Mitología romana: teorías

El término “mitología” suele evocar para una gran mayoría de personas los mitos griegos, los cuales se caracterizan por estar protagonizados por los dioses y héroes. Pero la mitología griega es griega –no romana- y pertenece a la religión griega por mucho que a veces se intente hacer ver que la religión romana es lo mismo. Las diferencias entre ambas es importante y, en concreto, en el aspecto de los mitos ambas culturas están separadas por un gran abismo, aunque es cierto que la mitología griega y su cultura en general tuvo una gran transcendencia e influyó de forma considerable en la propia Roma.

En cualquier caso, tratemos acerca de algunas consideraciones sobre la mitología romana, la cual está envuelta en un gran debate historiográfico. Podemos señalar tres teorías distintas que se han dado acerca de los mitos romanos. La primera de ella y la más tradicional –de hecho de principios del siglo XX- es la que afirma que la mitología romana es inexistente tal y como consideró, entre otros, Wissowa. No les faltaba razón, puesto que observando las característica de los dioses romanos, estos no eran tampoco como los dioses griegos. Las figuras divinas eran meros poderes sin una personalidad concreta, sin un panteón estructurado y, sin duda alguna, carecían de relación con los hombres. Por tanto, según se pensaba, la mitología únicamente la conocieron los romanos en las últimas centurias antes de nuestra era gracias a la influencia griega, que hizo que los dioses romanos tomaran formas antropomorfas a semejanza de las divinidades griegas, y, por tanto, que los mitos se vincularan también a estos.

Una segunda teoría considera que la mitología romana original se había ido diluyendo con el tiempo, es decir, se había olvidado. Por tanto, cuando los escritores romanos trataron acerca de la religión, los mitos ya no eran conocidos. Entre los principales investigadores dentro de esta corriente, encontramos a Georges Dumézil, cuyos estudios tuvieron como objetivo intentar observar en las narraciones históricas que trataban acerca de la Roma arcaica elementos que pudieran identificarse con los mitos de otras culturas indoeuropeas. Se basa en la idea de una mitología indoeuropea que habrían mantenido las posteriores culturas desde la India a Irlanda o, mejor dicho, la mitología indoeuropea habría evolucionado en cada una de estas culturas. En el caso romano, esta se había integrado en el propio relato histórico.

Una tercera teoría, entre cuyos defensores está Wiseman, indica que los mitos romanos originales sobrevivieron en la cultura popular a través de los juegos, canciones y cuentos tradicionales, pero que han quedado ocultos a nuestra visión en tanto que la élite que escribió las fuentes con las que contamos ahora tuvieron más interés en la cultura y modelos griegos.

Independientemente de ello, a finales de la República y, sobre todo, en la Roma de Augusto, la religión romana cuenta con un importante imaginario mitológico. Tan solo debemos observar la importancia de los mitos en las obras que se han conservado de aquel momento, tales como la de Dionisio de Halicarnaso, quien nos muestra una visión completa de la historia mitológica de los comienzos de Roma. Del mismo modo, Ovidio, en cuyas obras recoge de igual modo mitos, a lo largo de los Fastos describe las festividades y los intenta asociar con orígenes mitológicos.

Pero la mitología romana es más compleja de lo que parece. No se trata meramente de una introducción de los mitos griegos, sino de una adaptación de los mismos a las características de la propia cultura y religión romana, y, en general, con la tradición itálica. Este influjo griego, en cualquier caso, no se produce solo a partir de la República media –aunque es en este momento cuando se intensifica- , sino que esta influencia se produce desde prácticamente los orígenes de la historia de Roma. En cualquier caso, incluso los propios escritores antiguos señalaron las diferencias entre los mitos griegos y romanos. Dionisio de Halicarnaso consideraba que Roma carecía de tres elementos que caracterizaban la mitología griega: la inexistencia de una teogonía, la falta de una épica y tradición teatral que mostrara a los dioses involucrados con los mortales, y rituales  como los misterios que involucraban a dioses y hombres. Es más, respecto a este último elemento, cuando Roma importo cultos griegos, lo que hicieron en realidad los romanos fue tomar los ritos, pero no el elemento mítico que le daba sentido en Grecia.

Los mitos romanos, por otra parte, eran en esencia mitos de lugar. Muchos mitos griegos, es cierto, se sitúan en ciudades y territorios concretos, pero por lo general estos mitos abarcan el mundo griego en general, es decir, son mitos panhelénicos. Los mitos romanos, por el contrario, no tienen un contexto tan amplio, sino que se concentran en lugares y monumentos de Roma. Todos los mitos se establecen en la historia del área de Roma desde los primeros tiempos hasta la época de Augusto. Incluso en la Eneida de Virgilio, el troyano Eneas recorre los lugares donde más tarde se asentará la ciudad de Roma. Por otro lado, estos mitos se encuentran inmersos en la propia historia de la ciudad en un momento concreto, y no en un tiempo anterior al histórico como lo hacen la mayoría de los mitos griegos.

 

BIBLIOGRAFÍA:

BEARD, M.; NORTH, J. y PRICE, S. (1998): Religions of Rome, Vol. I, Cambridge University Press

DUMÉZIL, G. (1996): Mito y epopeya III. Historias romanas, Fondo de Cultura Económica, México D.F

WISEMAN, T.P. (1989): “Roman legend and oral tradition”, JRS 79, pp. 129-137

WISSOWA, G. (1912): Religion und Kultus der Römer, Handbuch der Altertumswissenschaft

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