Votos y exvotos en la religión romana

El voto –votum– como institución religiosa es una práctica muy común en el mundo romano. De ella nos ha quedado un amplio registro arqueológico, sin contar las fuentes literarias que lo mencionan. Pero ¿qué es eso de hacer un voto? Actualmente, en la religión cristiana, el voto se entiende como una petición a Dios para obtener un beneficio muy concreto. En la religión romana, se debe entender de la misma manera, aunque con una serie de características peculiares. De este modo, el voto en la religión romana es una petición concreta, por parte de un individuo, a una determinada divinidad. De hecho, esta práctica supone una de las principales manifestaciones de la religión romana individual frente al amplio conocimiento que poseemos de su aspecto público.

No obstante, además del voto privado, existe también los votos públicos –vota publica– en donde son los sacerdotes oficiales de la religión romana los que solicitan a la divinidad este beneficio, relacionado, en este caso, con el Estado.

La petición de cualquier beneficio a un dios no es gratuita. Como es sabido, los dioses romanos –en general sucede en todas las religiones antiguas- deben recibir algo a cambio de tener en consideración la demanda y llevarla a término. Dicho de otra manera, los dioses requieren de ofrendas, que en este caso reciben el nombre de exvotos –etimológicamente significa “como consecuencia de un voto-. En el caso de que la divinidad no tuviera en consideración la petición, la ofrenda no se realizaba; pero, si era concedida, el solicitante pasaba a estar obligado a llevarla a cabo. Se convertía por tanto en voti damnatus, condenado a realizar la ofrenda, de lo contrario incurriría en la ira del dios. De esta forma, el voto se estructura en dos partes distintas, la petición y la entrega de la ofrenda posterior.

La forma en que se llevaba a cabo esta primera parte del voto no ha dejado prácticamente huella, pero sabemos que, cuando se realiza cualquier otro ritual, las palabras que se usan y la forma de expresarse deben ser claras para no incurrir en malos entendidos con las divinidades. De esta manera, el solicitante debía especificar cuál era el beneficio que quería obtener, la divinidad a la que se le solicitaba y lo que le ofrendaría exactamente de verse cumplida. Respecto a esto último, conocemos un debate senatorial en el año 200 a.C. en el que se discutió si estaría permitido hacer un voto sin especificar una proporción específica del botín, puesto que era imposible, como es evidente, saber la cantidad de este antes de obtenerlo. El pontifex maximus, P. Licinius Crassus Dives, argumentó que en tal caso este botín debía ser guardado y no utilizado durante la guerra, ni tampoco mezclado, pues de lo contrario el voto no sería satisfecho (Livio 31.9.7-10).

¿Qué solicitaban los romanos? Este último ejemplo ya nos da un primer motivo: ganar la guerra contra un enemigo. Pero la gran mayoría de los votos son a nivel personal. Se solía solicitar la cura de alguna enfermedad, según parece indicar las ofrendas que se han encontrado, las cuales veremos más adelante. Estos votos también iban encaminados a prevenir una enfermedad, alejar algún mal, conseguir la fertilidad para poder tener descendencia, la protección en un viaje, salvarse de una tormenta en el mar, etc. Eran, por lo general, peticiones de urgencias, como último recurso antes de que el individuo se diera por vencido.

Como acabamos de mencionar, cuando se realizaba el voto se especificaba cual sería la ofrenda o exvoto. Si la divinidad cumplía, también el solicitante debía hacerlo, de tal forma que el voto quedaba solventado tal y como aparece en algunas inscripciones: “votum solvit“.

¿Qué era lo que se solía ofrendar como exvoto? Por norma general, la ofrenda consistía en un obsequio que perduraba a lo largo del tiempo, los cuales eran puestos a la vista del público en los templos, altares o áreas asociadas a estos. Tal era el número de objetos que se acumulaban, que con el tiempo debían ser retirados para permitir la colocación de otros. Cuando esta limpieza se realizaba, estos eran depositados y amontonados en pozos (favissae) y enterrados, lo que ha permitido que se hayan conservado hasta la actualidad en un alto número. Únicamente los objetos realizados con metal precioso se salvaban de acabar bajo tierra. Estos últimos, en muchas ocasiones, eran fundidos y reutilizados para la creación de objetos que requería el templo para su culto como por ejemplo candelabros. En cualquier caso, como podemos observar, todo aquello que era ofrendado no podía volver a salir del templo.

Entre los objetos más abundantes suelen estar las estatuillas –que podían ser de bronce, aunque por lo general el material principal es la terracota-, las cuales son de un reducido tamaño y suelen representar, por lo general, a humanos y, en menor proporción, dioses. Estas estatuillas representan a gente ofrendado libaciones, llevando regalos u orando. En ocasiones, son placas con escenas sacrificiales. También, en algunos lugares, es frecuente encontrarse representaciones de animales. Lo más común, en cualquier caso, son las representaciones de partes del cuerpo humano. Estas últimas las debemos entender como las partes del cuerpo que sufrían una dolencia y que el dios ya ha curado.

Muchos de los objetos que se ofrendaban eran realizados de forma masiva para esta función. Eran fabricados por medio de moldes y con patrones y diseños que presentan únicamente variaciones en función de la época y el lugar. Desde luego, como sucede actualmente en lugares de peregrinación, como por ejemplo Lourdes, la venta y fabricación de estos objetos era un auténtico negocio económico.

