El Paleolítico en la península ibérica

La Prehistoria es el primer periodo de la Historia. Suele dividirse en tres partes: Paleolítico, Neolítico y Edad de los Metales. Esta última, a su vez, se compone de Edad del Cobre (o Calcolítico) Edad del Bronce y Edad del Hierro. Sea como fuere, nos interesa ahora tratar el Paleolítico, concretamente el de la Península Ibérica.

¿Cuándo comienza el Paleolítico y, por ende, la Prehistoria y la misma historia? En el contexto general, algunos establecen el punto de partida hace seis millones de años con el surgimiento de los australopitecos. Otros, sin embargo, prefieren retrasarlo hasta la aparición del género homo y la fabricación de las primeras herramientas líticas. De acuerdo a los últimos descubrimientos, las herramientas más antiguas son de hace 2,4 millones de años, tanto en Etiopía como en Argelia. Y en Etiopía, precisamente, se encuentran los restos de homo más antiguos, 2,6 millones de años. Un ser que presenta rasgos austrolopitecos, pero que según los antropólogos es un homo habilis.

En el caso de la península ibérica, podemos situar el inicio del Paleolítico hace 1,3 millones de años, pues de esa época proceden los restos más antiguos aparecidos en Atapuerca, que es también la datación más antigua en el contexto europeo.

Clima, fauna y vegetación

El clima de la Tierra no ha sido siempre el mismo. Se sabe que se han sucedido en la tierra cinco glaciaciones o Edades de Hielo, la última de ellas la glaciación del Cuaternario, en la que todavía estamos. Entre los diferentes factores, parece que la causa de estos cambios climáticos se encuentra en la oscilación del eje de rotación. Sea como fuere, durante estos periodos, el clima de la Tierra es lo suficientemente frio como para que se forme casquetes polares, los cuales todavía existen. Así, en cada glaciación existen periodos más cálidos (llamados interglaciares) en que los casquetes retroceden, y momentos en que los casquetes se amplían ante la bajada de temperaturas (llamados glaciaciones). En en Cuaternario estos periodos son nombrados (aunque se aplican también otros nombres) con las afluentes del Danubio, siendo el último de los periodos glaciares, la Würm, uno de los momentos más fríos, que se inició hace unos 100.000 años y duró hasta el 10.000 a.C.

Para que nos hagamos una idea, el casquete polar llegó a cubrir las Islas Británicas y el norte de Francia con unos espesores que alcanzaban los 3 km. En el sur de la Península, la temperatura media anual estaba entre los 9 y 11 grados, es decir, 10 o 12 grados más fría que la actual. La Península tenía la misma temperatura que las tierras que están actualmente a 2.000 km al norte. Pero esto tan solo es un promedio, ya que, en el máximo glacial, las temperaturas no alcanzaban una media de 3º grados a una altitud de 700 metros sobre el nivel del mar. Las nieves perpetuas se encontraban en las principales cordilleras peninsulares por lo menos por encima de los 1500 metros de altitud, desarrollándose glaciares, algunos de los cuales han sobrevivido en los picos más altos hasta el día de hoy.

El clima produjo que los paisajes de la península fueran muy distintos a los actuales. Así, en la época de la glaciación Würm, el interior de la península se daba una vegetación esteparia con árboles dispersos, si es que llegaban a existir. Predominaban las coníferas en las zonas marítimas. Del mismo modo, la fauna de la península, de acuerdo a las pinturas rupestres, se componía de bisontes, ciervos, caballos y uros, pero se han encontrado restos de los típicos animales de la Edad del Hielo: renos, el buey almizclero, rinoceronte lanudo y el mamut.

