Pésima educación en España

Que la educación de este país, España, importa poco o nada es algo que no sorprende, y no es de extrañar con las autenticas burradas que se ponen en los pésimos manuales escolares. Claro está, que la educación sea lamentable no se debe únicamente a estos –padres, profesores, maestros, autoridades educativas, etc. pueden ostentar el dudoso mérito-, pero en este caso quiero hacer alusión a una noticia que aparecía en el Heraldo de Aragón, y que precisamente trataba sobre un error que aparece en un manual de primaria. Y, de paso, trataré la maravillosa formación cultural de los “profesionales del magisterio”, así como la degradación de la Historia y de las letras en general.

Ayer, 1 de mayo de 2011, salía una noticia en el Heraldo de Aragón acerca de un libro de Conocimiento del Medio –para mayor precisión se trata de un manual de 6º de primaria de la editorial Santillana- que demuestra el bajo nivel de  educación  de quienes ejercen docencia en primaria. Según dicha noticia, y de acuerdo a las imágenes de las páginas del susodicho libro -que es aportada en la noticia y que las expongo aquí-, éste afirma: “Durante la transición, se aprobó la constitución de 1978. En 1982, el Partido Socialista Obrero Español ganó las elecciones y comenzó la época de la democracia. ¡Pues claro que sí!, ahora resulta que la constitución no fue ni siquiera democrática hasta que Felipe González no llegó al gobierno.

Podríamos pensar que se trata de algún Cesar Vidal o Pio Moa, pero de orientación izquierdista, que no duda en hacer un falseamiento de la Historia. Pero es que, una página antes de ese absurdo, no se duda en afirmar “Adolfo Suárez fue el primer presidente de la democracia de España”. ¿En qué quedamos?

 

Esto hace pensar, a primera vista, que estos libros son escritos por personas que básicamente no tienen una mínima idea sobre los temas que tratan, más allá de una formación pedagógica que de poco sirve –si es que sirve en algún momento- sin una formación cultural adecuada, en este caso de Historia. Por otra parte, váyase usted a saber cuántas personas han participado en la redacción de cada uno de los párrafos para llegar a tal error y contradicción. La disposición en el manual, según las imágenes, indica  que unos han escrito el texto, otros han añadido un cuadro informativo, y otros el cuadro de resumen. Evidentemente, cualquier manual únicamente requeriría un texto continuado, pero la moderna pedagogía, que viene a considerar al alumno un auténtico estúpido, tiene que poner las cosas “bonitas” a lo largo del libro -y de paso que la editorial aumente las páginas de éste y con ello un mayor precio-, aún cuando esto sea contraproducente. También cabría pensar que tal error ha sido cometido debido a un resumen de algún otro texto, sacando de contexto afirmaciones, lo que de igual modo refleja la poca sesera de su redactor o redactores.

Pero dejando este absurdo a un lado, vayamos a otra cuestión. ¿Hasta este momento nadie se había dado cuenta del grandísimo error? Según la editorial, siguiendo el artículo del Heraldo, no ha recibido ni un solo comentario sobre esto. Lo peor de todo es que la propia editorial, pese a que dicen tener cientos de expertos revisando los textos, parece que pasaron por largo esto. Quizás esos “expertos” vayan más a mirar el continente que el contenido, como a menudo afirman en las facultades de educación: “no es importante saber, solo saber enseñar”, lo que viene a significar algo así como “aún cuando no sepa física nuclear, yo te la puedo enseñar”.

En cuanto a los profesores que imparten con este libro, ¿qué piensan acerca de este error? Pues en su grandísima profesionalidad –véase la ironía–, y volviendo a citar la información que aparecía en el diario aragonés, un maestro zaragozano –del que no dicen su nombre, para que no sufra escarnio público- ha suspendido a un alumno por responder que el primer presidente de la democracia fue Suarez, pues según el profesor lo fue Felipe González, porque el libro de Santillana –una especie de Biblia, al parecer- así lo decía. Muchos pensarán: es un caso aislado. Ni mucho menos, manuales con contenidos de dudosa veracidad hay muchos, y maestros –y también profesores- sin cultura aún más.

¿En qué me baso para alegar esto último? En relación a la noticia, que otro maestro diga que posiblemente el error no fue detectado porque nunca se llega al final del libro, indica, por una parte, que han pedido un libro que ni siquiera ellos se han leído previamente. En segundo lugar, que no están dando todos los contenidos que se les exigen, lo que provoca que el alumno nunca llegue a dar el contenido relacionado con la Historia, pues en la mayoría de los libros de Conocimiento del Medio –esperpéntica asignatura que engloba desde las Ciencias Naturales, pasando por la Geografía, y acabando por la Historia- ésta última siempre aparece al final del manual.

