Maximino y el año de los seis emperadores

 MAXIMINO EL TRACIO

La tradición ha mantenido que con Maximino el Tracio había empezado la decadencia del Imperio, presentándolo como un usurpador, que no fue aceptado por el Senado.

Herodiano le tachó  de bárbaro, tiránico, enemigo de la romanidad, hijo de un godo. Usurpador por la ilegitimidad de su ascenso, dice de él que fue un mal príncipe que ha degenerado en el ejercicio del poder, con  adversidad hacia el Senado. Se le trata así porque a finales del sigo IV no solo los barbaros estaban en el  ejército, sino que habían alcanzado puestos de poder, y con el tratamiento que se da  a Maximino se intentaba instruir a sus contemporáneos de cómo había que utilizar a los barbaros, nunca confiándoles la administración ni el gobierno, puesto que un bárbaro en el poder siempre se comporta como un tirano.

Pero en realidad Maximino no era un bárbaro, era ciudadano romano como demuestra su onomástica, lo que si es cierto es que provenía de alguna zona cercana al Danubio, entre la Mesia Superior e Inferior. Al parecer fue pastor en su juventud y aprovechando su gran fuerza entró en el ejército, donde había ido promocionando, llegando con Severo Alejandro a tener un mando subalterno contra los persas, y probablemente después fue gobernador de Mauritania. En el 235 era el oficial responsable del mando de las tropas reclutadas en la guerra contra los alamanes, por lo que estaba en el puesto indicado para poder suceder a Severo Alejandro una vez asesinado.

Tanto Herodiano, como el autor de la Historia Augusta, le implican en el asesinato de Severo Alejandro. Asesinado por sus propios soldados, éstos nombraron a Maximino emperador, pero frente a lo que dicen las fuentes de que fue un usurpador, en realizar fue investido por el  Senado, algo que se sabe gracias a una inscripción donde se refleja la cooptatio de Maximino en uno de los colegios sacerdotales, el de los Sodales Antonini, que honraba a los príncipes muertos, y esta cooptatio fue decidida por senadoconsulto. En general, la idea de que Maximino era adverso al Senado, debe ser cambiada por una aversión  del Senado al príncipe.

De su tiranía se dice que había eliminado de la administración al personal fiel a Alejandro, pero esto era algo habitual. Se produjeron dos conspiraciones para acabar con Maximino lideradas por senadores, pero gracias al ejército, que fue la clave de su apoteosis, logro mantenerse en el poder. Para mantener la lealtad de sus soldados los premió multiplicando los sueldos, repartiendo donativos,  y permitiéndoles saqueos.

Una causa de la hostilidad del Senado hacia Maximino es la política fiscal que mantuvo, que según las fuentes era una política de confiscación, con la exigencia de contribuciones extraordinarias a individuos y ciudades. Las fuentes  mencionan también el expolio de las obras de arte de particulares, sobre todo si eran metales preciosos. Despojó también a los templos para fundir los metales y convertirlos en moneda. Esto perjudicaba a los senadores, pero también a los ciudadanos de a pie, ya que destinó fondos de subsidios a gastos militares.

La finalidad de la política fiscal era favorecer el ejército, puesto que era la base de su poder y porque quería legitimarse por medio de las victorias. Por la victoria frente a los alamanes recibió el nombre de Germanicus Maximus que le proporcionó el Senado, y aprovechó la victoria para asociar al poder a su hijo en el 236. Ese mismo año se traslado al Danubio donde se enfrentó a los sármatas y Dacios. Pero esta ausencia de Roma,  su política fiscal y el aislamiento de la élite provocarán su caída en el 238.

EL AÑO DE LOS SEIS EMPERADORES

El 238 se le conoce como el año de los seis emperadores. Es el paradigma del fenómeno de la usurpación y de la guerra interna, que se inicia como una revuelta de los civiles contra la monarquía militar.  En el plano ideológico, el 238,  es el último intento senatorial de restaurar la dirección colegiada del imperio.

