Leyendas de la fundación de Roma (II): las tradiciones romanas

En otra entrada habíamos visto que las primeras leyendas de la fundación romana provenían de fuentes griegas. En estas, los fundadores de Roma variaban: Eneas, Rhomo, Rómulo, entre otros. En cambio, para los romanos, siempre fue Rómulo  el fundador —en ocasiones junto con Remo—, a quien por lo general se le considera un descendiente de Eneas. Nuestro cometido ahora es exponer las muchas variantes que existen en torno a la fundación de Roma de acuerdo a los autores latinos.  Omitiremos, por tanto, la juventud de los gemelos y sus ancestros, que presentan también una multitud de versiones.

La historia de Rómulo y Remo parece bastante antigua y de ella sorprende que el fundador de la ciudad, Rómulo, tuviera un hermano, Remo. Como indica Wiseman, Remo es un personaje un tanto extraño en la historia de la fundación —aunque no entraremos en tales cuestiones— y es el que protagoniza en su mayoría los cambios en cada versión, en concreto si Remo participó o no en la fundación, cómo se desarrollaron los auspicios que tomaron los gemelos, qué paso tras la fundación, así como la forma en que murió Remo.

 

La leyenda canónica

Antes de nada, debemos realizar un breve resumen de la versión más conocida. Es la que básicamente recoge el historiador  romano Tito Livio en el siglo I d.C.

Rómulo y Remo son dos hermanos gemelos, hijos del dios Marte y de la vestal Rea Silvia. Esta última es hija de Numitor, quien es depuesto del trono de Alba por su hermano Aumulio. Este último, para impedir que los gemelos reclamaran el trono, los manda matar. Así, son arrojados en una cesta al Tíber, pero por fortuna son salvados por una loba, que los amamanta y cuida hasta que son encontrados por el pastor Fáustulo. Tras ser criados por este, se enteran de quienes son realmente y consiguen devolver el trono de Alba a su abuelo Numitor. Tras ello, como había población sobrante en la ciudad, decidieron fundar una nueva. Pero como ambos eran gemelos y no podían basarse en la edad, decidieron consultar a los dioses para conocer quien debía fundar y gobernar la nueva ciudad. Rómulo fue al Palatino a consultar auspicios. Remo, por su parte, fue al Aventino. Remo observó seis buitres primero, pero Rómulo doce después. Los partidarios del primero consideraban que debía ser Remo el fundador en tanto que los avistó antes. Para los de Rómulo, el número de buitres era determinante. Todo acabó en una contienda en la que Remo saltó las recién construidas murallas de Roma, siendo asesinado por Rómulo, quien exclamó: “Así será de ahora en adelante con cada uno que salte por encima de mis muros” (Liv. 1.6-7).

 

¿Quién funda Roma?

En la leyenda canónica que hemos expuesto, el fundador de la ciudad, no cabe duda, es exclusivamente Rómulo. Remo no toma partido en ella. Pues bien, existen versiones en que ambos hermanos fundan conjuntamente Roma (Diod. Sic. 27.2.1; Justin 43.3.1; Estrabón 5.3.2; Serv. Aen. 6.777; Lydus, Mens. p 115; Val. Max. 2.2.9; Vir. ill. 1.4).

Pero, tras la fundación, ¿quién debía gobernar?  Algunas versiones indican que con consenso del pueblo reunido en asamblea y sin disputa alguna, Remo y Rómulo tuvieron igual poder, es decir, debían gobernar en conjunto (Diomedes 1.384 Keil; Nonius 164L). Una variante indica que, incluso antes de fundarla, los hermanos llegaron a un acuerdo muto para gobernarla conjuntamente (Diod. Sic. 8.4; OGR 23.1). Así pues, Remo no es asesinado, e incluso en una fuente se nos dice que llegó  a sobrevivir a Rómulo (OGR 23.6). Pero la versión de un gobierno de ambos en armonía es minoritaria. De hecho, incluso una de las leyendas nos indica que Rómulo, después de un tiempo de gobierno conjunto con su hermano, se convirtió en un tirano que mató a Remo, lo que derivó en una guerra civil (Lydus, Mag. 1.5; Malalas 7 pp. 171-172; Chronicon Paschale pp. 204-205; Cedrenus p. 258).

 

Los auspicios

En cualquier caso, muchas de las versiones establecen el elemento de los auspicios antes de la fundación. Observar las señales de los dioses por medio de las aves  debía servir para saber quién debía fundar y gobernar la Ciudad, así como el lugar en donde sería emplazada. Aunque todas acaban con la victoria de Rómulo, hay variantes.

En una de las versiones más antiguas, en los Anales de Ennio —aunque algunas partes están corrompidas—, se indica que Remo solo vio un único pájaro justo en el momento de la salida del sol, mientras que Rómulo vio inmediatamente después doce en el Aventino. Los gemelos trataban de  dilucidar si la ciudad debía llamarse Roma o Remora, pero sobre todo quién debía gobernarla (Cic. De Div. 1.107-108). Otras fuentes añaden, además, el lugar de fundación como interrogante de gran importancia. Así, Rómulo quería levantar la ciudad sobre el Palatino. Remo, por su parte, en un lugar llamado Remuria (OGR 23.1) o Remoria (dion. Hal 1.85.6; 86.2) o Remonion (Plut. Rom. 9.4), que al parecer es el Aventino como señalan otras fuentes. Aunque en el caso de Ennio, como hemos visto, establece a Rómulo en esta última colina.

