Santuarios y rituales micénicos

SANTUARIOS Y TEMPLOS
Identificar un lugar como templo o santuario es una labor también dificultosa, aunque tampoco podemos aplicar  el criterio que dio B. Rutkowski, quien afirmaba que la única forma de saber si un edificio tenía carácter religioso era encontrar la presencia de objetos sagrados. Quizás el criterio sea lógico, pero se cae en un círculo vicioso, al sernos imposible saber si un objeto tiene carácter simbólico o no.
Hubo un tiempo en el que se creyó  que la cultura micénica, ni la minoica, habían construido templos. Evidentemente, ello tan solo era fruto de una falta de excavaciones. Los principales yacimientos micénicos han puesto al descubierto templos, aunque en la mayoría de los casos integrados en los propios palacios. Se han encontrado hasta el momento templos en Delos, Eleusis, Ceos, Micenas, Filakopi, Pylos, Tirinto.
Hiller ha intentado buscar la terminología micénica para el templo, dando interpretaciones como: ijero (hierón), nawijo (naos), woiko (oikos), do (do) y opiedei (hédos). El tema es bastante complejo, hasta el punto que se realizó en 1980 un congreso en donde se debatió solo este tema[1].
El primero de los términos, hieron, es un adjetivo sustantivo, que se seguirá utilizando en épocas posteriores, y que significa “el sagrado”, pero se desconoce a qué sustantivo sobreentendido hace referencia. Este término lo encontramos en tablillas de Knossos y de Pylos, y suele ir precedido de un topónimo que localiza el santuario en cada caso. Otro de los términos que mencionan un lugar sagrado es woiko, que significa “casa”, y que suele ir acompañado de un topónimo  y el nombre de un dios, es decir, designa el lugar donde se rinde culto a una determinada divinidad, es decir, un templo. Con la designación de “casa” podemos determinar, que al igual que en la Grecia clásica, se consideraba que el dios habitaba en el templo. Termino parecido es el de opiedei, pero diferenciándose del anterior término por hacer referencia  a un emplazamiento concreto dentro del complejo arquitectónico del palacio destinado al culto de una o varios divinidades. Sin embargo el término clásico naos que aparece en las tablillas en una forma adjetival para calificar un tipo de bronce, que es requisad, en una situación de emergencia (khalkos nawwios).
Aunque lo más frecuente es que la referencia  a los santuarios no se realice mediante estos términos, sino con el nombre de los propios santuarios seguidos de una partícula lativa. Así por ejemplo en Knossos se dirigen ofrendas al Dicte (dikatade), o al Dedaleo (dadarejode). Lo mismo ocurre en Pylos y en Tebas.
Otro sistema simple es el empleo de adjetivos formados sobre los teónimos aplicados claramente a un hierón o woikos no expresos. En la gran tablilla de las ofrendas de Pilos tendremos ocasión de ver varias de estas referencias. Hay, por otra parte, varios tipos de datos para suponer  que cerca del palacio existió una especie de santuario denunciado no sólo por las ofrendas que recibe, sino porque conservamos la distribución de la propiedad de la tierra de dicha zona y vemos que abundan los propietarios que tienen estrechas conexiones religiosas (sacerdotes, sacerdotisas, servidores de los dioses). Se trata de pakijana, que ha sido identificada por Chadwick con la zona de Volimidia, Jora, a 3 Km al norte de Epano Eglianós, donde en época posterior se otorgaban honores divinos a las tumbas micénicas allí sitas.
Se ha pensado que el palacio micénico constituía el principal lugar de culto en época micénica y la continuidad del culto en el primer milenio en los antiguos emplazamientos palaciegos así parecía confirmarlo. Por lo tanto, varias de las referencias documentales a distintos santuarios pueden hallar su ubicación física dentro del propio palacio. Sin embargo, esta posición se mantenía sobre todo por la falta de testimonios arqueológicos de otros lugares de culto, a pesar de que en la documentación quedaba claro, como hemos visto, la existencia de áreas culturales fuera de los propios palacios. La situación hoy es distinta, ya que las excavaciones no han proporcionado algunos de estos centros de culto externos, de los que quizá el mejor definido y el más instructivo sea el de Micenas. Es interesante reseñar la existencia de una serie de capillas con sus correspondientes puertas y su parafernalia religiosa.  Uno de los santuarios estaba decorado con frescos que han podido ser recuperados en parte y hoy se conservan en el Museo de Nafpli.
