La nueva derecha autoritaria

Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, los partidos de la derecha autoritaria prácticamente desaparecieron como consecuencia del triunfo de las potencias democráticas en el Occidente europeo, mientras que en los Estados del Este de Europa, en los cuales se establecieron regímenes comunistas, dichos grupos fueron perseguidos y disueltos al igual que el resto de partidos políticos.

No obstante, no pasaron muchos años para que, de nuevo, comenzaran a surgir organizaciones, movimientos y partidos de esta índole, tanto de corte fascista, derecha radical y derecha conservadora, que han venido apareciendo y desapareciendo hasta el momento actual. Ninguno de ellos, a excepción de algunos de la derecha autoritaria conservadora, ha conseguido un amplio apoyo.

En la actualidad, los grupos de extrema derecha superan con creces el número de los que existieron en los años en que hubo un ascenso de estas ideologías. Son grupos, en cualquier caso, muy reducidos y con un escaso seguimiento –de hecho, son más bien grupúsculos, especialmente los de corte neofascista- y con frecuencia se producen rupturas y escisiones dentro de estos, algo que suele ser típico en los grupos extremistas, ya sean de derecha o de izquierda.

Cuando hablábamos de la ultraderecha de los años de Entreguerras, a la que algunos autores han llamado derecha ultranacionalista autoritaria, en donde se podían diferenciar tres vertientes, que acaban de ser mencionadas unos párrafos arriba, decíamos que era muy común calificar a todos estos movimientos bajo la denominación única de fascismo, al igual que en la actualidad se tiende a englobar bajo el término neofascismo a toda la extrema derecha. En cualquier caso, en este texto realizaremos la división antes mencionada, y dejaremos la denominación neofascismo para designar a un nuevo tipo de autoritarismo que bebe del fascismo clásico y que presenta unas características muy determinadas.

 

Causas del resurgimiento y características generales

Las causas de este resurgimiento, que se produjo primeramente en los países en donde imperaban regímenes democráticos, son muy variadas y tienen que ver con unas circunstancias muy diferentes a las de los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Como sucede a menudo, en cada uno de los países existieron y existen causas concretas, pero a nivel general podemos dar tres: la Guerra Fría, la inmigración desde el Tercer Mundo y las crisis económicas que se han producido desde mediados del siglo XX. Estas causas, especialmente las dos últimas, sirven como base para la creación de una nueva ideología muy diferente a la tradicional de estos movimientos.

En un primer momento, fue la Guerra Fría la que dio impulso a los partidos de la derecha autoritaria. Estos, como en los años anteriores, se seguían caracterizando por su anticomunismo y, por tanto, encontraban su razón de ser en un sistema de bloques, en donde el terror al comunismo era profundo entre los Gobiernos y habitantes del mundo occidental. De esta manera, muchos de ellos gozaron de cierta simpatía. Estos y los partidos parlamentarios más moderados o conservadores –en general el centro-derecha- se blindaron una cierta simpatía recíproca, a veces incluso alianzas, respecto a este punto en concreto. Así, por ejemplo, el Ku Klux Klan y la John Bierch Society apoyaron el Mckartysmo en los Estados Unidos.

En cierta medida, en este aspecto se trata de una continuación de las negaciones: anticomunismo, antimarxismo y antisocialismo. Como antaño, más allá del peligro que la URSS suponía, exaltaban el ficticio peligro de supuestas conspiraciones judeo-masónicas comunistas. En la actualidad, una vez que la Guerra Fría finalizó con la caída del bloque comunista, el discurso ha quedado sin lógica y relegado a un segundo plano o, en su caso, se ha transformado en un ataque al conjunto de la izquierda o a los principales partidos de los sistemas parlamentarios. También, desde principios del siglo XXI, el discurso anticomunista ha sido sustituido por el del peligro del fundamentalismo islámico.

