El colonialismo

 

Si hubiera que definir el colonialismo de forma sencilla, se podría decir que éste es el dominio de un país -que recibe el nombre de metrópoli- sobre un territorio -la colonia-, con un objetivo potencialmente económico, en donde la población de la metrópoli que habita la colonia tiene un estatus superior a los indígenas, creándose una relación de desigualdad.

Aunque por lo general, el colonialismo fue conocido como imperialismo -fenómeno que hasta aquel momento no había existido, o al menos a esa escala de magnitud-. El término fue frecuentemente usado en medios de comunicación y en la política, y muchos de los políticos decimonónicos no dudaron en declararse como tales, puesto que en aquel entonces no había tomado unas connotaciones negativas, como lo hará en el siglo XX.

Inglaterra fue con diferencia uno de los países más colonizadores, pero al mismo tiempo con una colonización más pacífica y menos dura con los indígenas, en donde se dieron todas las formas de colonización. Y de igual modo que fue pacifica la colonización, también la descolonización lo fue en general, pues ellos mismos habían formado a las elites indígenas que finalmente llevarían a cabo las independencias de diversos Estados. Por ello crearon la Commonwealth en 1931 con el Estatuto de Westminster.

Pero en el seno de Inglaterra, no falto el debate sobre la colonización. Los Tory dirigidos por Disraeli querían un colonialismo duro, tal como lo quería el gran capital al que representaba, mientas que los Whig, dirigidos por Gladstone, querían un colonialismo mucho menos agresivo.

El segundo más colonizador fue Francia, el cual no era sentido por todos los franceses, ni tampoco tenían un exceso de población que pudiera justificarlo. Lo defendía los liberales conservadores, como Jules Ferry que representaba a las grandes finanzas. Los menos conservadores como Clemenceau no lo defendían. Aunque por lo general fue una colonización pacífica al igual que la descolonización. Constituyeron la Sociedad Francesa de Naciones. Francia creo su imperio en Indonesia.

Además, también participaron en la colonización otros como Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica, Estados Unidos y Japón. Todos se lanzaron a dominar el mundo, dividiéndose Asia, África y el Pacífico. Y muchos de sus gobernantes llevaban la titulación imperial -no hubo momento en la historia con más emperadores-. El kaiser alemán y el austriaco; el zar de Rusia; los emperadores turco, japonés y chino; el Sha de Persia; e incluso la entonces reina de Inglaterra, Victoria I, fue proclamada emperatriz de la India.

Por su parte, Portugal y España mantenían a duras penas -más el primero que el segundo- lo que había sido su imperio colonial durante la Edad Moderna. El primero pudo mantener Angola y Mozambique, mientras que España mantuvo Cuba, Puerto Rico y las Filipinas hasta 1898.

Los imperios asiáticos, en teoría, mantuvieron su independencia, aunque en ellos se crearon zonas de influencias, como fue en el caso de China. Tan solo las zonas del sur del continente fueron motivo de colonización, en donde se mantuvieron algunos Estados independientes, como Siam, con el objetivo de servir como tapones entre las colonias pertenecientes a diversos países. También lo sería Afganistán, que separaba Rusia del imperio indio de los ingleses, lo que creo también un conflicto armado entre ambos, que finalizó mediante un reparto del territorio afgano.

Rusia se expandió por Siberia, el Cáucaso, y el Kurdistán. Aunque en general su expansión se había dado en los siglos anteriores, por lo que su colonialismo es más difícil de cuantificar. Mientras que Japón, que tenía un exceso de población, poca tierra útil y con pocas materias primas; aprovecharon su poderoso ejército para apropiarse de Corea, Taiwan, algunas zonas rusas -lo que creo problema entre ambos países-, diversas islas entre Japón y Formosa, y mucho más tarde de Manchuria.

En África y el Pacífico prácticamente no quedo zona alguna por colonizar. El Pacífico era dominado por británicos, franceses, alemanes, neerlandeses y norteamericanos -que a lo largo del S. XIX se habían extendido hasta la costa oeste-, así como modestamente por Japón. Tras la derrota de España en 1989, los Estados Unidos se habían apoderado de las Filipinas, mientras que algunas de las islas que aún conservaban los españoles fueron compradas por Alemania. Los Países Bajos dominaron la gran parte de Indonesia, mientras que los franceses creaban la Unión Indochina, que competía con el Imperio de la India Inglés. Efectivamente, este fue para los ingleses la Joya de la Corona, un vasto territorio en Asia que suministraba importantes materias primas, especialmente el algodón, y que era explotada en origen por la Compañía de las Indias Orientales, hasta el año 1857 tras un sangriento motín -el motín de los cipayos, o lo que es lo mismo, de los soldados indígenas al servicio de la dicha compañía-. A partir de entonces, tropas británicas, unos 70.000 soldados, en su mayoría indígenas, guardaban la colonia, gobernada por un amplio número de funcionarios.

