La construcción de la Tetrarquía: Diocleciano

La Tetrarquía es el sistema introducido por Diocleciano, basado en dos Augustos y dos Césares, que se reparten el gobierno del Imperio, debiendo de suceder, en un periodo de tiempo determinado, los Cesares a los Augusto.  Pero ese término  de Tetrarquía es un concepto utilizado por la moderna historiografía, y no utilizado por los antiguos  para referirse a esta forma política.

La Tetrarquía supuso una transformación de la estructura política y administrativa, y se trataba de  dar respuesta a la guerra externa y a la usurpación. Como reforma fue gradual, no era un plan preconcebido, predominando el empirismo y la contingencia, y como precedentes se encontraba la organización política de Filipo.

Diocleciano

Después de que Carino fuera asesinado en el 285, Diocleciano podía presentarse como el único Emperador, aunque con un Imperio al borde de la destrucción. Tuvo que hacer frente a las guerras en el Danubio inferior y el frente del Rin, y a éstas se le sumo los bagaudas (el término  proviene del celta y significa guerrero, aunque otro los relaciona con  “baga”, que significa moverse), que eran campesinos liderados por dos aristócratas galos, Aelianus y Amandus, quienes ante la inoperancia defensiva de Roma, habían organizado ejércitos propios con gentes del lugar, con el objetivo de defender sus tierras, pero de alguna manera se  convertían en una especie de usurpadores del poder militar. Es un episodio que demuestra el descontento provincial con el poder central.

Esa necesidad militar hizo que Diocleciano vinculara al poder, en el 286, a Maximiano, un general que fue adoptado por Diocleciano y se le daba el titulo de Cesar. Era amigo de armas de Diocleciano, poco instruido pero de confianza. Maximiano pasó poco después  a ser Augusto, convirtiéndose en colega de Diocleciano, y en esa promoción influyó una usurpación, la de Carausio, un oficial de origen germano al que Maximiano había encargado la defensa del canal frente  a los piratas y los barbaros, por lo que estaba al frente de una considerable flota. Logró el apoyo de las poblaciones de los alrededores, y del sur de Britania, y se hizo proclamar restitutor Britanniae, creando el Imperio de las Britanias, que duraría hasta el 293.

Pese a la existencia de dos Augustos oficiales, el Imperio se seguía manteniendo como una unidad indivisa. Con esa diarquía se repartieron tareas:  Maximiano se dirigió a Occidente para hacer frente a los bagaudas y a Carausio, y Diocleciano se estableció en Nicomedia para hacer frente a los problemas orientales.

En el 291 se publicó una nueva ideología imperial en Milán, en donde se produjo una reunión de los Augustos. Asumieron el principio de culto al Sol Invicto, y se vinculaban con las divinidades. Diocleciano se vinculó a Júpiter, y tomo el título de  Iovius, mientras que Maximiano se vinculó  a la estirpe de Hércules, con el apelativo de Herculius. Se creaba así una familia divina por la que se podía entrar por selección de sus miembros. De esta forma, intentaban hacer frente al ejército como creador de emperadores. Pero ello supuso también una nueva persecución de los cristianos, que no aceptaban la divinidad de los dos Augustos. Estos últimos, además, impusieron  un nuevo ceremonial de corte basado en la adoratio y la proskynesis.

Diocleciano y Maximiano obtuvieron éxitos militares, pero el peligro de perder Britania y las Galias conllevó una ampliación, en el 293, del colegio imperial, al que se sumaron dos miembros más con la categoría de cesares, creando así la Tetrarquía.

Galerio fue nombrado César para Oriente y Constancio para Occidente, cuya vinculación al poder se realizó en  dos ceremonias, una en  Nicomedia y

Constancio

otra en Milán. Esto se completó  con la adopción de los Cesares por parte de los  Augustos. Además, los dos cesares casaron con las hijas de los Augustos. Se repartieron el imperio de acuerdo a las tareas militares existentes, estando los Césares siempre bajo subordinación de su correspondiente Augusto.

Constancio se hizo cargo de la situación de Britania, acabando en el 296 con el usurpador Alecto, quien previamente había asesinado a Carausio en el 294. Maximiano se dirigió a Hispania y Mauritania para hacer frente a los piratas, así como a la usurpación de Lucio Domicio Domiciano en Egipto, en el 297, tras la cual Egipto se dividió en tres provincias. Así mismo, Galerio derroto a los persas y llevó a cabo con estos una paz que permitió incorporar nuevos territorios al Imperio.

