¿En qué año nació Jesús de Nazaret?

¿En qué año nació  Jesús de Nazaret? Posiblemente para la mayoría de nosotros, creyentes o no creyentes, la respuesta no tiene mayor complejidad que contestar: en el año 1 –otros dirán que en el año 0–.  Parece evidente tan rotunda afirmación si se sabe que los años, al menos en la datación de Occidente, se cuentan desde el nacimiento de Cristo.

Pero ¿desde cuándo se usa la era cristiana para datar? ¿Quizás desde el propio nacimiento de Jesucristo? ¿Desde la Crucifixión? ¿Desde la conversión de Constantino al cristianismo? ¿Desde el decreto de Tesalónica que convertía al cristianismo en la religión oficial del Imperio? De ninguna forma, dicha datación únicamente se extendió por Europa, en concreto por las cancillerías, a partir del siglo X, aunque la Iglesia ya la manejaba, en parte, desde el siglo VI. A petición del papa Juan I, el monje Dionisio el Exiguo realizó los cálculos pertinentes para averiguar los años que habían pasado desde el nacimiento de Jesús y, por tanto, establecer la que más adelante sería nuestra datación actual. Este, tomando una referencia bíblica, en concreto la de San Mateo (2.1-22), quien dice que reinaba el rey Hedores en Judea en el momento del nacimiento de Jesús, llegó a la conclusión de que Jesús había nacido en el año 754 Ab Urbe Condita, es decir, desde la fundación de Roma, uno de los sistemas de datación que imperaban en la época.  Dionisio, en cualquier caso, se equivocó en tal hecho, puesto que Herodes murió en el 750 A.U.C., por tanto, en el año 4 a.C. Datación que sabemos gracias a Flavio Josefo, quien menciona un eclipse lunar en el año en que se produjo la defunción del monarca  (Ant. Iud XVII 6.4 y 8.1-9.3). Jesús, pese a lo absurdo que parece, habría nacido, por tanto, en el 4 a.C. Error que no fue corregido una vez que el sistema se extendió por Europa, pese a que ya se habían dado cuenta de ello otros estudiosos del momento. En cualquier caso, tampoco existe ningún dato que confirme que el año de la muerte de Herodes fue el del nacimiento de Cristo, por tanto, a lo mucho que podríamos afirmar es que aconteció, como tarde, en la fecha en que murió Herodes, sin que podamos descartar los años anteriores.

Pero esta mera corrección no pone fin al asunto. Como hemos dicho, Dionisio utilizó la mención al reinado de Herodes, pero ¿qué nos dicen el resto de Evangelios? El de mayor antigüedad, el de San Marcos, únicamente hace referencia al momento en el que Jesús comienza a predicar. Tampoco el de San Juan hace mención al nacimiento e infancia de este. Tan solo San Lucas, al igual que San Mateo, menciona este periodo de la vida de Jesucristo. Observemos, por tanto, lo que nos transmite (2.1-6):  “Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase a todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta”. La versión popular sobre en nacimiento aúna las versiones de ambos Evangelios, Lucas y Mateo,  como si fueran información complementaria. Pero la realidad es que tienen un punto discordante: su datación. En efecto, a simple vista parece que únicamente San Mateo aporta ese dato, en este caso el reinado de Herodes, pero San Lucas, como acabamos de ver, también da dos hechos que nos permiten datar el nacimiento: el gobierno de Cirino en la provincia de Siria y la realización de un censo de los habitantes de Judea. Si buscamos la fecha concreta en el que este era gobernador de Siria, hallamos en los escritos de Flavio Josefo (Ant . Iud. XVII. 13.5 XVIII.1.1-2) y 2.1) que Augusto envió a Cirino a la provincia en el año 6 d.C., concretamente después de que el hijo de Herodes, Arquelao, fuera apartado del trono de Judea y el territorio pasara a depender de la provincia de Siria. Por tanto, San Mateo nos está diciendo que el nacimiento se produjo como muy tarde el 4 a.C., mientras que, si tomamos la versión de San Lucas, se habría producido como muy pronto en el 6 d.C. En resumidas cuentas, como mínimo existe entre ambos una diferencia de diez años.

Tenemos, por tanto, tres fuentes enfrentadas si a los dos Evangelios le sumamos los escritos de Flavio que nos han ayudado, hasta ahora, a datar el reinado de Herodes y el gobierno de Cirino en Siria. Frente a esto, algunos historiadores han intentado buscar argumentos que logren reconciliar a estas fuentes.

