La primera palabra – Christine Kenneally

Christine Kenneally, La primera palabra, Alianza Editorial, Madrid, 2009

¿Tienen lenguaje los animales? ¿Cómo ha evolucionado el lenguaje humano? ¿Crea el lenguaje el pensamiento? ¿Se necesitan palabras para tener lenguaje? Son alguna de las muchas preguntas que son respondidas a lo largo de La Primera palabra que, como indica su subtitulo, tiene como principal objetivo la búsqueda de los orígenes del lenguaje.

Como bien explica Christine Kenneally en la introducción de la obra, la intención de la misma es la de desmentir la creencia popular de una evolución del lenguaje que “comienza con el gruñido de alarma de un individuo con una cachiporra, atraviesa la fase del Mí Tarzán Tú Jane, y concluye finalmente con el epítome de la civilización: el monólogo de Hamlet recitado con dicción perfecta por Sir Laurence Olivier”. Así, el tema se ha convertido en lo poco que llevamos de siglo en un renovado campo de investigación.

Pero ¿de qué manera nos podemos remontar a los orígenes del lenguaje si no existe ningún tipo de evidencia del mismo antes de que este fuera puesto por escrito? Básicamente observando a los animales puesto que “lo más hermoso de comparar las mentes y las conductas de los humanos con las de otros animales que hacerlo ilumina un pasado tan lejano que es casi inimaginable”. De esta manera, a lo largo de la obra se citan numerosos experimentos e investigaciones, algunos de las cuales con resultados sorprendentes.

El libro está estructurado en cuatro bloques. El primero de ellos, titulado “El lenguaje no es un objeto”, la autora nos hace un recorrido sobre las teorías sobre el origen del lenguaje desde la Ilustración hasta la actualidad, haciendo hincapié en cuatro investigadores concretos, a los que dedica sendos capítulos: Noam Chomsky, Sue Savage-rumbaugh, Steven Pinker, Paul Bloom y Hplip Lieberman. Tras este primer bloque, se abre un segundo mucho más interesante –al menos para el que suscribe-, llamado “Si tienes lenguaje humano…”, en donde se analizan a lo largo de siete capítulos las características del lenguaje humano contrastándolo con los sonidos que emiten otros animales. Estos capítulos desarrollan  la idea de que el lenguaje es posterior y no previo al pensamiento. Se trata acerca de  las palabras y hasta qué punto podemos considerar algunos sonidos emitidos por animales como tales, los gestos que realizamos cuando hablamos, la capacidad vocal, la estructura del lenguaje, los descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro humano en la función del habla, así como, finalmente, la relación de la genética y el lenguaje.

En tercero de los bloques, titulado con la pregunta “¿Qué evoluciona?” se nos hace un breve repaso de la hominización –quizás de interés si requerimos de una síntesis actualizada y breve sobre la cuestión-, pero siempre bajo el punto de vista del lenguaje. Pero posiblemente más interés tenga el que trata acerca de la evolución de la cultura y, por tanto, la evolución del lenguaje desde sus inicios hasta el momento actual. Una cuestión todavía más importante: por qué evoluciona el lenguaje (o las cosas en general) no podía ser tampoco olvidada.

Y en tanto que todo ha evolucionado, parece evidente que este proceso no se ha estancado en el momento presente, y que el lenguaje seguirá su camino. Esta es la cuestión que se recoge en el cuarto y último de los bloques, aunque también dedica uno de los capítulos a la evolución del propio debate que se trata en el libro.

Si bien podría parecernos, a simple vista, una de esas obras, que interesante, poco atractivas de leer para los no versados en el tema, debo decir todo lo contrario, se trata de un libro explicado de forma clara y escrito para su divulgación. No se requiere ningún conocimiento previo para comprenderlo.  

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