Geografía Proximo Oriente Antiguo

El Próximo Oriente Antiguo, también conocido como Oriente Mediterráneo, llamado así porque los pueblos que allí vivieron tendieron siempre al acercamiento a este mar, diferenciando así a culturas como la india o la china de escasa relación con occidente. Pero el Próximo Oriente Antiguo no supone una unidad geográfica, sino que los limites del POA están marcados de forma artificial por los historiadores, basándose en aspectos socioculturales, así como políticos, de los pueblos que allí vivieron, destacando el fenómeno de la aparición de la ciudad, a lo que Gordon Childe llamó “la revolución urbana”, que supuso el surgimiento del Estado, diferenciándose así de la periferia al POA, aunque si se dio una interacción de los pueblos de la periferia con los del Próximo Oriente.

Mapa físico Próximo Oriente

Mapa físico Próximo Oriente

De esta forma, el Próximo Oriente es integrado por la Costa sirio palestina, Anatolia, Mesopotamia, el norte del desierto asirio y la Meseta irania. Egipto, pese a que mantiene factores similares como es el proceso de urbanismo y surgimiento del Estado, no suele ser integrado dentro del Próximo Oriente Antiguo. Si hubiera que poner unas fronteras, teniendo siempre cuidado con este término, por el oeste lo delimitaría el mar Mediterráneo, dejando fuera la cultura micénica y posteriormente la griega, por el norte el Cáucaso separa el Próximo Oriente de la Estepa, por el este, tras cruzar los montes Zagros se halla la gran meseta iraní, tras la cual se encuentra el desierto, que separa las áridas tierras de Afganistán así como la India.

Puesto que el Próximo Oriente no supone una unidad geográfica, y pese a que tiene una extensión relativamente pequeña, existe una gran diferenciación tanto climática, hidrográficas, tipos de suelo, etc.

Quizás sea Mesopotamia una de las regiones más conocidas dentro del Próximo Oriente, pues será allí donde surgirá el Estado y en donde se sucederán en el tiempo importantes imperios. Ésta región fue llamada así por los griegos, significando “tierra entre ríos”, puesto que por dicha zona atraviesan dos importantes ríos, el Éufrates y el Tigris. En un sentido estricto Mesopotamia supondría la zona que va desde la actual Bagdad, en donde ambos ríos se acercan uno al otro, hasta la cordillera de los Anti Tauro, en el norte. Pero en sentido general se incluyen en Mesopotamia tanto el norte como el sur, por lo que se extiende desde los Anti Tauro hasta el Golfo Pérsico, quedando al oeste el desierto arábigo, y en el este los Montes Zagros.

Se tienen evidencias de que en Mesopotamia existen asentamientos humanos desde el 10.000 a.C, que alcanzaron un alto nivel de desarrollo. Destacan las culturas de Eridu, también conocida como Obeid I, así como sus otras tres fases: Obeid II, III y IV, que en un proceso no lineal conllevaron finalmente el surgimiento de la ciudad, el surgimiento del Estado en Sumer, y del primer imperio, el de Sargon de Akad.

Muchas veces se ha magnificado que el Éufrates y el Tigris supusieron el factor fundamental para el surgimiento de la ciudad, pero los estudios han demostrado que esto no es así, puesto que las primeras ciudades no estuvieron en sus orillas, sino que se dieron en la periferia a ambos ríos, en zonas muchos más áridas, puesto que muchas veces prima más el asentamiento de ciudades en lugares estratégicos como son vías de comunicación. Además, los primeros asentamientos se dieron en el norte de Mesopotamia, puesto que allí los ríos tiene un recorrido estable y encajado, mientras que el sur era una zona de marismas en donde ambos ríos no tenían definido su curso en aquella época. Desde entonces hasta el momento actual la costa del Golfo pérsico ha ido ganando terreno al mar. Para que las primeras poblaciones, pudieran establecerse en el sur, tuvieron que tener ya unos conocimientos técnicos hidráulicos, que les permitiera, mediante la realización de canales, llevar a cabo una productiva agricultura de regadío.

