La cultura material del Paleolítico

El presente texto tiene como objeto introducir al interesado en la cultura material de la primera de las etapas de la Historia, el Paleolítico, el cual, claro está, ocupa también el primer lugar dentro de la periodización de la Prehistoria, de la que también trataremos sucintamente. A lo largo de este amplio periodo -que duró millones de años-, las industrias humanas, útiles o herramientas que los diversos humanos fabricaron se van haciendo más complejos y numerosos.

¿Por qué hacer mención únicamente a la cultura material? La pregunta no sería prácticamente necesaria hace medio siglo. Desde que se comenzaron a estudiar las sociedades prehistóricas allá por el siglo XIX –momento en que se creó la Prehistoria como etapa antes de la Historia tradicional-, la carencia de fuentes escritas –pues recuérdese que las sociedades de las que vamos a hablar son ágrafas- implicaba que únicamente se poseía, para reconstruir el pasado más remoto de la humanidad, la cultura material de las primeras sociedades. Así que, durante mucho tiempo, los estudiosos se esforzaron en la descripción de esta con el fin de clasificar los objetos hallados y crear tipográficas. No se iba mucho más lejos de esto.

Sin embargo, poco a poco se fueron introduciendo nuevas corriente de estudio que intentaban profundizar en ella –gracias también a los mayores datos que se podían obtener por medio de la Arqueología- para resolver preguntas encaminadas a conocer el modo de vida de nuestros ancestros: ¿Cómo cazaban?, ¿de qué se alimentaban?, ¿qué organización social poseían?, ¿en qué creían?, ¿cómo construían sus herramientas? Actualmente, por tanto, se trata de ir mucho más allá de los propios objetos de esta cultura. De esta forma, se ha podido dejar atrás esa idea –la cual tampoco ha sido desterrada de la mentalidad popular- de hombres prehistóricos alimentándose de carne como único sustento. Esto, desde luego, no es cierto. Difícilmente el ser humano habría sobrevivido por medio de la caza en exclusiva. Como omnívoro, es capaz de digerir una amplia gama de alimentos y, por ello, el sustento principal de la humanidad se basaba en la recolección de una amplia variedad de productos que otorga el propio medio natural. Por esta razón se ha denominado a las sociedades paleolíticas como caza-recolectores.

No obstante, en cuanto que la cultura material es nuestra fuente -y aquí contesto a la pregunta inicial-, debemos conocerla y es, por esto mismo, que en las siguientes líneas haremos únicamente referencia a las tipologías de herramientas –que en el caso que nos ocupa son líticas y óseas-, sin entrar en mayores consideraciones. Además, la periodización de la Prehistoria se basó, en origen, en estas tipologías.

Fue el danés Christian Jürgensen Thomsen, director del más tarde conocido como Museo Nacional de Dinamarca, quien al estudiar los diversos objetos que allí se guardaban –desde hace tiempo se habían encontrado objetos que los eruditos del momento no sabían muy bien a que cultura atribuir- observó que estaban realizados sobre dos materiales distintos: aquellos que se encontraban fabricados en piedra y los que estaban realizados en metal. Por tanto, se crearon las dos grandes etapas de la Prehistoria: la Edad de la Piedra y la Edad de los Metales.

Además, los que se encontraban en piedra habían sido trabajados de dos formas distintas. Unos se encontraban realizados mediante percusión y talla, otros mediante pulimento. De esta forma, al darse cuenta que los primeros instrumentos eran más antiguos que los segundos, dividió a la Edad de Piedra en dos grandes grupos: Paleolítico (piedra vieja) y Neolítico (piedra nueva). En cuanto a los metales, unos objetos estaban realizados de bronce y otros de hierro, de tal forma consideró la existencia de dos momentos distintos: Edad del Bronce y Edad del Hierro.

Prontamente, como se puede observar, se tuvo la secuencia que actualmente se sigue usando, aunque subdividida y, en realidad, apartada en muchos aspectos del criterio material. Así, por ejemplo, hoy en día el Neolítico no tiene que ver con la forma de trabajar la piedra, sino con la sedentarización, la agricultura y los nuevos modos de vida de las sociedades respecto al Paleolítico.

