Tumbas monumentales

Las grandes tumbas, las que tienen una proyección arquitectónica, son en si mismas autenticas obras de arte, para el recuerdo del difunto en las generaciones venideras, una autorepresentación, y con el objeto, en muchos casos, de representar la virtus y la pietas(BENDALA GALÁN, en VAQUERIZO (2002), pp 67-85). Muchas de estas obras tienen modelos heredados claramente del mundo helénico y oriental,  adaptados al mundo romano y difundido por las provincias. Pero esta monumentalidad de las tumbas hay que buscarlo, no en el mundo griego, sino en el mundo oriental, que con el inicio del helenismo, la primera gran tumba será la de Mausoleo del Halicarnaso, tan conocido en el mundo que dio nombre a todos los mausoleos.  A partir de los últimos años de la República se inició la difusión en la Península itálica de estas tumbas municipales que tendrán su difusión en época imperial, y en donde el mauselo de Augusto puede interpretarse como la evidencia de esta monumentalidad. La difusión de esto a lo largo de las provincias dependerá de la cultura y grado de romanidad en cada uno de los territorios, si bien, es más sencillo encontrar estas tumbas en oriente que en el occidente.

Surgirán multitud de modelos de monumentos funerarios, sin que exista en la elección de uno u otro ningún tipo de creencia, sin existir tampoco un condicionante geográfico primordial entre unos tipos u otros, y de hecho, pese a que se ha realizado una clasificación tipológica, existe una amplia variedad de monumentos, algunos tan exclusivos como el de Cayo Cestio que se construyo una pirámide en las mismas puertas de Roma.

En general, muchos son modelos que se repiten a lo largo de los siglos, puesto que los talleres locales  tenían  planos, dibujos y manuales compilados de los diversos tipos de monumentos, que podían ser adaptados al gusto de quien los contrataba. Existía así una estandarización, incluso en la decoración, que suele cambiar según las épocas, aunque en ocasiones ésta solía estar vinculada a la ideología del individuo. Aunque en cada lugar del Imperio tendieron a usarse los materiales locales más disponibles, pero no era extraño que aquellos que se lo pudieran permitir importaban materiales, en especial los mármoles, desde los lugares más remotos del Imperio, y no era tampoco de extrañar que estos se trabajaran en talleres de prestigio para luego ser mandados desmontados al lugar donde se establecerían permanentemente.

Junto al monumento como recuerdo eterno, se encuentra la escultura funeraria como otra forma de perpetuar ese recuerdo. Entre los siglos II a.C y II d.C ésta escultura se pueden encontrar tres tipos:  una estatua de bulto redondo, ubicada en un nicho; el busto-retrato exento, apoyado sobre pedestal o pilar, o colocado dentro de pequeños nichos como los de los columbarios; y finalmente el relieve, que podía desarrollarse en una placa alargada inserta en las fachadas de las tumbas, en un altar para las ofrendas o, en los casos más modestos, en una simple estela hincada en el terreno. Los individuos que son representados suelen tener una actitud seria, vestidos con la toga en caso de los hombres, mientras que las mujeres suelen estar representadas como virtuosas matronas, con túnica y el manto, con la cabeza cubierta en muchas ocasiones. Los niños, al no haber llegado a la edad adulta, se les representa con toga praetexta y con la bulla. Aunque por influencia del mundo griego, los difuntos pueden adoptar en estas esculturas representaciones heróicas, apareciendo desnudos o semidesnudos, imitando en ocasiones a las divinidades del panteón griego y romano (VAQUERIZO (2001) pp 102-103).No es extraño tampoco encontrar la representación conjunta de matrimonios, en los que éstos se cogen de la mano derecha como símbolo de concordia y de despedida. En otras ocasiones se pueden encontrar también representaciones de familia en el termino más amplio, con largas representaciones de personajes, muchas veces representando el banquete funerario, en el que el individuo aparece recostado en el lecho.

