La hominización II: el género Homo

En una entrada anterior, habíamos iniciado el largo recorrido evolutivo de nuestros posibles ancestros, realizando una concreta mención a las especies de los géneros Australopiteco y Parántropo. Este último, de acuerdo a la mayoría de las hipótesis, queda apartado de nuestra rama evolutiva y, por tanto, fue alguna de las especies de Australopiteco, quizás el africanus, el que habría dado lugar al género Homo. Son, ante todo, teorías, puesto que, como ya se señaló, todavía se desconoce el gran árbol de la evolución a ciencia cierta, es decir, la filiación –ancestros y descendientes– de las diversas especies.


En cualquier caso, ahora debemos centrarnos en el género Homo, el cual, de no hallarse pruebas que lo desmientan en el futuro, inició la fabricación de herramientas, lo que da comienzo a la primera de las etapas de la Prehistoria, el Paleolítico. No obstante, en el presente escrito no se hará amplia alusión a la cultura material, pues se profundizará en ella en otra ocasión.

Si los nuevos hallazgos no nos sorprenden repentinamente, la primera especie perteneciente al género Homo que pisó la Tierra fue el Homo habilis. Este surgió hace 2,4 millones de años –mucho antes de lo que tradicionalmente se pensaba– y quedó extinto hace 1,4. En cronología geológica, este surgió antes del Cuaternario, muy a finales del Terciario. Esta datación hace poner en tela de juicio, como ya ha sucedido con homínidos anteriores, que su aparición se deba a cambios climáticos que ocurrieron en la última etapa geológica, en la cual nos encontramos todavía. Sea como fuere, este primer Homo siguió estando, al igual que los homínidos anteriores, en un área muy concreta del planeta, el este y sur africanos.

Este Homo denota todavía ciertos rasgos simiescos como, por ejemplo, unos brazos más largos que los del actual humano y un moderado prognatismo en el rostro. Pero, por otra parte, el cráneo no presenta cresta, el toro supraorbital se ha reducido considerablemente y los caninos son mucho más pequeños. Se desconoce el dimorfismo sexual entre hombres y mujeres, ya que los restos que se poseen no permiten averiguar el género, aunque la altura estaría entre 1 y 1,35 m, y su peso sería de unos 32 Kg.

Lo más importante de este Homo es el aumento de la capacidad craneal, 680 cm cúbicos. No obstante, en el momento de su descubrimiento, en los años sesenta, se estimaba que esta debía ser de, al menos, 800 para integrarlo dentro del género Homo. Claro está, el dilema se encontraba en que sus rasgos físicos se asemejaban mucho más al de los hombres que al de parántropos y australopitecos, así que finalmente quedó integrado dentro del género Homo.

Además, este aparece asociado con industria lítica, por eso fue bautizado como habilis, habilidoso. Este habría sido, por tanto, el primero en realizar sus herramientas, aunque se comienza a poner en duda esta cuestión, puesto que otros homínidos anteriores aparecen asociado a instrumentos líticos. Si en principio se aludió simplemente a que estos habían sido coetáneos del habilis –es decir, las herramientas habrían sido realizadas por este último–, hoy en día algunas dataciones de los útiles –gracias a las nuevas técnicas de datación– demuestran que son anteriores a este. La cuestión, hoy por hoy, está abierta.

Si hemos dicho que los dientes de esta especie se habían reducido, todavía son demasiado grandes y sus mandíbulas más fuertes que los del hombre actual, así que se estima que este debía seguir siendo vegetariano, aunque con una amplia variedad de alimentos, pese a que se opina que los alimentos duros únicamente debían ser consumidos cuando no había acceso a otros. Por otra parte, algunos científicos consideran que posiblemente fuera omnívoro y consumiera también carne, ya que algunas marcas sobre hueso de animales, que se datan con la aparición de este Homo, parece que fueron hecho por este y, por el tamaño de los animales, habrían iniciado su caza.

Decíamos que el Homo habilis era el más antiguo que conocemos de este género, pero le sigue muy de cerca el Homo rudolfensis. Hasta el momento, vivió hace entre 1,9 y 1,8 m. a. –y en 2012 nuevos datos arrojaban prácticamente con certeza dos millones de años–. Habitó también en el este de África.

