María Antonieta – Stefan Zweig

Stefan Zweig, María Antonieta, Acantilado, Barcelona, 2012

Varias han sido las obras de Stefan Zweig que he comentado o, mejor dicho, que he recomendado, porque poco más se puede decir sobre la genialidad de este novelista que no se haya dicho ya. En efecto, como ya he afirmado alguna vez, ninguno de sus libros tiene el mínimo desperdicio. Y en esta ocasión debo recomendar la biografía novelada que realizó sobre la austriaca y reina francesa María Antonieta.

María Antonieta es uno de esos personajes que ha atraído la atención de innumerables escritores, pero, si reflexionamos sobre el papel real que jugó en su época, parece que solo Stefan Zweig ha dado en el clavo sobre la importancia de la misma. Según podemos desprender de las afirmaciones del escritor, hay personas que sabían que pasarían a los anales de la historia, de ello parece que estaba seguro Luis XVI, aunque posiblemente el monarca pensaba que lo haría en mejores circunstancias. No así María Antonieta, que, como otras tantas reinas y personajes mediocres, solo sería un mero nombre para los historiadores, pero la fuerza de las circunstancias hizo que entrara en las páginas de la historia de la peor forma posible:

“Quizá la vida de María Antonieta sea el ejemplo más ilustrativo de la historia de cómo a veces una de esas personas mediocres es capaz de arar el destino y, con su puño imperativo, alzarse con fuerza sobre su propia mediocridad. En los primeros treinta de sus treinta y ocho años, esta mujer recorre un camino indiferente, si bien en una esfera llamativa. Nunca supera la media, ni para bien ni para mal: un alma tibia, un carácter mediocre y, desde el punto de vista histórico, al principio tan sólo un figurante. Sin la irrupción de la Revolución en su mundo alegre y despreocupado, esta Habsburgo en sí misma insignificante hubiera seguido viviendo relajadamente, como cientos de millones de mujeres de todos los tiempos; habría bailado, charlado, amado, reído, se habría arreglado, hecho visitas y dado limosnas; habría tenido hijos y, por último, se habría tumbado tranquilamente en una cama para morir, sin haber vivido en realidad el espíritu universal. Se le habría enterrado solemnemente como reina, se habría llevado luto en la corte, pero luego habría desaparecido de la memoria de la humanidad igual que todas las demás e innumerables princesas, las María Adelaida y Adelaida María y Ana Catalina y Catalina Ana cuyas lápidas se alzan en el Gotha, escritas con frías letras carentes de amor y que nadie lee”.

Sirva este breve fragmento de la introducción para infundir en el lector la imperiosa necesidad de leerla. De cualquier forma, después de esta introducción, en la que nos deja ver la óptica desde la cual narrará la historia de la reina, el libro abarca, a lo largo de cuarenta y cuatro capítulos, la totalidad de la vida de la desdichada María Antonieta.  Desde su salida de Austria hasta que la cuchilla cercenó su soberano cuello. Capítulo a capítulo podemos descubrir los más ínfimos detalles de la vida de la aristócrata en los salones, aposentos y jardines de Versalles, contados con brillantez y fluidez.  Todo ello sin faltar en muchas ocasiones un tono humorístico como, por ejemplo, la conocida y esperpéntica fuga de Varennes.

El retrato que se nos presenta es el de una mujer que, ante los acontecimientos, se ve obligada a evolucionar. Así, nos encontramos primero a una joven cuya vida gira en torno a un único pensamiento, divertirse, y que se mantiene ajena a lo que sucede más allá del lujo de Versalles. Pero esta es una reina muy distinta de la del día de su muerte. Tras ser encerrada, juzgada y apartada de su familia en los años siguientes al inicio de la Revolución,  desciende al mundo real y carga con la culpabilidad de cuantas acusaciones, falsas o verdaderas, se le hacen. Una mujer que, finalmente, tuvo que desempeñar el papel que no le correspondía, el de mantener la dignidad de la corona en el patíbulo, al cual “asciende la reina, rechazando toda ayuda, las escaleras de tablas del cadalso; sube exactamente con la misma alada facilidad, calzando sus negros zapatos de satén de tacones altos, por esta última escalera, como en otro tiempo por las escalinatas de mármol de Versalles”.

No obstante, pese a la calidad literaria de la obra, debemos tener en cuenta que, al menos en parte, no se trata de una biografía como resultado de un exhaustivo trabajo de investigación. Dicho de otra manera, no es una obra historiográfica –puesto que prima lo novelesco y la intención de entretener- y, por lo tanto, muchas de las escenas que se nos presentan se deben a la imaginación o adorno del escritor. En cualquier caso, esto no debe desmerecer, en ningún caso, su lectura.

 

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