Las crisis del siglo III

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Del 249 al 274 hubo tres momentos álgidos en la historia del imperio: del 249 al 253, del 258 al 260, y del 266 al 268. Cada uno de estos momentos está separado por periodos intermedios, en los que la situación imperial vuelve más o menos a estabilizarse. En estas crisis coincidirán tres fenómenos: las usurpaciones, como consecuencia de un descontento social y militar, que se inician de forma local, viéndose en esta práctica el relevo del poder en un sistema que no lo preveía, así como una forma de control contra el abuso del príncipe. Por otra parte están las invasiones en las fronteras imperiales, y las persecuciones de los cristianos en el interior del Imperio.
La causa de la persecución de los cristianos hay que buscarla en  presupuestos ideológicos. Los cristianos no aceptaban el cultum deorum, el do ut des, negándose a participar en él. El cristianismo exigía el abandono de la religión cívica, lo que implicaba faltar a la fides al Estado y a sus dioses, es decir faltar a la fides al emperador, primer oficiante de la religión como Pontifex Maximus. Era así una deslealtad política. En cuanto a los presupuestos políticos, implica que usurpaciones e invasiones era consecuencia de la ruptura de la pax deorum habiéndola de recuperar, por lo que había que implicar en ello a todos los súbditos, y ante la negativa de los cristianos, desató su persecución.
Las fuentes son Lactancio, que escribió de Mortibus persecutorum. Otra fuente es Eusebio de Cesarea, que es autor de la primera historia eclesiástica.

LA PRIMERA CRISIS

Esta primera crisis se inicia en el 249, y se prolonga hasta el 253 incluyendo el final de Filipo el Árabe, Decio y sus hijos Herennio y Hostilio; Treboniano Galo y su hijo Volusiano; y Emiliano.
El final de Filipo estuvo caracterizado por una multitud de usurpaciones, en las que destaca la de Pacatiano en Mesia. Filipo encomendó sofocar esta usurpación a un senador llamado Decio, que había sido gobernador de Mesia e Hispania Tarraconensis. Decio condujo la campaña y acabó con él, pero luego se reveló contra Filipo, al que derrotó en Verona causándole la muerte. Decio fue reconocido por el Senado, y adoptó el nombre de Trajano Decio, reflejando su intención de volver a la tradición. En esas circunstancias Decio hizo público su primer edicto de persecución de los cristianos en el 250, con el fin de obtener la benevolencia de los dioses. Ordenó remitir su edicto a todos las ciudades del imperio, aunque no se cumplió. Por tanto se convirtió en un censo religioso lo que solía ser sacrificios a los dioses normales, puestos que quienes no sacrificara sería eliminado. Cayeron obispos, incluso el de Roma, Antioquía, Jerusalén, y otros huyeron. En un segundo momento se repitió la orden y se encomendó a comisiones locales que acreditasen que los ciudadanos habían participado en la religión cívica, entregando a cada ciudadano un libellus. Muchos cristiano apostataron y otros, los más pudientes, mantuvieron su religión  mediante la compra de  los certificados.
Se veía a los cristianos como carentes de mos, sediciosos, su líder un mago, conspiradores, doctrinas repugnantes como la reencarnación y la resurrección de los cuerpos, y su fe les parecía algo demencial.
En el 250 los godos cruzan el Danubio, llegando hasta Tracia, estando en tierras del imperio durante un año. Decio realizó, junto con sus dos hijos, una campaña contra estos, en donde Decio desapareció, en el 251, extrañamente. El gobernador de Mesia, Treboriano Galo, negoció una paz con los godos, a cambio de un tributo, y se hizo proclamar emperador, obteniendo la confianza del Senado.
El periodo acabó en un una guerra civil, que enfrentó al gobernador de Mesia, Emiliano, con Treboniano, donde Emiliano resultó vencedor, pero el senador Valeriano, que era princeps senatus, fue proclamado emperador y reconocido por el Senado en el 253.
Del 253 y hasta el 257 es un periodo intermedio, un momento de intento de restablecer la unidad por parte de Valeriano, por los cambios institucionales y la organización de las fronteras del Imperio, agrupadas bajo mandos supraprovinciales.
Valeriano destaca por el respaldo de la aristocracia, y por llegar al poder sin una usurpación militar. Asocia a Galieno, su hijo, al poder, primero como Cesar y luego como Augusto, por lo que instaura un doble principado, con la intención de repartir tareas. Valeriano fijo su sede en Antioquía, en Oriente, y Galieno tuvo como objetivo la defensa del Rin, estableciendo su cuartel en Colonia, en la frontera del Imperio. Se tuvieron que realizar otras modificaciones, puesto que en África hay problemas con pueblos indígenas, que presionaban sobre el Imperio, pero no se sabe si se debe a revueltas y levantamientos de pueblos indígenas que habían sido desalojados de sus tierras, o si se trataba de migraciones del sur del Sahara, que pretendían imponer por la fuerza su admisión dentro de las ricas zonas agrícolas del Imperio romano. Se reforzó militarmente el norte de África y se nombro un dux sobre las provincias africanas. Y en Egipto se habla de dos correctores, por encima de un vicerector, pero no se conoce nada más.
Hubo una persecución de cristianos en el 257 por Valeriano. En ese año, sin que se conozcan las causas, envió una epístola a los gobernadores de las provincias con la orden de cerrar iglesias, y cualquier otro lugar de reunión. Se prohibía reunirse a los cristianos, dando muerte quien contraviniera la norma, y decidía el exilio o la muerte a los obispos que se negasen a sacrificar. Se establecía también que senadores y écuites cristianos fueran retirados de sus cargos confiscándose sus propiedades, y si persistían en su fe debían recibir la muerte.  Se extendió el castigo a los cristianos que trabajan en la domus  y oficinas imperiales, siendo enviados a trabajos forzados. Pretendía golpear, de esta forma, a la iglesia en sus estructuras y apoderarse de sus bienes. Se  presenta a los cristianos como enemigos del Estado, pero por otra parte, esto significaba que se reconocía la importancia que estaba teniendo el cristianismo.