Al anticomunismo se le sumó más tarde una segunda causa que impregnó de contenido a estos movimientos de derecha. Se trataba de la inmigración desde el Tercer Mundo que todavía sigue siendo un fenómeno de gran envergadura en la actualidad. No hace falta decir que en unos movimientos ultranacionalistas, cualquier elemento que venga a distorsionar la cultura del país es rechazado. Al igual que el fascismo de los años treinta, la identidad nacional es de gran importancia para estos grupos o partidos. Presentan una visión superior y heroica de la nación, lo que justifica la supuesta contaminación de los inmigrantes. Se trata más bien de un carácter racista, puesto que se realiza una clasificación entre el extranjero europeo o, mejor dicho, occidental, y el inmigrante –que se encuentra en una situación de probreza- proveniente del Tercer Mundo. A estos, en un discurso demagógico y simplista, se les acusa de diversas situaciones: de la inseguridad ciudadana, de la drogadicción, el SIDA o incluso de la homosexualidad.

Finalmente, un tercer elemento son las continuas crisis económicas y un paro estructural del capitalismo, incapaz de generar empleo. Así, estos partidos encuentran en este un argumento de rechazo total o parcial al sistema democrático y económico, el cual también es enlazado con una idea simplista por la cual se acusa a la inmigración de la falta de empleo o a la democracia. Así, se dan una serie de mensajes que resultan atractivos para la población y que van encaminados a milagrosas salidas de la crisis como la expulsión de los inmigrantes. Otros tantos se oponen al sistema capitalista, pero sin dar una alternativa.

Del mismo modo usan la corrupción de los partidos políticos gobernantes, así como el alejamiento de estos de la sociedad, como elemento de rechazo de la democracia –cuando en realidad el problema principal es una carencia de la misma- en pro de un sistema más autoritario.

En general, estas con las características comunes de los grupos de la extrema derecha, aunque existen amplias diferencias entre los más moderados y el neofascismo.

La derecha autoritaria conservadora en realidad presenta unas posiciones que las acercan más al centro-derecha del espectro político. Estos partidos se caracterizan por proponer ciertas restricciones individuales –a veces relaciones con los valores cristianos- y la creación de gobiernos nacionales con un mayor grado de autoridad. Ante todo, critican a la inmigración y pretenden la regulación de la misma. No propugnan revoluciones, es decir, cambios en la estructura social. Funcionan dentro de la esfera del parlamentarismo liberal y son los grupos que han obtenido mayores resultados electorales como veremos más adelante. De hecho, parece que los grupos que han sido más radicales en el pasado únicamente han conseguido mayores apoyos en el momento en que han tendido hacia la moderación.

Por su parte, la derecha radical es mucho más autoritaria y difícilmente pueden jugar dentro de las democracias representativas, aunque como hemos dicho en el párrafo anterior, estos suelen acabar por convertirse en una derecha autoritaria conservadora.

En cuanto a los grupos neofascistas, estos son muy diversos y prácticamente no poseen capacidad de atracción. En general, su carácter nacionalista se entremezcla con una especie de eurofascismo, entendido este como una Europa aria libre de los inmigrantes provenientes de fuera, aspecto que no había sido contemplado por el fascismo tradicional. Esto tampoco significa que estén de acuerdo con la Unión Europea en el caso europeo –la salida de esta suele ser un rasgo común-, pero se ha observado que tanto los neofascista como la derecha radical y conservadora autoritaria suelen organizar encuentros internacionales entre partidos de corte parecido. Han existido diversas internacionales neofascista, pero sin que exista un peso significativo de las mismas: Movimiento Social Europeo, el Nuevo Orden Europeo, Joven Europa, Unión Mundial de Nacional Socialistas, Alianza Mundial de Nacional Revolucionarios.

Las agrupaciones neofascistas suelen tener una cúpula que se encarga de la teorización, puesto que parecen mostrar mayor importancia por esta que sus predecesores. En muchas ocasiones, sus teóricos se encuentran al margen de estas organizaciones. No obstante, irracionalismo y vitalismo siguen estando vivo en las bases de estos reducidos grupos –en su mayoría jóvenes-, en donde el terrorismo y la violencia suele ser la herramienta fundamental debido a la extrema debilidad para poder obtener algún resultado electoral. En muchas ocasiones no tienen ni siquiera un aparato político real. Exceptuando un terrorismo más o menos organizado, muchas asociaciones neofascistas tienen más bien una violencia callejera dirigida hacia inmigrantes o marginados sociales.