El Homo rudolfensis nos crea otro amplio problema, puesto que la cuestión que hoy se hacen los investigadores es si, en realidad, este es una especie diferente al Homo habilis o, por el contrario, ambos serían una misma especie que presentaría variaciones. Al menos hasta el día de hoy, la gran mayoría se inclinan por lo primero. Ambos son posibles candidatos, si es que uno no es ancestro del otro –algo que no parece factible por la propia cronología–, para pertenecer a nuestra rama evolutiva.

Existen muy pocos fósiles de esta especie para su estudio, de hecho únicamente se posee uno, aparecido en el lago Turkana, que es apropiado para poder sacar datos de una forma concienzuda. De este se ha podido destacar que posee una capacidad craneal de 775 cm cúbicos, superior a la del Homo habilis. Su cara, además, es más alargada, sus mandíbulas no son tan potentes como la del habilis, pero sus molares y premolares son más grandes. Debido a esto, ciertos investigadores prefieren establecer al Homo rudolfensis, así como al Homo habilis dentro del género Australopiteco, aunque más avanzados por su capacidad craneal.

En cuanto a su capacidad para realizar herramientas, no se poseen evidencias concienzudas, puesto que, como hemos dicho, podríamos pensar que fueron realizadas por el Homo habilis, aunque parecería extraño, por su capacidad craneal mayor, que no las hubiera creado el Homo rudolfensis.

El siguiente paso en la evolución es el Homo erectus y, claramente, parece imposible seguir afirmando que este proceda del Homo habilis, tal y como se venía creyendo, puesto que los recientes descubrimientos de fósiles pertenecientes a esta especie dan una cronología de 1,8 millones de años de antigüedad. Convivió, por tanto, con el Homo rusolfensis en sus orígenes y, especialmente, con el Homo habilis. Del mismo modo, con los parántropos y varios australopitecos. Este desapareció hace 143.000 años, una larga vida que le hizo también habitar, en sus últimos momentos, junto con el Homo sapiens y posiblemente el Homo floresiensis en Indonesia. En cualquier caso, el Homo erectus parece el ancestro del Homo heildebergensis y del Homo sapiens. Se considera que posiblemente su ancestro podría ser el Australopiteco africano.

En cuanto a sus características anatómicas, es el primero de los Homo que posee ya unas características totalmente humanas, a diferencia de los anteriores que seguían compartiendo rasgos simiescos. Debemos destacar que las proporciones de brazos y piernas con respecto al tronco son ya muy similares a las nuestras. Piernas largas y brazos mucho más cortos que quedan muy por encima de la rodilla. Por tanto, este, sin duda, había perdido totalmente su capacidad de escalar a los árboles, mejor dicho, de vivir en ellos, y realizaba toda su vida en el suelo. Como su nombre indica, este andaba de una forma totalmente erguida y esto le facilitaba andar grandes distancias. Su rostro es mucho más pequeño que el cráneo, el cual posee una capacidad que se aleja de los anteriores, de 1.100 a 1.200 cm cúbicos.

El periodo de crecimiento de los individuos se asemejaba al de los grandes simios, en cualquier caso, más próximo a nuestro periodo de maduración. Además, el grupo parece que cuidaba de los miembros más débiles o viejos de la comunidad. Su capacidad de construir herramientas es manifiesta, no solo sencillas como los anteriores, sino mucho más elaboraras, pues construía bifaces, una de las primeras grandes innovaciones dentro del utillaje lítico. Este además se adaptó a climas variados puesto que se encuentra en amplias zonas de la Tierra, en las cuales las opciones de alimentación eran variadas.

Debemos destacar también que es el primer Homo que encontramos fuera de África. Este aparece, además de en este continente, disperso por Asia y, no con seguridad, en Europa, en donde, de nuevo, se pone en duda su expansión como veremos más adelante.

Ciertos expertos, por las variaciones que existen dentro de los individuos encontrados de Homo erectus, han considerado que se trata de dos especies distintas, aunque próximas: en África, el Homo ergaster, y, en Asia, el Homo erectus sensu stricto. La principal diferencia que se expone es la talla y peso entre unos y otros. En términos medios, la altura del erectus se encuentra entre 1,45 y 1,85 m y su peso entre 40 y 68 kg. Parece denotarse que los individuos africanos tienen un cuerpo mayor que los africanos, de ahí que algunos los consideren especies distintas. En cualquier caso, la gran mayoría se inclina por considerar una única especie, puesto que las amplias diferencias de tamaño no son suficientes. Al fin y al cabo, esas mismas diferencias entre los hombres modernos no implican una clasificación en diversas especies.

