Novelas sobre la Edad Media

La Edad Media ha inspirado una multitud de novelas –por no hablar de películas-, tanto de género histórico como de ficción. Acerca de estas últimas, aunque no es mi intención realizar una recopilación, quién no conoce la saga El Señor de los Anillos o la ahora tan afamada saga de Canción de hielo y fuego, más conocida por el título de su primer libro: Juego de tronos. Y, menos famosa que la anterior, Crónica del asesino de reyes, de Patrick Rothfuss.

En cualquier caso, adentrémonos en la novela histórica de tema medieval en un orden cronológico, temporal o, en su caso, por los temas que traten.

Esta recopilación de novelas no deja de ser una mera lista. No hago valoración –ni de tipo literario ni rigor histórico- de ninguna de ellas. El lector puede encontrar información detalladas de ellas por la red. No obstante, se debe avisar que la gran mayoría de ellas tienen cierto o totalmente carácter policiaco, muchas de ellas siguiendo la estela de la conocida obra de Alberto Eco, El nombre de la rosa, que muestra bien la controversia de la Iglesia entre la conservación y copia de las obras del pasado, y la destrucción de las que se consideraban contrarias a la doctrina de la Iglesia.

Como ya es sabido, el comienzo de la Edad Media se engloba en la llamada Tardoantigüedad. Dicho de otra manera, la administración del Imperio romano había desaparecido, pero el mundo antiguo se mantiene. Aquí se inscribe Ravena fue la tumba de Roma, de Laszlo Passuth, en donde se nos muestra el reino ostrogodo de Teodorico.

Mientras el Reino ostrogodo se conformaba en Italia, en la Galia, arrasada primero por los hunos y más tarde por la multitud de pueblos barbaros que penetran por las fronteras, entre ellos los francos, se conforma la llamada Francia merovingia en donde transcurre la romántica novela de Rafael Pérez y Pérez: La princesa Galsuinda, una princesa visigoda que llega hasta Francia para casarse. Acerca de los problemas religiosos en esta Francia Merovingia, nos encontramos con La hija de los lobos, de Regine Deforges.

No podían faltar novelas de época carolingia, como La creadora de reyes, de Martina Kempff, cuya protagonista es la madre de Carlomagno, Bertrada de Laon. El puñal y la ponzoña, de Marc Paillet, que transcurre en la corte del mencionado emperador, y Carlogmano en el Al-andalus: una historia de amor, de P. de Azar y Azpe, acerca de la campaña del emperador en el norte peninsular. La retirada de sus tropas y el ataque a estas en Roncesvalles no podían ser dejadas a un lado: Artbelza el vascon, de Santiago Pisonero. Relacionado también con Carlomagno, La loba de plata de Alice Borchardt, que trascurre en una arruinada Roma. Del mismo modo, en el siglo IX, trascurre la novela de Inaki de Zubiri, Yanoz, el señor de Undaitz, a pie entre Aquitania y Navarra. El monje y la prostituta de Constantinopla, de Andrés Vázquez, con un recorrido histórico a lo largo de los siglos IX y X. 

Posterior a la época carolingia, pero manteniéndonos en el territorio franco, podemos destacar La espada del rey, de Cristina Amores, en donde nos encontramos a los primeros Capetos, cerca del año 1000. Y también cerca de este año, el temor por el fin del mundo queda reflejado en Finis mundi, de Laura Gallego. La dama y el león, de Claudia Casanova, con el trasfondo de diputas señoriales, así como los encontronazos de Inglaterra y Francia en el siglo XII. Nadie vio muerte tan bella, de Javier Díaz Huder, sobre Teobaldo IV de Champagne, también rey de Navarra. Esta última tiene su continuación en Un rey de extraña nación.

