La civilización micénica

La cultura micénica, que dará lugar a la cultura griega posteriormente, fue descubierta hace relativamente poco –en 1876 concretamente se excava el primer yacimiento de esta época–. Y no será hasta la década de los cincuenta cuando tengamos extensos estudios sobre esta cultura, al igual que sucedía con la minoica, la cual ya traté en otra ocasión, y en donde la relacionaba cronológicamente con la micénica. Una cultura que tiene una cronología que va del 1600 al 1200 a.C., aunque su época de gran esplendor comenzó hacia el 1400, cuando el mundo minoico, por un fenómeno natural, desaparece, dejando vía libre para que los estados micénicos dominen el Egeo.

¿Cómo fue descubierta? El descubrimiento se lo debemos al alemán Heinrich Schliemann y su afán por demostrar que la Iliada y la Odisea estaban basadas en un escenario real, mucho antes de que Homero pusiera por escritos dichos relatos. De esta forma, Schliemann, gran conocedor de esta obra, se lanzó por su cuenta y riesgo a descubrir Troya, la cual encontró. Sin extenderme en detalles, el descubrimiento hizo pensar que, si esta ciudad existió realmente, probablemente el resto de ciudades, mencionadas en la las obras homéricas, también. De ese modo, Schliemann se trasladó a Grecia en donde escavó la ciudad sobre la cual, supuestamente, había reinado Agamenón –que había capitaneado a los aqueos durante la guerra de Troya–. Las ruinas de esta ciudad eran conocidas desde la Antigüedad, pero fue el arqueólogo alemán el primero en realizar una excavación en ella, realizando importantes descubrimientos: una cultura material hasta entonces desconocida. Como consecuencia de estos descubrimientos, la historia griega se amplió a un tiempo anterior al siglo VIII, a una cultura que se le dará el nombre de micénica, en honor a esta ciudad.

Por otra parte, la obra de Homero comenzó a ser analizada como una fuente histórica, y no como una mera composición literaria. Algunos de los detalles que en ésta se dan, como la continua mención a las armas de cobre, o el uso del carro, entre otros, permiten observar el recuerdo de algunas características del pasado micénico que habían perdurado hasta el siglo VIII a.C. en el relato. Otros detalles, sin embargo, son rellenados con las características propias de la cultura griega del siglo octavo, y que veremos en su momento, en otro tema.

Antes de comenzar con los orígenes de dicha cultura –me refiero a la micénica–, hay que realizar una importante aclaración. Micenas es uno de los más de cuatrocientos yacimientos, de esta época, encontrados en la Península Balcánica, que, por ser el primero, dio nombre a toda la cultura. Quiero decir que, en ningún caso, se trata de un Estado único, o de la historia de dicha ciudad, sino que existieron una multitud de reinos o principados, de mayor o menor extensión, con más o menos poder, que eran gobernados por un rey, que residía en una determinada ciudad, donde se alzaba un palacio –una de las construcciones que caracterizan al mundo micénico– desde el cual se gobernaba y administraba el territorio.

Trataré de esbozar, en los siguientes párrafos, una idea de lo que el mundo micénico fue, al igual que ya lo hice con la cultura minoica. Un mundo de esplendor –a veces considerado la primera civilización europea–, que, si bien con un retraso respecto a las culturas próximo orientales, en nada tenía que envidiar a éstas, cuando llegó a su plenitud. Un mundo, aún hoy poco conocido, antepasado del mundo clásico.

 

El origen de los micénicos

Silabario Lineal B

Silabario Lineal B

Comencemos preguntándonos por el origen de los micénicos, y con ello, el origen de los griegos. ¿De dónde provenían? La respuesta más fiable que podemos dar es que tienen una procedencia indoeuropea, como deja ver la propia lengua griega –la cual deriva del tronco indoeuropeo–, la cual ya era hablada por los micénicos en una forma arcaica, como demuestran las tablillas escritas en lineal B –un tipo de silabario– cuyo desciframiento se produjo en la década de los cincuenta. Pero no solo la lengua es un fenómeno para adscribirlos a este tronco común, sino que poseen otras características que permitieron, desde un primer momento, antes de conocer la lengua, saber esta procedencia. De esta manera, los indoeuropeos se caracterizan, por una parte, por ser sociedades tripartitas, en la que siempre se observa las funciones, guerras, agrícolas y religiosas. Por otro lado, existe siempre una filiación patriarcal, con el elemento masculino como predominante, como se puede ver en el sexo de sus dioses, que destierran a la Diosa Madre, que caracteriza a las culturas anteriores –como lo había sido la minoica–, por el Zeús patér.