Es usual encontrar también representaciones en la que los individuos aparecen realizando su oficio, o iconos que representan su labor, especialmente entre las profesiones que estaban constituidas en collegia, y sobre todo el estamento de los militares que se hacían representar con el atuendo militar y aquellos atributos alusivos a su cargo dentro del ejército.

A partir de mediados del S. II d.C y sobre todo desde el III fue decayendo la costumbre de representar a los difuntos , y empezaron a limitarse a los relieves de los sarcófagos de mármol. Y con el triunfo del Cristianismo en el siglo IV d.C las únicas representaciones serán escenas de la Biblia.

Planta y alzado del Mausoleo de Augusto

Planta y alzado del Mausoleo de Augusto

Monumentos funerarios circulares

Tal y como su nombre indica, son monumentos con forma circular, en ocasiones sobre un podium, y con una cubierta cónica. Si hay que poner un ejemplo de un monumento funerario circular, éste es el Mausoleo de Augusto, formado por una cella interior, con cinco muros concéntricos, 12 cámaras en el interior, y un pilar central que debía soportar una estatua de Augusto en la cúspide, tal y como nos dice el geógrafo Estrabón: “estaba constituido por un túmulo, elevado sobre un alto basamento de mármol blanco. El túmulo estaba cubierto de árboles siempre verdes, y coronado en la cima por una estatua de bronce de Augusto”(Estrabón 5.3.8). Suetonio nos dice: “Había levantado este monumento durante su sexto consulado, entre la via flaminia y la ribera del Tiber, y ya entonces había destinado al uso del pueblo los bosques y paseos que lo rodeaban” (Suetonio II, 100,4).

Anteriormente ya existían en Italia  tumbas de planta circular, que habían sido usadas por  las grandes familias romanas, y que tienen un origen etrusco. Había  tumbas de cámara que tenían una apariencia externa de túmulo (ABASCAL, J.M.,  (1991), p.233). Pero Augusto une a esto la monumentalidad, en una clara  inspiración helenística. De hecho, debemos recordad que Augusto había estado en Egipto, y fue a su vuelta, en el 28 a.C, cuando inicia la construcción del Mausoleo y podría haberse inspirado allí, en las monumentales tumbas de los faraones,  y en especial la tumba de Alejandro Magno, la cual se sabe que visitó (Suetonio II, 18.19), y al cual admiraba, si bien, tampoco se sabe a ciencia cierta como era la tumba de Alejandro exteriormente.

Se trata de un monumento que  esta dando a Augusto el recuerdo, una vida más allá de la muerte, en el que no debemos de olvidar estaba nescritas las Res Gestae con la vida de Augusto. Pero además se está reforzando  lo que al fin y al cabo es su intento de monarquía hereditaria, pues tenía el carácter de panteón familiar, de hecho allí fueron enterrados Marcelo, Agrippa, Druso, Lucio, Cayo y finalmente el propio Augusto. Esto permite compararlo con el Mausoleo de Halicarnaso, muy conocido en la antigüedad, y de donde tomará el nombre del de Augusto, que al parecer ya fue llamado desde un principio como mausoleo. El de Halicarnaso, aunque no tenga que ver nada arquitectónicamente, si que tiene una idea en común, la de ser una tumba dinástica.

Mausoleo de Augusto en la actualidad

Mausoleo de Augusto en la actualidad

Del siglo  I a.C al I d.C serán característicos estos monumentos, entre los que se pueden destacar otros como el de los Plautii, en la via Appia, el de las Canteras en la Bética, y el de los Gunyoles en la Tarraconensis. A partir del siglo II empezaron a entrar variantes como demuestra el de la Conocchia o el de Santa María de Capua Vetere donde también se encuentran nichos e intercolumnios.

Observando estas tumbas, la mayor parte de ellas se encuentran en el Lacio, al menos en un primer momento, vinculado a grandes familias senatoriales, y de igual forma, en las provincias se encuentra también esta tumbas vinculadas a grandes familias, cuyo tamaño da a conocer el mayor o menor importancia del personaje enterrado en ella.

