La galera antes del trirreme

LA GALERA HOMÉRICA: SIGLO  VIII
La principal fuente que se posee sobre el barco de guerra usado en el siglo VIII a.C. es Homero, pero antes de nada habría que mencionar que el hecho del que habla Homero, la Guerra de Troya, la cual se habría producido en el  siglo XIII a.C., hasta la época en la que escribe Homero, probablemente a mediados del siglo VIII, habían trascurridos más de cinco siglos, de tal forma que existían muchos vacíos de información en muchos aspectos como sucede con el armamento o las propias embarcaciones, por lo que Homero  los recubrió con elementos de su propia época, es decir, que la mayor parte del armamento y las formas de luchar son en su mayoría típicas ya de la Grecia arcaica y no de la época micénica. Efectivamente ello ha podido se constatado por la arqueología y han podido ser datados como pertenecientes al siglo VIII y no a la época micénica. De esta forma la obra homérica representa una importantísima fuente para el conocimiento de la historia griega, no tanto del periodo micénico como del postmicénico. Aunque por otra parte las descripciones que hace Homero de las naves, tampoco serían muy diferentes de las naves micénicas (imagen 1). Evidentemente éstas habían evolucionado, pero su estructura básica ya se puede rastrear en la época micénica, como evidencia la arqueología, y de igual modo, en Egipto existían galeras que se aproximan ya a lo que será la galera del siglo VIII a.C.
Esto tampoco es de extrañar, la influencia egipcia es evidente en Grecia, desde la escultura a las estructuras constructivas se observan características egipcias, y por lo tanto también en sus naves, y  si
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Imagen 1. Sellos minoicos, entre el 1600 -1200 a.C

efectivamente dichas influencias provenían gracias al comercio, un elemento básico de éste eran los barcos, que arribaban a los puertos griegos. En la imagen 2 se puede apreciar las naves de remos egipcias en la batalla que se libró contra los pueblos del mar en el 1200 a.C.
En ambas obras homéricas, se menciona de forma continuada y hasta la saciedad a las “negras naos”, con las que los aqueos habían llegado hasta Troya y con la que Ulises realizó su viaje. Eran naves estandarizadas, en las que solo cambiaba el número de remos. Las había de 20 remeros, de 50 o pentecontera (imagen 3) y de 30 o triacontera. Son estas últimas las que menciona Homero y que desde luego debían ser las que se usaron en el siglo VIII a.C., puesto que Heródoto dice que fueron las triaconteras las que se usaron en la colonización de Thera[1], que se produjo en la misma época en la que escribe Homero.
Todos los modelos se caracterizan por ser largas, estrechas y tan bajas que, según nos dice Homero, Héctor podía desde la tierra agarrar el ornamento de la popa, y de igual modo, Ayax podía saltar fácilmente de la borda a tierra[2]. Eran además naves muy ligeras y poco pesadas, podían fácilmente sacarse del agua, y botarse otra vez, así por ejemplo en la Iliada, el campamento de los aqueos se encontraba formado por las naves en la playa.
Homero nombra a estas galeras como “las negras naves”, efectivamente sus cascos estaban pintados de negro, o mejor dicho cubierto por una resina tomada del pino que permite cerrar las costuras del navío impidiendo que entre agua en exceso. La nave vista de perfil  tenía la prolongación de la proa y popa terminado en curva, haciendo una especie de arco hacia dentro, que Homero los describe como los cuernos rizados de un carnero[3], como se pueden apreciar en las imá
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Imagen 2. Relieve egipcio de 1200 a.C, que representa la guerra de Ramses III contra los pueblos del mar

genes de las cerámicas de la época (imagen 4 y 5). Estos arcos eran decorados con parches rojos o púrpuras, así como azules. El casco estaba formado por la quilla, el codaste, roda, cuardenas, bordas,  baos de cubierta (que también podrían haber servido como bancos para los remeros) todo ello unido con cabillas y uniones. Existían además dos baos de banda que iban de proa a popa. La madera utilizada solía ser el roble, el álamo, el pino, el abeto; los mástiles y remos eran de abeto. En muchas ocasiones la madera estaba curvada de forma natural.
Los remos eran atados a los escálamos con una correa de cuero, impidiendo que estos pudieran caer al mar, o abandonar su lugar correspondiente si eran soltados por los remeros. Aunque Homero solo menciona el remo de dirección, grande y aplanado, aunque este tipo de remo era de época micénica, pero en el siglo VIII se utilizaban ya remos de dirección doble, que desde entonces serían estándares.
El aparejo de estas galeras griegas del siglo VIII eran de gran sencillez, tan solo compuesto por una vela cuadrada sujeta a una entena con una curvatura de una yarda, colocada en un mástil en el centro de la nave, el cual podía ser levantado y bajado. Para poner la vela, la tripulación debía levantar el mástil de su soporte en proa por arrastre sobre el estay, y lo ponía en su tabernáculo, que probablemente proyectaba cierta distancia encima de la quilla. El resto del aparejo estaba compuesto por una parte fija, dos estays que permitían mantener el mástil vertical, o doblarlo cuando era necesario, así como un aparejo móvil compuesto por abrazaderas, escotas y candelizas que permitían acortar o desplegar la vela de acuerdo a los vientos. Muchos de estos elemento
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Imagen 3. Maqueta de una pentecontera