Otra cuestión del Homo erectus es cómo llegó desde África a Asia, misma pregunta que nos plantearemos para el Homo sapiens más adelante, aunque podemos decir, en términos generales, que existen dos grandes escuelas que explicarían esto. La mayoría de los especialistas, basándose en el registro fósil, están de acuerdo en que tanto el Homo erectus como el Homo sapiens poseen un origen africano. Más tarde, desde África, estas dos especies emigraron a otros continentes. Esta escuela, por tanto, defiende la sustitución de poblaciones, es decir, desde un lugar originario, una especie se extiende y, aunque matizando esto, ocupa el espacio que hasta entonces había poblado otra. La segunda escuela, en cambio, defiende la continuidad regional. Estos creen que en un momento dado una de las especies de la rama que dio lugar al Homo sapiens y también al Homo erectus –al menos cuando se creía que el último era ancestro del primero– salió de África, pobló Asia y Europa, y en los tres continentes, a un mismo tiempo, se produjo la evolución hasta llegar al Homo sapiens.

En cualquier caso, las evidencias parecen corroborar la teoría o teorías que se basan en migraciones desde África. Volviendo a la cuestión del Homo erectus, parece que había partido hace 1,8 millones de años de África, puesto que lo encontramos en yacimientos, entre otros, como Dmanisi (Georgia) y Yuanmou (China) hace 1,7 m.a. Grupos de Homo erectus habrían atravesado la península del Sinaí y, en el Cercano Oriente, unos van a Europa y otras a Asia. Europa, en cualquier caso, parece que está puesta en duda por la comunidad científica, puesto que en realidad no se han encontrado rastro de este Homo, al menos sin que existan dudas para clasificar los fósiles como tales. Los dos yacimientos en donde se localizó restos de Homo fueron Ceprano (en el centro de Italia), con una antigüedad de 900.000 años y en la cueva Victoria, en Murcia (España), con un millón de años de antigüedad. Estos restos fueron identificados en origen como Homo erectus. De ser así, parecía extraño que los restos aparecieran en el centro o sur de dos penínsulas y no en el resto del continente por donde deberían haber pasado para llegar a estas si procedían del Próximo Oriente. De esta forma, se formuló la hipótesis de que la península del Sinaí no había sido la única ruta para abandonar África, también se habría hecho a través del estrecho de Gibraltar y desde el actual Túnez a Sicilia. Claramente, otros dudan que estos hubieran sido capaces de practicar la navegación, aunque hubiera sido a la deriva.

Esta última teoría parece que va quedando desmontada, puesto que los restos tanto del yacimiento murciano e italiano ya no se consideran como Homo erectus. Es más, algunos llegaron a considerar a los hombres de Ceprano como Homo cepranensis, es decir, una nueva especie.

Los datos de Atapuerca vienen también a confundir más, al menos alguna de las interpretaciones que dan sus principales investigadores. Tras multitud de campañas se han descubierto dos especies de Homo. El más antiguo y desconocido en otros lugares es el Homo antecessor, el cual se considera que proviene del Homo erectus, pero Arsuaga y los investigadores del yacimiento consideran que este provino de Europa por la vía tradicional, es decir, desde los Pirineos, y su datación es de hace 780.000 años. Existe otro nivel de ocupación del yacimiento, en torno a 400.000 años de un Homo que ha sido identificado como Homo heildebergensis –el primer fósil de esta especie se localizó en Alemania–. No obstante, el Homo antecessor es considerado por parte de la comunidad científica como Homo heildebergensis, así como los fósiles de Ceprano. Esto indicaría que, hasta el momento, no se tendrías evidencias confirmadas ni de Homo erectus en Europa.

Por otra parte, Atapuerca arrojó en 2008 los restos de un Homo que fue asociado al Homo antecessor, que han sido datados en 1,2 años, pero que al parecer presenta diferencias con este. Parece que se aproxima a las características del Homo erectus de Dmasini y al de los yacimientos africanos. En cualquier caso, hoy por hoy no existe ninguna confirmación, y no faltan los que se inclinan a considerarlo Homo heildebergensis.