Entre los grupos neofascista se puede realizar una tipología variada. Muchas veces se trata de grupos con unas características propias, un neofascismo genuino surgido en el propio país, pero muchos grupos neofascistas son más bien directamente neonazis, de tal forma que existe una corriente basada en el nacionalsocialismo alemán y trasladada a otros países, en donde se entremezcla con el ultranacionalismo propio. Suelen presentarse como nacional revolucionarios y predican una nueva comunidad nacional. Económicamente pretende la creación de empresas individuales libres, grupos autónomos de productores-cooperativistas y la nacionalización de las principales empresas para ponerlas al servicio público. Abogan por la importancia de la familia, el municipio y los sindicatos nacionales. El neonazismo suele estar vinculado muchas veces con la estética skinhead –aunque, en realidad, el origen del movimiento skinhead poco tenía que ver con la vinculación ideológica neonazi- , que se corresponde con una estética muy concreta que tiende a lo militar. Es común que los grupos neofascistas o la derecha radical muestren una estética teatral como la que caracterizó al fascismo, especialmente por medio del uso de uniforme o prenda que identifique a todos sus miembros.

 

Alemania

Uno de los países que más se preocupó por la extrema derecha fue la República Federal de Alemania, en donde se realizaron estudios entre la población acerca del apoyo potencial de esta hacia grupos de tendencia nazi. Se observó en estas estadísticas como el número de personas que simpatizaban con el nazismo bajaba progresivamente. En 1956 tan solo era de un 3% de la población. Pese a todo, esto no implica que ya en 1948 existieran cuatro organizaciones que apoyaban una política ultranacionalista, que pasaron a ser nada menos que doce en 1951, en donde destacó el Partido Socialista del Reich (SRP). Este se movía entre la derecha radical y el neonazismo, lo que hizo que fuera disuelto por las autoridades en el 1952.

La disolución de este último llevó a la aparición de una multitud de grupúsculos, pero volvieron a tomar fuerza dos partidos, que podemos clasificar dentro de la derecha radical: el Partido Nacional Democrático (NPD) y el Partido del Reich Alemán (DRP). El primero consiguió representación parlamentaria, aunque insuficiente para formar grupo parlamentario propio en 1959. Más tarde fue el Partido Republicano el que mayor temor causo a las autoridades, el cual consiguió cierta relevancia a nivel local a finales de los ochenta, aunque según su discurso, en donde solicitaban únicamente un mayor autoritarismo y medias contra las minorías étnicas y marginados, puede ser clasificado más bien como derecha autoritaria conservadora.

Durante los ochenta y los noventa, las actividades neonazis aumentaron con la formación de hasta veinte grupúsculos, muchos de ellos bajo el movimiento skinhead, que protagonizaron actividades violentas. El problema se incrementó en la zona oriental una vez unificada Alemania. Destacó por aquel entonces el Partido Obrero Libre Alemán. No obstante, ninguno de los grupos de los años ochenta y noventa consiguió ningún éxito electoral.

En la actualidad, desde que entramos en el siglo XXI, Alemania se viene planteándo la ilegalización del NPD, que posee ciertos tintes neonazis. Se trata del único de los muchos partidos o grupos de esta tendencia que tiene cierta relevancia en la actualidad. También en los últimos años han sido detenidos y desarticulados diversos grupos neonazis por sus acciones violentos y terroristas.

 

Italia

La extrema derecha ha gozado de una mayor difusión en Italia. Uno de los motivos es que tras la guerra los Gobiernos no hicieron un amplio esfuerzo por llevar a cabo una defascistización, como se hizo en Alemania, aunque también este proceso en el país germano fue llevado a cabo por las potencias que ocuparon el territorio.