Allí se encontraba tres diosas, dos de ellas están de pie y la tercera, sentada, que parece ser una diosa de menor rango, y a que está representada en una escala menor que las otras dos. En cada mano lleva algo en forma de lama, de color rojo brillante, que muy probablemente es algún tipo de cereal. Es la misma representación que aparece en una tapadera de marfil de Ras Shamra, y que se ha identificado con la señora de las mieses o sitopotinija[2].
Podemos encontrar en este complejo la presencia de zonas de talleres y de sacristías, aquéllos denunciados por el descubrimiento de herramientas y materias primas a medio trabajar, junto con un elemental sistema de contabilidad por medio de fichas de arcilla, cuya función recuerda la de los nódulos tebanos. Esta vinculación de las áreas culturales a esferas de la producción había sido ya señalada por el análisis de la documentación escrita.
Por poner otros  ejemplos el de pakijana estaba dividido en cinco “capillas”. El de Poseidón, existían dos divinidades femeninas. En el de Zeus está el titular con su pareja Hera y su hijo Drimio. La existencia de varias capillas y sacristías con sus correspondientes puertas ha sido ya señalada para el centro cultual de Micenas. Allí las divinidades podrían recibir culto una por una o en festejos conjuntos, como sugiere el arqueólogo griego Bulotis, lo que explica tanto la fórmula general de “a Todos los Dioses” como la existencia de una Clavera en pakijana, que tuviera bajo su control el acceso al recinto de cada divinidad.
Hasta ahora hemos podido deducir la existencia de una religión más o menos compleja, con la existencia de templos y santuarios, por lo que era necesaria la existencia de unos oficiantes que regularan la religión. Si nos basamos en la Odisea es el rey Néstor el que realiza las funciones de sacerdote en el sacrificio de una novilla a Atenea y, por influencia de la teoría de un rey-sacerdote en Knossos como sostenía Evans, en los primeros momentos del desciframiento se especuló mucho sobre el carácter sacerdotal del monarca micénico, algo que ya hemos comentado. Sin embargo, el oficio sacerdotal disfruta de su propia designación en las tablillas con el término clásico para sacerdote hiereus (ijereu) y sacerdotisa hiereia (ijereja). En Knossos se atestiguan varias veces unas sacerdotisas de los vientos con sede en la propia Knossos y en otra localidad de situación indeterminada. Dado que aparecen en las listas de acciones de un mes determinado, se ha penado que se trata de ofrendas coyunturales para propiciar vientos favorables en la apertura del período de navegación en el Egeo. Sin embargo, no suele darse una descripción de las divinidades a las que sacrifica el oficiante. En Pylos, sacerdotes y sacerdotisas aparecen con sus nombres, en ocasiones, con la mención de los lugares en los que ofician. Poseen tierras, son renteros y arrendadores, y poseen esclavos propios, a veces en gran número. La tablilla Ae 303 nos enseña que en Pylos son catorce las esclavas de la sacerdotisa destinadas especialmente al cuidado de la parafernalia de oro. De los nombres propios de estas gentes dedicadas al culto, no vemos que se trate de nombres parlantes ni especialmente aristocráticos; solo el sacerdote de pakijana puede tener un nombre explicable por el tabú del pelo, que impedía que fuera cortardo: wetereu (wetheireus).
Oficiante religioso es también la clavera. Dado que interviene nominalmente con las autoridades locales en la requisa del bronce de los templos, debe tratarse de una especie de sacristana. También existe un sacrificador: ijerowoko (hieroworgos).
Finalmente, habría que hablar, de cómo los dioses representados, ya sea por el palacio, santuarios o templos, intervienen activamente en la economía. Por ejemplo, en Knossos determinados rebaños de ovejas aparecen descritos con el adjetivo de potinijawejo. Ello indica que la diosa tiene adscritos unos rebaños y sus productos, de la misma manera que otros personajes del reino. En Pylos sucede lo mismo, Potnia  es mencionada como propietaria de 10 ovejas y una piara de 190 cerdos. Pero su participación en la economía de Pylos no se limita a la ganadería y agricultura, en la que toda una aldea parece pertenecerle, sino que posee establecimientos industriales de forja en al menos dos localidades y un taller de perfumes, que vienen a añadirse a la guarnicionería localizada en el propio palacio[3]. En Chipre, en el yacimiento de Kition, se han puesto al descubiertos los restos de una fundición encuadrados en el área de un templo, junto a las murallas de la ciudad.
Todo esto nos  proporciona una imagen “oriental” del templo, como centro de producción y de acopio de excedentes, inserto en la órbita de la administración central.

CULTOS Y RITUALES

Hemos visto los dioses y posteriormente la “casas” de estos en la tierra. Ahora hay que ver los rituales y cultos que tiene como misión la unión del cielo y la tierra, de un acercamiento de los hombres con los dioses.
