Las Guerras Médicas

Las Guerras Médicas, junto con la Guerra del Peloponeso, son sin duda alguna los dos acontecimientos más conocidos de la historia de la Grecia Antigua, en donde dos Polis serán las protagonistas de estos acontecimientos: Atenas y Esparta.

Arranquemos, de este modo, con las Guerras Médicas, o lo que es lo mismo, la lucha de los griegos contra los persas. Sin embargo, cabe empezar este tema con una breve reseña del Imperio persa.

A comienzos del primer milenio existía en la zona del actual Irán el Estado persa, y junto con éste el Medo. Ambos inferiormente desarrollados al resto de imperios  próximo orientales. Sin embargo, en el 612, los medos conquistaron Asiria, dominando toda la zona oriental de Anatolia, así como la franja sirio-palestina.

La organización del Imperio Medo se preocupo poco por la centralización, lo que hizo que, en el siglo VI a.C, los persas se hagan con el poder.  Ciro II el Grande será el fundador del gran Imperio Persa, dominado por la familia Aqueménida.

Pese a que el dominio era persa, los griegos designaban a estos también como medos, de ahí el nombre que se dará a estas guerras: médicas.

El Imperio Persa recuperó la tradición asiria por la cual cada nuevo rey, que se sucedía en el trono, tenía la misión de engrandecer este Imperio. De esta manera se irá conquistando nuevos territorios como Sardes, Lidia, Babilonia y Egipto.

La conquista de Lidia llevó la frontera persa al mundo griego, es decir, a los griegos de Asia Menor, con cuyas ciudades firmaron tratados, y con los que se comportaron de una forma respetuosa. Se les permitió a dichas ciudades una cierta autonomía, o al menos en lo que se refería a la organización interior, aunque los persas siempre apoyaran o verán con mejores ojos aquellas ciudades gobernadas por oligarquías o directamente por tiranos. En muchas ocasiones, los propios persas apoyaran a tiranos a hacerse con el poder en sus ciudades.

Sin embargo, estas ciudades griegas debían pagar impuestos a los persas, lo que fue creándoles el sentimiento de ser prisioneros de un Imperio que cortaba la libertad que preconizaban los griegos.

Cuando Darío sube al trono, éste se ve en la necesidad, según la tradición,  de realizar nuevas conquistas, y en el 518 se produce la conquista de la isla de Samos, aunque se establecerá en ella al tirano Silosón.

Darío también llevaría una expedición en la que cruzó los estrechos que separan Asia y Europa, dominando el comercio del Norte de Grecia, donde se creó la satrapía de Tracia. Esto fue un duro golpe para los griegos de Asia Menor, que acabarían revelándose, especialmente porque el control persa de los estrechos acababa con el comercio proveniente del Mar Negro, de gran importancia para la economía de las ciudades jonias.

La ciudad de Mileto se convirtió en la cabeza de la rebelión jonia, una de las ciudades más afectadas por el cierre de los estrechos. Aristágoras, su tirano, la iniciará más bien por una causa personal.  Su  suegro Histieo estaba retenido en la corte de Darío, y de hecho el propio Aristágoras estaba gobernando en nombre de su suegro. Aristágoras renunció a la tiranía e impuso la fisonomía con el fin de convencer al pueblo y a las ciudades jonias de que apoyaran la rebelión.

Aristágoras emprendió un viaje entre el 500-499, o en el 499-498, por Grecia para recabar ayuda. En Esparta habla con los reyes pero no presentaran ayuda, puesto que están más preocupados por el inminente enfrentamiento con Argos. Por su parte, en   Atenas, tras consultarlo con la boule o consejo, y pasado a votación en la  Asamblea,  se le presta la ayuda de 20 naves. Mientras Eretria había enviado cinco naves. Una fuerza considerable para aquel momento.

Que Atenas prestara su ayuda y Esparta no, se debía en parte al propio sistema político. Mientras que en Esparta fueron los dos reyes quienes se negaron, en la Atenas democrática, la Asamblea fue mucho más convencible que los dos reyes, como apuntaban algunos autores clásicos.

Los griegos llegan hasta Sardes en el 498, principal centro persa de Anatolia, la cual es saqueada. Pero poco después estos son derrotados en Éfeso, y los atenienses abandonan la causa, mientras los jonios se atrincheraban en sus respectivas ciudades.