El neofascismo italiano y otras tendencias de la derecha autoritaria se han sentido en cierta manera legitimados al considerar que en sí el fascismo no había sido perjudicial, sino que lo había sido al caer en manos del nacionalsocialismo. También hubo una cierta continuidad institucional entre la Italia fascista y la democrática.

Por otra parte, hubo una fuerte teorización del fascismo por parte de Julio Evola. Sus escritos dejan ver claramente que no se trata de un fascismo como el de Mussolini, sino que es algo nuevo. Este creía en un nuevo orden, en donde Italia debía ocupar el papel protagonista. Nunca se llegó a afiliar a ningún partido o grupo, pero sí que fue la inspiración para grupos de derecha radical y neofascistas.

Sea como fuere, se observa bien en el país una diferencia entre el neofascismo y la derecha autoritaria conservadora. En cuanto terminó la Segunda Guerra Mundial se crearon los Fasci d’Azione Rivoluzionaria, un grupo reducido y clandestino, que usó el terrorismo como arma hasta que desapareció en 1951. Por su parte, el Uomo Qualunque (Hombre Cualquiera), que también apareció al final de la guerra, tenía un carácter de movimiento autoritario populista de derecha moderada, logró un 5% de los votos a la Asamblea Constituyente de 1946 y se disolvió poco después.

En los cincuenta surgió una fuerza política mayor, el Movimiento Social Italiano (MSI), que únicamente tenía como herramienta la participación en las elecciones cumpliendo con la legalidad. No se reafirmaban en el fascismo histórico, sino que tenían una posición más moderada, por lo que se considera también una derecha autoritaria conservadora, aunque tuvo relaciones con grupos de derecha radical y neofascista. Se caracterizaba por un nacionalismo fuerte, el apoyo al catolicismo como religión del Estado y el corporativismo. En 1953 era el partido de ultraderecha más exitoso de Europa, con casi un 6% de los votos, obtenidos en su mayoría en el sur de Italia, al ser esta un área más conservadora. Mantuvo con fluctuaciones este resultado hasta la década de los noventa, gracias sobre todo al abandono de las relaciones con los grupos más radicales. De hecho, en la década de los sesenta, el grupo más derechista del MSI se escindió. En los setenta tuvo relaciones con los grupos conservadores de monárquicos y con el centro-derecha.

Del MSI salió el Ordine Nuovo en 1953, que se convirtió en un auténtico grupo neofascista. Todavía más radical fue otra escisión de este en la década de los sesenta: L’Avanguardia Nazionale, que sobrevivió poco tiempo como organización independiente.

La década de los sesenta y los ochenta fue un momento de gran violencia en Italia, aunque tanto el Ordine Nuovo y el MSI no participaron en ellas, sino que fueron pequeños grupos fascistas o incluso de neonazis, que se extendieron por Italia. Esta violencia no fue solo perpetrada por estos grupos, también por agrupaciones marxistas-leninistas en lo que se convirtió en una guerra abierta entre las posiciones políticas extremas. A ello debemos sumar las vinculaciones con la mafia y elementos subversivos del ejército y de la policía.

En la década de los noventa el MSI se unió a Alleanza Nacionale, en el que entraron democristianos de derecha y conservadores. Hubo una desvinculación del fascismo, pero no una condena expresa de la dictadura, considerándose a sí mismos como un partido nacionalista de derecha con la pretensión de un gobierno central más fuerte. De cualquier manera, la tendencia más moderada les permitió aliarse con Forza Italia y entrar en diferentes Gobiernos presididos por Silvio Berlusconi.

También en la década de los noventa se fundó Liga Norte, que se caracteriza, además de por el discurso típico de la extrema derecha, por la propuesta de desvincular el norte de Italia del Estado o en la creación de un Estado federal. Los buenos resultados en las elecciones le han llevado a tener una amplia representación, así como a la participación en el Gobierno de la mano también de Berlusconi.

