La historia de ficción

El otro día podía leer en algunos medios de comunicación la publicación de una biografía sobre Ramón Franco, el hermano de Francisco Franco. Se titula Franco, el Republicano. La vida secreta de Ramón Franco, escrita por José María Zavala.

En la noticia recogida por 20 minutos, puesto que el libro aún no lo he podido leer, según se dice aparecen datos tan curiosos como que Francisco Franco perdió un testículo tras un disparo que recibió en 1916 en Marruecos, por aquel entonces bajo protectorado español en su parte norte. El caso es que, al parecer, la fuente, por la cual el escritor sabe esto, es gracias ni nada menos que a la nieta del urólogo de Franco. Una fuente de tan gran credibilidad como preguntar al vecino del primero, o al menos eso se desprende tras leer la noticia, puesto que, aunque el dato carece de importancia, espero que más que en el testimonio de una persona, que puede mentir como cualquier otra, se apoye en documentación médica, si es que esa documentación está al alcance del escritor para consultarla.

Y esto es tan solo un ejemplo de lo que muchos escritores de ficción, que no historiadores, intentan vender como verdadera historia. La historia es mucho más seria que un mero relato, o una diversión. Hay personas que se dedican profesionalmente a ella, y que deben trabajar e investigar mucho para desentrañar e interpretar el pasado, manteniendo siempre la objetividad sea cual sea la época que estudien.

La historia es una ciencia social, que no una ciencia exacta, pero como ciencia tiene una metodología, que se puede resumir en la observación del material que se tiene, a partir del cual de formulan hipótesis, y que deben ser corroboradas y argumentadas. Y ese material del que se parte son las fuentes, que pueden ser de muchos tipos, siendo éstas las que dan validez a una investigación. Y cualquier lector, por muy aficionado que sea, puede saber si una obra de investigación histórica es científica, observando tan solo si existe o no notas al pie de página. Puesto que normalmente son en esas notas donde se cita la fuente de donde se extrae la información, y que dejan ver al lector que no es una mera invención del escritor.

Por ello hay que ser crítico con lo que se lee en todo, y en particular cuando se leen obras de historia, puesto que es una materia muy fácil de manipular. Lamentablemente, en España, la mayor parte de los libros que se publican sobre historia tan solo tienen el objeto de vender, y de dar al lector lo que quiere leer y no una verdad que moralmente nos puede gustar o no.

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