Una hipótesis que se ha esgrimido para este menester se apoya en el censo que nos menciona San Lucas, que era el que había provocado el viaje de José y María a Belén.  En las Res Gestae de Augusto se menciona que este realizó varios censos durante su principado. De esta manera, se ha considerado que el censo que cita el Evangelio sería el segundo censo decretado por Augusto, el cual se produjo en el 8 a.C. De esta forma, se habría realizado durante el reinado de Herodes y, por tanto, los datos de ambos evangelistas no serían discordantes.

Pero la hipótesis, desde luego, no se sujeta por varios motivos. Primero, porque es difícil de creer que el censo que se menciona en las memorias de Augusto abarcara a todos los habitantes del Imperio, sino que sería, a lo sumo, de los habitantes de Italia, los cuales tenían la ciudadanía romana. Segundo, y con mayor peso, es extraño que Roma realizara un censo sobre un reino, Judea, que en aquel entonces tenía la consideración de Estado amigo de Roma. En otras palabras, Judea, en teoría, era independiente y, aunque en la práctica bajo la esfera romana, poco podía importar a los romanos tener un censo de sus habitantes.  Roma únicamente tuvo necesidad de tal cosa, según menciona Josefo (Ant. Iud. XVII.8-XVIII.1), en el momento en el que Judea, como hemos dicho, quedó bajo la administración romana. Fue a partir de entonces cuando este se realizó con el fin de aplicar los impuestos pertinentes. Haciendo un inciso, cabe decir que esta situación conllevó un amplio conflicto en la región a lo largo de las décadas siguientes.

Aun aceptando por buena esta hipótesis del censo, todavía quedaría por resolver el problema del gobierno de Cirino en la provincia de Siria, el cual, ya se ha dicho, no se produjo en el reinado de Herodes. Para salvar este problema, Mommsen lanzó como hipótesis que Cirino habría tenido un primer gobierno en esta misma provincia –el que menciona Josefo, por tanto, sería un segundo mandato-, el cual, claro está, se remontaría a los tiempos de Herodes. El ínclito historiador sustentaba esta hipótesis en una inscripción honorífica, la ILS 918 (CIL XIV 3613), en la cual, como sucede en este tipo de inscripciones, se detallan los cargos ocupados y éxitos memorables del individuo al que está dedicada. Esta acaba con la frase “legatus pro praetore divi Augusti iterum Syriam et Phoenicem optinuit”. Tras traducirlo se entendía que había sido legado propretorial del divino Augusto –este es el título oficial que ostentaban los gobernadores– por segunda vez en Siria y Fenicia. ¿Cuándo se produjo ese primer gobierno? Mommsen,  tomando los datos de la inscripción, observaba que comenzaba con la palabra “regem”. Desconocemos a qué rey se está refiriendo, puesto que la parte superior de la inscripción esta fraccionada, pero el romanista claramente lo vinculó a Herodes. Además, continúa la inscripción diciendo que este legado en Siria había recibido “ornamenta triumphalia” y se le honró con dos supplicationes, debido a la victoria alcanzada en una guerra. ¿Qué guerra? Para Mommsen se trataba de la que mencionaban Tácito (Ann. III. 48) y Estrabón (XII. 6.5) contra los homonadeis, gentes de las montañas de la provincia de Panfilia, que además data de la misma fecha en que se erigieron los miliarios romanos en la región, esto es el 6 a.C.  Ramsay, a principios del siglo XX, tomó como cierta la teoría de Mommsen y consideró que Cirino, tras ocupar el consulado en el 12 a.C., fue enviado a Siria, en donde como gobernador condujo la mencionada guerra, cuyo fin se produjo en el 6 a.C.  

Pero nada de esto puede sostenerse, de nuevo, por cuatro razones. La primera, la situación geográfica de esta guerra hace pensar que lo lógico es que se procediera a actuar desde la provincia de Galatia y no desde Siria, la cual queda mucho más alejada. La segunda, Josefo nos da los nombres de los gobernadores de Siria durante los últimos años del reinado de Herodes: M. Tito, enviado en el 12 a.C.; C. Sentio Saturnino, en el 8 a.C.; y P. Quintilio Varo, entre el 6 y el 4 a.C. Sabemos que, por lo general, en tiempos de Augusto, los gobernadores pasaban en la provincia por lo menos tres años, lo que imposibilita que Cirino hubiera ocupado tal puesto en algún momento entre 12 a.C. y el 4 a.C. La tercera razón, en ningún momento la inscripción nos dice que fuera dos veces gobernador de Siria, sino que fue dos veces legatus Augusti pro praetore, una de ellas en la provincia de Siria. Y cuarto, y más relevante, ¿quién dice que esta inscripción se realizó en honor de Cirino? Como hemos dicho, la inscripción esta fracturada, por tanto no podemos leer ningún nombre en ella. La inscripción puede ser atribuida a otros tantos nobles romanos.