El Homo heildebergensis vivió hace entre 700.000 y 200.000 años –aunque podría datarse hasta en 1,3 millones de años si se considera que los restos de Atapuerca son en realidad heildebergensis–, el cual se encuentra bien documentado en Europa y posiblemente pudo vivir también en Asia y en el este y sur de África.

Poseía una larga frente y un rostro más plano que otras especies de Homo anteriores. Es el primer Homo adaptado a vivir en unas condiciones mucho más frías. Parece que su ancho y corto tronco va encaminado, precisamente, a guardar el calor corporal. La altura media de estos era muy parecida a las actuales, 1,75 para hombres y 1,57 para mujeres y unos pesos de 62 y 51 kg respectivamente. Actualmente está por confirmar si existía una amplia variedad de rasgos físicos y de comportamiento de acuerdo a cada región en los que estos vivieron.

Estos era capaces de controlar el fuego, es decir, de crearlo, calentarse y ahuyentar a los depredadores. Debieron de refugiarse, como antaño, en abrigos naturales y cuevas, pero también debieron ser capaces de construir refugios simples. Si no se corroboran las hipótesis sobre la caza antes expuestas, este Homo fue el primero en cazar grandes animales: ciervos, caballos, elefantes, hipopótamos, rinocerontes, cuyos restos aparecen asociados en los estratos donde aparecen los fósiles de este Homo.

Además de esto, parece que fue también el primero en realizar rituales relacionados con la muerta tal y como muestra Atapuerca. Allí han aparecido, en la Sima de los Huesos, treinta individuos que de forma deliberada fueron depositados en este pozo. En este, además, ha aparecido un único bifaz, simétrico y bien trabajado, que podría ser algún tipo de ofrenda.

Otra especie, que es la más cercana a la nuestra, es el Homo neanderthalensis –de hecho, durante un tiempo se le nombró como Homo sapiens neanderthalensis–. Este no es nuestro antecesor, pero tanto el hombre moderno u Homo sapiens sapiens comparte con este un pariente común, hasta ahora desconocido, el cual habría vivido hace entre 500.000 y 200.000 años. La antigüedad es muy similar a la del Homo sapiens, unos 200.000 años, aunque desapareció hace 28.000 años. Esto hace que convivieran con el ser humano, al menos de forma conjunta una vez que el hombre moderno llegó a Europa hace 35.000 años. El neandertal vivió en Europa y en sureste de Asia. Los restos de África son muy escasos y según los estudios genéticos parece que presenta un cruce con otras especies, sin que esto se pueda confirmar.

Algunos han considerado que este Homo es un retroceso de acuerdo a sus rasgos físicos, puesto que era más bajo que el Homo erectus y tenía una osamenta gruesa, sus brazos son extremadamente largos, las piernas aparecen encorvadas, las fosas nasales son grandes, la frente es huidiza, ausencia de mentón, bóveda craneana aplanada en la parte superior, posee moño occipital, pero su capacidad craneal es superior a la de los humanos actuales. Ciertos científicos venían a explicar que muchos cambios que parecen un retroceso debían ser una manera de adaptarse a un clima más frio.

Pese a todo, los neandertales hicieron herramientas mucho más sofisticadas, controlaron el fuego, vivieron en abrigos e hicieron y vistieron ropas. Eran habilidosos cazadores de grandes animales, pues la carne fue su alimento fundamental, aunque también comieron diversas plantas e, incluso, exploraron las posibilidades marinas para la alimentación, al menos los grupos que vivieron en zonas costeras. Tuvieron, también, capacidad simbólica, como demuestra objetos decorados y, hoy en día, se propone que algunas de las representaciones rupestres más antiguas probablemente pertenecieron a estos. Enterraron a sus muertos de forma deliberada y realizaban ofrendas a estos. Su vida debió ser muy parecida a la de los primeros Homo sapiens.

La gran duda es cómo con esa capacidad mental y de adaptación acabó extinto. Algunos consideran que, con llegada del Homo sapiens a Europa hace 35.000 años, hubo una lucha entre estos, o que la propia presión cultural acabó con ellos. Otra teoría más aceptada es que los hombres neandertales pasaran la mayor parte del tiempo fuera del grupo cazando y, por tanto, eran los primeros en alimentarse. Cuando las presas escasearon, únicamente los hombres se alimentaban y las hembras y los niños quedaron sin sustento. Al final, los neandertales quedaron sin capacidad de procreación. Pero, al fin de cuentas, esta es una hipótesis que no se puede confirmar porque no sabemos cómo vivían.