La hipótesis parece confirmada. De acuerdo a ello, los investigadores han intentado observar las rutas migratorias de los indoeuropeos, más o menos desde el sur de Rusia –si es que éste es realmente el territorio original de formación de dicha cultura indoeuropea–, a partir de las huellas arqueológicas que estos fueron dejando conforme se desplazaban. Estos, al parecer, llegaron hasta el norte la Península Balcánica, en donde se produjo una división del grupo. Unos se dirigieron hacia Anatolia, lo que justificaría la presencia indoeuropea en Troya; otra rama penetró hasta el Peloponeso –los llamados aqueos–, y otros se quedaron al norte de la Península, y se mantendrían allí hasta que el mundo micénico sucumbió –darían estos lugar a los dorios y a los griegos del noroeste–. Sea como sea, lo cierto es que los propios griegos conservaron, en su recuerdo, los distintos grupos que fueron entrando progresivamente en Grecia.

Tablilla Lineal B

Tablilla Lineal B

Pero, ¿cómo, y en qué fecha, los indoeuropeos llegaron y se instalaron en el futuro territorio heleno? Estas preguntas parecen mucho más complicadas de contestar. Como en tantas ocasiones, tenemos al menos tres grandes tendencias. La primera se dio –por Haley y Blegen– mucho antes de que el lineal B fuera descifrado, pero conociéndose que se trataba de una cultura indoeuropea, se opinó que estos entraron violentamente –hipótesis de moda en el siglo XIX para explicar todo cambio cultural– en la Península Balcánica, hasta el Peloponeso. Dicho de otra manera, estos indoeuropeos penetraron por la fuerza en la Península, imponiéndose sobre las poblaciones autóctonas, más o menos a comienzos del segundo milenio. Sin embargo, en los últimos tiempos, dicha teoría ha empezado a ser descartada. Las únicas evidencias arqueológicas para apoyarla son los niveles de destrucción que aparecen en algunos de los yacimientos. ¿Por qué considerar que los niveles de destrucción se deben a estos? La verdad es que no se tiene ninguna prueba para afirmarlo, y de la misma manera podemos pensar que esos niveles pudieron ser causados por las propias luchas de la población autóctona, o incluso podemos considerar que se trate de algún fenómeno natural, como un seísmo.

Sin base para dicha tesis, podemos dar otra teoría: la de una migración pacífica, y más o menos prolongada en el tiempo, de los indoeuropeos. Según Hammond cree que los indoeuropeos penetraron a lo largo de la Edad del Bronce Antiguo y Medio.

Ahora bien, tanto si consideramos la entrada violenta, como la entrada pacífica, aún cabe que nos preguntemos: ¿entraron los indoeuropeos con una cultura griega ya formada, o por el contrario esta se conformó en el territorio donde se asentaron? Palmer y Drews, por ejemplo, consideran que hubo dos oleadas de indoeuropeos. Una primera, que se produjo a comienzos del segundo milenio, cuyo aporte poblacional no se caracterizaba por lo griego. Mientras que, más adelante, se produjo una segunda entrada de indoeuropeos a los que ya se pueden considerar griegos, y que se habría producido en el Heládico Medio II y III, más o menos hacia el 1700 a.C. Otros, sin embargo, opinan que explicar cualquier cambio cultural mediante la entrada de nuevas poblaciones es abusivo. Así, Chadwick considera que esa observación de un cambio en el 1700 es verdadera, pero no se debe a una nueva llegada de griegos, sino a una evolución de los primeros, por influencia cretense o minoica –parece difícil negar que no hubo dicha influencia, cuando en muchas ocasiones ambas culturas tienen elementos, sobre todo en lo artístico, que se parecen–.