Por tanto, tras todos estos párrafos, la cuestión sobre el año de nacimiento de Jesús no parece, ni mucho menos, resolverse. Ambos apóstoles se siguen contradiciendo. Quizás la respuesta se encuentre en los propios Evangelios de San Lucas y San Mateo. Ambos, según los estudiosos de estos, consideran que la infancia de Jesús es inventada por estos con el fin de rellenar este hueco y conectar a Jesús, desde su nacimiento, con el plan divino. De esta manera, en el Evangelio de Mateo se observa como este intenta equiparar a Jesús con Moisés mediante la repetición de la historia de este último: el infanticidio perpetrado por el faraón y la salvación de Moisés. Por tanto, que San Mateo cite el reinado de Herodes únicamente se debe a que necesitaba un rey para poder cuadrar este mismo hecho. En otras palabras, no se trata de una narración histórica y podemos descartarla como fuente para datar el nacimiento.

¿Es fidedigna la información de San Lucas? Veamos, los primeros capítulos, de nuevo, parecen un intento por vincular a Jesús y Juan el Bautista en un plan divino, pese a que los otros evangelistas mencionan la rivalidad entre los seguidores de ambos. Sea como fuere, como hemos venido diciendo, este data el nacimiento en el gobierno de Cirino, que sabemos que comenzó en el 6 a.C. Pero más adelante, cuando data los comienzos de la predicación de ambos, Jesús y el Bautista, encontramos algo que nos hace dudar. San Lucas es capaz de datar con toda precisión el comienzo de la predicación de Juan el Bautista, que lo hace de esta manera: “En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilatos procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios  a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto”. Augusto murió el 14 d.C. y Tiberio ocupó su lugar hacia finales de verano de ese mismo año. Así, podemos decir que la datación de San Lucas del comienzo de la predicación de Juan el Bautista fue entre finales del verano del 28 d.C. y finales de verano del 29 d.C.  En cambio, cuando este mismo comenta el inicio de la predicación de Jesús, la datación se reduce a decirnos que comenzó cuando este, Jesús, tenía unos treinta años (Lucas 3.23). Es decir, que podría tener entre 27 y 34. Parece extraño que sabiendo la datación tan concreta de Juan el Bautista, desconociera la de Jesús, del que al parecer incluso desconocía la edad a la que comenzó.

Entre el final del siglo II y mitad del siglo IV d.C., los primeros autores cristianos que mencionan el año de nacimiento de Jesús mediante diversos sistemas de datación sorprendentemente se mantienen unánimes en considerar  que fue en el año 3 o 2 a.C. La conclusión de todos estos autores se debe a una mera resta entre el inicio de la predicación de Juan el Bautista y los treinta años que se dice que tenía Jesús. Esto, sin duda alguna, es un error, puesto que ni sabemos, lo acabamos de mencionar, los años reales de Jesús, ni tampoco en ningún momento se dice que el año de comienzo de Juan el Bautista fuera el mismo en el que Jesús fue bautizado por este. Además, tampoco mantenían en cuenta el dato de nacimiento que da San Lucas.

¿Podemos tomar, por tanto, el año 6 d.C.? Por varias razones no lo podemos confirmar. Cirino comenzó su mandato en la provincia ese año, pero permaneció en ella hasta el 12 d.C. Si hipotéticamente tomáramos ese año inicial y le sumáramos una edad de treinta años para el comienzo de su ministerio, entonces nos daría el año 36 d.C., pero en ese año Poncio Pilatos fue apartado de la prefectura de Judea, por lo que no habría estado presente en el momento de la crucifixión. Tan solo cabría rebajar la edad de comienzo, pero serían únicamente conjeturas.

Esto parece llevar a que ninguno de los evangelistas conocía el año de nacimiento. Además ambos escribieron medio siglo después de la crucifixión. Así, de lo único que podemos estar seguros es que no nació en el reinado de Herodes, sino unos años después de la muerte de este.

 

BIBLIOGRAFÍA

En buena medida se ha seguido para la redacción de este escrito los argumentos y datos que aporta Gary Forsythe (2012): “The Non-Christian Origin of Christmas”, en Time in Roman Religion, Routledge, Nueva York, pp. 113-161.

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