La osadía griega no iba a quedar impune, y Darío se vengará de las ciudades más destacadas en la sublevación. Después de que en el 494, la resistencia jonia fuera aniquilada en la batalla naval de la isla de Lade, Mileto es incendiada y esclavizada su población. La autoridad persa fue restablecida en la costa jonia y los estrechos.

Pero  para el Gran Rey esto no es suficiente, y necesita vengarse del apoyo prestado por Eretria y Atenas. Darío envió al general Datis y Artafernes en una campaña naval en el 490 (anteriormente, en el 492, una primera expedición tuvo que ser desechada al quedar destruida la flota persa por una tormenta) que recorrió el Egeo haciendo escala por todas las islas más importantes pidiendo vasallaje.  La gran mayoría de las Cícladas fueron sometidas.

Los persas llegaron hasta Eretria, la cual fue saqueada y su población echa esclava. Y desde allí llega a Maratón, en el Ática, donde desembarco el ejército persa. Los atenienses estaban preparados, con unos 9.000 hoplitas y pidieron ayuda a los lacedemonios, pero no llegaron a acudir. Las fuentes dicen que cuando estos llegaron, en la lejanía pudieron ver como los persas habían sido ya derrotados. Solo Platea les ayudó, y los atenienses, con Milciades como estratego, derrotaron a los persas, muriendo tan solo 192 atenienses, y más de 6000 persas. Si el número puede parecer desorbitante, realmente una buena estrategia ateniense perfectamente pudro lograr este resultado.

Un soldado llega hasta Atenas para avisar de la victoria. Los 42 km que recorrió este soldado serían los que actualmente se corren en un “maratón”. Fue una gran victoria moral, en la cual una ciudad con un régimen democrático había vencido, en solitario, a un gran Imperio.  Atenas, desde entonces, recordará este hecho hasta la saciedad, alegando, que ellos solos salvaron a todos los griegos.

Tras la victoria griega, Darío y sus ejércitos volvieron a casa, pero no sería el final de las Guerras Médicas.  Tras Maratón, Milciades, aún intentaría liberar las Cícladas, pero  en Paros fracaso, y a su  regreso a Atenas sería juzgado por engañar al pueblo ateniense, condenado a pagar una amplia multa.

En el año 483, y tras la muerte de Milciades,  Temístocles es elegido Arconte, momento en que se descubre en el Ática una beta de plata.  Éste propondrá construir con esa plata la primera flota pública ateniense y de hecho la primera flota pública entre todas las ciudades griegas. En épocas anteriores se reclutaban naves particulares.

La idea de Temístocles era ya antigua, pero la desaparición de Milciades permitió finalmente que se llevara a cabo.

Se construyeron trirremes, caracterizadas por con casco poco profundo y que no puede llevar mucho peso, pero son rápidas y maniobrables. Un trirreme necesita unos 200 remeros, que en su mayoría serán de la cuarta clase social.  Ello provocará la exigencia de mayor participación política de estos.

Se empezó  también a tener contactos entre las ciudades griegas para aliarse en contra de los persas, aunque las ciudades más septentrionales se pasaron a los persas o se mantuvieron neutrales.

Atenas fue, sin duda, la que mayor medidas tomo ante las amenaza persa, mientras el resto de ciudades volvieron a los conflictos habituales. Si bien los espartanos también calcularon que habría una guerra, pero creían que con soldados hoplitas se podrían defender.

Jerjes, sucesor de Darío empieza a preparar una campaña con 2 millones de soldados según Heródoto, aunque se calcula que eran unos 150.000 individuos. Los preparativos fueron minuciosamente planeados con el fin de alcanzar la victoria sobre los griegos.

En el 480 los persas están listos para comenzar la campaña, y Jerjes atraviesa el Helesponto mediante barcas, mientras una flota sigue de cerca al ejército bordeando la costa.

En el 481 los griegos se reunieron en el Istmo, en donde se acordó una tregua entre los griegos, y se juraron que no habría guerra entre ellos. Se crea así una alianza panhelénica, en donde también se integraría la antigua liga del Peloponeso dominada por Esparta.

