La conquista de Italia por Roma

A mediados del S. IV, Roma se había convertido en la principal potencia del Lacio, el cual dominaba en su totalidad, con un poderoso ejército –ahora integrado, también, por los antiguos efectivos latinos, tras la disolución de la liga latina– que a partir de ahora, y de una forma fugaz, acabará por dominar al resto de pueblos que se encontraban en Italia. Ello coincidía, del mismo modo, con el fin de la lucha patricio-plebeya. Junto con todo ello, Roma había entrado en la política del Mediterráneo con la firma de dos tratados con Cartago y el enfrentamiento con la entonces poderosa Siracusa.

La llamada primera guerra samnita, que no fue tal, había acabado con un tratado entre la confederación samnita y Roma para el dominio de la Campania. Sin embargo, pronto los romanos, y también los samnitas, pretendieron dominar dicha región en su conjunto. Ya los romanos habían creado nuevas colonias, la de Fregellae y la de Cales con el fin de establecer un puente de acercamiento a dicha región, en donde también chocaban los intereses samnitas para lograr su ansiada salía al mar. De esta forma, el inicio de una nueva guerra era tan solo cuestión de tiempo, y pronto se dio la chispa para ello, el casus belli, que dará lugar a la segunda guerra samnita –según la numeración tradicional–. La causa será la ciudad griega de Neápolis, la última de las ciudades griegas que se mantenía en Campania. Esta ciudad atravesaba conflictos internos propios, con distintas facciones que pidieron ayuda a diversas ciudades. Unos lo hicieron a Nola, una ciudad osca bajo el dominio samnita, otros lo hicieron a Capua, ciudad aliada de Roma. Mientras una de las facciones permitió que los samnitas entraran en la ciudad con una guarnición, Capua solicitó ayuda a Roma, y desde luego la política romana no desaprovechó la ocasión para mandar sus legiones a Campania, tomando la ciudad de Neápolis. Ante ello, en el 326 a.C., la liga samnita declaró la guerra a Roma. Desde aquel momento, hasta el 272, se sucedieron los conflictos entre ambas potencias, con momentos de amplia actividad bélica, y otros en los que existieron treguas y pactos de paz. Sin embargo, en la guerra participaron casi todos los pueblos itálicos, puesto que ambas potencias usaron la diplomacia para ganarse apoyos, especialmente en las fronteras contrarias a su rival.

Los primeros enfrentamientos, escaramuzas en general, se dieron en el valle del Liris, en el que Roma estaba llevando una actividad de colonización. Pero, a partir del 321 a.C., Roma parece que inició una operación militar mayor, quizás para adentrarse en el Samnio. Fue una operación arriesgada por parte romana, puesto que era una zona montañosa, y poco conocida para los romanos. Fue fácil para el caudillo samnita, Gavio Pontio, atrapar en un desfiladero, cerca de Caudium, a las dos legiones consulares enviadas para asentar un golpe mortal en el propio territorio samnita. El Senado tuvo que pedir la paz, aunque para la tradición fueron los cónsules quienes entregaron las legiones y firmaron una paz que no podían llevar a cabo, en la que la colonia de Fregellae cayó en manos samnitas.

Italia hacia el 264 a.C.

Italia hacia el 264 a.C.

Pese a la derrota, los romanos no perdieron a esas dos legiones, que además fueron humilladas por los samnios. Al poco tiempo, el conflicto se reanudó, en donde entraron nuevos contendientes. Los samnitas entablaron contacto con los etruscos y los pueblos del Apenino central y meridional. Roma, por su parte, buscó sus propios aliados, mientras que las ciudades de Apulia, como Teanum, Arpi y Canusium, presionados por los samnitas, apoyarían a Roma, quien además llevo a cabo una política de colonización, creándose nuevas tribus para garantizarse la protección de sus propias fronteras: Oufentina en el valle medio del Liris, y Falerna en la Campania septentrional. Aunque estas colonias ocasionaron el levantamiento de los volscos, como la ciudad de Satricum, tras el cual se encontraba la mano samnita, y que ocasionó la reanudación del conflicto.