Acerca del medievo en las Islas Británicas, existe un verdadero aluvión de novelas. Sobre el rey Arturo –aunque su origen esté precisamente en los reinos que se conforman a partir del siglo VI-, podemos mencionar Los hechos del rey Arturo, de Hohn Steinbeck, que realiza una recopilación sobre todas estas leyendas. Pero con más carácter histórico acerca de los reinos britano-romanos es la saga de Bernard Cornwell, Crónicas del Señor de la Guerra, que cuenta con: El rey del invierno, El enemigo de Dios, Excalibur. Le sigue la saga, del mismo autor, Sajones, vikingos y normandos; ambientada en el siglo IX, con varios volúmenes: Northumbria, el último reino; Svein, el del caballo blanco; Los señores del norte; La canción de la espada; La tierra en llamas; Death Of Kings (este último todavía sin traducción). Crónicas de Camelot, de Jack Whyte, en dos libros: La piedra y la espada, El fragor del acero. El guerrero de la oscuridad, de Kinley MacGregor, y también de esta autora La espada de la oscuridad.

Si que ha sido un tema recurrente la invasión normanda del reino inglés como la novela de Julian Rathbone, El último rey inglés, en donde Haroldo II es el protagonista que acaba su reinado, como no, en la batalla de Hastings. Sobre Guillermo el Conquistador, el nuevo rey inglés, El traductor del rey, de Rebbeca Gable, autora también de El segundo reino. No obstante, la figura del duque de Normandía es más bien secundaria. De mayor interés, sin duda, es la trilogía normanda de Jean Plaidy –seudónimo de Eleanor Alice Burford- que está compuesta por: El rey bastardo, El león de la justicia, Laberinto de pasiones.

Cronológicamente hablando, podemos enlazar la historia inglesa con la serie de Los reyes Plantagenet, escrita por la ya mencionada Jean Plaidy, que posee los siguientes títulos: El nacimiento de un imperio, La rebelión contra Enrique II, Corazón de león, El príncipe de la oscuridad, La guerra de las reinas, La reina que vino de Provenza, Eduardo piernas largas, Locuras del rey, El Juramento sobre la Garza, Pasaje a Pontefract, Estrella de Lancaster, Epitafio para tres mujeres, La rosa roja de Anjou, El sol en su esplendor. Sobre esta época, concretamente la ascensión al trono de la dinastía Plantagenet con Enrique II, El santo de Ferdinand Meyer. Y del gran enemigo de este, el arzobispo de Canterbury, Tomás Becket, tenemos Dios y mi ley, de Alfred Duggan. Del rey más famoso de dicha dinastía, Ricardo Corazón de León, encontramos las dos clásicas novelas de Walter Scott: Ivanhoe y Robin Hood. Así como la de Gore Vidal, En busca del rey. Envuelta en los misterios de la muerte el mismo rey, El hombre de la reina, de Penman. Su hermano, Juan sin Tierra, también es protagonista en la obra de Jean Plaidy: El principe de la oscuridad, así como en toda una trilogía, titulada El árbol del cielo y escrita por Edith Pargeter.

Leonor de Aquitania –madre de Ricardo I- también tiene alguna novela dedicada: Las cortes de amor, de Jean Plaidy, y La boda de Leonor, de Mireille Calmel.

La Guerra de los Cien Años, cuya duración y número acontecimientos son desorbitantes, da para una multitud de novelas. Volviendo a citar a Bernard Cornwell, este posee otra saga, titulada los Arqueros del rey, con tres volúmenes: Arqueros del rey, La batalla del grial, El sitio de Calais. Y otra saga también ambientada en esta guerra es la de Los reyes malditos, de Maurice Druon: El rey de Hierro, La reina estrangulada, Los venenos de la corona, La ley de los varones, La loba de Francia, La flor de Lis y el león, De cómo un rey perdió Francia. También en estos años de guerra, En busca del león verde, de Riley. Y El bosque de la larga espera de Hella S. Haase, donde el protagonista es Carlos de Orleans. Pero lo que no podía faltar es la protagonista más famosa de esta guerra, Juana de Arco: Os acordareis de la doncella, de Ricardo de la Cierva; Gilles y Juana, de Michel Tournier; El fuego del cielo, de Michel Bataille; Juana de Arco. La doncella de Orleans, de Pamela Mercantel; Juana de Arco la chica soldado, de Louis de Wohl; Juana de Arco. El corazon del verdugo, de Mª Elena Cruz Varela; Vida y muerte de Gilles de Rais, de Robert Nye.