Una tercera hipótesis, igual de valida como todas las anteriores, es la dada por French y Renfew, quienes consideran que la entrada de indoeuropeos se debe remontar al menos a la última fase del Neolitico. Por tanto, la cultura micénica –y por extensión griega– se debe únicamente a un proceso evolutivo sobre el territorio. Se basan, ante todo, en que ellos no ven evidencias de migraciones durante el Bronce Antiguo y Medio. En una línea parecida, podíamos pensar que no todas las aportaciones de la cultura micénica se deben a un desarrollo indoeuropeo, sino que también habría un proceso de aculturación con las poblaciones autóctonas. Para validar esta hipótesis se suele utilizar, ante todo, el lenguaje griego. En éste han perdurado algunas palabras cuyo origen no es indoeuropeo, y que pertenecen a la lengua que las poblaciones de la Península Balcánica hablaban antes de la llegada indoeuropea. Podemos destacar la palabra griega para designar mar: thálassa. De hecho, ya en época clásica se designaba a las culturas anteriores a la entrada de indoeuropeos como carios, léleges o pelasgos –y que los modernos historiadores llaman culturas egeas–.

Otra teoría que se ha dado, y que desde luego no se sostiene –totalmente ridícula–, es que los griegos entraron cuando el mundo micénico cayó, descartando, por tanto, que los micénicos hablaran griego.

A día de hoy, no existe una hipótesis del todo fiable. Quizás lo único que tenemos seguro es la procedencia indoeuropea de los micénicos.

 

Heládico Antiguo y Medio

Independientemente de la teoría que queramos aceptar, analicemos la Edad del Bronce, en la que se desarrolla el mundo micénico –y también el minoico en la isla de Creta–, comenzando por su etapa más antigua, el Broce Antiguo o Heládico Antiguo –hacia el 3000 a.C. –. Como indica su nombre, la etapa comienza con la asunción del uso de los metales –el bronce-, que ya habían sido ensayados en el calcolítico, poniéndose al nivel de sus vecinos insulares y minorasiáticos. Hacia el 1900, que es cuando se denotan importantes cambios, y que han dado lugar a las teorías antes mencionadas –momento quizás de entrada de los indoeuropeos–, se inició el Heládico Medio, que se le conocerá como cultura miniaca, por del yacimiento de Minias de Orcómeno, que se caracteriza por su cerámica bruñida. A lo largo de esta etapa se observa un aumento de la población, pero al mismo tiempo una disminución de los yacimientos, lo que quiere decir que la población tiende a congregarse en centros más amplios, buscando los lugares más propicios para la protección. En este momento surgen las tumbas de pozo –que se mantendrán en el Heládico Reciente–, muchas de las cuales han sido encontradas en el exterior de la fortaleza de Micenas –que son anteriores a las que Schliemann encontró en su interior–, en donde aún no se encuentran carros de guerras.

 

La época de esplendor: palacios y guerreros y comercio

Tesoro de  Atreo (Micenas)

Tesoro de Atreo (Micenas)

La cultura del Heládico Medio evolucionó, en el Heládico Reciente, a la cultura micénica propiamente dicha. Aparecen nuevas formas de vida, en donde destacó el gusto por la guerra –carácter que no se da en la cultura minoica–, y por una casta de guerrero que poseían costosas armas de bronce. Ante todo se introduce el carro de guerra, tantas veces mencionado en la Iliada, y sobre el cual luchan los aristócratas, elevados a la categoría de héroes en la tradición clásica. Este carácter guerrero se puede observar en las tumbas descubiertas en Micenas, por el propio Schliemann. Unas tumbas de pozo en donde al parecer fueron enterrados los príncipes de Micenas, en los cuales además del rico armamento, se encontraban máscaras de oro –la más famosa lleva el nombre de Máscara de Agamenón–. Estas tumbas de pozo fueron sustituidas en el siglo XV por enterramientos en sepultura de bóveda –thólos–, de dimensiones gigantes en ocasiones, en donde destaca el Tesoro de Atreo –nombre erróneamente puesto por el propio Schliemann–.

