategos de acuerdo a las leyes, ello hará ver que están a favor de la democracia y de las leyes establecidas pero que de lo contrario, saltándose la ley serán traidores, puesto  que estarán ayudando a los lacedemonios, al eliminar hombres capaces para dirigir la guerra hacia la victoria ateniense, como luego sucederá. La idea de que aplicar la ley es en sí defenderla, y que si esta se pervierte, aunque sea en una ocasión, cabe el riesgo de que finalmente, sin leyes respetadas, se pueda llegar al cambio de régimen30.
El discurso acaba con una exposición de los hechos sucedidos tras la batalla y cómo los generales ordenaron el rescate de los náufragos, como ya se ha comentado a lo largo de éste trabajo, así como la defensa de éstos31.
Finalmente se sometió a votación a mano alzada la propuesta de éste, de juzgarlos por separado, y pese a que en un principio fue esta elegida, un tal  Menecles, que sería de la facción de Terámenes, cuestionó la legalidad de la votación, Hypomasía. Normalmente, éste procedimiento hubiera supuesto la suspensión de la votación, pero en cambio, se volvió a realizar una nueva votación, en donde fue elegida la propuesta del Consejo, quizás porque Euriptólemo, temiera que pudiera ser declarada su propuesta ilegal y la retiró, puesto que como ya se ha dicho se pedía también que se juzgara a todos los que estuvieran contra el juicio a los generales. La votación, entonces, se repitió   sin la propuesta de Euriptólemo. De esta forma, aprobada la propuesta del Consejo, se realizó una segunda votación, se supone que ésta vez en urnas, de acuerdo a la propuesta del Consejo, sin que se les permitiera a ninguno de ellos la defensa. Culpables de no haber recogido a los náufragos, fueron los generales condenados a muerte, incluidos los dos que no habían vuelto, e inmediatamente ejecutadas las penas a muerte de los seis que se encontraban allí32.
El juicio se llevó, como decía Diódoto con motivo del debate de los mitilenes, con prisa y con cólera33. Dejando de lado que ya de por si el juicio fue ilegal, los ciudadanos votaron con cólera porque en sus cabezas tenían el recuerdo de la perdida de algún familiar, y ese recuerdo fue el que se potencio, y con prisa porque se impidió ningún tipo de reflexión, la cual si hicieron cuando ya era tarde.
Pese a que Diodoro presta menor atención al proceso que Jenofonte, si que comenta como se produjo posteriormente las ejecuciones, en la que uno de los estrategos condenado,  Diomedon, se dirigió al pueblo, en donde en ningún momento culpa a estos de haberles condenado, sino que achaca la suerte que han corrido a la Fortuna, y solicita que se realice ofrendas a los dioses a los cuales se les había hecho votos antes de la victoria, quedando así como un hombre piadoso34.
Ejecutados los  generales una vez realizada la votación, y conforme el tiempo fue pasando, los ciudadanos atenienses, que encolerizados habían votado la ejecución de los estrategos, empezaron a arrepentirse conforme iban reflexionando, hasta el punto que llegaron a la conclusión de que unos pocos les habían engañado. Quizás fue con los acontecimientos del año siguiente, 405 a.C, cuando se dieron cuenta, que tal y como había dicho Euriptólemo en su discurso, las consecuencias de la ejecución repercutió en la propia ciudad. Ese año la flota ateniense fue derrotada en Egospótamos por Lisandro. Se propuso entonces que se condenara a aquellos que habían incitado al pueblo a condenarlos, entre los que estaba Callixeno, quien había propuesto el procedimiento ilegal del proceso, pidiendose que se aplicara  su misma propuesta, puesto que  se solicitó que no se le permitiera defenderse, es decir, que de nuevo, en contra de las leyes, se iba  a condenar a un ciudadano sin un juicio acorde con las leyes35. También fueron acusados otros cuatro más36, aunque nunca se les llegó a juzgar según Jenofonte, aunque Diodoro parece que da por hecho que si se hizo. Fueran juzgados o no,  parece que tanto Callixeno y otros acusados lograron escapar de la cárcel. Pero no deja de ser curioso que Terámenes que había sido uno de los principales instigadores no fuera acusado posteriormente.
Este acontecimiento no deja de ser la ultima gota de toda una serie de controversias políticas,  que hizo que muchos más autores clásicos fueran hostiles  a la democracia, como lo es el propio Jenofonte, que consideraba a la masa como algo ruidoso, inestable, emocional, propensa a errores y con falta de buen juicio, y ante todo manipulable, como se puede ver claramente en éste juicio. Un claro ejemplo de la fuerza de minorías organizadas, en este caso parece que la de Terámenes, que sin estar de acuerdo con los oligarcas, tampoco lo era de los demócratas, estaba suficientemente organizada como para convencer a la “mayoría” de que está ejerciendo su propia voluntad.