LA SEGUNDA CRISIS

Los primeros hechos comienzan con una usurpación, en el 258, en Panonia, cuyo gobernador, Ingenuo, fue proclamado emperador. Galieno tuvo que abandonar Colonia para hacer frente a esta usurpación, dejando allí a su hijo como Cesar. Ese año se publico un segundo edicto de persecución contra los cristianos, al mismo tiempo que, con la ausencia de Galieno del Rin, los francos junto a los alamanes penetraron  en los Campos Decumanos, atacaron Rhetia, Germania Superior y las Galias, amenazando a Italia del norte, debiendo Galieno de trasladarse a Milán, que se convierte en sede imperial. Ello significa que la frontera se contrae a los Alpes. En cuarto lugar en el 260, “el año de todos los desastres” se produjo un ataque Godo dirigido contra Mesia y Tracia, y la Costa sur del Mar Negro, por lo que los godos entraban en Asia Menor. En esas circunstancias Valeriano envió a sus generales a defender los estrechos, lo que aprovecho Sapor para atacar a Valeriano en ese año. En la batalla de Edesa Valeriano fue derrotado y capturado por los persas, tomando  por segunda vez Antioquía.

Ante el vacío creado por la muerte de Valeriano, los ejércitos empezaron a nombrar a sus generales emperadores, que las fuentes antiguas los designan como los “Treinta tiranos”. En la Galia, invadida por francos y alamanes, Póstumo, gobernador de alguna de las Germanias, se hizo proclamar emperador, y se quedo en el Rin, presentándose como el defensor de la romanidad frente a los barbaros, en lo que se ha llamado el Imperium Galiarum, que controlaba la Bretaña, Hispania, Germania, las Galias y Rethia. Ese imperio se organiza como un duplicado del imperio romano, y hasta el 274 será una unidad autónoma.
Del 260 al 266 se produce el segundo periodo intermedio entre crisis. Comportó una cierta estabilidad sobre la base de la consolidación del Imperio galo, y la emergencia en Oriente de otro poder en Palmira, después de que un príncipe local, Odenato, consiguió hacer frente a los persas. Galieno renunció a poner fin al imperio de las Galias, puesto que estaba deteniendo las invasiones bárbaras. En Palmira se permitió que el príncipe de Palmira vigilara y custodiara las provincias de Oriente, a quien se le otorgo el titulo de corrector totius Orientis.
Palmira vivía del tráfico caravanero, con el Gofo Pérsico, y se había visto perjudicada por los persas al interrumpir el comercio. Los príncipes de Palmira habían organizado ejércitos privados para protegerse y suplir la incapacidad de Roma, a eso hay que unir la personalidad de Odenato, por lo que fue admitido en el Senado con rango consular, y se le dio autonomía en la defensa de Oriente. A Galiano solo le quedaba la zona central del imperio con sede en Milán.

