Predinástico y Protodinástico

Se suele llamar predinástico al largo periodo en el que se va conformando la cultura egipcia, anterior a la primera de las dinastías históricas. Este periodo predinástico se caracteriza por una continuidad cultural, que va evolucionando desde el neolítico, sin que las diversas culturas en las que los egiptólogos dividen este periodo sea una ruptura una de la otra.

Sin embargo, es un periodo muy complicado de estudiar, con demasiados vacios de información, difíciles de reconstruir. Demasiadas dudas, muchas hipótesis, y desacuerdos entre los egiptólogos en puntos fundamentales.

Desde finales del neolítico se hablaba ya, a lo largo del Nilo, el egipcio, sin que exista evidencia de ningún tipo de inmigración. La lengua egipcia se estableció a lo largo del neolítico sobre la lengua autóctona, que acabó por desaparecer, aunque el egipcio conservará algunos rasgos de ésta.

Debemos dividir en territorio del Nilo en dos partes, el Alto Egipto al sur, y el Bajo Egipto al norte, que serán las dos divisiones tradicionales que harán los egipcios del país. Por ello deberíamos narrar aquí la leyenda de la unificación de Egipto, que ellos mismos daban. Según los egipcios el país estaba dividido en dos reinos distintos, uno el del Bajo Egipto, y otro el del Alto Egipto, cada uno de ellos con una monarquía distinta, con símbolos propios. Así, el monarca del norte se caracterizaba por estar tocado con una corona roja, mientras que el del sur lo estaba con una corona blanca. Ambos reinos fueron unificados por Nemes, primero de los monarcas de la primera de las dinastías. A partir de entonces los símbolos reales aparecen unificados, y los monarcas llevarán la doble corona. La paleta de Narmer, quizás la misma persona que Nemes, demuestra bien la unificación de los símbolos, y muy probablemente la conquista de varios de los nomos, como demuestra la representación de varios estandartes pertenecientes a los nomos conquistados. En ella Narmer aparece con la corona del Bajo Egipto, mientras que por la otra cara aparece con la corona blanca del Alto Egipto, castigando a sus enemigos, en una postura que se mantendrá en este tipo de representaciones a lo largo del tiempo.{phocagallery view=category|categoryid=5|imageid=13|displaydownload=0|float=left|type=0}

Muy probablemente la leyenda tiene algo de realidad, aunque no debemos pensar en la existencia de tan solo dos reinos, sino de varios que finalmente acabaron por ser conquistados, quizás por este Narmer. Lo que sí es evidente es que el desarrollo del Delta y el Alto Egipto fue diferente. El Bajo Egipto, principalmente el Delta, estuvo mucho más poblado y tuvo un desarrollo más rápido que el Alto Egipto. Las causas de ello serán, sin duda, la mayor fertilidad del Delta y su conexión con Asia. El yacimiento de Merimde, que da nombre a la cultura del mismo nombre (4300-3700), es el más antiguo hallado en Egipto, en donde se han documentado hasta cinco fases, siendo la más antigua autóctona. Sin embargo, otros autores creen que el Alto Egipto recibió también influencias asiáticas por medio del Mar Rojo.

Posteriormente, entre el 4000 y el 3500, surgiría en esta zona la cultura de Maadi, plenamente metalúrgica, con un gran nivel de la técnica, y con conexión con Asia.

En este momento se crearían los nomos -una especie de ciudades-Estado-, que serían la célula administrativa del Egipto faraónico. Estos nomos a su vez se debiéron ir agrupándose en confederaciones, dando lugar a reinos. Muy probablemente existió una confederación de oriente y otra de occidente en el Delta, así como alguna otra que irían cambiándo según el tiempo. La propia religión fue evolucionando con estos avatares políticos. Los dioses locales fueron agrupándose, según las alianzas, en sistemas teológicos o de parentesco entre los dioses. De ahí que en los Textos de las Pirámides se evidencien dos sistemas teológicos distintos: el solar y el osiríaco.

Heliópolis se convirtió en la capital religiosa del Egipto Predinástico, cuyo dios local, Atum, se convirtió en el dios supremo del resto. También Osiris comenzó a tomar una gran preeminencia, y con el surgimiento de una monarquía en el Delta, cuya titulación evidencia la encarnación de Horus, hijo de Osiris, este dios pasó a entrar en la esfera de Atum.

Se encuentra que mucho de los elementos del Delta fueron penetrando progresivamente en el Alto Egipto, como por ejemplo el propio Horus. De esta forma, el dios más importante del Alto Egipto, Set, acabó por convertirse en asesino de Osiris, el cual fue posteriormente resucitado por Isis, después de reunir todos los trozos en los que su cuerpo había sido cortado.

Por otra parte, las listas reales recogerán en su comienzo a muchos de los dioses como reinantes, antes de los faraones. A Osiris le sucederá Horus, y el resto de los faraones serán descendientes de éste. De ahí que el Faraón encarne a Horus.