En todo caso, lo que nos interesa ahora es el Paleolítico, en concreto su cultura material. Este periodo se divide en tres: Inferior, Medio y Superior, cuya cronología, en cualquier caso, depende también de cada lugar. Para considerar un cambio de etapa se toma como referencia los cambios de industria, ya que se denota que esta es cada vez más especializada y los instrumentos se van haciendo más pequeña en un proceso de microlitización (el instrumento se hace más pequeño) y de leptolización (disminuye el grosor de los mismos). En el pasado, y no hace mucho de ello, se intentó sistematizar a cada especie humana con una determinada cultura material y, a su vez, que estos coincidieran con la periodización propuesta, lo que creaba amplios quebraderos de cabeza, especialmente porque muchas especies fueron coetáneas y tuvieron industrias iguales.

Debemos recordar, por otra parte, que, desde la última parte del Paleolítico Inferior (hace 1,8 millones de años), el resto del Paleolítico se desarrolla en el Pleistoceno (primera etapa geológica del Cuaternario), en la cual se producen las ya mencionadas glaciaciones. Este periodo se divide también en Inferior (hace 1,8 millones a 780.000/730.000 años), Medio (780.000 a 125.000) y Superior (125.000 a 10.000). Tras este comienza el Holoceno en el cual nos encontramos en la actualidad. De cualquier manera, estas divisiones son geológicas y, por tanto, aunque se toman como referencia, no tienen nada que ver con las mencionadas divisiones culturales.

Paleolítico Inferior

Como acabamos de decir, la cronología es variante en cada uno de los periodos, y, de hecho, el inicio del Paleolítico ya plantea un amplio problema. Tradicionalmente se había venido alegando que comenzó con el primer Homo que fue capaz de realizar sus propias herramientas. Tomando dicha teoría, los indicios implican que el honor lo ostenta el Homo habilis, el cual surgió hace entre 2,6 y 2,4 millones de años. En cualquier caso, también sabemos que, al igual que actualmente los grandes simios, los australopitecos –anteriores al género Homo-, utilizaron palos, huesos, piedras, etc., para ayudarse en ciertas actividades. Pero estos elementos no son en realidad herramientas, puesto que no han sido modificados con el fin de obtener un mayor rendimiento. De cualquier forma, esto nos permite hacernos la siguiente cuestión: ¿Podríamos considerar estos últimos como industria humana? Algunos piensan, claramente, que sí, lo que nos haría hablar de un Paleolítico iniciado hace 6 millones de años.

En cualquier caso, también podemos poner en duda que fuera el Homo habilis el primero en realizar herramientas –es decir, construir un objeto a partir de una determinada materia prima-. No faltan aquellos que opinan que australopitecos y parántropos podrían haber realizado los útiles que se le atribuyen a este, puesto que, muchas veces, en los mismos yacimientos en donde aparecen estos se encuentran también restos fósiles de los homínidos antes mencionados. Pero esto último tampoco es una evidencia clara, puesto que algunos australopitecos y parántropos convivieron con el Homo habilis, y, además, en unas sociedades nómadas lo más usual era que se abandonaran las herramientas. Es cierto también que existen datos que vienen a dar cronologías de algunos útiles anteriores al Homo habilis, pero esto tampoco corrobora su creación por individuos ajenos al género Homo, puesto que perfectamente podrían haberse fabricado por alguna especie de Homo que actualmente desconocemos.

Sea como fuere, las primeras industrias, independientemente de quien las fabricara, son líticas. Las evidencias corroboradas más antiguas se remontan a África, lugar de origen del Homo habilis, en concreto en los yacimientos del Afar, en Etiopía, con una antigüedad de 2,6 millones de años. No obstante, fue en el yacimiento de Olduvai el primero en hallarse este tipo de instrumentos, lo que bautizó al complejo industrial como Olduvayense –es común que el nombre del primer yacimiento en descubrirse una nueva industria acabe por denominar a la etapa cultural en donde se contextualiza-, pese a que puede tener otras denominaciones como Paleolítico arcaico. Aunque no entraremos en la descripción de los yacimientos, que no vendrían a aportarnos una visión general, sí que es menester mencionar alguno de los más importantes que comprenden esta cultura como el lago Turkana, al norte de Kenia, así como el valle del Awash.

