Pomerium: los límites sagrados de Roma

El pomerium era la frontera que separaba el área sagrada de Roma de lo que no lo era, es decir, del resto del mundo. Este era de gran importancia para la religión romana, puesto que afectaba a toda una serie de actividades que estaban prohibidas realizarse dentro de este recinto o, por el contrario, debían llevarse a cabo de forma obligatoria en su interior.

Por poner algunos ejemplos, la potestad de los tribunos de la plebe se restringía al área dentro del pomerium. Una restricción que quedó anulada cuando Augusto recibió la plena tribunicia potestas en el 23 a.C.  En buena medida, los magistrados civiles, es decir, aquellos que no tenían imperium –poder militar-, tenían también limitadas sus funciones a este reciento. Así, los auspicia, es decir, las señales que enviaban los dioses, debían tomarse dentro del pomerium. Limitación que explica, en buena medida, porque la asamblea por tribus o comitia tributa debía llevarse a cabo también en el interior de este. Por el contrario, los comitia centuriata o asamblea por centurias, que tenía un carácter militar, debían reunirse fuera de este límite sagrado, por ello se realizaban en el Campo de Marte. Todo lo relacionado con la actividad militar y, por tanto, las funciones militares de los magistrados cum imperio quedaban anuladas en su interior. Así, propretores y procónsules deponían su poder si atravesaban el pomerium, por ello debían aguardar fuera de este, en concreto si estaban esperando que el Senado les concediera el triunfo. De ser concedido, era el único momento en el que un ejército podía penetrar dentro de la zona que estamos tratando para llevar a cabo el desfile.

Del mismo modo, también existían restricciones para ciertas embajadas a la hora de poder penetrar al interior de esta área sagrada. Las embajadas que provenían de pueblos aliados se las alojaba y recibían intra pomerium –de hecho, las embajadas de las poleis griegas eran recibidas en un lugar concreto del foro, el graecostasis-. En cambio, los embajadores procedentes de pueblos considerados poco amistosos debían permanecer extra pomerium –además de hacerles esperar hasta varios meses antes de recibirles-. Del mismo modo, un senatus consulto prohibía expresamente a los reyes de cualquier país cruzar este límite.

Como zona sagrada, tampoco se podían realizar enterramientos dentro del pomerium tal y como mencionaba ya la Ley de las Doce Tablas. Julio Cesar  recibió el privilegio de tener una tumba en el interior del mismo, aunque finalmente sus cenizas fueron enterradas fuera de este en la tumba familiar.  Tan solo las cenizas de Trabajo tuvieron el honor de reposa en su interior, concretamente en la base de la columna que lleva su nombre.  

Pero incluso para algunos dioses, el área estaba también restringida. Mientras los dioses romanes poseían sus templos dentro del pomerium, los que fueron importados de otros lugares en época republicana, al menos mucho de ellos, tuvieron sus templos –antes de que el recinto se ampliara- fuera de este. Esta frontera, por otro lado, tenía gran importancia cuando se realizaban lustraciones, es decir, purificaciones de la ciudad en momentos de crisis. Una procesión en torno a este se llevaba a cabo durante dicha ceremonia.

El primer pomerium fue marcado, si atendemos al origen mitológico de la ciudad, por Rómulo. Así, las fuentes indican que este rodeaba únicamente el Palatino.  Esta colina era el lugar donde Rómulo había fundado la ciudad en origen según dicho mito. Tácito (Ann. 12.24), por ejemplo, describe un circuito alrededor de esta colina, que algunos investigadores han considerado que en realidad se trata de una confusión de los autores romanos con el circuito que se realizaba el día de las Lupercalia. No obstante,  las excavaciones muestran que en la pendiente noreste del Palatino existían una serie de zanjas y murallas de época de la monarquía, que si bien podría interpretarse como un sistema defensivo, este parece tener más bien un valor simbólico, es decir, que señalizarían los límites del pomerium.  La tradición también indica que el Aventino quedó fuera de esta área, pues fue en dicha colina donde Remo tomó auspicios cuando los dos hermanos intentaban averiguar quién debía fundar la nueva ciudad. Remo, en cualquier caso, fue asesinado cuando cruzó el límite de la recién fundada Roma.

El pomerium en época de Vespasiano

El pomerium en época de Vespasiano

El pomerium no se mantuvo siempre igual. Fue ampliándose con el tiempo. Durante la República hubo tres alteraciones del mismo. La primera extensión, si atendemos a las fuentes, la realizó Servio Tulio y no fue cambiado hasta los días de Sila, momento en el que se volvió a ampliar según Gelio (NA 13.14.4-7). Más tarde fue agrandado por Cesar (Cic. Att. 13.20; Dio 43.50.1). En época Imperial lo ampliaron los emperadores Claudio y Vespasiano.  Bajo el reinado del primero, pasó de tener 325 hectáreas a 665 –puesto que incluyó el Aventino- y con Vespasiano alcanzó las 745. Según la Historia Augusta, también lo hicieron Augusto –aunque si omitimos a Tácito (Ann 12.23), las Res gestae no lo mencionan, cosa que parece extraña-, Nerón, Trajano y Aureliano, pero con serias dudas. Estas ampliaciones no eran el resultado de un crecimiento de la población romana ni de la necesidad de más espacio. En ningún caso el pomerium coincidía con el área urbanizada. El aumento del pomerium tiene que ver, según Tácito, con un acto simbólico que reflejaba la ampliación de los territorios dominados por Roma. Por ejemplo, Claudio lo justificó por la conquista de parte de Britania, y Vespasiano por continuar la conquista de Britania y parte de Germania.

El pomerium no era una línea ficticia, al menos en parte, sino que estaba físicamente señalizado. En época imperial estaba marcado por bloques de piedra de dos metros de altura y un metro de lado, que se encontraban justo donde el pomerium cambiaba de dirección. En cada uno de estos estaba marcado en pasos romanos la distancia que separaba uno de otro y, además, todos ellos estaban numerados. Los de época republicana debían ser de menor tamaño, pero ninguno de ellos ha sobrevivido hasta nuestros días. Tales bloques fueron reemplazados en ocasiones, pero siempre delimitando el recinto sagrado. Así, por ejemplo, cuando en época de Adriano  se creó un dique para proteger a la ciudad de las crecidas del Tíber, se tuvieron que poner nuevos bloques justo encima de los viejos. En época de Aureliano, por otra parte, este hizo construir una muralla (la aureliana) que seguía de cerca la línea del pomerium en muchos tramos, aunque en este caso se trataba más bien de una necesidad defensiva que una mera señalización.

 

BIBLIOGRAFÍA

BEARD, M.; NORTH, J. y PRICE, S. (1998): Religions of Rome, Vol. I, Cambridge University Press

NORTH, J.; LINTOTT, A.W.  (1996): “Pomerium”, en HORNBLOWER, S. y SPAWFORTH, A. (Eds) The Oxford Classical Dictionary, Oxford y New York

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