Dado que otros emperadores construirían mausoleos con forma también redonda, hace indicar que además de intentar emular al de Augusto, estas tumbas debían ser una de las más características de los poderosos. Así, por ejemplo, las noticias que se tienen del Templum Gentis Flaviae, el cual no se ha conservado, hace indicar que era circular, si bien, esto puede ser más bien especulación. Tambien el Sepulchum Antoninorum, iniciado por Adriano, tenía forma redonda, evidentemente con la intencionalidad de enlazar con el Mausoleo de Augusto. Tenía dos pisos en forma de tambor habiendo sobre el segundo un jardín y en el tercero otro más reducido coronado por una cuadriga de bronce. Interiormente tenía tres nichos donde estaban depositadas las urnas cinerarias de Adriano, su esposa Sabina y su hijo Aelius Caesar, adornando la cámara grandes estatuas de Adriano y Antonino Pio, y en la entrada inscripciones de grandes letras recordaban a los que allí había enterrados. Entroncaba por lo tanto con las tradicionales características arquitectónicas de Roma.

Monumentos tipo templo

Monumento tipo templo en Fabara

Monumento tipo templo en Fabara

Otro de los tipos de arquitectura funeraria es la llamada de tipo templo sobre podium o sin él, proveniente claramente de la arquitectura religiosa. Estos monumentos se caracterizan por tener en su interior dos espacios diferenciados, uno principal, la cella, que tiene como objetivo la reunión de los vivos para la conmemoración del o los difuntos, y de forma subterránea, o semisubterránea, según el caso, se encuentra lo que sería el sepulcro, en donde es enterrado el difunto.

El origen de estas tumbas puede provenir como una evolución de las tumbas rupestres del helenismo, como representa uno de los conjuntos mas conocido, las tumbas nabateas de Petra, la cual tiene una clara influencia del clasicismo griego. Además de Petra, se podrían citar otras como la de Termesos. Además, por otra parte, podría tener también una influencia etrusca, como lo demuestra la necrópolis de Pian di Mola, donde existe una tumba con forma de casa porticada del siglo VI a.C.

Cronológicamente parece que se desarrollaron durante el primer siglo y la mitad del segundo después de la era, como consecuencia del inicio de un predominio de la inhumación frente a la incineración, siendo la primera la más característica en el siglo II. Además, este tipo de monumento se concibe para aunar en un mismo lugar la sepultura y el espacio para la reunión para el culto al difunto.

Monumentos turriformes

Los monumentos turriformes, con una cronología del S.I al III d.C, suelen ser los más llamativos, y de hecho han sido uno de los que más atención han prestado los investigadores en los últimos años, que al parecer son un tipo heredero del propio Mausoleo de Halicarnaso (CANCELA, M.L (1982), pp. 173-177), el cual, según la reconstrucción que hizo Fritz Krischen en 1926 tenía un alto podium. A partir de ese podium se levantaba el cuerpo que podía ser cerrado o abierto, en éste último caso con aedicula o con tholos; y normalmente terminados en forma piramidal.

En cuanto a los que tienen cuerpo abierto,  en el podium o cuerpo inferior suele establecerse el locus sepulturae, el cual no suele tener un acceso desde el exterior, mientras que en el cuerpo superior suele aprovecharse para instalar estatuas, normalmente del difunto. Suelen ser estos los que tienen una mayor herencia helenística.

Los abiertos con tholos tienen en cambio un cuerpo circular, de ahí que se les denomine de ésta forma, creando una especie de pabellón en donde también se suelen establecer las estatuas de los difuntos.