s, como las candelizas ya eran característicos en la edad del bronce. También Homero hace referencia a otros elementos, aunque no los menciona por su nombre, como son las drizas. Las velas eran de lino, no de una pieza, sino a partir de varias piezas cosidas, y las cuerdas del aparejo eran por lo general de fibras de papiro retorcidas o de cuero.  La tela de las velas se debe pensar que sería de muchas calidades, y el color  usualmente sería el del propio lino, aunque en épocas posteriores las velas eran teñidas, así sería usual que las naves de los monarcas tuvieran velas de un color morado, o que en estas fueran el emblema del monarca o el de la propia ciudad a la que pertenecía la nave. En época de guerra también se teñían de un color azulado con el fin de que éstas se confundieran con el mar e impedir que la embarcación se avistara desde una larga distancia[4].
Llevaban estos barcos además una serie de cuerdas para amarrar, especialmente en proa que era usualmente por donde se varaban.  También portaban anclas de piedra, así como un desagüe para vaciar, cuando varaban, la sentina de las aguas que se habían filtrado. En las galeras también se llevaban largas picas que eran utilizadas en los combates, así como ánforas y bolsos en donde guardar las provisiones.
Básicamente todo lo dicho por Homero en sus dos obras está demostrado por la larga serie de cerámicas geométricas que se conservan, llamadas así por la naturaleza de su decoración. En dicha decoración es habitual la representación de galeras, pero pudiéndose distinguir dos tipos, una abierta y baja, y otra con una compleja superestructura. Ambas coinciden en la descripción que da Homero, pero es la primera la única que se menciona en su obra, quizás porque en su día solo existiera ese tipo abierto de galera[5].
Un elemento novedoso en estas galeras, que curiosamente Homero no me
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Imagen 4. Ceramica geométrica con representación de nave del S. VIII a.C. Abajo reconstrucción de la nave

nciona, y que desde luego no existía antes de las invasiones de los pueblos del mar, es el espolón, llamado rostrum por los romanos y embolos por los griegos (imagen 6),  y que debió surgir después del año 1000 a.C.,  durante el periodo oscuro. Fue una autentica revolución para la guerra marítima, la galera aparece en este momento como una nave echa exclusivamente para la guerra, no solo para el mero hecho de transportar tropas, ahora con el espolón en la proa la guerra en el mar cambia. En este momento existe la posibilidad de hundir un barco fácilmente si con las maniobras adecuadas se es capaz de clavar el espolón en el casco del barco enemigo.
A raíz de esta “nueva arma” fue inevitablemente que se produjeran cambios de gran alcance en el diseño y la construcción de buques. De ahora en adelante, con el fin de soportar el choque de una nave enemiga, los  materiales usados para la construcción serán más pesados. En cuanto al diseño, la proa que en la edad de bronce era una zona abierta, cambia en este momento convirtiéndose en una zona robusta, que soporta el espolón y que debe empujar éste a la hora de envestir a las naves enemigas. En las galeras abiertas la proa destacaba por casi no haber espacio para la ronda, así como un casco ligero,  lo que la hacía más rápida, aunque menos eficaz en el combate, por eso nunca es representada en las cerámicas geométricas en posición de combate, y se usaban más bien para el transporte de personas.
Por otra parte, la galera con superestructura sí que era representada en combate. Esta superestructura consistía principalmente en una sobrecubierta, o mejor dicho una pasarela en la parte central, de proa a popa, por encima de los remeros, en donde se podía llevar a cabo un combate cuerpo a cuerpo, quedando los remeros en un plano inferior a ésta. Pero esta pasarela solo se encontraba en la parte central, quedando la proa y la popa sin esta plataforma, aunque fueron rodeadas de una empalizada.
Junto con esta plataforma se añadió en babor y estribor una “valla” compuesta por estrechos postes que permitió solucionar el problema de la baja protección que existía para los remeros en un ataque, debido a lo bajo que eran estas naves. De esta forma, las dos filas de remeros quedaban divididas por la plataforma superior,  quedando ambas encajonadas entre la cu
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Imagen 5. Cerámica geométrica con representación de nave del siglo IX a.C

bierta superior y las vallas laterales. Estas vallas fueron con el tiempo haciéndose más complejas para mayor seguridad de los remeros, como demuestran los dibujos de las cerámicas geométricas, que son representadas cada vez con un grosor mayor de las líneas del dibujo.