Durante este conflicto es cuando se produce la oleada de peste negra, también novelada en diversas novelas: La plaga, que le continua Ruta de fuego, de Ann Benson; El libro del día del juicio final, de Connie Willis; La peste negra, de Luis Miguel Guerra; Un barco llegó a Bergen en 1349 de Toril T. Hargen. El embustero de Umbria de Bjarne Reuter.

Si seguimos más o menos el orden cronológico, volviendo a la historia inglesa, nos encontramos Rey por un día de Warwick Deeping sobre Ricardo II. La fortuna por la espada de Martha Rofheart, acerca de Enrique V. Ricardo III. El septimo hijo de Reay Tannahill. Y al final del medievo inglés, momento en que se produce la Guerra de las Dos Rosas: La flecha negra, de Robert Louis Stevenson. Del mismo tema, Reyes de Albion de Julian Rathbone.

Una novela narrada de la historia inglesa es la de Edward Rutherfurd, titulada Sarum. Este mismo autor tiene otras como London y El bosque.

Torneos e ideal caballeresco en general: la serie La hermandad de la espada, de Kinley MacGregor: Caballero oscuro, El retorno del guerrero, El guerrero. Más clásicos son La compañía blanca y Sir Nigel, ambos de Sir Arthur Conan Doyle.

Roma, el papado y alguno de sus papas más conocidos no podían quedar a un lado. El papa Luna, de Maeso de la Torre. El elegido, de Thomas Mann, sobre Gregorio V. Y sobre todo la supuesta papisa que se hizo pasar por hombre para llegar a tan alta dignidad: La papisa Juana, de Emmanuel Royidis; y La papisa, de Donna W. Croos.

Famosos obispos y eclesiásticos, muchos convertidos luego en santos, también encuentran cabida entre los escritores: El mendigo alegre, de Louis de Wohl, La conspiración de Asis, de John Sack; y El obispo y su santo, de Peter Berling, todos ellos relacionados con San Francisco de Asís. Acerca de Santo Tomas de Aquino, La Luz apacible, del ya mencionado Louis de Wohl, que además escribió también Al asalto del cielo, que trata sobre Santa Catalina de Siena. También con la religión como enfoque, El maestro Eckhart, de Jean Bédard; Peregrinos de las tinieblas, de Serge Brussolo; La santa judía, de Louis Grospierre y Alain Quercy. En cualquier caso, religión, conventos y construcción de catedrales ha sido ya un tema recurrente en las novelas de corte histórico, siguiendo argumentos parecidos a la ya mencionada El nombre de la Rosa, así como Los pilares de la Tierra, de Ken Follett, que tiene una segundo parte: Un mundo sin fin.

El conjunto de herejías que se produjeron a lo largo de la Edad Media y su persecución –incluida la brujería- por la Inquisición: La ciudad de los herejes de Federico Andahazi, Mirabilis, la hija de Dios de Sussan Cokal. La pentalogía Los hijos del Grial de Peter Berling: Los Hijos del Grial, Sangre de Reyes, La Corona del Mundo, El Cáliz Negro, El Kilim de la Princesa. Del mismo autor: La condesa hereje. El inquisidor y El secreto del inquisidor, de Catherine Jinks; El maestro iluminador, de Brenda Rickman; En tiempos de las hogueras, de Jeanne Kalogridis; La herejia de Romain Sardou; Una mujer en la tormenta de Judith Merckle;

Y no se puede dejar se mencionar la saga, cuyo telón de fondo es la lucha entre la Iglesia romana y la celta en la Irlanda del S. VII, Las aventuras de Sor Fidelma, de Peter Tremayne, que cuenta con las siguientes entregas y orden: Absolución por asesinato, Una mortaja para el arzobispo, Sufrid pequeños, La serpiente sutil, La telaraña, El valle de las sombras, El monje desaparecido, Un acto de misericordia, Nuestra señora de las tinieblas. En Irlanda también transcurre Una leyenda celta, de Osborne Mcnight, acerca de San Patricio. Sobre otros nacionalismos británicos, nos podemos encontrar Los hermanos Gwynedd, de Pargeter, cuya acción se centra en Gales, así como Circulo de Piedras, de Anna Lee Waldo. Por su parte, Piedra del destino, de Maeso de la Torre, lo hace en Escocia.