Son instrumentos del llamado modo I, en donde los artefactos son de gran tamaño, al principio trabajados toscamente y se observa un perfeccionamiento en los más modernos. Se utiliza como materia prima cantos rodados y guijarros –por ello también ha sido denominada como cultura de guijarros-, los cuales son retocados para crear filos. La variedad de utensilios es baja, lo que nos debe hacer entender que una misma herramienta servía para realizar diversos trabajos. De hecho, solo tiene dos tipos de industrias: el chopper y el chopper tool. El primero es un guijarro que mediante talla por percusión directa (el guijarro, en este caso, se golpea con un percutor sin que exista ningún elemento intermedio, como por ejemplo, en el caso de los escultores, un cincel que es golpeado con un martillo) y percutor duro y móvil (este percutor es otro guijarro el cual se sostiene en una mano mientras que en la otra se sostiene el guijarro que se transformará en herramienta) se sacaba un filo cortante en un extremo que pasar a ser el extremo distal y la parte activa del instrumento. Por su parte, el chopper tool es igual que el anterior, pero con dos filos cortantes en el extremo distal. Estas industrias aparecen en los tres continentes, aunque es originaria de África, pero la amplia sencillez de fabricación hizo que, en industrias líticas más elaboradas, todavía fuera común que se utilizaran.

El material utilizado, los guijarros, es abundante, por tanto debemos pensar que las herramientas se construían cuando se requerían y eran abandonados posteriormente. En unas sociedades nómadas, es lógico que el “equipaje” sea mínimo y poco pesado, especialmente cuando el volver a realizarlas era algo sencillo y rápido.

En el Olduvayense avanzado, ya bajo el predominio del Homo erectus, aparece, hace 1,4 millones de años, un nuevo utensilio, el bifaz –todavía toscamente trabajado-, que enlazan directamente con el siguiente complejo industrial del Peleolítico Inferior, el Achelense.

El Achelense se caracteriza por las industrias de modo II. Se las llama industrias nucleares porque están fabricadas sobre un nódulo de sílex, y se abandona los guijarros y cantos rodados –en cualquier caso, como ya hemos dicho, se deben tener en cuenta que se siguieron utilizando como herramienta de “emergencia”-. El uso del sílex se debe, además de a su características de fácil trabajo, a que los grupos ya no se encuentran siempre en las cercanías de los ríos, por lo que es necesario también el uso de nuevos materiales. Además de este, en aquellas zonas en donde no existe, es común el uso de otras materias como la obsidiana.

El instrumento básico es el bifaz o hacha de mano. Este se fabrica sobre un núcleo, en una primera fase con talla por percusión directa y móvil para eliminar de córtex (capa externa que cubre al sílex). Al principio, tras esta etapa se le daba al instrumento por acabado, conociendose en Europa a este tipo de bifaz como abbevillense –una vez más por el yacimiento en el que se descubrió el primero-. Transcurrida la primera etapa aparece el bifaz achelense, al cual se le ha aplicado talla con percusión directa con percutor móvil y blando para eliminar las oquedades, aristas e irregularidades, de modo que las dos caras sean lisas e iguales. Además, con un percutor blando y percusión directa se retocan los bordes para lograr filos cortantes.

En el modo II o Achelense también aparecen otros instrumentos como lascas retocadas y el hendedor, que algunos han venido a clasificar como un tipo de bifaz. El hendedor, en cualquier caso, es un utensilio nuclear, que esta trabajado por ambas caras, pero con características formales que lo hacen diferente al bifaz. El extremo distal está siempre sin retocar (es decir, después de la talla no se ha realizado el llamado retoque del borde con el fin de darle una forma menos abrupta) y constituye un filo cortante. Aparecen también realizados sobre lascas.

El Homo erectus fue el primero en poblar África en su conjunto. Además, salió de esta por la península del Sinaí hace 1,8 millones de años y, desde allí, pobló Asia –las dataciones de los yacimientos permiten observar la secuencia de poblamiento desde el Próximo Oriente hasta las tierras más al este de Asia-. Los indicios de un poblamiento de Europa por parte de este no han podido corroborarse. Los restos fósiles que se han encontrado en este último continente no parecen que deje claro que pertenezcan a este Homo, decantándose los investigadores por nuevas especies, como el caso de Atapuerta –Homo antecessor-, pero una parte de los investigadores se orientan a creer que se trata en realidad de Homo heidelbergensis. Ya se atribuyan a este, el cual de forma clara pobló Europa hace 700.000, ya sea el Homo erectus o algún Homo de otra especie todavía sin clasificar, la realidad es que en Europa aparecen individuos humanos en torno al millón de años, los cuales, claro está, aparen asociados a industria lítica.