En el 298 el sistema de la Tetrarquía se estabiliza y los tetrarcas se establecen en una determinada zona. Diocleciano desde Nicomedia administraba Asia y Egipto. Galerio se estableció en Tesalónica haciéndose cargo del Ilirico. Maximiano en Milán, con Italia, Africa e Hispania; y Constancio desde Tréveris, la Galia y Britania. Roma quedaba solo como la  sede del Senado y la ciudad de las ceremonias.

La tetrarquía tenía un punto débil, el relevo en el poder. Se suponía que los Cesares debían suceder a los Augustos, para a su vez nombrar nuevos Césares. Pero  había que poner un plazo para impedir que los Césares usurparan a los Augustos. Por eso Diocleciano, en el 303, convenció a Maximiano para abdicar en el 305, y el primero de Mayo de aquel año los dos Augustos abandonaron el poder, y los dos Césares, Constancio y Galerio, fueron proclamados Augustos, mientras se nombraban los dos nuevos Césares impuestos por Diocleciano, Maximino Daya para Galerio y Severo para Constancio.

En esta segunda Tetrarquía la preeminencia fue de Constancio, quien sumo Hispania a las Galias y Britania. Severo se quedó con Italia, Africa y Panonia. A Galerio el resto del Ilirico y Asia menor, y a Maximino se le entregaba Oriente y Egipto.

Antes de abdicar, Diocleciano hizo público entre el 303 y 305 cuatro edictos de persecución contra los cristianos. El primero en el 303, que repetía el de Valeriano, ordenaba que en todo el Imperio había que destruir Iglesias y lugares de reunión de los cristianos. Quemar y confiscar los escritos de los cristianos. Y apartar a los cristianos que ocuparan cargos públicos. Los cristianos perdían todos sus privilegios, y los esclavos cristianos no podían ser libres. Se decretaba la esclavitud para funcionarios y soldados que siguieran siendo cristianos.

En un segundo edicto se mandaba  la captura de todos los jefes cristianos, obligándoles al sacrificio. En el tercer edicto, también del 303, se excluía a los cristianos que se hubieran negado a sacrificar de la amnistía concedida por la celebración de los 20 años de gobierno de Diocleciano.

Finalmente, en el 304, el cuarto edicto de persecución, promovido por de Galerio, se ordenaba a toda la población del imperio sacrificar bajo pena de muerte. Estuvieron en vigor los cuatro edictos hasta el 311.

Junto con ello, se llevo a cabo toda una serie de reformas, como la militar, en la que de 39 legiones se pasaran a 60, aunque estas dejaron de tener los 6000 hombres tradicionales para  tener entre 1000 y 3000. Pese a ello el numero de legionarios se ampliaría ligeramente en su totalidad, con un ejército que rondaría entre los 300.000 y 400.000 efectivos. Estas legiones se distribuyeron entre las provincias fronterizas,  en donde el poder militar se transfirió del gobernador a un dux de orden ecuestre. En dichas fronteras se realizaron grandes obras como murallas y fortalezas.

También las provincias fueron reorganizadas, las cuales aumentaron en número, pasándose de unas 40 a casi el centenar. Ello hacía más difícil  a un posible usurpador controlar un amplio territorio y recursos. El Senado perdió sus provincias senatoriales, y a partir de entonces los gobernadores fueron nombrados todos ellos por los emperadores, mientras Italia perdía también sus privilegios.

Como ente superior a la provincia se crearon doce diócesis, a cuyo cargo estaba un vicario,  a excepción de Asia, Acaya y África que dependían directamente del emperador. A su vez estas diócesis se agrupaban en cuatro prefecturas: la de las Galias con capital en Tréveris, la de Italia con capital en Milán, la de Iliria con capital en Sirmio, y la de Oriente con capital en Nicomedia.

En cuanto a las reformas económicas se creó el sistema de la iugatio-capitatio, por el cual se realizaban grandes catastros y censos de personas, con el fin de crear un impuesto organizado como tasa fiscal por unidad de riqueza imponible. Aunque existe una amplia polémica sobre el funcionamiento de este impuesto.

Diocleciano también llevó a cabo una reforma monetaria, así ante el peligro siempre existente de la inflación, y una vez que esta fue controlada a partir de 294, se crearon nuevos tipos de moneda, tales como el argenteus, acuñado a razón de 96 piezas por libra, así como el aureus, a 60 por libra. Una moneda de bronce llamada nummus o follis que equivalía a cinco denarios, y el antoninianus, sin casi contenido de plata, que equivalía a dos denarios. Sin embargo, ello no hizo que los precios dejaran de subir, lo que dio lugar a que se realizara el Edicto de precios máximos en el 301, donde se fijó el precio máximo a pagar por los distintos productos.