La reconstrucción de los cultos es difícil y en ella intervienen varios elementos. Es posible recuperar información preciosa de la interpretación de los programas pictóricos plasmados en los frescos que visten los espacios religiosos y de la propia organización arquitectónica de los mismos. La glíptica abunda igualmente en escenas cultuales, pero por lo general éstas siguen una tradición minoica. La parafernalia hallada en los santuarios permite también en ocasiones deducir los motivos y modos de su empleo. Los textos, sin embargo, son parcos, como ya se ha mencionado.
Tan solo cinco rituales se conocen en el mundo micénico, teniendo todos ellos un carácter local, y que si bien pudieron ser parecidos en otros lugares, no son algo que se pueda generalizar, existiendo también serias dudas sobre si hubo alguna relación directa entre las ofrendas y fechas determinadas. Tampoco tenemos datos sobre normas que rigen el culto ni el significado que pudieron tener aquellos más allá de hipótesis que pueden aportar la historia de las religiones.
Una de las tablillas que puede servir para el estudio de este tema es la PY Tn 316. Es un documento singular, sin que exista otro documento igual en el archivo de Pylos. La tablilla presenta numerosas huellas de reelaboración y parece que el escriba dudó mucho antes de dar con la fórmula idónea para escribir el texto. Se ha sugerido que fue escrito en dos momentos distintos lo que se opone a la propuesta de Chadwick de considerarlo apresuradamente escrito en las circunstancias difíciles que precedieron a la caída del palacio de Pylos. Otros estudiosos abundan recientemente en la opinión de que el rito reseñado es rutinario.
Este texto está fechado en el mes de Plowisto, que según Palmer era el mes de la Navegación. Según Bernard Sergent[4] las mujeres prepararían el vestido de la diosa Potnia y de otras como Manasa, Iphemedeja, Diia y otros dioses, junto con una serie de ofrendas. El ritual tendría como fin celebrar la apertura de la estación navegable y de la actividad humana en general, tras el fin del invierno. El mes de su celebración sería el equivalente del Mounikion ático. Sin embargo la interpretación puede ser muy discutible ya que parte de rituales helénicos de época histórica.
Para la acción religiosa se  emplea en cuatro ocasiones  una fórmula complicada, cuyo primer verbo traducido es “tener lugar una consagración”,  que puede significar “sacrificar”. Los otros dos verbos tienen un significado próximo y cada uno lleva su complemento, presentes, y  víctimas: los primeros son una serie de vasijas de oro (en total, trece) y los segundos, diez seres humanos, de los cuales dos son hombres y ocho mujeres, distribuidos según el sexo de la divinidad a  la que se destinan.  Se ha sugerido que se trata en realidad de víctimas destinadas a ser sacrificadas, pues en época micénica se practicaba el sacrificio humano según la tradición y a juzgar por algunos hallazgos arqueológicos[5]. Además, para quienes defienden la existencia de sacrificios humanos, creen que estos  no constituían algo excepcional, sino que formaban parte de la rutina administrativa. Así Buck incluso dice que estas victimas sacrificiales formarían el grupo de los porenes, que alimentados por el palacio estaban destinados al sacrificio. Sin embargo, la tablilla Tn 316 no es un documento rutinario en su contenido económico: trece vasos de oro representan una ocasión muy especial. Por otro lado, hemos visto que los dioses micénicos tenían unos intereses económicos tangibles y agradecerían más la cesión de un exvoto humano que unir al conjunto de sus servidores, que su sacrificio[6]. Y tampoco la terminología de la tablilla antes mencionada indica que se produjera un sacrificio humano. La palabra ijetoqe que se utiliza para designar a estas supuestas victimas debería traducirse como “consagrados” u “ofrendados, junto con las demás ofrendas[7]. Por lo tanto el sacrifico humano queda desechado.
Otro de los rituales conocidos  es el tonoeketerijo[8], dedicado a los wanasoi y que ha sido interpretado como un ceremonial de instalación del trono real o de unción del trono, aunque también puede ser  un cambio del manto de la divinidad. Un tercer ritual es de reketoroterijo, que según Faure sería una fiesta  dedicada a Poseidón en la que se extendería un lecho en honor del dios para que participase en el banquete sacrificial. Un cuarto era la teoporija, que según Hiller[9] podría ser una theophoría o procesión en la que se trasladase procesionalmente la imagen del dios. Esta interpretación se ve confirmada  por los frescos de Tebas, Tirinto, Micenas y Pilos, en los que aparecen procesiones de mujeres. Estos cultos parece que se hubieran desarrollado  en los patios occidentales de los palacios en las que se debían reunir gran cantidad de personas como espectadores. Se apoya también en el hecho de que las tablillas de Knossos[10] poseen un contenido cultual.
