Las religiones del Paleolítico

La religión está compuesta por gestos, mitos, leyendas, creencias, entre otros elementos. Todos ellos tienen en común una característica, deben ser enseñados. Dicho de otra manera, que una religión deja de existir no solo cuando nadie la practica sino cuando todos estos elementos son olvidados. Nuestra única forma de reconstruir una religión ya inexistente es por medio de los textos que escribieron quienes la profesaron o la observaron. Sin textos, resulta sumamente difícil, sino imposible, conocerla. No se puede acceder a la mentalidad de una sociedad y, por tanto, a su religión únicamente con evidencias arqueológicas. Pongamos, por ejemplo, un cáliz. Este, sabemos, es un objeto sagrado. Pero tal sacralidad solo la ostenta en tanto que la comunidad conoce que lo es. Si tal característica cayera en el olvido y el azar hiciera que siglos después este cáliz fuera hallado por arqueólogos, la clasificación que darían a este sería de “copa”. El sentido que este tenía para la comunidad de creyentes sería imposible de conocer. Otro ejemplo que se suele poner es el de los famosos enanos de jardín que hoy en día adornan muchas casas, ¿qué interpretación les darían futuros arqueólogos que no conocieran absolutamente nada de nuestra sociedad? ¿No sería tentador para ellos considerar que eran “genios” que se encargaban de la protección de la casa? Sabemos que se equivocarían, pues son meros ornamentos. Por tanto, ¿no cabría pensar que las pinturas rupestres también lo son y que no tienen nada de mágico? El debate está abierto como luego veremos.

De esta manera, el lector puede hacerse una idea de lo complejo que es conocer la religiosidad de los hombres del Paleolítico sin ningún documento que nos lo explique y, por si fuera poco, unas evidencias arqueológicas muy reducidas. Aunque ello no ha sido barrera para que muchos investigadores arrojaran ríos de tinta acerca de los orígenes de la religión entre finales del siglo XIX y principios del XX. Una multitud de teorías que establecían en el Paleolítico el origen de las creencias religiosas, algunas muy bien estructuradas, pero que, en realidad, no llegan a sostenerse. Observemos, en cualquier caso, qué es lo que hoy en día podemos asegurar con mayor o menor certeza acerca de las religiones del Paleolítico.

 

¿Cómo acercarse a la religión en el Paleolítico?

Como hemos dicho, sin documentación escrita, las dificultades son manifiestas. No obstante, se deben tener en cuenta algunas premisas a la hora de adentrarse en el estudio. Lo primero, las evidencias arqueológicas no pueden interpretarse sin  ponerlas en relación con las condiciones de vida de los grupos humanos. Dicho de otra manera, que la cultura material de un grupo se relaciona con las actividades que desarrolla. Más que un acceso al mundo espiritual, esto, mediante la llamada arqueología experimental, permite más bien no intentar vincular ciertos objetos con la religión.

Por otro lado, la llamada Etnoarqueología no puede ser meramente un mero traslado de las ideas religiosas de pueblos primitivos actuales a nuestros ancestros paleolíticos. Sus datos, si bien valiosos, deben ser siempre usados con cautela en tanto que estos grupos actuales, aunque atrasados desde las perspectivas de nuestra cultura, han sufrido una evolución. En otras palabras, no están estancados en un perpetuo Paleolítico.

Esto último enlaza con otra de las cuestiones que deben ser tenidas en cuenta: ninguna religión permanece inmutable a lo largo del tiempo. No cambian rápidamente, pero si lo suficiente como para que podamos hablar de cambios y persistencias. Así, las ideas religiosas del Paleolítico tuvieron que cambiar a lo largo de los siglos sin que seamos capaces de rastrear los cambios. De hecho, como veremos, apenas podemos esbozar unos mínimos rasgos característicos.

Debemos tener presente, del mismo modo, el fondo biológico de los seres humanos, es decir, los patrones de conducta que permiten a estos, incluso sin palabras, transmitir información mediante gestos y signos comprensibles para todos los miembros. Cualquier animal, como se ha demostrado, los posee.  