Conocidos los hechos, parece indudable que detrás de todo se encontraba una minoría oligárquica, en donde destacaba Terámenes y su facción, pero ¿qué sentido tenía el condenar a los generales?. Volviendo a citar el discurso de Diodoto: “el que se opone a que las palabras sena mastras de de las obras o es idiota o tiene algún interes personal37. Evidentemente, la prisa con el que se hizo, y las molestias que se tomó Terámenes, hacen ver que existía algún tipo de interés.
En cierta medida se podría explicar el condenar a los principales por una revancha del propio Terámenes, quién a pesar de haber sido estratego, se le había encomendado una tarea secundaria, la de recoger a los náufragos, mientras que el resto de la flota navegó hacia Mitilene. Pero más lógico parece pensar que la flota se había convertido en un elemento que podía imposibilitar el cambio de régimen, y que era temida por los oligarcas, como ya ha sido comentado anteriormente. Además muchos de los estrategos condenados  eran miembros de la facción demócrata, dos de ellos hemos visto que habían sido elegido en el 411 por la flota en Samos, y otros como Pericles, hijo del famoso Pericles, podía ser visto como una venganza.
Uno de las cosas que puedo influir fue la supuesta liberación y entrega de la ciudadanía a los esclavos que es comentado por Diodoro, que podría haber resentido las economías de muchos atenienses, y por otra parte, si aceptamos que se propuso la entrega de la ciudadanía a estos esclavos, puede ser un motivo para que se viera a los estrategos como los cabezas de esa decisión, puesto que por una parte se alteraría el cuerpo electoral que podría ser aprovechado por la facción democrática, que tendrían mayor influencia, mientras que la facción oligárquica perdería apoyos. Y por otra parte, los propios ciudadanos eran celosos de otorgar la ciudadanía tan a la ligera, en una ciudad en la que para ser considerado ciudadano se debía ser por parte materna  y paterna. Pero que los generales decidieran esto por su propia cuenta puede ser difícil de creer, puesto que era la Asamblea la única que podía otorgar la ciudadanía, aunque evidentemente es sabido que las leyes no se respetan con frecuencia, como en el caso del propio juicio a los generales, y en un momento de crisis, los generales pudieron tomar esta decisión. Si fue otorgada la ciudadanía o al menos se intentó, encajaría que Terámenes fuera uno de los principales que se opondría a ello, puesto que era participe de reducir la ciudadanía.
En conclusión el juicio fue totalmente ilegal, la Asamblea manipulada en el contexto de una rivalidad entre la facción oligárquica y la democrática, que se saldo con la ejecución de seis generales victoriosos, descabezando a la flota de estrategos capaces para el futuro. Como consecuencia, y pese al arrepentimiento posterior de los atenienses, Atenas, un año después, en el 405 a.C  perdería la guerra tras la derrota de Egospótamos, tras lo cual Terámenes jugaría un amplio en las negociaciones con Esparta, así como en la caída de la democracia en favor de un gobierno de treinta personas, del que Terámenes formaría parte.

NOTAS

1.Jenofonte, Helénicas, I, 6.19-23
2.Diodoro Siculo, XIII, 97
3.Jenofonte, Helénicas, I, 7,1 y ss
4.Dionisio Sículo, XIII, 100,1
5.Jenofonte, I, 7, 20-30
6.Diodoro Siculo, XIII, 100,1
7.Aristoteles, La constitucion de los atenienses, 34
8.Jenofonte, Helénicas I, 7,1
9.Jenofonte, Helénicas I, 7, 2
10.Diodoro Siculo, XIII, 101
11.Diodoro Siculo, XIII, 101, 4
12.Diodoro Siculo, XIII, 101,5
13.Jenofonte, Helénicas  I, 7, 29
14.Diodoro Siculo, XIII, 101, 7
15.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 4
16.Jenofonte, Helénicas,  I, 7,4
17.Jenofonte, Helénicas I, 7, 17
18.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 6
19.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 32
20.Diodoro Siculo, XIII, 101.3
21.Jenofonte, Helénicas I, 7, 5
22.Jenofonte. Helénicas, I, 7, 9
23.Jenofonte, Helénicas, I,7,11
24.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 13
25.Jenofonte, Helenicas, I, 7, 15
26.Jenofonte, Helénicas, I, 7. 16-19
27.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 26
28.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 20-23
29.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 28
30.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 29
31.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 30-33
32.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 34
33.Tucidides III, 42
34.Diodoro Siculo, XIII, 102, 2
35.Didoro Siculo, XIII, 103, 1-2
36.Jenofonte, Helénicas, I, 7, 35
37.Tucídides,  III, 42,2