De esta manera, en Europa aparecen industrias del modo I anterior a los 750.000 años. Estas se han localizado especialmente en altas terrazas del Rosellón y del Somme en Francia, en el Lacio y Vénete italiano y en el centro de Europa. Los bifaces toscamente trabajados solo aparecen después de esta última fecha, en donde debemos destacar el ya mencionado bifaz abbevillense, el cual presenta bordes sinuosos.

Será más adelante, como evolución del Abbevillense en Europa, cuando surge también el Achelense, el cual se observa en España, Francia, Inglaterra, Países Bajos y Alemania Occidental, mientras que en las regiones del este europeo destacan las industrias sobre lascas con cantos trabajados, y los bifaces son muy reducidos. Esto último hace pensar a algunos investigadores que existieron dos complejos culturales distintos en Europa, aunque otros opinan que la diferencia entre el trabajo en lasca o en núcleo es únicamente un elemento técnico. De cualquier manera, se denota una evolución del bifaz en tres fases: Achelense Antiguo (los bifaces son muy parecidos a los abbevillenses, con bordes sinuosos y base sin tallar), Achelense Medio (presenta bifaces estereotipados y aumentan los tipos sobre lasca). Y el Achelense Superior (los bifaces poseen formas apuntadas en muchas ocasiones y se multiplica el número de estos).

Paleolítico Medio

En las últimas décadas ha existido un amplio debate acerca de este periodo que, por así decirlo, lo ha puesto “patas arriba” y la sistematización de los nuevos datos es actualmente lenta. Normalmente se había identificado el Peleolítico Medio con el hombre neandertal, pero este, sabemos hoy, surgió hace 200.000 años, lo que implica que vivió varios miles de años en el Paleolítico Inferior, puesto que la cronología del Paleolítico Medio comienza a finales de la glaciación Riss-Würm, es decir, estaba ya establecido hace 85.000 años, y finaliza hace 40.000-35.000 años (periodo que es de transición).

Una gran parte de esta industria lítica está realizada sobre lascas de tipo levallois, aunque en realidad no toda ella, lo que ha servido como elemento fundamental para la clasificación y ha permitido observar que, mientras en unos lugares es frecuente el uso de las mismas, en otros es poco frecuente. Las lascas son las partes que se desprenden de un núcleo de sílex, las cuales son más tarde trabajadas para obtener de ella el instrumento deseado. En el Paleolítico Inferior ya se realizaron herramientas sobre estas, pero eran lascas que se extraían de forma irregular, es decir, cada una tenía una forma distinta. La técnica levallois –desconocemos si es una invención propia del Homo neanderthalensis- consiste en lo contrario, se trata de preparar el núcleo para extraerlas de forma homogénea y con unas formas concretas al antojo del artesano. El uso de este tipo de lascas permite también que las herramientas resultantes tenga un tamaño menor.

La industria de este periodo –modo III-, por tanto, son mucho más pequeñas y se pueden observar muchas más formas y funciones. Entre la nueva variedad de instrumentos se encuentran: raederas, raspadores, buriles, denticulados y la punta musteriense –sus nombres tienen que ver con la función que se creía que tuvieron, aunque en la actualidad estos nombres pueden desorientar más que orientar-.

La raedera es el instrumento más característico de este periodo, el cual perdura en la etapa de modo IV, pero se fabricaran en este último sobre láminas. Se caracteriza por presentar uno o varios bordes cortantes recortados con borde continuo, plano o abrupto, lo que hace que sea semicortante. No se utiliza para cortar, sino para raer y raspar objetos blandos o semiblandos (madera o piel). Existen diversos tipos de raederas, como la raedera simple (cuando el borde retocado se localiza en uno de sus bordes), raedera doble (cuando se localiza en dos bordes), raedera convergente (cuando los bordes retocados son dos bordes continuos y no opuestos), raedera transversal (cuando aparece en el borde distal).