África fue sin duda el continente que experimento un mayor colonialismo. En 1914 estaba repartida entre ingleses, franceses, belgas, portugueses y alemanes. Y en 1884, en la Conferencia de Berlín, el pastel africano ya había sido dividido por zonas, en donde cada país tenía la opción de establecerse. Se acordaron además, entre otras muchas cosas, que el dominio de las zonas costeras daba derecho a ocupar el interior, y que los ríos Níger y Congo serían de libre navegación, así como el reconocimiento de Bélgica como dueña del Congo -con una dura colonización, al igual que más tarde lo sería la independencia-.

Eran los ingleses y los franceses los principales dueños del continente, aunque pronto Alemania solicitará también su derecho a poseer territorios allí. Hasta 1890 Bismarck había considerado que el poseer colonias era algo poco importante, pero cuando éste es destituido por el nuevo emperador, Guillermo II, éste considera que una Alemania sin colonias no podía ser una Alemania grande. Ello estuvo a punto de crear un conflicto entre las potencias, especialmente cuando los ingleses permitieron que los franceses comenzaran el dominio de Marruecos. El Kaiser, presentándose allí con un acorazado con la excusa de proteger los intereses alemanes en la zona y la independencia del país. La guerra se evitó con la Conferencia de Algeciras, en 1906, que acabó con el reparto de Marruecos entre Francia y España en forma de protectorado. Sin embargo, Alemania acabó por conseguir Togo, Camerún, África Suroccidental y Tanganica.

También Italia necesitaba de colonias, principalmente porque tenían un exceso de población. Se le dio Libia en 1913. Y más tarde Somalia y Eritrea. Más adelante, en 1935, bajo el gobierno de Mussolini, conquistaron Etiopía, el único Estado católico, y por ello independiente.

Solo Liberia, adquirido por el presidente americano Monroe, se mantenía independiente, puesto que se había pensado que este sería el destino de los esclavos liberados.

De esta forma, a principios del siglo XX, Inglaterra había expandido su territorio a diez millones de kilómetros cuadrados, Francia a nueve, Alemania a dos millones, y algo menos Bélgica.

Las formas de colonialismo fueron muy diversas, aunque principalmente se uso la colonia, la cual podía tener dos vertientes. Por una parte la explotación económica de los recursos de la zona, y por otra parte también puede conllevar un poblamiento de gentes provenientes de la metrópoli. Ambas no están excluidas, aunque en ocasiones la colonia tan solo tiene el objetivo de explotación.

Otra de las formas de colonialismo es el protectorado. Este se suele dar sobre países que tradicionalmente habían existido desde antiguos, y que tenían una organización institucional consolidada. Por tanto, la metrópoli respetaba dichas instituciones, aunque subordinados al poder de la metrópoli. A veces, el protectorado puede ser compartido, recibiendo el nombre de condominio.

Una forma menos frecuente de colonialismo fue el dominio. Éste se da en zonas en donde existe una amplia población de la metrópoli, permitiéndoseles que administren el territorio, como fue el caso de Canadá, Australia, Nueva Zelanda, que acabaron por tomar la independencia, pero aún hoy en Jefe de Estado de dichos países sigue siendo la Reina de Inglaterra.

Finalmente, encontramos la concesión. Se trata de países independientes que mediante tratados ceden a otros una parte de sus territorios mediante un plazo temporal, normalmente amplio, recuperándolo el país cuando el plazo llega a su fin. Uno de los ejemplos más claros es Hong Kong, que fue concedido a Inglaterra, por China, por un periodo de 99 años. Aunque esto se había dado ya, ocasionalmente, desde el siglo XV.

Las causas del colonialismo son muy diversas, aunque la principal fue económica. Se trata de sacar el máximo beneficio de la colonia para mantener el modo de vida de la metrópoli. En Inglaterra, en donde se había originado la revolución industrial, los grandes industriales les resultaba mucho más sencillo el conseguir recursos y materias primas a bajo precio, para competir en el mercado, que realizar grandes inversiones para aumentar la competitividad de sus productos. Además, las colonias significaban nuevos mercados en donde vender los productos ingleses, ante una Europa con demasiadas fronteras económicas, puesto que los Estados habían tomado la decisión de llevar a cabo una política proteccionista para proteger sus propias industrias.