La crisis comienza con una causa menor y privada. Fue un incidente en Thysdrus, en el África proconsular, e implicó a unos jóvenes de familias poderosas de la región, y al procurador de la provincia  a las órdenes de Maximino. La causa es que el procurador había impuesto a los jóvenes una multa, y amenazaba con confiscar sus propiedades si no pagaban. Ante esto los propietarios armaron a sus campesinos y mataron al procurador. Un segundo paso fue la revuelta de los africanos, ya que los propietarios sublevados decidieron proclamar emperador a Gordiano, gobernador de África, quien a partir de entonces lideró la revuelta. Precedía de Oriente y tenía apoyos en el Senado. Gordiano asoció a su hijo al poder y asumió el cognomen de Africanus.

Un tercer episodio fue la adhesión del Senado a la causa, ya que Gordiano envió una embajada a Roma solicitando que el Senado le apoyara, cosa que consiguió. El Senado declaró enemigo a Maximino y su hijo, ordenando matar al prefecto del pretorio de Maximino y ratificando a Gordiano como emperador. El Senado envió carta  a los gobernadores solicitando que secundaran a Gordiano.

Maximino dirigió  una represión contra los africanos, de la cual se encargó al legado de Numidia. En los ataques producidos murieron Gordiano y luego su hijo, Gordiano II, que le había sucedido. Comienza entonces la represión sangrienta de los militares contra los civiles.

Sin embargo la muerte de los dos Gordianos no evitó que la revuelta continuara, liderada ahora por el Senado, quien designó un consejo de 20 miembros: XXviris ex Senatus consulto reipublicae curandae, que debía defender Italia de un posible ataque de Maximino. Dos senadores fueron declarados Augustos: Máximo y Balbino. Este fue el acontecimiento institucional más importante del siglo III, la última vez que el Senado intentó recuperar la dirección del Imperio.

La plebe, en un contexto de revuelta urbana, exigió a los Augustos nombrar Cesar a Gordiano III, que era nieto de Gordiano Senior, viéndose que la idea de sucesión dinástica había calado en la plebe.

Ante los acontecimientos que se estaban produciendo en Roma, Maximino inició una marcha sobre Italia, pero no pudo vencer en la ciudad de Aquileia, y durante el asedio de esta ciudad Maximino fue asesinado por los soldados de la legio II.

Sin embargo, ello no hizo que las expectativas del Senado se cumplieran, ya que los pretorianos, ante la rivalidad de los senadores por la primacía, y la falta de respuesta militar, decidieron dar muerte a los dos Augustos, proclamando a Gordiano III emperador. Se demostraba, así, que el intento del Senado era un anacronismo en pleno siglo III.

El 238 no solo fue una crisis interna, sino que empezaron verdaderos problemas en las fronteras. Ese año los godos se establecieron al norte del Mar Negro, lo que era una amenaza para Roma, que atacaron diversas ciudades. De igual modo otros pueblos avanzaron hacia la frontera de Roma como dacios y carpos. La respuesta frente a los godos será una continua entrega de dinero e integración de contingentes en el ejército romano.

Por su parte, los Persas sasánidas aprovecharon la crisis interna de Roma para atacar las provincias orientales del Imperio, entrando en Mesopotamia, lo que ocasionó una campaña de Gordiano III, en el 242, que acabó con una derrota romana y la muerte del propio emperador, en el 244, frente a Sapor. En el mismo campo de Batalla fue proclamado emperador Filipo el Árabe, que provenía de la Arabia romana. Filipo era prefecto del pretorio de Gordiano junto a su hermano Julio Prisco. Filipo negoció la retirada del ejercito hacia Siria, pero manteniendo las provincias de Mesopotamia a cambio de 500.000 piezas de Oro a Sapor.


FILIPO EL ÁRABE

Filipo gobernó del 244 al 249. Su reinado es interesante porque ensayó una solución para frenar la desarticulación del Imperio que desemboca en la forma política creada por Diocleciano: la Tetraquía. En oriente, después de negociar la paz, confió el mando unificado de las provincias orientales a su hermano Prisco, al que una inscripción llama rector orientis. Después asoció a su hijo como Cesar, y se trasladó al Danubio inferior para llevar la guerra frente a los carpos, y tras esto, reorganizó la defensa del bajo Danubio, realizando deportaciones en la llanura, al norte de Dacia, con el fin de controlarlos desde Viminacium.  La sensación fue que se había recuperado la unidad y en el 248 Filipo celebró los mil años de la fundación de Roma.