En el siglo XIV de la Edad Media, volviendo al territorio italiano, encontramos La rosa de oro, de Laszlo Passuth, acerca de Juana de Nápoles. Y de Marco Polo, Muriel Romana tiene escrita una trilogía, titulada Marco Polo: La caravana de Venecia, Más allá de la Gran Muralla, El tigre de los mares. Graciela Montes y Ema Wolf nos remiten a la Génova también del siglo XIII con El turno del escriba.

Para la Alemania medieval, aunque relacionada con Italia, el emperador Federico II es usado como personaje en La noche de Iesi de Berling, así como su madre, Constanza, en Viajes de una reina medieval de Taylor Simeti. También sobre este emperador: El halcón de Palermo, de Maria R. Bordihn; y El hombre de Apulia de Apulia Horst Stern. Y del abuelo de este, Federico I Barba Roja: Baudolino de Umberto Eco. Poker de Papas de Laszlo Passuth, sobre el emperador Segismundo. La Duquesa fea, de Lion Feuchtwanger, sobre el Tirol.

No podíamos dejar a un lado la historia nórdica, especialmente los wikingos: Los vikingos de Marcel d’Isard, Los hombres del mar de Hansen sobre Harald Diente Azul y su hijo Svein. Una expedición de los wikingos, de Jean Ollivier. Nacido en Vinland de Manuel Velasco, acerca del conocido Erik el Rojo. De este último autor es también La saga de Yago. Al Gazal, el viajero de los dos orientes, de Maeso de la Torre, en este caso uniendo el mundo árabe con la Europa nórdica. La antigua saga de Gudrun, de Will Vesper.

Entre los países nórdicos y las cruzadas, que también han dado para escribir, La trilogía de las Cruzadas de Jan Guillou: Del Norte a Jerusalem, El caballero templario, Regreso al Norte. La cruzada de Compostela de Maryse Rony; El Cruzado de Stephen Rivelle; Caballeros de la vera cruz, de David Camus; La aventuras de un humilde cruzado, de Franco Cardini.

No podía faltar la Orden del Temple: El guardián de los libros secretos; de Joshep M. Carr, contextualizada en el temple francés. La Sombra del Templario, de Nuria Masot; Las Puertas Templarias, de Javier Sierra. La Trilogía templaria, de Nicholas Wilcox, formada por: Los falsos peregrinos, Las trompetas de Jericó, La Sangre de Dios. Así como otra trilogía del mismo tema, esta vez de Jack Whyte (de momento, creo, solo publicado en español el primero de los libros: El caballero de la Orden). La lanza templaria, de Enrique de Diego; El ultimo secreto templario, de Antonio Galera Gracia; La Cripta de los templarios herejes, de Antonio Galera Gracia; La sombra del templario, de Nuria Masot; El Talisman, de Walter Scott; El péndulo, de Foucault, de Umberto Eco; Los caballeros templarios, de Alejandro Dumas; La lápida templaria,de N. Wilcox; La Hermandad de la Sábana Santa, de Julian Navarro; El tesoro de los templarios” de Hanny Alders; La venganza templaria, de M. Jecks; El secreto mortal de los templarios,  de Robert Ambelain. El secreto de los templarios, de Hanny Alders;  Gunter de Amalfi, de Franco Cuomo.

He de esperar que con el tiempo esta lista se vaya acrecentando. De hecho, temo, que esta recopilaciones es únicamente un débil reflejo de la totalidad de novelas de esta temática. Además, dejo para otra listado las también innumerables novelas del mismo género que transcurren en España o, mejor dicho, en los reinos peninsulares. Y del mismo modo para el Imperio bizantino y el mundo islámico en esta época.