El mundo de ayer – Stefan Zweig

el mundo de ayerStefan Zweig, El mundo de ayer. Memorias de un europeo, Acantilado, Barcelona, 2005

Stefan Zweig (1881-1942) fue un escritor austriaco. No un mero escritor, sino uno de los grandes, afamado y conocido en su tiempo, especialmente durante las décadas de los años veinte y treinta. Como él mismo llega a decir en la obra que voy a reseñar, El mundo de ayer, en un viaje por Estados Unidos halló una de sus novelas en una librería de aquel país. Esta anécdota, que debe ser entendida en el contexto de su época, da buena cuenta de su importancia como literato.

Al menos lo fue hasta la llegada del régimen nazi. Debemos hacer mención que era judío y, por si fuera poco, en varios escritos se mostró contrario a dicho régimen. Su nombre y toda su obra fueron prohibidos en Alemania. De hecho, así nos lo menciona él mismo: sus libros fueron expurgados de librerías y bibliotecas para ser arrojados al fuego. Afortunadamente, él ya se había condenado al ostracismo. Precisamente es en el exilio –en concreto una vez que la Segunda Guerra Mundial había comenzado-, despojado de todo lo que tenía, cuando escribe este volumen: “Los escribo en plena guerra, en el extranjero y sin nada que ayude a mi memoria. En mi habitación de hotel, no dispongo de un solo ejemplar de mis libros, ni de apuntes, ni de una carta de amigo. No puedo ir a buscar información a ninguna parte porque la censura  ha interrumpido o ha puesto trabas a la correspondencia en todo el mundo”. Se publicó tiempo después, cuando Stefan Zweig ya se había suicidado en 1942 creyendo que el nazismo acabaría por imponerse alrededor del planeta. Desde aquel momento, su obra acabó olvidada hasta que varias décadas después volvió a ser reeditada y traducida a diversos idiomas.

Con la claridad de escritura que le caracteriza –ninguno de sus libros tiene desperdicio-, este nos narra sus memorias. ¿Una mera autobiografía? Ni mucho menos. Evidentemente escribe sobre sus experiencias y sensaciones –quizás, en general, sobre el sentir de los europeos de su generación-, pero no por el mero afán de darse protagonismo o de centrar toda la narración en su persona, sino que,  a través de lo que él vivió –que fue mucho- nos deja ver la historia europea desde finales del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial. Él mismo justifica, en las primeras líneas, por qué llegó a atreverse a escribirlas: “Jamás me he dado tanta importancia como para sentir la tentación de contar a otros la historia de mi vida. Han tenido que pasar muchas cosas –acontecimientos, catástrofes y pruebas-, muchísimas más de lo que suele corresponderle a una misma generación, para que yo encontrara valor suficiente para concebir un libro que tenga a mi propio “yo” como protagonista o, mejor dicho, como centro”. Continua alegando: “tampoco será mi destino el tema de mi narración, sino el de toda una generación, la nuestra, la única que ha cargado con el peso del destino, como, seguramente, ninguna otra en la historia”.

De esta manera, el autor defiende como el mundo comenzó a cambiar tras la Primera Guerra Mundial, la cual puso fin a la seguridad que caracterizaba al final del siglo XIX. En efecto, siempre bajo la visión de Stefan Zweig,  en el mundo en donde él nació todo tenía su lugar, cada persona creía que el futuro sería igual al presente y que nada, absolutamente nada, iba a cambiar o, al menos, la razón y el humanismo darían algo mucho mejor a las generaciones venideras. Así lo expresa en el primero de los capítulos: “El mundo de la seguridad”. De cualquier forma,  la primera mitad de su libro está dedicada a explicarnos como era aquel mundo a través de su tiempo en la escuela, en la universidad, sus viajes por Europa y fuera de esta. La otra mitad está dedicada a cómo todo aquello que se creía inamovible comenzó a cambiar en una dirección que parecía inimaginable: la Gran Guerra, los años veinte en Alemania y el ascenso del nazismo.

Buen resumen de esto mismo, volviendo a citar sus palabras, son estas líneas: “Me he visto obligado a ser testigo indefenso e impotente de la inconcebible caída de la humanidad en una barbarie como no se había visto en tiempos y que esgrimía su dogma deliberado y programático de la antihumanidad. Después de siglos, nos estaban reservadas de nuevo guerras sin declaración de guerra, campos de concentración, torturas, saqueos indiscriminados y bombardeos de ciudades indefensas; bestialidades  que las últimas cincuentas generaciones no habían conocido y que ojalá no conozcan las futuras. Sin embargo, por una extraña paradoja, en el mismo lapso de tiempo en que nuestro mundo retrocedía un milenio en lo moral, también he visto a la misma humanidad elevarse hasta alturas insospechadas en lo que a la técnica y el intelecto se refiere, cuando de un aletazo ha superado todas las conquistas de millones de años…”.

No hace falta comentar mucho más. Como ha podido comprobar el lector, buena parte de esta reseña son fragmentos extraídos del libro. No necesita más carta de presentación. Debe ser leído. Buena parte del mismo nos da explicaciones mucho más concisas y claras que la de cualquier manual de Historia Contemporánea. Incluso –lo lanzo como sugerencia- podría ser lectura obligatoria al igual que muchas veces lo es El diario de Ana Frank.

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