Plano de Micenas

Plano de Micenas

El agrupamiento humano se da ahora en poblaciones amplias, ciudades –aunque también existieron zonas rurales–, las cuales son dominadas por los palacios, que se encuentran en las zonas más altas de éstas, y en donde reside el monarca que domina una amplia extensión de tierra. No nos sorprende en absoluto. Se vuelve a repetir lo mismo que en aquel momento se estaba produciendo en la isla de Creta. Sin embargo, los palacios micénicos tienen una tipología distinta. Mientras los palacios cretenses parecen ser una superposición de habitaciones, y abiertos hacia el exterior, los micénicos están rodeados por sólidos muros, con torres y bastiones, y situados en las acrópolis. Construidos con grandes piedras –que los griegos, más tarde, otorgaron su construcción a los cíclopes–, estas fortificaciones estaban abiertas por puertas monumentales, coronadas con bajorrelieves de leones –cuyo estilo parece influencia oriental, quizás de Hatushas–, cuyo máximo exponente se encuentra en Micenas –la Puerta de los Leones–, en donde se hallaban, a lo largo de la rampa de acceso al palacio, las tumbas dinásticas antes comentadas.

Reconstrucción megaron de Pilos

Reconstrucción megaron de Pilos

En el centro de estos palacios, se encuentra una especie salón del trono, llamado mégaron –un claro ejemplo de esta sala se encuentra en el palacio de Pilos–, a cual se llega atravesando un patio porticado. El complejo está rodeado por una segunda muralla, y a su alrededor tenían casas adosadas. En la propia Atenas, en su acrópolis –donde en época clásica se levantaron los templos–, existió uno de estos palacios de los que aún quedan restos de su muralla. Estos palacios estaban cubiertos por ricos frescos, inspirados desde luego en los cretenses, aunque más hieráticos, apareciendo temas de procesiones de mujeres, despedidas de guerreros y cazadores.

Sin embargo, este tipo de palacios micénicos pertenecen a una época posterior a la de su original construcción. Los primeros fueron abiertos como los cretenses, y parece que todas las defensas se desarrollaron, ante todo, en el Heladico Reciente III, más o menos hacia el 1400, cuando los palacios cretenses cayeron, y las monarquías micénicas se convirtieron en los principales dominantes del Egeo. Quizás la rivalidad entre los distintos reinos llevó a construir estos sólidos palacios, o algún peligro exterior también los pudo condicionar. Por otra parte, no todos los palacios lo hicieron, el de Pilos y Yolco no construyeron estas defensas.

No solo los palacios sorprenden, sino también otras tantas obras publicas como sistema de abastecimiento de agua, irrigación de zonas secas, canalizaciones, redes de caminos en cada uno de los reinos, alcantarillas y puentes.

Puerta de los Leones

Puerta de los Leones

Llevaron también su cultura a Creta, cuando el mundo minoico cayó, como antes ya mencione, ante un desastre natural como fue el hundimiento de la isla de Tera. Creta recibió, así, un nuevo periodo de esplendor. El palacio de Cnosos –el principal de la isla– fue reconstruido, estaba vez por la cultura micénica. Pese a que no sabemos cómo tuvo lugar ese tránsito de lo minoico a lo micénico. Quizás las monarquías minoicas sobrevivieran a la catástrofe, y fueran estas las que reconstruyeron los asentamientos de la isla, que se adaptaron con el paso del tiempo a la cultura micénica, adquiriendo ésta lengua y el lineal B como escritura.