Sea como fuere, la mayoría de las fuentes señalan que fue Remo el primero en observar seis buitres frente a los doce de Rómulo. Pero tras ello se abren varias vías. Una posibilidad es que Rómulo es anunciado como el fundador y no existe ninguna polémica (Ov. Fast. 4. 815-818; Florus 1.1.6-7; Vir. ill. 1.4; Val. Max. 1.4 pref.). La segunda, como ya hemos dicho, no está clara si se debe dar la victoria a quién ha observado primero el auspicio o a quien ha visto un número de pájaros mayor, lo que lleva a una lucha entre los partidarios de uno y otro hermano (Ov. Fast. 5.452). Una tercera versión es que Rómulo engaño a Remo. Sin haber observado nada, Rómulo mandó un mensaje diciendo que había visto seis pájaros. Remo, entonces, vio realmente seis buitres. Remo pidió explicaciones a Rómulo, pero este no se las pudo dar, alegando que eran los mismos seis buitres que este había visto después (Dion. Hal. 1.86.3-4; Plut. Rom. 9.5). También que tras preguntar Remo a Rómulo, este último le dijo que le diría que había visto doce buitres, entonces estos aparecieron, acompañados de un trueno y relámpago procedentes de Júpiter. Remo renunció a la fundación (OGR 23.2-4). En este último caso se trata más bien de una profecía.

 

¿Quién mató a Remo?

En básicamente todas las versiones Remo acaba muriendo. Aunque el gemelo renuncia tras los auspicios a gobernar la ciudad, mantiene la hostilidad hacia su hermano, que es la que le lleva finalmente a la muerte. Tito Livio, como ya hemos dicho, indica que Rómulo mato él mimo a Remo tras saltar este último la muralla, versión que ya era recogida por Ennio en sus Anales  (Macrob. Sat. 6.1.15;  Liv. 1.7.2. Plut. Rom. 10.2. Serv. Aen. 6.779). Pero el asesino no es siempre Rómulo.  A veces no se identifica al asesino, según otra versión que recoge Livio, pero por lo general las otras variantes indican que fueron Celer o Fabio.

Rómulo se apresura a realizar una zanja en torno al Palatino, a lo que Remo replica que no mantendrá a salvo a la ciudad por ser muy estrecha. Tras lo cual Rómulo, irritado, llama a todos los ciudadanos a tomar venganza si alguien la saltara. Remo, entonces, la salta, así que Celer, uno de los ciudadanos, le mata (Diod. Sic. 8.6.1-3). Este fue, según algunas fuentes, recompensando con el puesto de tribunus celerum, que comandaba la guardia real (Serv. Aen. 11.603; Fest. 48L). En otras fuentes, en cambio, parece que Celer actúa sin consentimiento de Rómulo, pues además de presentarlo como etrusco, este huye rápidamente (Plut. Rom. 10.2; Ov. Fast. 5. 467-472). En una variante, que sustituye la zanja por la conocida muralla,  Celer le replica a Remo —tras advertir este de que no es adecuada— que todo aquel enemigo que la salte será fácilmente castigado, y le golpea con una pala (Dion Hal. 1.87.4). También es una pala de pastor  la que utiliza en otra versión Fabio, el comandante de Rómulo, para asesinarle (Jer. Chron. p. 146). No sabemos si, en esta versión recogida por San Jerónimo, el tal Fabio lo realiza con o sin consentimiento de Rómulo.

 

Los acontecimientos tras la muerte de Remo

La muerte de Remo no fue gratuita. Algunas versiones señalan que hubo una guerra civil o, incluso, una epidemia tras su asesinato. Rómulo, entonces, consultó varios oráculos. Estos le aconsejaron que para superar esas dificultades  debía establecer una silla curul cercana a la suya en representación de Remo o, incluso, una estatua suya (Malalas p. 173, Chronicon Paschale pp. 204-205, Cadrenus p. 258, Serv. Aen. 1.276, 292). Algunas variantes nos indican la duplicidad de todos los elementos del poder (Serv. Aen. 1. 276; 292; 6.779), lo que parece estar relacionado con un intento de mostrar los propios orígenes del consulado.

La versión recogida por Ovidio considera que se celebró un entierro honorífico y que esa misma noche se apareció el fantasma de Remo a Fáustulo y su mujer, Acca Larentia, con el fin de que estos persuadieran a Rómulo para  que creara una fiesta que le recordara cada año. Rómulo estableció los Remuria, palabra que se corrompió con el tiempo y derivó en Lemuria  (9, 11 y 13 de mayo), festividad en honor de los difuntos (Ov. Fast. 2.599-600; 4. 849-856). Otras fuentes nos indican que Rómulo fue enterrado en Remoria, el lugar en donde había querido ser rey (Dion. Hal. 1.87.3; Plut. Rom. 11.1).

En definitiva, podemos concluir diciendo que pese a que los romanos tenían desde antiguo una leyenda de fundación que implicaba a Rómulo y Remo, existen una multitud de variantes en el modo en que supuestamente habían ocurrido los acontecimientos.

 

BIBLIOGRAFÍA

MARTÍNEZ-PINNA, J. (2010): Las leyendas de fundación de Roma. De Eneas a Rómulo, Universitat de Barcelona, Barcelona

WISEMAN T.P. (1995): Remus. A Roman Myth, Cambridge University Press

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