A estas ceremonias se le podría añadir el conocimiento de una panegiria, si se acepta la traducción propuesta por Taillard de una de las tablillas[11]: “En el mes de la Panegiria, cuando se pisaron (las olivas para hacer el) aceite, para la delegación (de los tesoros) 1,6 litros; para la Protectora de los cazadores; en Amnisos, para todos los dioses 19,2 litros; para Ares, 1,6 litros”.
Otros datos, más fragmentarios aún, podría ser el de una tabilla también de Pilos, PY Un 6, a la que le falta el encabezamiento. Esta dividida en parágrafos y el más completo del anverso aparece el teónimo peretwa seguido por dos partidas de una vaca, una oveja, quizá una jabalina y dos puercas. En el parágrafo anterior parece que se asentaban idénticas partidas referidas a Poseidón. Todo apunta a que se trata de una suovetaurilia, tal como la practicaban los romanos. En el reverso se asientan unos tapices para la sacerdotisa y la clavera. Otra ceremonia especial, en la tablilla PY Un 2, se encierra en el envió de una serie de productos y animales, tales como cebada, harina, aceitunas, miel, higos, un buey, 26 moruecos, 6 ovejas, 2 machos cabríos, 2 cabras, 1 cebón, 6 puercas, vino, paños y una cántara de genero indeterminado. Todo ello va a pakijana, con ocasión de una especie de consagración o iniciación real[12].
Las ofrendas a dioses y diosas en los palacios o santuarios próximos a ellos son abundantes en las tablillas, y como demuestra el santuario de Micenas, se llevarían a cabo mediante vías procesionales, tal y como sucedía en Egipto, Próximo Oriente, y más adelante en los santuarios de la Grecia clásica.
Los ejemplos de ofrendas son muchos, además de los ya mencionados. Pero estos los podemos considerar cultos oficiales, los dirigidos por el palacio, y por ello nos han quedado muestras de ellos en las tablillas. Sin embargo debieron existir otro tipo de cultos, conocidos como cultos populares que se desarrollaban en cuevas, cumbres montañosas y recintos sagrados, aunque por el momento no han sido muy estudiados, al igual que ocurre con los santuarios domésticos y alteres en plazas y lugares públicos.
Un ejemplo de un tipo de culto en las montañas ha sido descubierto relativamente poco en el monte Lykaion[13] por David Gilman Romano, de la Universidad de Pensilvania, junto con Michalis Petropoulos y Mary Voyatzis. En el sur del monte, uno de los lugares a los que se atribuía el nacimiento de Zeus, existe una pequeña zanja en donde se ha encontrado más de cincuenta vasijas micénicas para bebidas, fragmentos de estatuillas representando humanos y animales, y un hacha de dos hojas en miniatura. De igual modo, se han encontrado también huesos quemados de animales, principalmente cabras y ovejas, algo que concuerda con las ofrendas que mencionan las tablillas de lineal B. Además el yacimiento ha sido fechado en el Heládico Tardío, pero al parecer mantuvo una continuidad de culto hasta el siglo II a.C. En los niveles superiores al micénico se han encontrado representaciones grabadas de Zeus. Ello ha dado a entender que se trata de un antiguo santuario a este dios.
En cuanto al sacrificio de animales, en las tablillas podemos ver animales como toros, cerdos, cabras y ciervos, que si los comparamos con los animales sacrificados en la religión minoica coinciden, los cuales han sido bien estudiados por Marinatos[14], ya que la glíptica, que permite en parte el conocimiento del lugar de los sacrificios, estaba mucho más desarrollada en la cultura minoica. Aunque como se viene diciendo desde largo no se pueden extrapolar los datos de la religión minoica a la micénica, por lo que comentar los sacrificios minoicos sería una perdida de tiempo, aunque si que parece bien atestiguado que los micénicos tomaron de los minoicos el uso de la libación, y que junto con la sangre de los animales sacrificados se realizarían libaciones de aceite, vino y leche, algo que también se ha podido demostrar que se realizaban a los muertos.
De hecho, el estudio de los rituales y cultos funerarios debería ser de gran importancia para el estudio de la religión, pues no deja de ser una parte de ésta, el entendimiento del más allá por parte de los micénicos. Pero muchas veces este aspecto es olvidado al no aparecer en las tablillas, pero para lo cual lo suple la arqueología.