El raspador, que también permanece en el modo IV –pero sobre lámina-, presenta un frente curvo que se fabrica mediante retoque simple y paralelo uno de sus bordes. Nunca tiene retoques planos o abruptos. Estos pueden ser simples (cuando el frente del raspador se localiza en el extremo distal), dobles (cuando los frentes de raspador se localizan en el extremo distal y proximal), ojival (cuando el frente del raspador en el extremo distal tiene forma de ojiva), discoidal (forma de pieza circular).

El denticulado, por su parte, presenta en uno de sus bordes laterales retoques de muesca. No obstante, es más propio del modo IV, al igual que lo es el buril. Este último se caracteriza por tener en uno de sus extremos el llamado retoque de buril, el cual consiste en dar dos golpes en ese extremo mediante percusión directa en un mismo punto, pero en direcciones contrarias. Esta herramienta presenta diversas formas: buril de pico de loro y el buril pico de flauta. Este se utilizaba para grabar tanto en madera, piedra o materia ósea.

Las puntas musterienses son útiles sobre lasca que una vez trabajados sus bordes quedan con una forma más o menos triangular. No sólo sirvieron como puntas para cazar, también, permitían la misma función que las raederas. También existe la punta levallois, que como su nombre indica se realizaba sobre este tipo de lasca.

En Europa, el Paleolítico Medio es conocido como Musteriense, el cual es y ha sido un auténtico quebrado de cabeza para los investigadores, pues la amplia variedad de formas de las herramientas ha intentado ser sistematizadas por regiones y por cronología, entre otros criterios, que no siempre han llegado a calar del todo entre la comunidad de expertos.

F. Bordes realizó una división del Musteriense por tipos o fascies basándose en yacimientos franceses por el cual diferenciaba un Musteriense de Tradición Achelense, el Musteriense Típico, el Charentiense o Musteriense de Tipo Quina-Ferrassie, el Musteriense de Denticulados y el Vasconiense o Musteriense tipo Olha. Se basaba, ante todo, por el porcentaje de un tipo de utensilio u otro que aparecía en un determinado yacimiento, así como las características de los mismos. Estas fascies no son, según F. Bordes, una evolución, sino que son coetáneas y se aíslan unas de otras. Investigadores posteriores como Lewis y Sally Binford, también de los años sesenta, consideraron esta afirmación errónea, puesto que los grupos de humanos poseían una movilidad por el territorio y, por tanto, tuvieron que existir contactos con otros grupos que habría acabado en una aculturación. La hipótesis para justificar las diferencias observadas por F. Bordes pasaba por considerar la funcionalidad de los yacimientos. Dicho de otra manera, los yacimientos estudiados tendrían funciones concretas, como por ejemplo caza, despiece, fabricación de útiles, etc., lo que hace que en cada yacimiento aparezcan unas determinadas herramientas.

En los setenta, Paul Mellar se preguntó, bajo la corriente de la Nueva Arqueología, si estas facies eran en realidad coetáneas, al menos en su mayoría, y en su caso rastrear la evolución de estas, no sin criticar también a los Binford, puesto que consideraba peligroso realizar correlaciones entre el equipo material y las actividades en unas sociedades tan simples. En cualquier caso, aportó datos que ponían de relieve que tres de las fascies de Bordes (Ferrassie, Quina y Musteriense de tradición Achelense) se solapan cronológicamente en ese orden y además la evolución fue independiente, pues se originaron en distintos momentos y evolucionaron de forma interna.

Investigadores posteriores pusieron de relieve la dicotomía entre raederas y denticulados. El número de raederas es abundante precisamente en los periodos de clima más severo, mientras que la cantidad de denticulados crece en los periodos templados. Esto parece indicar que la temperatura hizo cambiar las industrias.

Debemos hacer también mención a que el Paleolítico Medio es mucho mejor conocido en Europa que en África y Asia –a excepción del Próximo Oriente-, lo que implica que el Musteriense solo puede ser aplicado como cultura a Europa y, en concreto a la zona occidental, puesto que la zona oriental las características de este se desdibujan.