Por otra parte, el tipo de monumentos turriformes cerrados son los que más se aproximan al concepto turriforme. Tienen una proyección de la cámara funeraria a mayor altura, al no tener que existir un espacio superior abierto. La torre suele ser hueca por lo general, cubierta mediante bóvedas, y normalmente destinado a inhumaciones. Pero también se puede dar el caso de monumentos turriformes macizos, por lo general de opus caementicium, sin que exista ningún espacio en el interior. Quizás muchos de éstos monumentos, carentes de cámaras, tengan más bien el carácter de cenotafio (cenothaphium), es decir, un monumento funerario vacío que se realizaba para personajes cuyo cuerpos no habían podido ser recuperados, por lo que la tumba se realizaba para el recuerdo del difundo y supuestamente para albergar su alma, cuya entrada se realizaba invocando tres veces el nombre del difunto, tal y como lo indica Virgilio en la Eneida: “sucumbiste al fin, sobre un confuso montón de cadáveres; entonces yo mismo te erigí un cenotafio en la costa retea y tres veces te invoqué tus manes en voz alta” (VIRGILIO, Eneida VI, 505-506).

Se puede apreciar la gran diversidad tipológica que existe en cuanto a este tipo de monumentos: abiertos, cerrados, con aedicula, prostila, in antis, con tholos, etc, y con multitud de combinaciones, y con varios pisos en alturas. De igual modo los tamaños son múltiples dependiendo de la capacidad económica del individuo, que por lo general solían estar destinadas a jefes militares, mercaderes y terratenientes.

Estos monumentos cerrados parecen originarios de Oriente, y se extendieron por la Galia, Germania, Hispania y la Península Itálica, aunque desde época helenística ya se había difundido por el norte de África, como demuestran las tumbas reales númidas. Existirían así dos vías de difusión desde Oriente a lo largo de las orillas del Mediterráneo (CANECLA M.L. (1996),  p. 251).

Altares funerarios

Sin tener en cuenta su tamaño, pues los hay muy diversos, estos monumentos que a simple vista parecen altares, de ahí su nombre, aunque también llamados aras, están rematados por un pulvinus que es lo que los caracteriza. Su forma ha hecho que en ocasiones se les denomine como monumentos a dado.

En muchas ocasiones son altares sencillos, en especial los más antiguos del S. I a.C, mientras que los más complejos se levantan sobre podium, teniendo por lo tanto mayor altura, y fechándose entre finales de la época de Claudio hasta  Adriano(EISNER (1986), p.109-11). Además estos altares pueden ir acompañados de elementos decorativos del tipo de pilastras en las esquinas, frisos bajo la cornisa de remate, etc.

Son uno de los ejemplos más abundantes de arquitectura funeraria a lo largo del Imperio, teniendo un origen precisamente itálico, y al inicio de la época imperial ya estaban desarrollados, en especial en la parte central de Italia, en donde se pueden encontrar multitud de ejemplos. Si bien, el estudio de la difusión de este tipo de monumentos a las provincias suele ser difícil, puesto que por su forma cuadrada fueron utilizados en época posteriores como piedras para la construcción de otros edificios, lo que hace que actualmente se tengan unos materiales para su estudio muy fragmentarios. En general  solo los pulvini se han conservado, que por su forma redondeada eran menos reutilizables para otras construcciones.

Reconstrucción de un altar funerario

Reconstrucción de un altar funerario

Pero con tan solo los pulvini la reconstrucción del monumento plantea aún no pocas cuestiones. Sería un monumento de dado macizo, compuesto en el esquema tradicional de basamento moldurado, cuerpo central prismático de sillería cuadrada, opus quadratum, y un remate con moldura que daría paso a los pulvini.