LA BIRREME

La introducción del espolón, junto a la plataforma superior antes mencionada, conllevó el desarrollo de unas cada vez más potentes galeras de guerra, así como de nuevas innovaciones como será un nuevo planteamiento a la hora de ordenar a los remeros y los remos, los cuales determinaran el futuro de los buques de guerra antiguos.
La primera ordenación de los remeros, la más simple y  más lógica es simplemente dos filas de remeros colocados de forma horizontal, una a cada lado de la nave,  que era lo que Homero describe, y la lo que se utilizó en la edad del bronce, como por ejemplo en el Egipto faraónico. Pero esta forma de ordenación empezó a tener problemas, conforme las naves eran construidas con un mayor tamaño, y por lo tanto se necesitaba de una mayor fuerza para ser movidas. En principio la solución fue la de ampliar el número de remeros en la fila, de ahí la existencia de galeras con distinto número de remeros, pero esta solución tiene un límite, puesto que añadir más remeros supone ampliar la longitud de la nave, lo que daría un barco demasiado frágil, en primer lugar porque daría al enemigo un casco mayor para empotrar el espolón, y en segundo lugar el elemento constructivo, el encontrar troncos de madera para fabricar la quilla de tanta longitud, puesto que es más vigorosa una embarcación con una quilla de una sola pieza. Una pentecontera mediría una media de unos 38 metros, de los cuales más de 22 metros eran ocupados por las filas de remeros, y la anchura en cambio no llegaba a  los 4 metros. Una triacontera medía unos 22 metros, mientras que una nave de 20 remeros medía una media de 15 metros[6].
La solución que se dio fue la de colocar a los remeros en distintas alturas, es decir los remeros de un mismo banco eran colocados en posiciones diversas desde donde controlaban el remo, en este caso a dos alturas distintas, cada uno de
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Imagen 6. Espolón de Proa según la representación de una cerámica geométrica de finales siglo VIII a.C