Por otra parte, la influencia de la cultura micénica llegó mucho más lejos de lo que lo había hecho la minoica. Se ha llegado a hablar de una colonización micénica en algunos puntos del Mediterráneo. Pero lo que es sin duda indiscutible es que la cerámica y los elementos de artesanía aparecen por Italia y el sur de Sicilia –algo que sorprende–. Y desde luego, elementos de la cultura micénica aparecen por el Próximo Oriente, especialmente en la costa jónica, y en la costa sirio-palestina, lugares en donde los micénicos comerciaban, especialmente con Ugarit –a través de la cual los productos micénicos llegaban a Egipto–. En ese contexto, Chipre debió ser un importante centro de negocios, que llegó a tomar la escritura de lineal B, la llamada chiprio-micénica, aunque no utiliza el griego como lengua. Fue en esta isla donde, en el final de los días del mundo micénico, muchos de estos se instalaron allí.

En general, como demuestras los dibujos de las cerámicas micénicas, se hicieron dueños del mar tras la caída minoica, adueñándose de las rutas comerciales, que se hicieron esenciales para la producción de los estados micénicos y su propia supervivencia. No sabemos con seguridad el grado en que los palacios se implicaron en este comercio. Si este estaba dominado totalmente por el monarca, o si existía un comercio privado, en el cual, de igual modo, debía participar el palacio, que era el que organizaba la vida económica de los respectivos principados. Estos producían, por una parte, en los propios talleres del palacio, especialmente la manufactura de la lana, al tiempo que en sus almacenes se guardaba todo tipo de productos que eran distribuidos con un complejo sistema en el que no entraré. El comercio era esencial para conseguir objetos y materias primas que no podían obtenerse en el propio territorio griego, concretamente estaño –procede de Irán–, y cobre –de Chipre–. Ambos materiales esenciales para producir bronce. Por su parte, los micénicos exportaban todos los productos que producían en demasía. Quizás se exportaron productos como: vino, aceite, trigo, ungüentos, perfumes, queso, joyería y armamento. De igual modo, debieron existir rutas comerciales entre los principados micénicos.

 

Principados y sociedad

Como siempre ocurre, los datos arqueológicos no pueden contestar todas nuestras preguntas, sobre todo aquellas que van encaminadas a descubrir la organización política y la sociedad micénica. Pero afortunadamente tenemos algunos datos escritos que nos dan las tablillas de lineal B, en su gran mayoría procedentes de Pilos, Micenas, Tebas y Cnossos. En general, son tabillas administrativas, que pertenecen al último año de vida de los palacios. No parece que estas fueran guardas normalmente, y la conservación de estas últimas se deben a que, en el incendio de los palacios, éstas se cocieron, quedando olvidadas.

¿Qué territorios gobernaban estos palacios? Parece que se pueden observar varios reinos o principados micénicos. Tantos como palacios han sido descubiertos –aunque no se descarta que algunos tuvieran algún tipo de dominio sobre los palacios más débiles–. Sea como sea, lo cierto es que, de nuevo, la obre homérica, y otros mitos griegos, pueden darnos la clave para reconstruir la geografía micénica, según ponía de relieve el ilustre investigador M.P. Nilsson. Así, Agamenón –descendiente de Zeus–, de la casa de Atreo, gobernaba Micenas. Y según la leyenda de Heracles, uno de los gobernantes de esta misma ciudad, Euristeo, gobernaba sobre todos los territorios próximos. E incluso desde esta ciudad parece que se pudo haber gobernado un reino que ocupaba la Argólida en tu totalidad. Este principado parece rivalizar, además, con Tebas –que es la residencia de la casa de Cadmo– según la leyenda de la expedición de los Siete contra Tebas –cuyo rey era Edipo–. Orcómeno es la ciudad de Minias o de los minias. Pilos es el reino de Neleo y los neleidas, entre ellos Néstor. Diomedes está vinculado a Tirinte y Argos. Yolco es la ciudad de Jasón y de los Argonautas. Cnosos, en Creta, es la patria del príncipe Idomeneo.