El nuevo conflicto para Roma estuvo dividido en tres frentes, y por tanto la división de las fuerzas romanas. Mientras un ejército tuvo que hacer frente a Satricum, otro fue enviado a Apulia, en donde los samnitas habían encontrado en la ciudad de Luceria un punto fuerte. Un tercer ejercito fue enviado a una nueva desastrosa derrota en el samnio a manos del mismo caudillo, esta vez en Lautulae. Sin embargo, la derrota no fue como la anterior gracias a la posterior victoria romana de Tarracina, en donde fueron sometidos, en el 314, los auruncos, que permitió recuperar al año siguiente Fregellae, al tiempo que Capua retornó a la alianza con Roma de la que había salido tras Lautulae. Importantes puntos fuertes samnitas en Campania también cayeron. Las victorias fueron aseguradas con nuevas colonias, esta vez latinas: Interamna, Teanum, Suessa, Cales, Saticula, y la recién reconquistada Fregellae. Estas permitieron a Roma adentrarse en Campania atravesando el territorio aurunco y el valle del Liris. Frente a Tarracina, en una isla, se fundó otra colonia latina llamada Pontia, con el fin de controlar también el mar. Todo ello era reforzado con la construcción de la via Apia por el censor Apio Claudio.

Unos cuantos años después, en el 311, el problema vendría de Etruria, en donde varias ciudades se levantaron contra Roma, que llevaron su campaña contra la colonia latina de Sutrium. Sin embargo Q. Fabio Ruliano, como cónsul, consiguió imponerse. En los años siguientes se pacificara la zona meridional de Etruria, algo que debió ser más sencillo frente a lo que nos muestra la tradición –según ésta fue un momento de cruentas batallas–. Además, la diplomacia romana consiguió que pueblos como los umbros, especialmente las ciudades de Camerinum y Ocriculum, con las que firmaron alianzas, entretuvieran a los etruscos para poder destinar las fuerzas romanas a ocuparse de nuevos levantamientos. Los samnios –que realizan ofensivas sobre Apulia, aliada de Roma– hicieron que los sabinos del Apenino central –marsos, pelignos y ecuos– se levantaban contra Roma, en donde de nuevo actuó Fabio Ruliano que los venció. Esta última victoria permitió la comunicación con el Adriático, para la cual se construyó una vía, en el 307, por el censor M. Valerio Máximo.

Las victorias envalentonaron a los romanos, que consideraban que el conflicto solo podía acabar derrotando a la confederación samnita en el territorio samnio, algo que no lo había conseguido entre las otras dos ocasiones. Esta vez, el intento, fue un éxito, y se capturó la principal ciudad samnita, Bovianum. Finalmente, se firmó un tratado de paz en donde la confederación perdía la mayor parte de Campania y Saticula. Y Apulia y Luceria fueron transformadas en colonas latinas. A esas colonias le siguieron otras, en la Italia central, con el fin de fortalecer su posición en la zona, y asegurar la salida al Adriático. Los ecuos fueron vencidos, cuyo territorio fue anexionado y se fundaron las colonias latinas de Alba Fucens y Carseoli, y se fundó una nueva tribu, la Aniense, en el 299. Mientras, se firmaron tratados de paz –por separado, claro está– con las distintas tribus sabelias como marsos, pelignos, marrucinos, frentanos y vestinos.

La guerra con las ciudades etruscas continuó, y los umbros, anteriormente utilizados por los romanos, entraron en guerra contra estos. Los umbros fueron derrotados, y en su territorio se creó la colona latina de Narnia, en el 299, y la consiguiente firma de un tratado con estos. Aunque, de nuevo, una amenaza gala puso en entredicho los logros en esta frontera septentrional.

Mientras, los samnios continuaron con su diplomacia, y consiguieron por estas fechas un nuevo levantamiento etrusco, así como una atracción de las tribus sabelias en la Italia central. Por su parte, los romanos afianzaron su amistad con las tribus del país lucano, que se encontraban en la retaguardia de la región samnita. Estos saqueaban de vez en cuando las ciudades griegas, sobre todo Tarento, a los que estas ciudades hacían frente mediante mercenarios en un contexto helenístico. En el 299, se firmó un tratado con los lucanos, que abrió de nuevo la llamada tercera guerra samnita que comenzó al año siguiente.

En esta nueva guerra, la confrontación será entre todos los pueblos itálicos. Roma no solo tuvo que hacer frente a los samnitas, sino también a galos, etruscos y sabinos, así como umbros, cuya conexión se dio en Clusium, lo que hizo que en los años siguientes Roma fundara, cerca de Capua, las colonias de Sinuessa y Minturnae para asegurar la frontera con los samnitas. A partir del 295 los samintas intentaron una nueva unión de fuerzas en Umbría. Fabio Ruliano, que intentó que la unión no sucediera, fue derrotado por los galos en Camerinum, aunque su colega, P. Decio Mus, logró la victoria en Sentinum –la batalla de todas las naciones– derrotando a galos y samnitas. La unión antirromana se rompió, y no solo eso, Roma llegó hasta los territorios galos. Mientras, las ciudades etruscas fueron sometidas, las cuales pidieron la paz a Roma. Se firmó un tratado con éstas por las cuales quedaban sometidas a Roma durante cuarenta años. Los sabinos, de igual modo, perdieron su independencia, al tiempo que se afianzaba la conexión con el Adriático con la colonia Hadria.

