La cerámica de lujo romana

La cerámica es un extenso campo de estudio que da al historiador una amplia gama de información sobre diversos aspectos. Así, por ejemplo, esta nos permite conocer costumbres y modos de vida, y, en la actualidad, gracias a modernos procedimientos técnicos se puede conocer lo que contenían y para que se usaban algunos de los recipientes cerámicos –especialmente aquellos que estaban destinados para almacenaje- . Del mismo modo, la aparición de cerámicas fuera de su contexto original nos indica intercambio y comercio o, incluso, colonizaciones.

En cualquier caso, la cerámica es el fósil guía para la datación de yacimientos –desde el Neolítico, momento en el que se comenzó a fabricar recipientes cerámicos- y la adscripción a una determinada cultura. Desde luego, esto último es de gran importancia en los yacimientos romanos, puesto que existen unas cerámicas muy determinadas, que van variando a lo largo del tiempo, y que ha podido ser datadas con amplia exactitud, y que, por comparación, nos permite conocer la cronología del yacimiento observando los tipos de cerámica que aparece en cada uno de los niveles o estratos.

Entre los tipos cerámicos más característicos del mundo romano, se encuentran las cerámicas de barniz negro, antes conocida bajo el término de campaniense, a la que sucedió otro tipo, la Terra Sigillata. Ambas poseen, a su vez, toda una serie de tipos y de formas, variantes con el tiempo, algunos de los cuales son imitaciones de talleres locales respecto a los talleres originales, que en muchas ocasiones consiguieron altas calidades, incluso superando a las de los talleres originales. A estos debemos sumar otra serie de cerámicas, como la de paredes finas y vidriadas, que componen, junto con las anteriores, lo que podemos llamar cerámicas de lujo frente a otras, que no veremos en este caso, que tienen un carácter más basto. La principal función de estas cerámicas es la de mesa, dicho de otra manera, se utilizaban para el consumo de alimentos y bebidas directamente de ella.

CERÁMICA DE BARNIZ NEGRO

La cerámica de barniz negro, anteriormente llamada campaniense, es una vajilla que se caracteriza por su pigmentación negra. Es original del mundo itálico, aunque su influencia es claramente helenística.

Es una cerámica fina y básicamente de lujo, que se fabricó desde el siglo V a.C. hasta mediados del siglo I a.C., momento en que empezó a ser sustituida por la Terra Sigillata.

Para el historiador esta cerámica posee un gran valor en cuanto que esta se expande por el Mediterráneo a medida que se van produciendo las conquistas romanas. Por esta razón permite el estudio de la expansión de Roma y la datación de los yacimientos de acuerdo a su ausencia o presencia. En Hispania, por ejemplo, es determinante para observar el avance de las legiones y presencia romana en la Península.

Se han diferenciado tres grupos distintos, aunque a su vez cada uno de estos posee una multitud de subtipos y de formas:

La del tipo A es una producción realizada en el Golfo de Nápoles y la isla de Ischia. Posee una pasta de color rojo y pigmentación negra, claro está. No obstante, el color es muy desigual y los reflejos metálicos son rojizos. Este tipo de cerámica fue producida desde el s. IV a.C., aunque fue a partir de finales del s. III su momento de auge, distinguiéndose tres tipos distintos.

La decoración de este tipo de cerámica se caracteriza por las palmetas y rosetas sueltas mediante estampado, así como estrías ruedecilla. A veces aparecen círculos pintados en blanco.

La de tipo B fue fabricada a partir del siglo II a.C. en un taller etrusco hasta mediados del siglo I a.C. Están realizadas por una pasta clara y amarillenta, y es más fina que la anterior. La pigmentación negra tiene cierto matiz azulado. El repertorio es bastante reducido y con formas más angulosas.

Finalmente, la de tipo C tiene una cronología que va del s. II al I a.C., con una pasta de color gris y el barniz muy negro –aunque es fácilmente escamable-. Existen formas muy peculiares y en la decoración suelen predominar círculos incisos. Fue muy imitada por talleres indígenas en diversas provincias.

TERRA SIGILLATA

La Terra Sigillata sustituyó a la cerámica de barniz negro a partir del año 45 a.C. y es por excelencia la cerámica de lujo de la etapa imperial. Se caracteriza esta por superficies brillantes y rojas. La cocción es oxidante, rica en potasio, magnesio y hierro, y una película de arcilla brillante que la cubre. En ocasiones están marcadas por un sello que hace referencia a su fabricante. Existen muy diversas formas de Terra Sigillata y una amplia cantidad de tipos dependiendo del lugar de fabricación.

Terra Sigillata Itálica

La primera de ellas es la Terra Sigillata Itálica, que apareció en la zona de Etruria, la cual se relaciona, como la de barniz negro, con la cerámica helenístico siriaco-alejandrina.