Sin embargo, será la cultura que se desarrolle en el Alto Egipcio la que se acabará por imponerse en todo Egipto. El predinástico Antiguo comienza en el Egipto Medio con la cultura Badariense (finales del 5º milenio hasta el 3800). Es una cultura que rompe ya con la situación previa del Medio y Alto Egipto, que sucedió a la cultura Tasiense, la cual no conocía el cobre. El Badariense ya lo conocerá, aunque aun sin fundirlo. A esta cultura la sustituirá la de Nagada -aunque son contemporáneas-, que se extenderá por Egipto Medio y el sur. Esta cultura, que se desarrolla a lo largo de 800 años, muestra ya una total unidad de elementos en el territorio, aunque irá evolucionando a lo largo del tiempo. Ya se observan algunos rasgos decorativos que se mantendrán a lo largo de toda la historia egipcia, y encontramos las primeras paletas cosméticas. Sin embargo, estas culturas no tendrán prácticamente relación con el Delta, por lo que hasta el cuarto milenio de desarrollaran de forma distinta.

En el Predinastico pleno, la cultura de Nagada, que había evolucionado a Nagada II (3600-3200), creó nuevas técnicas de irrigación que permitieron un mayor control de la crecida del Nilo, y aumento de la agricultura. Nagada II se extendió hasta la segunda catarata del Nilo, así como por el Egipto Medio, hasta entrar en contacto con la civilización de Maadi. Al mismo tiempo que ésta se extendía también, y aumentaba sus contactos con Asia. Las relaciones con Buto y Uruk parecen que encuentran evidencias arqueológicas. Aunque Maadi desaparecía con el empuje de la cultura de Nagada.

En el Sur comenzaron a aparecer agrupaciones de nomos, una de ellas con capital en Ombo, bajo la protección de la divinidad local, Set. Parece que existió una rivalidad entre los nomos setianos y los horianos, representado por el de Heliopolis éste último. En el final del predinástico existían dos reinos horianos, uno con capital en Buto, y otro con capital de Hieracómpolis, en el Valle. La frontera entre los dos era Menfis. Probablemente la confederación de Hieracómpolis fuera unificando el Alto Egipto, acabando con la confederación setiana.

El germen del futuro Estado faraónico estaba ya formado al final del predinástico pleno.

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Con Nagada III (3300-3100) comienza lo que se ha venido a llamar Protodinástico, en donde existe una monarquía horiana, tanto en el Alto como en el Bajo Egipto, con el aspecto que tendrá más adelante la monarquía faraónica. En este periodo empezarán a aparecer la representación de Horus con el nombre real en el Bajo Egipto. Aunque los monarcas de esta monarquía no aparecen en las listas reales, los historiados han venido a conformar la llamada Dinastía 0.

Algunos han considerado que los estandartes reales, o serej, con la representación de dos Horus, evidencian el momento de la unificación de Egipto. Probablemente el reino de Buto cayó en la división, y los reyes de Hieracómpolis creyeron tener la suficiente legitimidad para reclamar el dominio del Delta. Así, los reyes de Hierácompolis, en el Alto Egipto, también con una monarquía horiana, comenzaron a tener un amplio poder, con un reino lo suficientemente organizado como para poder reclamar la soberanía sobre las tierras regadas por el Nilo. Quizás, a partir de entonces, Egipto tuviera momentos en que estaría unificado, y se volvía a dividir, con la posibilidad de que muchos nomos siguieran siendo independientes o autónomos.

Entre estos monarcas de la dinastía 0 nos encontramos al que se ha llamado Rey Escorpión, tocado con la doble corona, el cual aparece representado ocupándose de la gestión del recurso más importante de Egipto, el agua y el riego. Ello debió convertirse en una tarea primordial al constatarse algún tipo de cambio climático que hizo que una parte de la población, que hasta entonces vivía en las montañas, se asentara en el estrecho margen del Valle.

Sin embargo la unificación no fue fácil. Muchos nomos seguirían independientes, y resistirían ante la monarquía de Hieracómpolis. Muchas de las paletas protodinásticas representan la violencia que debió haber en este periódo.

Los últimos nombres conocidos de esta Dinastía 0 son Ka y Narmer. Parece que Narmer consumó la conquista total del Delta, tal y como parece demostrar su paleta, ya antes comentada. Narmer parece, así, la figura que unificó Egipto, llegando a algún tipo de acuerdo con la aristocracia del Alto Egipto, que había sido dominadas hacía ya tiempo, pero debiendo aceptar la reconciliación de Horus y Set, que pasaron a ser protectores de la monarquía.

Egipto,a principios del tercer milenio, era ya un Estado unificado, con unas características culturales que se mantendrán a lo largo de toda su historia.