Una de las últimas novedades que han salido a la luz ha sido el Homo floresiensis, que pese a que los restos de estos ya habían sido descubiertos hace años, la teoría de esta especie había quedado prácticamente oculta hasta ahora. Este ha sido, por el momento, encontrado en Indonesia, en la Isla de Flores, y ha sido bautizado como Hobbit, debido a su estatura, de tan solo un metro. Vivió hace entre 95.000 y 17.000 años.

Tenía dientes muy largos para su estatura, sin apenas mentón, frente huidiza y grandes pies. Pese a todo, este realizó sus propias herramientas, uso el fuego y cazó animales como los pequeños elefantes de la zona.

Se han buscado respuesta a esta pequeña estatura, que parece más bien un retroceso. Algunos científicos han expuesto las mismas teorías que se dan para otros animales de la isla que presenta también estaturas más reducidas que sus parientes del continente, como el ya mencionado elefante Stegodon. Estos, al parecer, reducen su tamaño como adaptación ante la insolación que recibe la isla. Pero, de nuevo, no todos secundan la teoría, puesto que otras hipótesis afirman que cuando el Homo floresiensis llegó a la isla ya poseería este tamaño.

En principio, se consideró también que posiblemente este fuera un Homo sapiens con alguna alteración en el crecimiento, pero finalmente este ha sido clasificado en la taxonomía como una especie de Homo distinta. Su relación con otras especies anteriores es confusa como en cualquiera de las especies Homo. En cualquier caso, el Homo erectus es hoy en día el candidato más cercano a la rama de la evolución del floresiensis, puesto que los yacimientos asiáticos, como hemos dicho, muestran individuos con un tamaño menor que los africanos. En cualquier caso, es únicamente una hipótesis, y existen muchas dudas que serán respondidas en los próximos años.

Finalmente, debemos hacer alusión a nosotros mismos, al Homo sapiens. Este surgió en África hace 200.000 años, momento en el que se estaban produciendo grandes cambios climáticos, pero su capacidad de adaptación le permitió sobrevivir a estos y a los que vinieron más adelante. Anatómicamente hablando, presentamos un esqueleto mucho más ligero que los Homo anteriormente vistos, con grandes cerebros y una capacidad craneal media de 1.300 cm. cúbicos. Nuestro rostro también es distinto, frente vertical y plana, cara menos rígida y un prognatismo menor, al igual que dientes más pequeños y mandíbulas menos desarrolladas.

Muy posible nuestro ancestro sea el Homo heildebergensis, que a su vez debió serlo también de los neandertales.

En cuanto al poblamiento del planeta, de forma resumida, podemos decir que si hasta hace poco la península del Sinaí parecía la única forma para salir de África, podemos considerar ahora que el Homo sapiens tuvo ya la capacidad para lanzarse al mar, aunque fuera únicamente siguiendo corrientes, de tal forma que lograría cruzar el estrecho de Gibraltar. Como afirman algunos científicos, el ser humano, curioso por naturaleza, observó desde la orilla africana del estrecho las tierras que había al otro lado. Sea como fuere, pobló Asia y Europa. Más tarde, gracias al casquete polar de una de las glaciaciones que tuvieron lugar –el cual unió América, Europa y Asia–, los hombres fueron capaces de cruzar el océano y llegar a América, la cual quedó también poblada por el Homo sapiens.

 

Tema anterior: La hominización I: primates fósiles, Australopitecos y Parántropos.

 

BIBLIOGRAFÍA

Como se ha dicho, la bibliografía es abundante, pero al final queda desfasada. En cualquier caso, por ser obras de carácter general, cabe destacar:

ARSUAGA y otros (1998): La especie elegida. La larga marcha de la evolución humana, Colección Temas de hoy, Madrid

ARSUAGA, J.L. y MARTÍNEZ, I. (2005): Atapuerca y la evolución humana, Fundació Caixa Catalunya, Barcelona

STRINGER, C. y ANDREWS, P. (2005): La evolución humana, Ariel, Madrid

TURBON, D. (2006): La evolución humana, Ariel, Barcelona

Una buena página para ampliar la información y mantenerse al día de las novedades es la que mantiene el Museo Smithsonian, la cual lleva por nombre What does it mean to be human?, en concreto la sección en donde se exponen todos los homínidos