Características generales del paleolítico

El Paleolítico se caracteriza por sociedades de pequeño tamaño; su número no sobrepasaría los veinte individuos. No obstante, diversos grupos debían tener una relación cercana, que era totalmente necesaria para la perpetuidad de la especie e impedir la endogamia. Eran nómadas, es decir, se movían continuamente por el territorio, aunque esto no quiere decir que no tuvieran unos recorridos predeterminados. Su esperanza de vida no superaba los 20 años, lo que implica que la mortalidad infantil era muy alta. Sus herramientas, en la que la madera tuvo que tener gran importancia, pero hoy ha desaparecido, eran de piedra tallada. Su economía se basa en la caza y en la recolección de todo tipo de alimentos que daba el entorno, suponiendo la principal base de la dieta este último aspecto. La caza no es segura, pues puede ser que una partida de cazadores no consiga ninguna pieza ese día o que no encuentre ningún animal ya muerto, pues debemos suponer que eran en muchos casos carroñeros. Así pues, recolectaron frutos y plantas de todo tipo, pero también otros alimentos que son ajenos a nuestra gastronomía, como larvas, gusanos, entre otros. Entre esta recolección, estarían también plantas de carácter medicinal, así como otras (que podemos llamar drogas) destinadas a actuar como anfetaminas. Se trataba, en cualquier caso, de una economía inmediata; todo aquello que se obtenía era consumido en ese momento y apenas existía almacenaje. Se vivía al día. Ante tal panorama, las reservas de grasa del propio cuerpo humano, hoy en día tan molestas, jugaron un papel decisivo en la supervivencia de la especie.

En cuanto a las principales zonas de ocupación de la península, las mayores evidencias las encontramos en la periferia: cordillera cantábrica, costas mediterráneas y atlánticas. Pero posiblemente el mayor número de yacimientos en estas zonas se deba a que no poseemos a día de hoy de suficiente información para el interior de la península. Por otro lado, aunque existen yacimientos al aire libre como los de la terraza del Tajo, el hábitat principal se encontraba en las cuevas o abrigos, especialmente en los periodos más fríos. En cualquier caso, en unos grupos que se mueven por el territorio, se entiende que debieron acampar al aire libre en los largos trayectos que realizaban entre una zona y otra.

El Paleolítico Inferior

El Paleolítico se divide, a su vez, entres periodos: Paleolítico Inferior, Medio y Superior. Los protagonistas de cada uno de estos periodos no son los mismos, pues la península estuvo poblada por diferentes especies del género homo mucho antes de que llegaran a ella los homo sapiens.

La cuna de la humanidad se encuentra en África. Allí tuvo lugar el proceso de hominización que culmina con el surgimiento de nuestra especie hace 200.000 años. Entre un momento y otro, existieron una larga serie de seres, sin que sean todos necesariamente nuestros ancestros, pero a día de hoy no podemos trazar nuestro árbol evolutivo. Sea como fuere, hace 1,8 millones de años, el homo erectus, llamado así por caminar erguido y, por ende, capaz de recorrer largas distancias, salió de África. ¿A dónde llegó? Los datos de los hallazgos de este ser en Asia nos muestra que a lo largo de cientos de años llegó hasta las zonas más al este. En cambio, no parece que llegara a poblar Europa.

¿Cuál es el primer humano que encontramos, por tanto, en Europa? Tal y como hemos indicado a principio, los restos más antiguos del género homo en la península y Europa se encuentran en Atapuerca. Allí, según los últimos descubrimientos, vivió un primer miembro del género homo hace 1,3 millones de años, pero todavía los antropólogos no lo han clasificado. Sea como fuere, el que sí ha sido clasificado ha sido el homo antecessor, que además de en Atapuerca nos lo encontramos también en Tossal de la Font, con una datación que ronda los 800.000 años para los más antiguos. No obstante, fuera de los círculos científicos españoles, mucho rechazan, considerando que se trata de un heidelbergensis. ¿De dónde procedía este ser? De acuerdo a Arsuaga, la procedencia sería también africana, lo que genera la duda de cómo llegaron. Si bien la vía tradicional de la península del Sinai parece la más probable, que el ser más antiguo europeo esté en la Península y que otro de similar antigüedad se encuentre en la península itálica (el llamado hombre de Ceprano) hace pensar que pudieron haber cruzado el Mediterráneo. Fácil si además consideramos que debido a las glaciaciones, África y la Península estarían conectadas por tierra. Cabe además mencionar que los útiles más antiguos se encuentran precisamente en el sur de la península ibérica. Hoy por hoy, no existe ningún dato fiable que nos permite corroborar esta u otras hipótesis.

En cualquier caso, el homo antecessor fabricó herramientas tan rudimentarias como su posible antepasado, el homo habilis. Las realizaba sobre cantos rodados a los que, mediante percusión, se les sacaba uno o dos filos: chopper y chopping tool.

En la Sima de los Huesos encontramos al Homo heidelbergensis con 400.000 años de antigüedad, y que podría ser un descendiente del homo anteccesor y un ancestro de los neandertales. Las herramientas eran más complejas: sobre núcleos de sílex realizaban bifaces y hendedores.