En el 293, el cónsul L. Papirio Cursor tomó la ciudad sanminta de Aquilonia, dirigiéndose cada vez más al sur donde se fundó la mayor colonia latina en el 291. La frontera fue llevada hasta Volturno. Aunque los territorios ahora dominados, demasiados extensos, debían ser apaciguados y sobre todo fortalecer el dominio romano en ellos para evitar levantamientos, y esa fue la principal actividad de Roma en los años siguientes

En primer lugar, en la frontera norte, el conflicto volverá con los galos, así como algunas ciudades etruscas –Volsinii y Vulci– que rompieron el acuerdo de paz en el 294. En el 284, los romanos sufrieron una derrota a manos gala, aunque en esta ocasión los galos no pudieron traspasar la Italia central, y, en el 283, en Vadimón fueron derrotados bajo el mando de Cornelio Dolabela. Roma penetró en el territorio galo siendo devastado y fundándose la colonia Sena Gallica, y, en el 268, Ariminium. Mientras las ciudades etruscas fueron firmando tratados de paz una por una.

En el sur, Roma tuvo que enfrentarse a sus antiguos aliados, los lucanos, que se sentían traicionados por los romanos. De igual modo, contra los samnios, brutitos, y mesapios. Las colonias griegas vieron en Roma un aliado contra estas tribus, así que cuando los lucanos atacaron a Thurioi, estos pidieron ayuda a Roma, y esta envió una guarnición, en el 283, que liberó la ciudad. La guarnición romana quedó en la ciudad de forma permanente.

Sin embargo, Thurioi hasta entonces había pedido ayuda a Tarento, una especie de protectora de la liga de ciudades italiotas, lo que molestó a Tarento, especialmente cuando por su puerto apareció una flotilla romana, la cual había roto un tratado por el cual Roma no podía traspasar el promontorio Lacinio. La flota fue hundida, y ello dio a Roma el motivo para comenzar una nueva guerra. A Tarento se le unieron el resto de enemigos de Roma –que hasta entonces habían sido también enemigos de Tarento–. La colonia griega, de igual modo, pidió ayuda a Pirro, el rey de Epiro. Éste era un producto del mundo helenístico tras la muerte de Alejandro Magno, sin que sepamos muy bien las pretensiones que podía tener para prestar la ayuda a Tarento. Sea como sea, desembarcó en dicha ciudad en el 280, al tiempo que Valerio Levino, cónsul aquel año, enviaba guarniciones a las ciudades griegas de Rhegion, Lokroi y Thurioi, que prefirieron tomar el bando romano, pese a que pronto lo abandonaron cuando estos, en el rio Siris, fueron derrotados por Pirro.

Pirro consiguió llegar hasta Praeneste, aunque la solidez de los territorios romanos hizo que no pudiera llegar hasta la propia Roma. Y en general, las victorias de Pirro no habían servido de mucho. Quizás, por ello, Pirro intentó un tratado de paz por el cual Roma abandonaría el sur de Italia. Al año siguiente los romanos fueron vencidos, de nuevo, en Ausculum, que acabó en un tratado de statu quo.

El tratado sería pocos años después roto por los romanos. Los cartagineses estaban presionando en Sicilia, y Pirro fue en ayuda de las ciudades griegas de la isla. Al mismo tiempo, los cartagineses pidieron ayuda a Roma en el 278, los cuales rompieron el tratado firmado anteriormente. Pirro acabó por retirarse de Italia, no sin antes una última batalla contra Roma, en Malventum, en el 275, en donde esta vez los romanos se impusieron. Fue una batalla magnificada por los romanos, y que quizás no pasó de una mera escaramuza. Sea como sea, Tarento se entrego a los romanos ese mismo año. El resto de ciudades griegas de la Península Itálica firmaron, igualmente, tratados de sometimiento a Roma.

En los años siguientes, entre el 272 y el 264, samnitas, brutitos y lucanos fueron sometidos, y se siguieron creando colonias con el fin de asentar el dominio –Brundisium, Ariminium, Firmum, Castrum Novum, Cosa–. Roma, como potencia ya Mediterránea, pronto entraría en la primera guerra púnica, bajo una nueva nobilitas romana, que luchaba por el poder, estaba deseosa de prestigio militar para obtener popularidad y riquezas.

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