Paleolítico Superior

El Paleolítico Superior se inició hace 35.000 años y perdura durante la última glaciación Würm. En este momento el predominio es del Homo sapiens, mientras que el neandertal desaparece. El Homo sapiens surgió en África, prácticamente compartiendo cronología con este último y llegaron a convivir en Europa durante unos miles de años, hasta que este último acabó extinguido por unas u otras causas hace 28.000 años. Pese a todo, el Paleolítico Superior es desigual de unas zonas a otras, el nivel técnico que se alcanza al final final del Paleolítico Medio y que avanza durante el Superior únicamente se da en Europa y en Próximo Oriente, en otras zonas se produce un estancamiento, como el norte de África, en donde se mantiene la cultura Ateriense típica de la etapa anterior.

Este periodo empieza a aportar una multitud de datos que permiten la reconstrucción social de nuestros ancestros. De hecho, aunque no lo hayamos mencionado, ya en el Paleolítico Medio, por ejemplo, el hombre neandertal comenzó a enterrar a sus muertos, lo que hace pensar que existía unas creencias sobre el más allá.

Se observa que aparece una serie de industrias más complejas y especializadas. También comienzan a usarse con más frecuencia otras materias, además de la piedra, como el hueso, la cornamenta y la madera. La industria ósea ya había hecho acto de presencia anteriormente, pero solía ser únicamente aprovechando formas naturales para realizar ante todos punzones y se trabajaba como la industria lítica, sin que existiera una técnica concreta para este material. Así, si ya en el Paleolítico Medio hemos observado las dificultades de clasificación de los tipos de útiles, en el Paleolítico Superior esto se complica. No obstante, ahora muchos tipos son propios de un espacio concreto, los cuales se atribuyen a un determinado grupo o grupos humanos.

En cuanto a la piedra, se comienza a usar la lámina –aunque ya hay indicios de su uso, poco frecuente, en el Paleolítico Inferior-, la cual sustituye a la lasca levallois, lo que permite un mayor ahorro de material pétreo. Estas son lascas alargadas –la cual es doble a su anchura por lo general- y se pueden obtener en un gran número y de forma homogéneas de un único núcleo de sílex.

La disminución del tamaño de los útiles hace que para su talla se requiera de una mayor precisión, así que estas industrias se realizan mediante el uso percutores, que pueden ser cinceles o compresores. Los primeros son fragmentos de hueso que en un extremo presenta esquirlas. Los compresores son elementos planos con huellas de presión sobre la piedra.

Además de los útiles –destacan denticulados y buriles en el modo IV-, aparecen otras que no tiene una funcionalidad productiva, sino social, como colgantes, especialmente de caninos de carnívoros o de ciervo. A veces, estos se tallan también en piedra. Las conchas de moluscos también son utilizadas como cuentas de collares.

Por otra parte, la disminución del tamaño de los utensilios implican que estos únicamente pueden ser utilizados mediante un enmangue de madera. Este último ha desaparecido por la descomposición de esta materia orgánica y nos ha quedado únicamente la parte activa de la herramienta.

En cuanto a la tipología ósea, ya había hecho acto de presencia en el modo III, aunque es en el modo IV cuando se extiende –aparecen las azagayas, varillas, propulsores, arpones, bastones perforados, agujas de ojo, rodetes, bramaderas y contornos recortados-. En principio se utilizaron indistintamente huesos (tanto planos o costillas) y cornamentas. La forma de construirlo era elegir la zona ósea más propicia y con un buril recortar el perfil del fragmento a utilizar, y en el caso del cuerno eliminar previamente la parte exterior, y con el mismo buril se le daba forma y con un canto rodado de afinaba la superficie.

Entre los objetos óseos se encuentra la azagaya, que es uno de los más antiguos. Primero se fabricó en hueso de costilla y más tarde sobre cuerno. La parte activa de este objeto, de amplia longitud, es apuntada y la base es variante a lo largo del periodo: nos la podremos encontrar roma, apuntada, en bisel, hendida, ahorquillada o de doble bisel. Se utilizaba para pescar y cazar.

La varilla, realizada sobre cuerno, hace su aparición tardíamente, ya en el magdaleniense IV. Son largas, de 10 a 20 cm. Se diferencia de las azagaya por ser de sección semicircular –lo que permite diferenciar dos caras- y los extremos pueden ser rectos o ligeramente ovalados. A veces aparecen con decoración. Se utilizaba para alisar pieles y tensar tendones.