Volviendo al Éufrates y al Tigris, el primero tiene una longitud mayor, aunque tiene un caudal menor que el Tigris, y en comparación con otros ríos como el Nilo o el Danubio su caudal no es muy alto, además sus afluentes, en las que caben destacar el Gran Zab para el Tigris, y el Jabur para el Eufrates sufren fuertes estiajes durante el año. Pero ello no impide que en determinados momentos tanto el Eufrates y el Tigris aumenten su caudal, en un fenómeno que vulgarmente se conoce como la “gota fría”, lo que supone el desbordamiento de los ríos, y que con toda seguridad dieron el mito del diluvio universal que ahogó a gran parte de la humanidad.

Pero además del recurso hídrico de estos ríos, así como el del resto de ríos, éstos suponen un importante medio de comunicación. De ésta forma, desde la baja Mesopotamia se podía llegar hasta la alta siguiendo ambos ríos, atravesar los Zagros para llegar a la Meseta iraní se podía hacer fácilmente siguiendo el Tigris o alguno de sus afluentes que vertían su agua por su margen izquierda. Mientras que para llegar a Anatolia y Siria se podía seguir el Eufrates, y de igual modo, siguiendo el curso del Orontes y del Jordán permitía atravesar la Costa sirio palestina, llegando a la Península del Sinaí y de allí a Egipto. Controlar estas rutas era de gran importancia, puesto que hay que pensar que el control del comercio era fundamental, de tal forma que las conquistas de los grandes imperios siempre siguen estas rutas, y las batallas siempre se dan en estos mismos lugares.

Mesopotamia tiene escasos recursos materiales, por lo que la mayor parte de ellos hay que importarlos de otras zonas. No se tiene piedra ni madera, esencial para la construcción, pero esto no fue un inconveniente, ya que es una tierra rica en arcillas, por lo que se pudo utilizar tapial y adobe para realizar grandes construcciones, puesto que además su clima, poco lluvioso, permite este tipo de construcciones. En cuanto a la madera, el Próximo Oriente en general carece de madera, tan solo en Siria existen cedros que dan una madera de calidad. Mesopotamia tiene palmeras datileras, pero su madera es de muy poca calidad, pero en cambio su fruto permite extraer azúcar, miel, crear ungüentos, etc, que pueden comercializarse en el exterior e intercambiarse por otros recursos. Tampoco existen en Mesopotamia metales, en especial el estaño, elemento fundamental para fabricar bronce, por lo que debían ser importados en zonas donde si lo había, como por ejemplo de Anatolia y de la Meseta iraní, en especial de esta última, a donde se realizaban largas expediciones. Se puede ver así la importancia de controlar las rutas comerciales.

En cuanto a recursos alimenticios, existe una amplia zona, a la que se llamo el “creciente fértil”, que abarcaba desde los pies de los Zagros hasta el sur de Anatolia, continuando por la Costa siriopalestina, creando por lo tanto una forma de luna en fase creciente. En estas zonas se pueden encontrar trigo, asociada a la cebada, así como a leguminosas. En cuanto al trigo, un alimento que será básico, es silvestre, el cual crece sin necesidad de ser cultivado por el ser humano. Es un trigo de bajo rendimiento, de espiga pequeña, que será tomado por el ser humano para ser cultivado, y llevado a zonas donde mediante irrigación pudiera ser más productivo. Ello conlleva un proceso por el cual el trigo cambia sus características, dando mayor cantidad de grano, pero también más débil ante sequias y otros agentes climáticos, así como enfermedades.

Finalmente, habría que hacer mención a dos zonas, que si bien no entran dentro del Próximo Oriente Antiguo, son de gran importancia en cuanto a relaciones de los pueblos sedentarios del POA con los nómadas de desierto arábigo y de la Estepa. Tanto de una y otra zona, pueblos nómadas entraran en el POA, que con mayor o menor violencia, muchos acabaron por asentarse en los nuevos territorios, y tomaron modelos estatales. Grades problemas ocasionaron para los pueblos próximo orientales los pueblos de la Estepa, amplia zona de hierba que se extiende desde la actual Hungría hasta la Manchuria, cuyos habitantes, organizados en tribus de carácter nómada, tomaron gran habilidad en el uso del caballo, y en el uso de este para la lucha, con ágiles jinetes portadores de arcos, que a lo largo de dos milenios penetraron en el POA, así como en Europa, debiéndose incluso Roma, en el caso de los Hunos, enfrentarse con ellos.