Estos monumentos cumplían la misión de establecer el lugar donde se encontraba la tumba, en ocasiones, los mas complejos se levantaban sobre cámara sepulcral y con un recinto funerario delimitado. En otras ocasiones formaban parte de monumentos de mayor tamaño como lo demuestra el monumento a los Atilii de Sádaba antes mencionado, que pese a que no queda evidencias físicas de la existencia de un altar, el nombre topónimo de Altar de los Moros hace creer que el nombre no lo daba  el muro conservado, sino la existencia en origen de un altar en su interior (CANCELA, M.L., (1996))

Dístilos y columnas funerarias

Este modelo de herencia helenística fue poco utilizado con carácter funerario por los romanos. Se trata de una doble columna tal y como se puede apreciar en la imagen donde aparece del dístilo de Zalamea, aunque ha sido discutido si su uso fue funerario o honorífico ya que prácticamente son honorificos la mayoría de los que se encuentra en época romana. Aunque las últimas investigaciones vienen a dar como funerario al dístilo de Zalamea. También de carácter funerario, o al menos así ha sido identificado, es el de Iulipa, apuntandose la posibilidad de que estuviera vinculado a una cámara abovedada debajo del basamento del dístilo (GARCIA Y BELLIDO, 1963). En Oriente, donde se conservan más ejemplos, el dístilo con carácter funerario se caracteriza por monumentalizar  el acceso a una cámara hipogea.

Dístilo funerario de Zalamea

Dístilo funerario de Zalamea

Podría, por otra parte, vincularse el dístilo a la Columna Trajana, descrita por Dion Casio de la siguiente forma: “Levanto en el Foro una enorme columna para que sirviese al mismo tiempo de tumba de sí mismo y para recuerdo de su obra en el Foro”(DION CASIO 68.16.3). Enterrado en la base de la columna, la idea era la de aunar triunfo y tumba de héroe, concebida única  y exclusivamente para un individuo.

Monumento en forma de arco

Estos monumentos se caracterizan por un pasaje abovedado, de ahí que reciban su nombre en forma de arco,  que se sitúa en sentido perpendicular a la vía, pero que no tiene el objetivo de ser transitable por él.  Quizás su significado sea el de paso al más allá. No se conocen muchos ejemplos de este tipo de monumento, pudiéndose confundir en ocasiones con las fachadas de los recintos funerarios, y su cronología no es muy prolongada: julioclaudia.  Además de algunos de los encontrados en la necrópolis pompeyana de Porta Nocera, se podría destacar el encontrado en Liria (ARIAS, MARTÍNEZ Y RIVAS, 1989), realizado en opus caementicium y revestido en opus cuadratum, si bien solo se conserva la planta rectangular, levantada en un basamento escalonado. A los lados del pasillo abovedado quedan dos bancos corridos que servirían para la celebración de rituales funerarios, así como de triclinio sepulcral.

Monumentos de planta central

Reconstrucción de la Sinagoga de Sádaba

Reconstrucción de la Sinagoga de Sádaba

Mas que a un recuerdo de los difuntos allí enterrados, este tipo de monumentos tienden a ser un santuario funerario. Arquitectónicamente, pese a ser ya del S. III, presentan elementos clásicos tales como las cubiertas de cúpula y nichos en sus fachadas, así como en el interior. Muchos han visto en el Panteón de Adriano esta tradición. Corresponden a éste tipo los monumentos de los Acilii en la vía Latina y la Torre de los Esclavos en el mismo lugar.  En Hispania, la llamada Sinagoga de Sádaba, aunque de planta de cruz, también correspondería a este modelo.

Muchos investigadores consideran que estos monumentos, ya tardíos, dieron lugar a los martyria, y de hecho las necrópolis  paleocristianas del siglo IV, pudiéndose destacar Tarragoza, aparecen con gran cantidad de variantes este tipo de monumentos. Los martyria, como su nombre índica, es la tumba de un mártir, a veces tan solo un individuo destacado en una ciudad, en muchos que ocupan cargos en la jerarquía de la nueva religión: el cristianismo, que adquieren popularidad entre la población, y en torno al cual surge un determinado culto. Los enterramientos de estos personajes focalizan la posición de las tumbas en el Bajo Imperio, y el deseo social de enterrarse lo más cerca posible de ellos.

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CANCELA RAMIREZ, M.L, “Las corrientes clásicas en la arquitectura funeraria”. pp. 237-264. En Difusión del arte romano en Aragón. Zaragoza 1996

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