Finalmente, no podemos olvidar que la organización social es la base para simbolizar y organizar las ideas religiosas. Dicho de otra manera, que no pueden realizarse estudios sobre las creencias sin tener en cuenta que estas forman parte de un todo.

 

¿Ideas religiosas en el Paleolítico Inferior?

Más que intentar descubrir cómo eran las religiones de los grupos del Paleolítico, la primera pregunta que nos debemos hacer es cuándo surgieron las ideas religiosas. Según Mircea Eliade, desde el Paleolítico Inferior la sensibilidad religiosa era ya un hecho. En realidad, sin ninguna prueba, se trataba más de una suposición en función a la capacidad de fabricación de rudimentarios útiles y uso del fuego. Esto indicaría que todo el género Homo habría tenido un sentimiento religioso. Pero esta teoría, en realidad, no es seguida por la mayoría de los estudiosos. Así, el Homo habilis no posee una capacidad craneal suficiente y, por tanto, inteligencia. De hecho, se sigue dudando si debe ser incluido dentro de este género. Tampoco, por tanto, sus ascendientes, los australopitecos tuvieron ideas de este tipo.

La cuestión giraría sobre si el Homo erectus las tuvo. Durante mucho tiempo se han intentado ver vestigios en algunos yacimientos de un canibalismo ritual  en función de algunos huesos humanos que parecían haber sido partidos a propósito, aunque tampoco se puede afirmar que fuera así. Por otro lado, aunque el Homo erectus está más desarrollado que sus antepasados, como muestra su capacidad de crear utensilios más complejos, así como de crear lazos estrechos con los miembros de la comunidad para apoyarse, los paleoantropólogos consideran que seguía siendo bastante primitivo y, de hecho, solo los individuos más modernos fueron capaces de comunicarse verbalmente. Por tanto, con toda seguridad,  la capacidad de desarrollar pensamientos complejos, que son la base de la religiosidad, no la tuvo el Homo erectus. Así, los primeros miembros del género Homo parece que carecieron de pensamientos religiosos.

 

¿La religión del Neandertal?

La capacidad craneal y cultura material del neandertal se han considerado la prueba de una inteligencia manifiesta de este, incluso superior a la del Homo sapiens. Sin embargo, más que una prueba, ambos elementos son un indicio de una inteligencia suficientemente desarrollada. Pero no quiere decir, como en un principio se creyó al descubrir a esta especia, que tendría un pensamiento similar al Homo sapiens y, por tanto, los neandertales poseerían ideas religiosas. En cualquier caso, incluso dando por bueno que estos las tuviera, la cuestión estriba en saber cuáles fueron. 

Una de las teorías que se dio para el Paleolítico Medio, es decir, para el hombre de neandertal, fue la de una religión que tendría como principio la magia cinegética, es decir, la caza, así como el culto a animales, entre ellos el culto al oso.  Se consideraba que los paleolíticos podían poseer divinidades como el Señor de la Caza o un Señor Supremo, que el animal sería un animal igual al hombre pero con fuerzas sobrenaturales, y que la caza seguiría un ritual concreto. Pero más allá de suposiciones, no existen datos que lo confirmen.

Respecto al culto al oso, en realidad no existen huellas, tampoco, de que se practicara. La hipótesis se lanzó en función de los datos etnológicos al comprobarse que las tribus en torno al ártico poseían este tipo de culto, pero parece extraño que si el neandertal lo hubiera tenido no hubiera dejado los restos que se evidencian en tales pueblos primitivos actuales.  

El otro supuesto rito religioso era el de la antropofagia religiosa, es decir, la ingesta de carne humana. Otro mito que se le atribuye al neandertal, el cual, supuestamente,  sometía el cráneo de los fallecidos a un tratamiento para ser exhibido con fines religiosos o culto a los muertos. Pero la antropofagia de la cual hay pruebas, incluso entre los pueblos primitivos, no implica que fuera algo común y que tuviera algún motivo religioso, sino más bien una profana necesidad: alimentarse de los miembros de otros grupos en época de carestía.