Todas estas ciudades parecen ser centros políticos en época micénica, a los que podemos sumar otros tantos en donde se han hallado complejos palaciegos. En la Argólide encontramos Asine, Prophitis Ilias, Zygouries y Midea; en el Peloponeso hallamos Korakou y Lerna y Esparta –esta última de donde era originario el rey Menelao, aunque no se ha encontrado todavía su palacio–. En el Ática encontramos ya la ciudad de Atenas; en el norte Macedonia y Epiro; y en Creta, además del palacio de Cnossos, posiblemente se mantuvieron como centros políticos independientes Amniso, Festo y Cidonia. E incluso podemos pensar que también existieran palacios en Malia, La Canea, Mileto y Eleusis, entre otros.

Pese a todo, difícilmente podemos reconstruir que poder ejercían sobre el territorio cada uno de estos palacios, más allá de la poca información que tenemos para al menos tres de los que debieron ser los grandes principados: Cnossos, Pilos y Tebas.

¿Cómo estaban organizados estos principados? Como ya se venía diciendo, y así lo confirman las tablillas de lineal B, el rey o wanas era la cabeza política del Estado y de la sociedad. Le seguía el lawaketas, una especie de comandante del ejército, del laos –de la multitud de hombres que van a la guerra–, que junto con el rey, son las únicas personas que parecen ligadas a un tipo de propiedad, quizás pública, de la que poco sabemos.

En el caso de Pilos, el reino estaba dividido en dos regiones, y a su vez en provincias. Cada distrito estaba gobernado por el lorete –con algún tipo de función fiscal–. Y en éstas existían damos, o aldeas. Dentro de éstas parece que existe un organismo llamado querosija, que algunos identifican con la clásica gerousia, o consejo de ancianos. Y también parece que hubiera un jefe local designado como pasireu, de donde deriva la palabra griega, basileus, que significa rey en griego clásico. Ello ha dado lugar a pensar que no había una centralización del palacio, al menos del modo en que se pensaba.

En cuanto a la sociedad, parece que había una élite de guerreros, los que luchan en carro, que quizás sean los que en las tablillas son mencionados como telestati. Importantes también era la casta de escribas, los cuales componían la burocracia de los palacios, estando jerarquizados, y agrupados en distintas oficinas. También aparecen sacerdotes y sacerdotisas, que se ocupaban, junto con el rey, de la religión.

Un lugar importante ocupan los artesanos como broncistas, alfareros, orfebres, bataneros, curtidores, entre otros, de los cuales provenía la riqueza de estos palacios, y con los cuales comerciaban. Por debajo de estos, la gran parte de la sociedad se ocupaba de la agricultura y ganadería. Es muy posible que existieran también esclavos, aunque se desconoce si los términos que aparecen en las tablillas identifica a estos, y en su caso, si estos eran únicamente esclavos públicos, pertenecientes a los palacios, o por el contrario también existían esclavos privados.

 

El fin de los micénicos

Hacia el 1200, ésta civilización cae por circunstancias violentas, entrando en un periodo de oscuridad –los llamados siglos oscuros–, en donde ya no poseemos ningún tipo de documentación escrita hasta el siglo VIII a.C. ¿Cómo una brillante civilización pudo caer en apenas unas décadas? Los datos arqueológicos que tenemos indican la destrucción de los palacios, que intentaron reforzar sus fortificaciones, y amplios movimientos de población a lo largo del territorio. Las tablillas de los palacios, que son del último año de vida de estos, nos hablan de movilización de tropas y recursos militares, lo que indica que hubo algún tipo de ataque.

¿Quién o quiénes atacaron a los estados micénicos? Existen, de nuevo, varias hipótesis para explicar la caída del mundo micénico. Atendiendo al mapa lingüístico del siglo VIII se puede observar que existen varios grupos de dialectos griegos, en donde destacan aquellos que provenían del aqueo como el atico-jonio, y otra rama, el dórico. Estos últimos habían entrado en el 1200 a.C., desplazando a la población aquea hacia el Egeo. Ello hacía pensar que los palacios micénicos sucumbieron ante la entrada de los dóricos, de forma violenta en el territorio. Ello, puede ser además apoyado con la leyenda del retorno de los heraclidas. Según ésta, los hijos de Heracles, que habían sido expulsados por el rey Euriteo de Argos, volvieron para recuperar el Peloponeso. A ésta se le suma, que los dóricos se consideraron descendientes de los heraclidas. Todo ello parece confirmar la teoría de que los dóricos se apoderaron del Peloponeso por la fuerza.