Muchos han sido los que han considerado que no existía en el mundo micénico un culto a los muertos[15]. Sin embargo, ¿a qué llamamos culto a los muertos?, ¿ese culto debe ser tal que deje siempre una presencia material?. Dos argumentos que se pueden dar, que se encamina a que realmente no existió un culto tal, es que de haber existido si quedaría atestiguado en las tablillas, pues la familia real, al menos, habría recibido ese culto. El otro argumento, es que las tumbas de fosa, en muchas ocasiones aparecen construidas sobre otras similares sin guardar ningún tipo de cuidado. De ello se deduciría que los micénicos considerarían que la fuerza y la potencia  del muerto se terminaba cuando desapareciera el cuerpo, y por lo tanto no se preocuparon acerca de las posibles actividades perjudiciales a desarrollar por los cadáveres[16]. Quizás podamos considerar que esto fue así, pero en cambio los ajuares de las tumbas indican que al igual que los pueblos de la antigüedad, el transito de la vida y la muerte, si que iba acompañado de un ritual que debía ayudar a que el difunto lograra ir a un más allá, de ahí que los fallecidos fueran enterrados con vestidos, joyas y sus armas, aunque muchos de estos estafan fabricados solo para la muerte, sin embargo, que aparezcan vasos con aceite y harina, eso no deja lugar a dudas a la creencia de una vida en el más allá en la que el difunto necesitaría de la energía que dan esos alimentos.  Además se ha demostrado la existencia de sacrificios de animales en las tumbas, sin que se pueda señalar detalladamente la función que ello desempeñaba. También se han podido ver medidas de tipo apotropaico en las tumbas de fosa con la finalidad de defenderse de los poderes del muerto, así por ejemplo, las tumbas están tapadas con una losa cuya finalidad, dada su peculiar disposición, sería la de impedir aparentemente la salida del muerto que se agarra a un mundo, el de los vivos, al que ya no pertenece. Posteriormente, con la introducción de las tumbas de tholos seguimos viendo, por sus ajuares y los tipos de sacrificio, que se mantuvieron las mismas creencias, aunque quizás pudieron cambiar cuando en el Heládico Tardio III se introdujo la incineración. Aunque como no conocemos las creencias, respecto a la vida de ultratumba, anteriores, tampoco podemos saber si la introducción de la incineración conllevó algún cambio en las creencias.
Lo que si se ha apreciado es que en épocas posteriores, cuando la cultura micénica ya había sucumbido tras la llamada crisis del 1200 a.C, se inició un culto en muchas de estas tumbas, como culto a los antepasados, es decir, a los héroes. Por lo tanto estos mitos heroicos, característicos del siglo VIII a.C en Grecia, no se deben a mitos micénicos, sino que se crearon durante los “Siglos de Oscuridad”.

NOTAS
[1] Sanctuaries and Cults in the Aegean Bronze Age. Proceedings in the first International Symposium at the Swedish Institute in Athens. El trabajo de Hiller se encuentra en el acta de este congreso: Heiligtümer: das Zeugnis der Linear B Texte, pp 95-126
[2] SANCHEZ RUIPÉREZ y MELENA JIMÉNEZ (2005), p. 185
[3] Tablillas: Eb 364, Ep 613, Eq 213.5, Ja 310, Jn 431, Un 249
[4] BERNARD SERGENT, Heortologie du mois Plowistos de Pylos, DHA, 16.1 1990 pp. 175-217
[5] BUCK, Mycenaean Human Sacrifice, Minos XXIV, 1989 pp. 131-137
[6] RUIPEREZ, y MELENA (2005), pp. 194.195
[7] BERMEJO BARRERA y REBOREDA MORILLO (1993), p. 62
[8] Fr 1222
[9] HILLER, Teoporija, en Aux origenes de l’hellénisme. La Créte et la Grèce, París, 1984, pp. 139-150. Recogido en BERMEJO Y REMODELO  p.49
[10] Ga 1058 y Od 696
[11] TAILLARD, “Une Panégyrie en Créte Micéienne?, REG, XCII, pp. 365-373. Tablilla Kn.Fp 14
[12] RUIPÉRZ Y MELENA (2005), p 195
[13] Página web del proyecto de excavación: http://corinth.sas.upenn.edu/lykaion/lykaion.html
[14] MARINATOS, Minoan Sacrificial Ritual. Cult Pracise and Symbolism, Acta instituti Atheniensis Regni Sueciae. Series in  8, IX, Stockholm, 1986
[15] Defienden esta idea, entre otros, Georges Mylonas
[16] BERMEJO BARRERA y REBOREDA MORILLO (1993), p. 63. Hipótesis dada por SCHNAUFER, Frúgriechister Totenglaube. Untersuchungen zum Totengaluben der mykenischen und homerischen Zeit. Hildesheim, 1970