Historia menor de Grecia – Pedro Olalla

Pedro Olalla, Historia menor de Grecia, Acantilado, Barcelona, 2012

“Esta mañana, ya de vuelta en Mistrás, el octogenario Pletón vuelve a pensar que quizá llegue un día en que el mundo no se halle dominado por los dogmas del cristianismo o del islam, en que la tierra esté a disposición de quien se comprometa a cultivarla con esfuerzo, en que los gobernantes lo sean por sus méritos y no por sus riquezas, y en que la educación haga a los hombres conscientes de su dignidad”.

No se trata de un mero recorrido por la Historia griega. No se nos habla de épicas batallas. Tampoco de hechos memorables y transcendentales. Ni de gobiernos ni épocas históricas.  ¿Sobre qué? Del hombre en sí mismo, del ser humano en su ideal griego a lo largo del tiempo. De ahí, el subtítulo de la obra: “Una mirada humanista sobre la agitada historia de los griegos”. Ese enfoque humanístico que la propia Historia suele olvidar y que en general, en nuestras sociedades, pasa desapercibido.

A lo largo de más de cien capítulos, de apenas dos o tres páginas cada uno, Pedro Olalla –reconocido helenista- nos presenta diversos relatos que abarcan desde el siglo VIII a.C. al siglo XX d.C. En ellos no se narran grandes acontecimientos, de hecho, en muchas ocasiones los personajes no son ni siquiera conocidos y, aunque lo sean, estos, en ningún caso, aparecen rememorando las gestas que les permitieron penetrar en los anales de la Historia. Todo lo contrario, los personajes siempre aparecen como meros hombres que piensan sobre diversos temas o situaciones que les rodean.

Cada breve relato, así podemos decirlo, es la descripción de una estampa o fotografía que muestra una situación y un lugar muy concretos. Así, se nos presenta, por ejemplo, un Alejandro Magno, en las tierras altas del Indo, no al frente de sus ejércitos, sino en la soledad de su tienda durante la noche,  reflexionando acerca del cambio que se ha producido en la relación con sus amigos más íntimos desde que iniciaron la campaña que les ha llevado hasta ese concreto sitio. Es tan solo una de las muchas historias.

Cada uno de estos relatos sucede en un lugar distinto, muchos de ellos en Grecia, pero no siempre allí como acabamos de ver. Alejandría, Roma, Antioquía, Arabia, Toledo, Valladolid, son solo unos cuantos ejemplos de esos lugares. Lo importante no es el territorio, sino lo griego, y allí donde exista algo griego el autor aprovecha para recrearnos una situación.  Petrarca, por mencionar alguno, aparece, en Milán, recibiendo dos raras obras de conseguir en aquella época: la Ilíada y la Odisea de Homero. Tan solo este pequeño elemento permite evocar el espíritu heleno.

Estas breves historias, redactadas con eficaz maestría, no son meras invenciones del autor. Tienen un respaldo histórico real y, de esta manera, lo muestra la bibliografía y fuentes que acompañan a cada uno de estas.

Quizás el único problema es que, para comprender cada relato en su plenitud, a veces el lector debe poseer unos conocimientos previos sobre la Historia griega. Por otra parte, no es algo que carezca de remedio. 

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