Pero las colonias suponían mucho más. Importante era el mantener a lo largo del globo determinado puntos estratégicos para dominar rutas comerciales -cabe destacar, de nuevo, el ejemplo inglés, que con pequeños emplazamientos a lo largo del planeta lograban dominar las principales rutas, convirtiéndose en dueña de los mares-.

Y en ocasiones era una forma de eliminar la superpoblación de la metrópoli, enviándolas a poblar las nuevas colonias, en donde se establecían asentamientos estables con población blanca que iba arrinconando a los indígenas. Al fin y al cabo, detrás de todo se encontraba una causa psicológica: los países europeos considerándose superiores, o lo que es lo mismo, la superioridad del hombre blanco, debía imponerse por naturaleza sobre aquellos que eran distintos y que vivían fuera de la civilización. Por ello, siempre estuvo presente la causa de la cristianización y civilización de aquellas gentes, que fue usada para justificar la colonización.

Pero como ya se ha podido observar, el colonialismo creara importantes conflictos entre las potencias europeas que se habían repartido el mundo. Varias fueron las zonas que crearon un amplio conflicto.

Entre las colonias más importantes se encuentra Egipto. Fue disputada por Francia e Inglaterra, principalmente por el canal de Suez -que creaba una ruta rápida para llegar al imperio colonial de ingleses y franceses en Asia-. Construido por los franceses 1869, finalmente acabó siendo controlado por los ingleses, cuando el Sultán egipcio vendió sus acciones a esto por la deuda que tenía contraída. Aunque en 1888, el tratado de Constantinopla permitía la libre navegación por el canal bajo protección inglesa, estos acabaron por imponer un protectorado sobre Egipto.

Túnez, por su parte, fue solicitada por la recién unificada Italia, que estaba deseosa de colonias. Allí ya había un amplio número de italianos, y estaba relativamente cerca de Italia como para establecer allí a su exceso de población. Sin embargo, Inglaterra se opuso, debido a que ello haría que Italia controlara la navegación por el Mediterráneo, puesto que dominaría el paso entre Túnez y Sicilia. Túnez quedo en manos de Francia finalmente como protectorado.

Sudan fue otro lugar de disputa. Por una parte, los sudaneses se oponían a los europeos, y se formo un grupo dirigido por Madhi que luchó contra la colonización. El segundo problema fue entre los intereses ingleses y franceses. Los ingleses querían hacer un imperio continuado de Norte a Sur -la intención era construir un ferrocarril que uniera Egipto con Sudáfrica-, y Francia de Este a Oeste. Sudan por lo tanto era una zona de encuentro, y en 1898 -el mismo año en que España perdía su últimas colonias- hubo una batalla en Fachoda y se quedo en manos inglesas.

La Unión sudafricana -nombre que tomara en 1910 cuando se unifican distintas colonias del Sur de África bajo dominio inglés- fue el otro lugar de gran rivalidad. La zona costera había sido colonizada por diversos países desde el siglo XV, con población proveniente desde distintos países europeos. Entre estos estaban los llamados Boers o afrikáner -colonos de procedencia holandesa-, que desde El Cabo se adentraron en el territorio, el cual poblaron, hasta el punto que en 1880 se declararon independientes, momento en que el Reino Unido les declaró la guerra. Fueron guerras anómalas que terminaron con un tratado de paz al año siguiente, después de que los ingleses no pudieran imponerse del todo. En dicho tratado los bóers se quedaron con Orange y Transwaal -bajo una teórica supervisión inglesa, aunque de hecho funcionaron como Repúblicas independientes-. Sin embargo, años más tarde, en Transwaal aparecieron minas de diamantes. Ante el descubrimiento, la zona se lleno de nueva población inglesa -que solicitaba la igualdad de derechos-, mientras el gobierno inglés movió sus tropas coloniales a la zona para presionar al gobierno de Transwaal. Finalmente, en 1899, el Reino Unido declaró la guerra a Transwaal, que se convirtió en una de las más sangrientas del momento. La guerra duró hasta 1902, y fue perdida por los bóers que se tuvieron que conformar con cierto nivel de autogobierno, pasando en 1910 a conformarse la Unión Sudafricana.

Como se puede observar, América fue el único continente que no fue motivo de colonización, aunque sus Estados, provenientes de las antiguas colonias españolas, mantuvieron por lo general una inestabilidad política, y unas economías supeditadas a los intereses extranjeros. Así Estados Unidos, que no estuvo especialmente interesada en las colonias, si lo estuvo en llevar las riendas de lo que sucedía a su alrededor, e intervenir en cualquier Estado americano si era necesario.