El pigmento es muy brillante y suelen presentar pastas depuradas, bien cocidas y sin desgrasantes a simple vista. Poseen un color asalmonado, pero dependiendo del lugar de fabricación presentan ligeras variaciones. Destacan los focos de Pisa, Nápoles y Putteoli, que quedan eclipsados por el de Aretina a medida que avanza el reinado de Augusto y el de Tiberio.

Se pueden distinguir, igualmente, diversas fases: la inicial –del 45 al 30 a.C., inspirada en la cerámica de barniz negro y básicamente lisas-, la precoz – del 30 al 15 a.C., aparecen nuevas formas, así como primeras decoraciones y sello en posición radial-, fase clásica –del 15 a.C. al cambio de Era, que fue la etapa de esplendor de esta cerámica-, fase avanzada –hasta el 40 d.C., sigue la tendencia de la anterior y los sellos aparecen in planta pedís-. Finalmente se encuentra la fase de decadencia hasta su desaparición en el 70 d.C.

Terra Sigillata Gálica

La Terra Sigillata acabó por fabricarse fuera de la propia Italia, presentando sus propias características. La Terra Sigillata gálica se produjo tempranamente en centros de fabricación galos, posiblemente como consecuencia de un periodo de debilidad de la itálica.

En sus inicios se trataba únicamente de imitaciones de la Terra Sigillata Itálica en talleres locales. Sin embargo, entre el 20 y 40 d.C. estas producciones se extendieron por los mercados provinciales.

Se la distingue por su pigmento rojo muy vivo, semivitrificado y adherente. Son pastas duras, color beis rosa y rojo claro con diversas gradaciones. Se pueden distinguir en ella finas partículas calcáreas.

Terra Sigillata Hispánica

La popularidad de la Terra Sigillata a partir del siglo I d.C. provocó que, de igual forma, se crearan centros en Hispania que la imitaban. Esta empezó a producirse hacia el 50 a.C. como imitación de la itálica y especialmente de la gálica –aunque hay muchas discrepancias en esta afirmación-. Lo que sí es cierto es que, en época Flavia, se impuso sobre los mercados hispánicos en detrimento del resto.

Existen dos etapas en la hispánica, una altoimperial –destacando los centros productores de Tricio, Bronchales, Granada y Andujar- y otra bajoimperial o tardía.

Elcentro de Tricio –en Málaga- presenta pastas de color anaranjado con desgrasantes muy finos. Su barniz es naranja con rugosidades. Produjo desde mediados del siglo I d.C. hasta el III, imitando la decoración del centro de Graufesenque.

El de Bronchales, en Teruel, se caracteriza por pastas rojizas-anaranjadas, con barniz rojo-naranja muy brillante e intenso que se craquea fácilmente. A veces las pastas de color naranja manchan al tacto y los barnices mates desaparecen fácilmente. Tuvo una limitada repercusión fuera de su zona, y estuvo activo entre el último cuarto del siglo I d.C. hasta el II.

El centro de Granada tiene producciones de color ocre claro de carácter micáceo. El barniz es rojo naranja muy claro, y abundan sus formas lisas. Se ha determinado que fueron realizadas por una única generación de alfareros entre finales del siglo I d.C. hasta mediados del siglo II.

El de Andujar fue el segundo taller más importante, con unas pastas mal cocidas de color pardo rojizo con partículas amarillentas, arcillosas y calcáreas. El barniz es rojo marrón, espeso y mate. Tuvo producción desde época de Claudio hasta mediados del siglo II d.C., si bien quedó limitada a la Bética y la Lusitania.

Finalmente, la Terra Sigillata Hispanica tardía surgió tras una transición a mediados del siglo III en las que las producciones disminuyen, degradándose la producción de vajillas. A mediados del siglo IV ésta parece estar ya definida. Estas cerámicas tienen barniz poroso y delgado, las cocciones son de mala calidad, con temperaturas muy bajas, sin que se utilicen ya las pastas calcáreas. Sus focos de producción se encuentran por las cuencas del Duero y el Ebro, y también por el Tajo. En el primer cuarto del siglo VI d.C. dejó de fabricarse.

Terra Sigillata Africana

Esta cerámica, también denominada African Red Slip ware, fue la gran competidora de la Terra Sigillata Hispánica en la propia Península. Posee un barniz anaranjado o rojo-anaranjado claro, con pasta siempre naranjas. Nunca ostenta estampillas ni ningún tipo de marca de fábrica. Su centro principal fue el África proconsular y Mauritania –las actuales Argelia, Túnez y Libia-.