Claro está, ¿qué podemos esperar de los maestros de primaria observando el programa de esta carrera? Sus asignaturas únicamente están orientadas a estudios psicológicos y pedagógicos, y si los primero seguramente de poco sirven si no se comprende la psicología en su conjunto, menos aún sirve la pedagogía, con absurdos sistemas de aprendizajes –que a vista de las estadísticas han provocado un mayor fracaso escolar- que poca utilidad tienen, y en cualquier caso, si el que debe impartir la asignatura ni sabe, ni comprende la materia. De acuerdo al plan Bolonia –que intenta la convergencia europea hacia el fracaso-, el grado de magisterio ha sido estructurado en cuatro años con asignaturas tales como –de acuerdo al programa que se imparte en la Universidad de Zaragoza-: Psicología de la educación, Educación social e intercultural, Currículo en contextos diversos , La educación en la sociedad del conocimiento, La escuela como espacio educativo, Psicología del desarrollo, Maestro y relación educativa, Sociología y psicología social de la educación, Procesos evolutivos y diversidad, Atención a la diversidad.

Como se puede ver, más de la mitad de esa “carrera” es de relleno. ¿Y el contenido cultural? Pues hay otras asignaturas que parecen que van encaminado a ello, aunque me parece que siguiendo su gran lema: no enseñan contenidos, sino cómo enseñarlos. Así, asignaturas como Alemán en educación, Francés en educación, e Inglés en educación, permitirán al futuro “maestro” enseñar tres idiomas sin conocerlos. Al igual que ocurre con didáctica de las ciencias sociales, del medio físico y químico, de la aritmética, de la geometría, Lengua castellana y literatura infantil y juvenil. En su mayoría, dadas únicamente en un cuatrimestre, en donde llegan a aprender cosas tales como “la forma de recortar un círculo”.

Si es en la etapa de infantil y primaria cuando se debe asentar las bases del conocimiento, los maestros deberían estar dotados de un amplio bagaje cultural. Parecería lógico que el programa de una carrera de magisterio debería estar formado por asignaturas que dieran una amplia cultura general, tal y como se hacía hace mucho tiempo, cuando los maestros lo eran de verdad, con todo lo que esa palabra conllevaba: una persona de gran sabiduría, capaz de transmitirla al alumnado, y que representaba una figura de autoridad, no ya en el aula, sino en toda la sociedad.

Mientras esto no sea así, mal irá la educación en este país, y mucho peor que va a ir, pues dentro de poco, sino ya, estos “maestros” de ahora entraran a impartir clase en la ESO y en Bachillerato, pese a no tener una licenciatura que los especialice, pues una vez más “no importa saber, sino solo enseñar”. Y es que también habría mucho que hablar de los profesores de la ESO, que sin vocación, amargados y carentes de ilusión acuden a sus puestos de trabajo para realizar el menor trabajo posible, aborreciendo a su alumnado. Al igual que el actor vive su personaje, un profesor debe vivir la materia que imparte. El profesor debería tener como principio que cada suspendo del alumno en su asignatura es el fracaso del profesor, haciendo alusión a una famosa frase dicha en la película de Gladiator, en la que Marco Aurelio le dice a su hijo Cómodo: “Tus defectos como hijo son mi fracaso como padre”. En cambio, algunos parecen enorgullecerse de la ignorancia de sus alumnos, publicando libros que recogen respuestas absurdas de sus alumnos en exámenes.

Dudo que las instituciones educativas hagan algo al respecto para mejorar todo esto, más allá de empeorarlo cada día un poco más. Retomando la noticia con la que comenzaba, el Departamento de Educación de Aragón se ha desentendido de todo esto, al considerar que cada centro puede elegir el libro que quiera. Seguramente si el problema hubiera radicado en esa asignatura llamada “Educación para la ciudadanía” nadie hubiera quedado indiferente.

Antes de finalizar, y de forma breve, me gustaría hacer alusión al peso de la Historia en la educación a día de hoy: básicamente ninguno. Nuestro actual sistema educativo considera que las letras no llevan a ninguna parte, y que es mucho mejor invertir el tiempo en lo que denominan ciencias –como si la propia Historia no lo fuera- ante el argumento que de poco sirve aprender literatura, Historia, Geografía, latín, entre otras. Argumento que una gran parte de la humanidad puede usar para considerar que la educación no vale de nada si el objetivo es desempeñar un trabajo en el que solo se necesite la fuerza bruta –al fin y al cabo, hasta el siglo XX la mayor parte de la humanidad no tuvo ningún tipo de educación-. En cualquier caso, que los grandes filósofos griegos recibieran su educación en torno a dos obras de la literatura: la Iliada y la Odisea, las cuales aprendían de memoria, indica que quizás es importante seguir usando la memoria y el razonamiento en cualquier materia. Y retomar aquel dicho “el saber no ocupa lugar”.

En fin, ya se sentenció el futuro del país hace tiempo, ahora solo es cuestión de esperar a que éste avance poco a poco por el corredor de la muerte, hasta que la llamada –la del gobernador- se realice demasiado tarde.

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