Todavía existen otras formaciones más radicales en la actualidad, tales como la Llama Tricolor (Fiamma Tricolore) o La Derecha (La Destra), que suelen presentarse en las elecciones por medio de coaliciones. De hecho, gracias a una de estas, Alessandra Mussolini, nieta de Benito Mussolini, consiguió un escaño en el Parlamento europeo de 2004.

 

España

En España, tras la Segunda Guerra Mundial, se produjo una defascistización del régimen franquista con el fin de desvincularse del fascismo, al que se había acercado considerablemente durante la mencionada guerra –momento en el que Falange, claramente de tendencia fascista, logró mayor peso, pero que en realidad no había conseguido movilizar a las masas durante la Segunda República-, y que por intereses internacionales fue pasando a posiciones de derecha nacionalista autoritaria moderada.

No obstante, en ese proceso de alejamiento del fascismo, aparecieron en España grupos neofascistas que se oponían por la derecha al propio régimen, los cuales se incrementaron una vez muerto Franco, alguno de los cuales se presentaron a las elecciones de 1977, sin obtener representación. Únicamente consiguieron, al presentarse varias fuerzas de ultraderecha en coalición, un escaño en la persona de Blas Piñar en 1979. Posteriormente, perdieron fuerza.

Durante los ochenta y noventa surgieron grupos tanto de tendencia fascista, derecha autoritaria e incluso neonazis, que usaron en muchos casos el terrorismo en un momento en el que ETA también sembraba España de víctimas. Pese a todo, a diferencia que en Italia, el número de detenidos por terrorismo de derechas fue mucho mayor.

En la actualidad existen diversos partidos entre el autoritarismo conservador y la derecha radical como Plataforma per Catalunya, España 2000, Democracia Nacional, Derecha Navarra y Española y Alternativa Española. En algunos lugares han obtenido representación en algunos ayuntamientos.

 

Francia

Tras Italia, Francia ha sido uno de los países en donde la ultraderecha ha estado más presente. Después de 1945, surgieron algunos grupos neofascistas y de derecha radical, que propagaba el racismo social, aunque con una dimensión europeísta. En los años sesenta destacó la Organización del Ejército Secreto, compuesta por militares disidente, que fue duramente perseguida por el Gobierno. Pero más que por la acción violenta, la ultraderecha francesa se distingue por grupos doctrinarios, como la Nouvelle Droite (Nueva Derecha) de los años setenta y ochenta. Fue una organización elitista, jerárquica, anticomunista y antiigualitaria, pero que se aleja del misticismo y el idealismo.

Pierre Poujade organizó el primer movimiento populista de derecha autoritaria de Francia en los años cincuenta, al que siguió el Front National, de Le Pen, que se convirtió en una auténtica fuerza lectoral de los años ochenta. Se postulaba y se postula contra la inmigración, las minorías extranjeras, el crimen callejero, el desorden y el igualitarismo moderno. Su apoyo ha sido cambiante a lo largo de los años, y ha fluctuado de una treintena de escaños a no tener ninguno. Una de las mayores victorias vino cuando Jean-Marie Le Pen quedó en la segunda vuelta como candidato a presidente de la república en 2002. El partido, en la actualidad, ha recobrado fuerza de manos de la hija de este, Marine Le Pen, que consiguió también un buen resultado en las últimas elecciones presidenciales.

 

¿Un auge de la extrema derecha en el futuro?

En general, todos los países europeos han experimento en mayor o menor medida el surgimiento de una multitud de grupos de extrema derecha, incluso en países como Inglaterra. En cualquier caso, los ejemplos expuestos anteriormente vienen a mostrar que en muy pocos casos estos grupos han tenido una fuerza considerable. Pese a todo, parece que en la actual crisis económica hay un cierto auge de estos.