LA TERCERA CRISIS

Del 266 al 268 se da la tercera crisis. Se produce una invasión de godos, que entraron en Mesia. Galiano, finalmente acabaría firmando una paz con estos, mientras su magister equitum, un tal Aureolo, que se había quedado en Milán, se paso en favor de Póstumo, el Augusto del Imperio de la Galia, en el 268. Galieno asedió Milán, pero fue asesinado por una conspiración en su propio Estado Mayor, y Claudio el Gótico le sucedió.
Mientras tanto, en Oriente, se produjo, en el 267, un relevo de poder en Palmira, donde la Odenato y su hijo fueron asesinados,  tomando el poder  Zenobia, madre de Odenato. Ello comportó un cambio hacia Roma, ya que se mostró autonomista y expansionista. Su hijo, Vabalato, se nombró emperador, consiguiendo crear un verdadero imperio con las provincias orientales.
A partir del 268-269 se habla de una cierta recuperación. El primer acto es la victoria de Claudio el Gótico frente a los godos, en Naïssus. Pero en el 270 murió de enfermedad, y fue sustituido por Aureliano (270-275) que era jefe del ejército del bajo Danubio. Consiguió superar esa división del Imperio en tres partes. En el 271 consiguió rechazar las invasiones de los yutungos en Italia, y ante el temor de que en algún momento llegaran a Roma, rodeó a esta con el llamado muro Aureliano. Se construyeron también en todas las ciudades de occidente murallas. Se tuvo que evacuar militarmente la Dacia del lado norte del Danubio, manteniendo solo los territorios  al sur del Danubio.
En Oriente, tras varias batallas en el 272, Aureliano consiguió recuperar el control de las provincias. Y en el 274, en Occidente, consiguió la dimisión de Tétrico, que en ese momento era el emperador de las Galias. Aureliano se podía presentar ahora como restituto orbis.
Aureliano realiza una reforma religiosa, aplicando supuestos prácticos desarrollados en años anteriores, introduciendo el Sol Invictus en el panteón romano, pero a diferencia que el Heliogabalo lo presentó como una manifestación visible de Júpiter. Esto permitía a Aureliano invocar la idea de unidad, idea del domino universal como el becario del Sol Invictus, por lo que el príncipe tenía un poder de origen divino, y los soldados solo eran un instrumento de la voluntad divina. Construyó un gran templo al Sol en el campo de Marte, y se crearon unos juegos en su honor.
Tras el asesinato de Aureliano, en el 275, comienza un periodo de epilogo de la crisis. Le sustituyó Tácito, un viejo senador elegido por el Senado. Tácito, pese a su edad, tuvo que ponerse al frente del ejército ante las continuas amenazas bárbaras, y pese a la victoria que obtuvo contra estos, los soldados acabaron asesinándole en el 276. Le sustituyó Probo, cuyos seis años de reinado los paso en una intensa actividad bélica, imponiendo a las tropas una férrea disciplina, lo que hizo que en el 282 fuera igualmente asesinado por sus propios soldados.
Probo fue sustituido por el prefecto del pretorio, Caro, que asoció rápidamente a sus dos hijos al poder: Carino y Numeriano, Se repitió, así, el colegio imperial de tres Augustos que se repartían el gobierno del Imperio. Carino quedó en Occidente, mientras Caro se dirigió junto con Numeriano a Oriente, donde se enfrentó contra los persas. Pero el avance del ejército  en el territorio persa fue interrumpido por la oscura muerte de Caro, y por el asesinado posteriormente de Numeriano por el  suegro de éste, también prefecto del pretorio. Diocleciano fue aclamado entonces emperador por las tropas en el 284, mientras Carino desde Occidente marcho contra Diocleciano. Carino acabó siendo asesinado  a mano de sus propios oficiales, y Diocleciano reconocido como único emperador.