Negociaron, además, quién sería la potencia hegemónica de la Simmaquia (alianza en igualdad) y cuál sería la estrategia que se llevaría. Los espartanos  alegaban poseer una fuerza militar superior y por tanto quienes debían llevar la dirección de la guerra, pero los atenienses tenían una gran flota. Los espartanos tenían una estrategia conservadora y optaban por defender el Peloponeso y trasladar a la población allí. Pero los atenienses no querían que Jerjes se apoderada de  Atenas sin que existiera lucha. Los atenienses querían defender el Norte.
Al final la dirección militar quedó bajo la dirección de Esparta, pero los atenienses impusieron su estrategia. Una flota  esperaría en el Cabo Artemisio y en el Euripo, mientras un ejército  de hoplitas esperaría a los persas en el paso Termopilas.

La batalla naval, que se produjo en Artemisión en el 480, quedó en tablas. En los mismos días, se produjo la batalla de las  Termópilas.  El paso estaba defendido por un ejército de cuatro mil peloponesios, entre otros, que sumaban un total de siete mil efectivos, capitaneados por el rey espartano Leónidas. Se trataba de crear en este estrecho paso un embudo para que el gran ejército persa  no pudiera desplegar todos sus efectivos. Sin embargo, Jerjes consiguió encontrar un paso para llegar a la retaguardia de las tropas griegas. Afortunadamente Leónidas consiguió que el grueso de su ejército abandonara las Termopilas,  mientras él mismo quedaba con un destacamento de 300 espartanos que defenderían el paso hasta la muerte.

Después de la caída de las Termópilas se tuvo que revisar la estrategia. El ejército Persa entró en el Ática, llegando hasta la ciudad, pero ésta estaba totalmente vacía. Los atenienses habían previsto la evacuación si caían las Termópilas. Muy ordenadamente se fueron a la isla de Salamina. Temístocles había elegido el golfo de esta isla para llevar la flota y allí hacer frente a la de los persas.

Los espartanos, por su parte, prefirieron defenderse en el Peloponeso, aunque finalmente una batalla naval dio la victoria a los griegos. Después de la batalla de Salamina la flota persa se marcho, aunque el ejercito persa, al mando de Mardonio, se establecieron en Tesalia durante el invierno. Jerjes, por su parte, volvió a Asia.

Salamina, al igual que Maratón, será recordando por los atenienses, una vez más, como el hecho de que a pesar de haber perdido la ciudad, continuaron luchando por la libertad de los griegos.

Los atenienses volvieron a la ciudad  que deberá ser reconstruida en el futuro. Convencieron a los lacedemonios para una nueva batalla en Platea, que será dirigida por el rey espartano Pausanias, donde se consiguió una gran victoria griega. Tras ella  los persas se retiraron, después de la muerte de Mardonio. Pero la Costa Tracia y la Costa Jonia, así como las Islas del Egeo seguían siendo persas.

En Mikale, el mismo día de Platea, o al menos en el miso año, 479 a.C, tiene lugar una nueva batalla naval. Dirige la batalla un espartano, Leotíquidas, pero el estrega importante es el ateniense Jantipo. La victoria es de nuevo griega, y a  partir de entonces los jonios empezaron a enviar embajadas secretas para unirse a los griegos victoriosos.

Tras  Platea y Mikale se reunieron los griegos en la isla de Samos, en donde se habló de qué hacer con los griegos que habían apoyado a los persas. Los espartanos propusieron llevárselos a Asia, mientras que los jonios fueran trasladados al continente europeo. Con ello, los espartanos daban la guerra por cerrada. Pero los atenienses no aceptaron esto, prefiriendo seguir la guerra, liberando a todas las ciudades griegas todavía en manos persas.

Finalmente, Atenas continuaría con la guerra, pero los espartanos se retiran, dejando la dirección a los atenienses, aunque no se había roto la alianza del 481. La decisión espartana se debe en parte a sus propios problemas internos. No podían tener sus ejércitos durante mucho tiempo fuera de sus territorios, puesto que tenían siempre presente una posible revuelta de los hilotas.

Sea como fuere, los  persas no volverían a pisar el suelo de la Grecia tradicional. Empieza así el periodo de la Pentecontecia, un periodo de 50 años desde Platea, en el 479, hasta el 431 con la guerra del Peloponeso.