Una multitud de parlamentos nacionales poseen miembros de partidos de la extrema derecha. Austria ha sido uno de los casos más llamativos. En 1999 el Partido Liberal Austriaco (FPÖ) se convirtió en la segunda fuerza más votada en las elecciones generales, lo que le permitió formar parte del Gobierno, aunque más tarde este partido se dividió, y surgió la Unión por el Futuro (BZÖ), lo que no ha impedido que entre ambas tengan un 28% de los votos actualmente. En Suiza, el Partido Popular (SVP-UDC) obtuvo un 29% de los votos. En Holanda, el Partido de la Libertad consiguió en las últimas elecciones un 15%. Democratas de Suecia, Akata en Bulgaria, Vlaams Belang en Bélgica, Partido del Progreso en Noruega, Verdaderos Filandeses, Partido Popular Danés son otros tantos ejemplos de la entrada de estos partidos en parlamentos en mayor o menor medida. Uno de los casos más reciente ha sido Amanecer Dorado en Grecia, que obtuvo un 7% de los votos.

Pero ¿hasta qué punto es novedoso esto? Ya hemos visto como en Francia, Italia y Alemania, entre otros que no hemos mencionado, ya habían entrado en los parlamentos partidos de la derecha autoritaria conservadora, y en ciertos momentos habían obtenido un cierto éxito electoral poco después de la Segunda Guerra Mundial y antes de la crisis económica que se padece desde el 2008. Por tanto, aunque el fenómeno se dé actualmente en más países, no parece que estemos ante un nuevo fenómeno.

¿Seguirá aumentando el apoyo a los partidos de la derecha extrema? No se puede saber a ciencia cierta. Únicamente podemos observar el progreso de los partidos de extrema derecha desde mediados del siglo XX, en concreto de los que han conseguido representación parlamentaria: la gran mayoría han oscilado entre unos relativos buenos resultados y la incapacidad para conseguir representación. Otros tantos partidos, pese a obtener representación, se han escindido o disuelto poco después. Y algunos otros tienen un cierto estancamiento.

No parece, por otra parte, que la causa del aumento venga por el buen hacer de estos partidos, sino más bien por inmovilismo de los partidos tradicionales y unos sistemas democráticos que no dan cabida a la participación ciudadana. Por ello, el voto a la extrema derecha pueda ser un “voto de castigo” a los partidos que se turnan en los Gobiernos. Sus potenciales votantes, aunque siempre es difícil este estudio, suelen ser clases trabajadoras que se han desengañado con los partidos que supuestamente les representan, y que se han visto desarraigados por la actualidad coyuntura económica. Por su parte, las encuestas que recientemente se han realizado en Alemania muestran que en torno a un 30% de la población han arraigado ciertas ideas que propagan estos grupos, como el tema de la inmigración como causa del desempleo. Pero esto no viene a demostrar en realidad un acercamiento de la población al conjunto de ideas de estos partidos. De hecho, a excepción de Amanecer Dorado en Grecia, que se podría calificar como derecha radical con tintes neonazis, el resto de partidos que en los últimos años han conseguido representación electoral pertenecen a una derecha autoritaria, en donde parece que prima, ante todo, el discurso contra los inmigrantes.

Quizás el anteriormente mencionado Amanecer Dorado venga a contradecir lo que algunos expertos en la materia han considerado: el fascismo no ha vuelto a triunfar en ningún momento tras la Segunda Guerra Mundial. Ni tan siquiera en América Latina, en donde fueron frecuentes las dictaduras, se pueden observar signos claros de este –siempre y cuando no usemos el término fascista para englobar a toda la derecha autoritaria-.

Por tanto, se podría decir que el aumento o disminución del apoyo a los partidos autoritarios y nacionalistas únicamente vendrá determinado por la propia evolución económica y, sobre todo, por la capacidad de las movilizaciones ciudadanas para organizar alternativas políticas que permitan una regeneración o creación de democracias participativas y la modificación del sistema económico y social.

 

BIBLIOGRAFÍA

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FERNÁNDEZ GARCÍA, A. y RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, J.L. (1996): Fascismo y Neofascismo, Arco Libros, Madrid

PAYNE, S.G. (1995): “El neofascismo. ¿Un fascismo en nuestro futuro?”, en PAYNE, S.G.: Historia del fascismo, Planeta, Barcelona

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, J.L. (2004): La extrema derecha europea, Alianza, Madrid