El exvoto va acompañado en ocasiones por inscripciones. De hecho, tras el grupo de los textos epigráficos de carácter funerario, le sigue el conjunto de epígrafes votivos. Estas inscripciones están situadas sobre estatuas, relieves, armaduras capturadas al enemigo, placas de metal, etc. En muchos casos, la propia inscripción es en sí misma el propio exvoto. El contenido de estas varía de una a otras, aunque la inmensa mayoría suele poseer muy poca información: el nombre de quien ha realizado el voto, la deidad correspondiente, así como la expresión “votum solvit, libens merito“. Ya hemos mencionado unos párrafos arriba el significado de la primera parte de esta, la segunda significa algo así como que el exvoto fue realizado con gusto, en clara referencia a que el dios o diosa había tenido en cuenta la petición. Una típica inscripción votiva puede ser la siguiente:

Iovi Poenino / L(ucius) Paccius L(uci) f(ilius) Pal(atina) / Nonianus / Fundis / |(centurio) leg(ionis) VI Victricis P(iae) F(idelis) / ex voto (CIL V 6881, ILS 4850)

“A Júpiter Poenino; Lucio Paccio Noniono, hijo de Lucio, de la tribu Palatina, de Fundi, centurión de la sexta legión victoriosa, pía y fiel, (puso esta placa) debido a un voto que él realizó”.

Como podemos observar, este individuo llamado Lucio Paccio Noniono (que era centurión en la mencionada legión), solicitó, es decir, hizo un voto, a Júpiter Poenino. No sabemos qué solicitó, puesto que la inscripción no lo especifica (aunque los investigadores pueden intuir que, al ser encontrada en un paso de montaña de los Alpes, el centurión solicitó protección para atravesarlo), pero sabemos que Noniano consideró que Júpiter se lo había concedido y, por tanto, tuvo que cumplir con el exvoto correspondiente del que forma parte esta placa de bronce o tabula ansata.

Una inscripción votiva también típica, pero con más datos, es la de un tal Felix Asiniano:

Felix publicus / Asinianus pontific(um) / Bonae Deae Agresti Felicu(lae?) / votum solvit iunicem alba(m) / libens animo ob luminibus / restitutis derelictus a medicis post / menses decem bineficio(!) dominaes(!) medicinis sanatus per / eam restituta omnia ministerio Canniae Fortunata (CIL vi 68 ILS 3513).

Felix Asiniano, esclavo público de los pontífices, cumple su voto con Bona Dea Agresti Feliculae, sacrificando un novillo blanco gustosamente porque la visión de su ojo ha sido recuperada, aunque los médicos perdieron la esperanza. Después de diez meses, él fue curado gracias a los recursos de la divinidad.

Aquí, Felix Asiniano había perdido la visión de un ojo y, una vez que los médicos ya habían abandonado la posibilidad de conseguir que recuperara la vista, Felix Asiniano recurre como última solución a Bona Dea. Según nos dice la inscripción, transcurrieron diez meses desde que realizó la petición, pero finalmente recuperó la visión del ojo y, por tanto, realizó el sacrificio de un novillo blanco y puso la inscripción, tal y como debía haber prometido en el momento en que realizó el voto.

Habíamos dicho que los votos no son únicamente privados, también existen los públicos, conocidos como vota publica. En época imperial, al comienzo del año se llevaban a cabo los vota publica annua, es decir, los votos públicos anuales, que eran realizados por todos los magistrados y miembros de los colegios sacerdotes el 3 de enero. Se solicitaba el buen hacer y salud del emperador, pro salute et incolumitate imperatoris. Al final de año se llevaban a cabo las ofrendas que ponían fin al voto, que en este caso eran sacrificios de animales, volviéndose, de nuevo, a realizar los nuevos votos a principios de año. En este caso, el sistema de emergencia se convirtió en una rutina anual. Fue también frecuente que se realizara, ya desde época de Tiberio o incluso Augusto, votos especiales coincidiendo con la celebración de los cinco, diez y veinte años de llegada al poder de los emperadores.

Formas públicas del voto pueden ser otros rituales como la evocatio. Esta consistía en realizar un llamamiento al dios principal del pueblo enemigo con el fin de que abandonara a este y se pasara al bando romano. Es decir, que concediera la victoria a Roma. A cambio, como exvoto, el dios debía ser introducido en el panteón romano y, por tanto, se le debía fundar un templo en Roma.

También la devotio se puede considerar un voto público, aunque en este caso el proceso se invertía. Este consistía en un autosacrificio del comandante del ejército, que solicitaba a los dioses la victoria de Roma a cambio de su propia vida. En este caso, la ofrenda –es decir, el exvoto- se realizaba antes de que el dios cumpliera la petición, puesto que el comandante se lanzaba a una muerte seguro a las filas enemigas. Se puede entender que, con este acto, se estaba forzando a los dioses a aceptar la petición, puesto que la ofrenda se realizaba previamente a su resolución por parte de las divinidades.

BIBLIOGRAFÍA

RÜPKE, J. (2007): “Managing Lines of Communication: vows and curses”, en RÜPKE, J. Religion of the Romans, Polity Press, Cambridge

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies

This site is protected by wp-copyrightpro.com