En cuanto a las sepulturas atribuidas al neandertal, es indicio de, al menos, algún tipo de sentimiento, pero sin que se pueda confirmar, de ninguna manera, las ideas e intenciones de por qué el enterramiento. Por otro lado, tampoco son una prueba de creencia en el más allá. Las excavaciones de neandertales no confirman  siempre la existencia de un culto de enterramiento regulado, pues muchos cadáveres se encuentran en fosos naturales o artificiales. Solo unos pocos han sido depositados cuidadosamente  en la pared de las cuevas. Tampoco hay evidencias de ofrendas al menos de una forma clara. En cualquier caso, tomarse la molestia de depositar el cadáver, excavar fosos y protegerlos de la destrucción de animales de rapiña da una idea de que existía un sentimiento hacia el fallecido. Posiblemente esto tiene algún sentido si al menos existe una vaga idea de que aquello no es el final del individuo fallecido.

En resumidas cuentas, no parece que en el Paleolítico medio existiera una religión explicita, más allá de algún tipo de idea vaga tras la muerte, pero no existían ni ofrendas ni rituales.

 

La religión del Homo sapiens sapiens en el Paleolítico Superior

Hace unos 30.000 años llegó a Europa el Homo sapiens, aunque este había surgido mucho antes en África. En cualquier caso, las huellas materiales que dejaron estas gentes en Europa (en donde tenemos la mayoría de los datos), no son tampoco claras para reconstruir mínimamente el pensamiento religioso de tales gentes.

Una de las principales fuentes que se han explotado para alcanzar el conocimiento de las ideas religiosas del hombre de cromañón ha sido el arte parietal o rupestre. Representaciones de animales, líneas y signos fueron rápidamente considerados como aspectos religiosos, aunque nadie puede estar seguro si en realidad todo aquello poseía ese sentido. Entre las muchas interpretaciones que se han realizado podemos destacar aquellas que consideran  que las representaciones zoomorfas son hechizos relacionados con el fin de propiciar la caza o la fertilidad. Próximo a esto, es común alegar que son la evidencia de un principio de ideas totémicas. También que las cavernas pintadas no eran otra cosa que un universo organizado y, en general, constituían santuarios. De acuerdo a cada conjunto existente, las interpretaciones han sido varias. Por comparación etnográfica, podríamos indicar que se trataba de cazar el alma de animal mediante su representación. De hecho, parece que solo se representa el animal cazable, lo que indicaría que se trata de un contexto cinegético-religioso. Unidas tales teorías con los datos que proporciona la Etnología, también se suele hablar de chamanismo, es decir, que entre los miembros de una comunidad del Paleolítico Superior, uno de ellos tendría funciones religiosas. 

Otros, por su parte, han alegado que las pinturas son mera diversión. Es más, el hombre de cromañón, dicen, no tendría las funciones cognitivas tan desarrolladas como el hombre actual. Así, se podría alegar que los niños también dibujan, incluso los chimpancés gustan de hacer garabatos, pero esto no implica que lo hagan con algún motivo religioso. Pese a ello, intentan penetrar psicológicamente en las mentes paleolíticas  a partir de tales dibujos.

En realidad, si exceptuamos el análisis formal de las pinturas naturalistas y zoomorfas, es imposible penetrar en el universo intelectual del Paleolítico Superior en función de ellas. Mucho menos, cuando estas se vuelven esquemáticas a partir del Mesolítico.