Esta hipótesis, sin embargo, no es satisfactoria. En general, en todo el Próximo Oriente se produjo una crisis que afectó a la estructura estatal. En ella estuvieron implicados los llamados pueblos del mar, cuya procedencia se desconoce, y que acabaron siendo derrotados en el delta del Nilo. Quizás debamos pensar que el mundo micénico se vio afectado también por estos pueblos, puesto que en algunas tablillas se deja ver que el peligro se esperaba por el mar. Por otra parte, es desconcertante que en la enumeración que hacen los egipcios de los pueblos del mar, aparezca un término que ha sido identificado como aqueos. ¿Quizás estos acabaron por unirse a los pueblos del mar cuando las estructuras estatales micénicas cayeron?

Pese a ello, algunos estudiosos como Desborough y Mylonas señalan que los centros Micénicos están demasiados lejos de las costas, en su mayoría, como para considerar que fueran los pueblos del mar quienes los destruyeran.

Finalmente, podríamos habar de una nueva catástrofe natural, seísmos, cambios climatológicos, o la erupción del volcán de Santorini que hizo que las poblaciones se fueran –se ha demostrado que existió un proceso migratorio, llamada por algunos Gran Migración– y que muchos entraron en contacto con los pueblos del mar, explicando por qué estos aparecen mencionados por los egipcios.

Feuer, otro investigador, cree que es un fenómeno mucho más complejo. Piensa que hay que relacionar las distintas causas que se han dado. Quizás haya que pensar que se entró en un círculo vicioso, en el que distintos factores se retroalimentaron, el cual precipitó la caída micénica.

Pensemos que se trata de una sociedad que dependía, por una parte, del exterior, ante todo de los materiales para fabricar bronce, el cual era necesario para la producción de armas y objetos que se exportaban, así como herramientas agrarias. Por otra parte, una amplia población, con una sociedad demasiado rígida con una élite dominante, una subsistencia que dependía de una agricultura demasiado especializada, que se convertiría en un problema cuando entraran en una crisis económica.

Podemos pensar que los pueblos del mar, que afectaron a los Estados próximo orientales hicieron que el comercio marítimo del que dependía el mundo micénico se paralizara. Quizás aquí se englobe la Guerra de Troya, un intentó por abrir las rutas comerciales, ocupando Troya un lugar importante en dichas rutas, especialmente en los estrechos. La paralización del comercio impidió la importación de materias primas esenciales para la economía de los principados micénicos, lo que hizo que entraran en una crisis económica –pues pensemos que los excedentes tampoco pudieron ser colocados en el exterior–. Ello puedo desembocar en revueltas interiores que afectaron a las estructuras políticas, así como a la lucha entre los distintos reinos, y la propia presión de los pueblos del mar. A ello se le puede sumar la presión de los dóricos que fueron penetrando en el Peloponeso –quizás porque estos fueron empujados también por otros pueblos–, que hicieron sucumbir a aquellos principados que habían logrado estabilizar su situación –se ha demostrado que algunos palacios fueron reconstruidos por un breve periodo de tiempo–, y con ello el inicio de un proceso migratorio, en busca de nuevas tierras. De hecho, incluso parece que muchos se pudieron unir a los pueblos del mar, como ya dijimos anteriormente.

Sea como fuera, el mundo micénico cayó violentamente, iniciándose una etapa en la que las estructuras estatales han quedado desechas, abandonándose la escritura. Se iniciaba un proceso migratorio, que se observa en la distribución dialectal del griego en el territorio, aunque muchas poblaciones se mantuvieron, gracias a los jefes locales –los futuros basileis–. Así, ciudades como Atenas y Tebas, siguieron teniendo una continuidad poblacional –por ello los atenienses se consideraban autóctonos–. Muchas de las características micénicas se mantuvieron, especialmente en aspectos religiosos.

 

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