Lamboglia, que estudio estas cerámicas, las clasifico en 1958 como TS Clara, observando tres grupos, la A,C, y D –La B fue una producción tardía del sur de la Galia-. La TSA A comenzó su producción hacia los años 60-70 d.C., presentando una pasta anaranjada rojiza y un barniz naranja brillante que cubre toda la pieza. Sin embargo, este barniz presenta una serie de burbujas que le da un aspecto diferenciador llamado piel de gallina. A partir del siglo III se notará que la pasta es más granulosa y rugosa y el engobe más ligero.

La de tipo C son las que se empezaron a exportar en grandes cantidades, produciéndose muchas más formas, destacando los platos grandes de fondo plano. La pasta es rosada, con una depuración y cocción buenas. Presentan paredes finas y pie rebajado. A su vez, existen cinco grupos de acuerdo al tipo de barniz: la C1 del S. III al 330 –barniz anaranjado rojizo, suave, brillante y de calidad- la C2 –barniz opaco y pasta más blanda con facilidad de laminarse, superficie alisada y finas rallas horizontales- con misma cronología que la anterior. La de tipo C3 presenta paredes más gruesas que la C1 con barniz opaco de color oscuro. Tiene relieves aplicados con ricos repertorios mitológicos o cristianos, y su cronología va del S. III al IV. Finalmente, la C4 y C5 tuvo escasa difusión, con pastas más finas y engobe anaranjado de escaso brillo.

La TSA D es la típica producción de la zona de Cartago, presentando barniz rojo en el interior y reborde. Se caracteriza por el comienzo de la cerámica estampada con figuras de palmetas y otros tipos estilizados que van cambiando con el tiempo. En el siglo III d.C. las decoraciones están realizadas con ruedecillas, sin relieves aplicados. En el siglo IV con estampillado directamente en la vasija, en el fondo interior y en el borde exterior, pero también a ruedecilla siendo el relieve aplicado extraño. Del siglo IV a VII no se encuentra decoración a molde.

Se distinguen dos tipos de la D: la D1 con paredes más gruesas y barniz, anaranjado con menos brillo, tan solo se aplica en el interior y en el reborde. La D2, similar a la anterior, pero con la pasta más gruesa y el barniz de mayor calidad, anaranjado o rojo.

CERÁMICA DE PAREDES FINAS

Tal y como su nombre muestra, se caracteriza por ser unas producciones de paredes muy finas. Se trata de vasos que iban destinados a la bebida fundamentalmente. Si bien, podemos encontrar diversos grosores. Las más finas son denominadas cáscaras de huevos, con un espesor que no supera los 0,5 mm. Las arcillas utilizadas manifiestan una gran variedad y grado de purificación –necesario para fabricar paredes tan finas- y la superficie exterior puede estar puntillada, burilada, incisa, de tipo rugoso, con aplicaciones de arena.

Se fabricaron entre el siglo III a.C. hasta el I d.C. En época republicana los centros de producción se localizan en la Península Itálica. Entre Augusto y Tiberio, los talleres se expanden y se produce una enorme diversificación de formas. A partir de Claudio, se comenzó a fabricar en una multitud de talleres provinciales –especialmente en la Galia e Hispania-, así como el surgimiento en ellos de nuevas formas. Parece que esta expansión se debió al deseo de copiar las vajillas en metal, especialmente la de plata. Como se puede observar, aunque su antigüedad se remonta al s. III, fue el s. I d.C. cuando tuvo su gran época de esplendor.

La desaparición de las cerámicas de paredes finas comienza a principios del siglo II d. C., sin duda por la competencia de otros productos como el vidrio soplado que conllevó un cambio en las modas y en los productos. Todavía se mantuvo en los siglos siguientes, hasta el IV, pero con una progresiva pérdida de importancia.

CERÁMICA VIDRIADA

La cerámica vidriada es el resultado de aplicar a la cerámica un tipo de barniz que una vez cocida se vitrifica adquiriendo un cierto aspecto a cristal. Este vidriado, según los barnices, adquiere colores verdes o amarillos. En lo decorativo, encontramos decoraciones figuradas y vegetales, aunque suelen prevalecer las de carácter mitológico y bélico. Las formas son variadas, desde copas y jarras lobuladas hasta vasos y lucernas.

Esta era tradicional en la alfarería oriental, especialmente en el mundo griego. Alguno de los principales centros productores, de hecho, se encuentran en Tarso y Pérgamo. Esta surgió en el siglo II a.C., pero fue entre los años 30 y 50 d.C. cuando adquirió gran popularidad. Esto llevó a que aparecieran en el s. I a.C. centros productores en el Norte de Italia, aunque muy mal conocidos en la actualidad, y que imitaban a las producciones orientales. Más tarde surgieron centros productores en el Lacio y Campania. También aparecieron talleres en Galia. En Hispania no parece que existieran alfares propios, puesto que la cerámica vidriada encontrada son importaciones desde los talleres antes comentados, especialmente de los itálicos y orientales.

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