ellos con un remo distinto, lo que hacía que el número de remos se multiplicara por dos, pero sin necesidad de ampliar la longitud de la nave. Quizás en un principio la solución sería en un primer lugar poner a la segunda línea de remeros de pie, pero ello supondría un cansancio superior para el remero, por lo que pronto se crearía una segunda bancada, en una posición superior a la primera. Aunque también hay evidencias, una vez más en las cerámicas geométricas, en donde la cubierta central de combate sería utilizada para acomodar a los remeros de la segunda línea de remos.
Este cambio se produjo en la segunda mitad del siglo VIII, puesto que desde principios del S. VII las cerámicas geométricas ya representan a las birremes, y comparándolo con otras culturas que no sea la griega, los relieves asirios en el palacio de Sennacherib demuestra que los fenicios ya utilizaban la birreme a principios del siglo VII. Pero estos mismos relieves demuestras que el final del siglo VIII fue de experimentación hasta lograr la birreme definitiva, en donde las dos líneas de remeros fueron experimentando cambios hasta que éstas se escalonaron, quedando los bancos superiores en el espacio que quedaba entre los bancos inferiores. Se trataba de buscar la  economía del espacio, logrando naves más pequeñas, pero más compactas.
La birreme no supuso tan solo una nueva bancada de remeros, supuso, como se puede ver en las birremes totalmente desarrolladas, una mayor robustez, puesto que era una nueva cubierta que le daba más consistencia, a lo que se sumaba una reducción de la longitud, de esta forma  con los mismos remos que tenía una pentecontera, la birreme tenía la mitad de longitud, unos 19 metros, de los cuales unos 13 estaban destinados a acomodar a los remeros.  Era la birreme así una galera con un casco más robusto, que permitía una mayor navegabilidad, así como de maniobra,  y por lo tanto mayor dificultad para que un barco enemigo la hundiera.
Por otra parte, la cubierta experimentó también un cambio inevitable, como demuestra uno de los relieves asirios (imag  7). En este relieve, a simple vista, podría parecer algo parecido a las pinturas geométricas,  pero atendiendo a la posición de los remeros en cuanto a sus manos y brazos, se puede apreciar que estos van por fuera de la estructura superior, es decir, que la primera fila de remeros iba descubierta, mientras que la segunda fila iba bajo la cubierta que se encontraba sobre sus cabezas, y en donde iba la tripulación. La antigua cubierta central de la galera homérica había sido elevada, mediante dos líneas de postes que iban de proa a popa[7].
Una pregunta que se plantean los investigadores es hasta qué punto los griegos estuvieron en cabeza en el avance naval. Los relieves asirios demuestra que los fenicios usaban birremes, que si bien pudieron copiar a los griegos, es evidente que esto también pudo ser al revés, o quizás se deba englobar en un  proceso común. Son preguntas con muy difícil respuesta.
En cuanto a la medida de estas birremes, los relieves asirios una vez más nos demuestran una gran variedad de tamaños, los hay de 8 grupos de remos por lado, de 9, de 11, 15 e incluso de 17 o más, aunque al igual que pasaba con las cerámicas geométricas, no tienen porque representar una realidad. Otras fuentes clásicas, como las de Heródoto o Tucídides, al hablar de las naves de ésta época plantean muchas dudas sobre qué tipo de naves hablan, puesto que mencionan el número de remeros, que bien podían ser del tipo de nave homérica o bien mencionar ya el trirreme. Pero sabiendo que la birreme será la nave predominante hasta que surja el trirreme en el siglo VI a.C., se ha de suponer que toda mención a más de 50 remeros, se hace mención a la birreme. Sería así usual, que una birreme llevará de 25 a 30 remeros en cada uno de los lados, es decir unos 60 remeros en total.
En cuanto al aparejo de las birremes, era prácticamente igual a la galera que describe Homero, un único mástil con una vela, un doble estay y un único brandal.

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Imagen 7.Relieve esculpido de birreme fenicio. 700.AC

EL BARCO DE GUERRA EN LOS SIGLOS VII Y VI A.C
Para el siglo VII son pocos los restos arqueológicos que permitan conocer el uso del barco de guerra en el mundo griego. Una vez más son las figuras geométricas la fuente, pero que curiosamente la gran mayoría representan galeras con tan solo una línea de bancos. Pero en general hay una gran diversidad de tipos, lo que demostraría que la birreme no hizo desaparecer a la galera con solo una línea de remos, y que tampoco había una estandarización de las naves. Del material que se tiene, hay representadas penteconteras, triaconteras, galeras de 20 remeros y birremes. Es probable que las penteconteras, así como el resto de naves de un solo banco fueran utilizadas más bien para carga, más que como un barco explícitamente para la guerra. En ellos se transportaría desde soldados, mercancías, así como a los colonos para fundar las nuevas ciudades.
Durante el siglo VII de forma paulatina se fueron produciendo pequeñas transformaciones y mejoras en las naves, de tal forma que los dibujos geométricos demuestran una vez  más que las bordas fueron reforzadas, sobresaliendo del casco y dando mayor protección a los remeros, quedando así los remeros más ocultos al exterior.
Otras novedades fueron la prolongación de la roda, que dejará de tener forma de cuerno de cordero para pasar a ser más corto y vertical, y de igual forma, el codaste  terminará en delgados palos, y normalmente rematado con un ornamento, que será uno de los sellos distintivos de los buques de guerra. En la ronda de proa también se produjeron cambios, se fortificó y se convirtió en la zona más alta de la nave, que permitía divisar la lejanía. Finalmente el espolón se le daría la forma de verraco.
Lo que estaba ocurriendo era una evolución de la nave, y que dará como resultado el trirreme en el siglo V a.C. Desde el surgimiento del espolón de proa, que convirtió al barco en una auténtica arma de guerra,  fue inevitable que se buscara mejorar los diseños de las naves con el fin de conseguir mayor velocidad, así como una mejor maniobrabilidad, elementos indispensable para poder hundir los barcos enemigos usando el espolón.

NOTAS
[1] Heródoto, 4.148.3
[2] Il. 15.704, 716-17; 15.729
[3] Il. 18.3
[4] TORR, C., (1964), pp 96 – 98
[5] LIONEL CASSON, (1971), p. 49
[6] LIONEL CASSON,
(1971), p. 55
[7] LIONEL CASSON,
(1971), p. 57

La bibliografía puede ser consultada aquí: El trirreme