El propulsor hace su aparición también tarde, en el magdaleniense III-IV. Para su fabricación se utilizaba el candil de la cornamenta, ya que requiere de una forma determinada. Este se fabrica con el fin de poder introducir la lanza en uno de sus extremos para posteriormente lanzarla con mayor potencia y precisión. La parte de arriba de este artilugio solía ser utilizada para la realización de arte mueble.

También tardío es el contorno recortado. Este se realizaba sobre hueso plano dándole una forma determinada (cabezas de animales, animal entero) y luego mediante la incisión se detalla. Son a la vez soporte y obra de arte.

El arpón se fabricó en asta y fue un perfeccionamiento de la azagaya. Tiene sección circular y consta de un extremo apuntado. En su fuste, en ocasiones, aparece una perforación circular que tiene que ver con el enmangue. La base puede presentar uno o dos abultamientos o ser lisas. A ambos lados del fuste presenta ganchos, que van cambiando de una época a otra. la Los más antiguos solo tienen una hilera de dientes y son extremadamente ganchudos. En el siguiente periodo aparecen dos hileras de dientes menos ganchudos y ordenados de forma asimétrica, que más tarde se alinearán.

Los bastones perforados son del Magdaleniense, se hicieron sobre un candil de cornamenta pulido. En la bifurcación de dos ramas se realizaba un orificio circular con el fin de pasar las pieles por él. No obstante, al principio se creyó que eran –por la importante decoración que portaban- un objeto de prestigioso, por lo que se conocieron como bastones de mando.

La aguja de ojo hizo acto de presencia en el solutrense. Se trata de un instrumento realizado tanto en hueso o cuerno, el cual es circular. Uno de sus extremos termina en punta, mientras que el otro tiene un orificio.

El rodete es un objeto circular, normalmente realizado sobre huesos planos. En algunos casos tiene decoración, pero no se considera arte mueble. Su función era meramente ornamental.

La bramadera es poco frecuente. Surge en las últimas etapas del Paleolítico Superior. Se hace sobre hueso plano y en la mitad superior tiene un orificio pequeño. Se cree que era un silbato de pastor, lo que hace pensar que son los antecedentes de una temprana domesticación de animales.

Como se ha podido comprobar, algunos de estos objetos eran utilizados como soporte de arte mueble, en los cuales se realizaban grabados. De hecho, este es el momento en el que surge también el arte rupestre, del que no trataremos ahora.

Estas herramientas y objetos aparecieron gradualmente y van sufriendo cambio a lo largo del Paleolítico Superior. De esta forma se han diferenciado cuatro industrias o culturas diferentes, que no van a ser comentadas en profundidad pese a los amplios datos que de ellas se tiene.

Las primeras son el Perigordiense y el Auriñaciense, que son coetáneas (35.000 – 20.000 años). La primera no posee industria ósea y los objetos fabricados en sílex presentan siempre las mismas características y se encuentran trabajados sobre lámina. El Auriñaciense, por su parte, aparece los primeros objetos óseos, los cuales presentan un acabado perfecto, pero con poca variedad (anzuelas, puntas y azagayas)

La siguiente cultura es el Solutrense, la cual tiene una corta duración en el tiempo: entre 22.000 y 17.000 años. Del mismo modo, su extensión por Europa es también limitada –se ha encontrado en la Península Ibérica y en Francia-, lo que ha promovido muchas teorías sobre su origen. Se caracteriza por sus utensilios líticos, los cuales alcanzan una perfección técnica no vista hasta entonces e incluso se utilizó cristal de roca. En ocasiones se utilizó la presión en vez de la talla, que no volvió a ser utilizada durante el resto del Paleolítico. Esta técnica consiste en calentar el sílex con el fin de ablandarlo y poder darle la forma deseada mediante presión.

Son características las puntas líticas con hoja de laurel y sauce. En cuanto a la contribución ósea, en esta cultura aparece la aguja de ojo

La última de las culturas europeas de este periodo es el Magdaleniense –dividido en seis fases-que se desarrolla hace 17.000-11.000 años. Esta se extendió por todo el continente europeo y lo unificó técnicamente. Es el periodo, como vimos, en que la industria ósea alcanza su mayor perfección y aparecen una multitud de nuevas herramientas. La industria lítica vuelve a ser realizada mediante percusión y empieza a perder importancia respecto a etapas anteriores.

BIBLIOGRAFÍA

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