Venus de Willendorf

Venus de Willendorf

Por su parte, el arte mueble, si bien no ha sido tomado tan en cuenta a la hora de intentar observar una incipiente religiosidad, también es motivo de discusión en este aspecto. De esta manera, quienes usan la Etnoarqueología como método, creen que tales figuras tenían una finalidad determinada.  Por ejemplo, las pequeñas esculturas de animales parecen mostrar siempre a estos en una posición de ataque, que podrían considerarse como un símbolo de hostilidad y, por tanto, una señal clara y universal para protegerse contra toda fuerza de amenazas, es decir, tendrían un efecto apotropaico. No podemos olvidar una de las estatuillas que más especulación han despertado, las llamadas figuras de Venus –las representaciones femeninas son numerosas en el arte mueble-, que en principio fueron consideradas como diosas paleolíticas o incluso como la Magna Mater. Se relacionaban con la maternidad y la fertilidad. Pero ni siquiera entre los pueblos primitivos se encuentra divinidades tan definidas. En realidad, estas estatuillas son un conjunto más dentro de otras tantas estatuas con apariencia humana, y deben ser estudiadas en su conjunto. Parece que habría que suponer, más bien, algún tipo de entidades tutelares, algún tipo de espíritu, pero sin llegar a considerar que representen dioses o diosas como en las culturas más avanzadas. Tendrían, de igual modo, un efecto mitigador mediante la muestra de nalgas y pechos.

El otro clásico indicio de religiosidad eran los depósitos de animales, los cuales se llegaron a considerar como sacrificios. En realidad, parece más lógico interpretarlos como basureros o como lugares de almacenaje. Este era el caso, por ejemplo, de la excavación de Stellmoor, en donde aparecieron quince renos que en origen estaban sumergidos en un lago mediante piedras, con los cráneos aplastados y los cerebros despojados. Lo que a priori se consideró un tipo de ritual, se ha demostrado que se trataba de un sistema de almacenaje. El sacrificio de animales, de hecho, ni siquiera existe entre los pueblos primitivos, al menos el sacrificio del animal en su totalidad. Lo más común es ofrendar partes del mismo. Si esta última práctica la llevaron a cabo grupos paleolíticos, evidentemente no han dejado huella alguna.

Por otro lado, los artefactos encontrados en lugares inusuales fueron interpretados como ofrendas, y, por tanto, tales lugares se consideraban como sitios de culto. Pero también muchos depósitos podrían entenderse como escondites en donde se guardaban útiles valiosos que más tarde eran recuperados por sus propietarios.

Respecto al mundo de los muertos, ya antes mencionado, en el Paleolítico Superior existen mayor número de sepulturas documentadas. El recubrimiento de tumbas, la posición de los esqueletos, la utilización de ocres y ofrendas fúnebres como herramientas y joyas parecen indicar que el hombre de Paleolítico Superior  podía creer en una existencia en el más allá.  De hecho, desde el Auriñaciense parecen existir ideas acerca de una vida después de la muerte, pero desconocemos cuales eran o como imaginaban el más allá. No obstante, debemos advertir que los enterramientos deliberados no tienen que suponer una creencia en el alma independiente del cuerpo, en poderes espirituales ni en un mundo del más allá. Todo podría ser un sentimiento de piedad hacia el miembro de la comunidad fallecido. Nuestra única evidencia es que parece tener algún sentido el dejarle con sus posesiones y preparar el cadáver. También hay que decir que en algunos pueblos primitivos actuales, los cadáveres son abandonados en los bosques, pero ello no implica ausencia de ideas ante la muerte, sino que  el difunto sigue vivo como espíritu en el propio bosque.

¿Qué se puede deducir, por tanto, de las religiones del Paleolítico? Poca cosa en realidad. En el Paleolítico Inferior no existían todavía ideas religiosas. Posiblemente sí en el Paleolítico Medio por parte del neandertal, pero desconocidas para nosotros. En cuanto al Paleolítico Superior, se tuvieron que desarrollar los sentimientos religiosos a lo largo de este periodo, puesto que en el Mesolítico y, sobre todo en el Neolítico, las evidencias religiosas son mucho más claras.  Pero no existen evidencias que puedan ofrecernos datos concretos. De forma especulativa, de acuerdo a lo comentado, se puede hablar de unas ideas acerca de la muerte y el más allá, y la posibilidad de unos genios tutelares que pueden ser representados. No existían sacrificios, al menos, de animales en su totalidad, sin que se pueda descartar que se pudieran ofrendar partes del animal.  Tampoco podemos saber si algún miembro de estas pequeñas comunidades tenía el papel de chaman o, al menos, una mínima especialización en cuestiones religiosas.

 

BIBLIOGRAFÍA

WUNN, I. (2012): Las religiones en la Prehistoria, Akal, Madrid

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