En tal sima se han hallado 28 individuos que representan el primer enterramiento colectivo conocido. ¿Quiere decir esto que los humanos ya poseían en aquel momento algún tipo de culto o religión? El enterramiento colectivo parece que no se realizó en el tiempo, sino que todos esos cuerpos fueron enterrados en un mismo momento. Una mortandad que afectó a un grupo y posiblemente los supervivientes decidieron arrojar los cuerpos allí. En cuanto a esa supuesta ofrenda que se ha encontrado, un bifaz que ha sido bautizado como Excalibur, tanto podría haber sido arrojado a propósito como simplemente haber caído accidentalmente. De igual modo, los restos de homo antecessor indican que fueron descarnados a propósito. ¿Estaríamos ante algún tipo de ritual de descarnación e incluso ingesta para asimilar características de los difuntos o nos encontramos ante una escena meramente de canibalismo? Difícilmente se puede saber. No hay indicios firmes que puedan asegurar que ambas especies pudieran tener algún tipo de prácticas religiosas.

El Paleolítico Medio

El Paleolítico Medio comienza hace unos 100.000 años, coincidiendo con la glaciación Würm, más conocida, por la película de Disney, como la Edad de Hielo. El protagonista de esta etapa es el neandertal. Surgió hace al menos 200.000 años, compartiendo cronología con el homo sapiens, que parece que evolucionó en paralelo al neandertal, pero mientras este lo hizo en Europa, el sapiens evolucionó en África. En cualquier caso, los neandertales tiene presencia en la peninsula ibérica desde hace 60.000 años, de acuerdo a los datos arqueológicos, y se extinguieron hace 28.000 años. Llegó a convivir con el homo sapiens en Europa y en la Península cuando estos llegaron hace entre 40.000 y 35.000 años y, según los datos que la moderna genética nos aporta, parece que ambas especies se cruzaron.

Los neandertales poseían corpulentos cuerpos, brazos largos y un rostro con rasgos muy marcados, especialmente el toro supraorbital, que provocaba que tuvieran frente huidiza. Poseían una capacidad craneal mayor a la de los homos sapiens y existe una controversia sobre si poseían, por tanto, una mayor inteligencia que estos últimos, es decir, nosotros. Si la poseían o no, desde luego fueron capaces de realizar una industria lítica mucho más compleja que la existente hasta el momento. A su cultura la hemos llamado musteriense; la principal característica de esta es que las herramientas, de menor tamaño y más variadas, se realizaban sobre lascas, en concreto mediante lascas Levallois, una técnica para extraer del núcleo de sílex el mayor número de estas.

EL Paleolítico Superior

El Homo Sapiens llegó a Europa hace unos 45.000 años. Convivieron poco tiempo con los neandertales en la península ibérica. En el caso de los yacimientos de la cordillera Cantábrica, ambas especies vivieron menos de un milenio juntos. Puede ser que en Gibraltar se encontrara el último refugio de estos, que sobrevivirían hasta hace 25.000 años.

Hace entre 25.000 y 19000 años se produjo el mayor descenso de las temperaturas, lo que provocó migraciones de poblaciones hacia el sur. Tal es así que según los vestigios hallados en la cueva de Tito Bustillo, por poner algún ejemplo, había unas doce cavernas ocupadas, lo que implica que varios cientos de individuos nomadeaban en aquel territorio. Entre la Francia meridional, la cordillera cantábrica y el levante de la península hay una gran riqueza de yacimientos datados en esta época.

En la península se dan las cuatro culturas del Paleolítico Superior: Perigordiense, Auriñaciense, Solutrense y Magdaleniense. En general, el número de utensilios líticos aumenta y su tamaño se reduce en un proceso de microlitización. Además, el uso de material oseo para fabricar útiles como agujas, arpones, etc. es mayor que en la etapa anterior.

Pero si algo destaca esta etapa es por el arte. Por un lado, el arte mobiliar como colgantes, pero también el arte parietal o sobre distintos útiles, especialmente sobre los propulsores o los llamados bastones de mando. Por otro lado, el arte rupestre cuyas principales manifestaciones lo encontramos en la cordillera cantábrica, siendo esta zona, junto con la Francia meridional, en donde se encuentra e mayor conjunto de arte rupestre paleolítico. Entre las pinturas más famosas no podemos dejar de mencionar las de Altamira. Se caracterizan este arte rupestre por la presencia de animales de un gran realismo, que incluso llega a utilizar el relieve de la roca para dar volumen a las figuras. No obstante, el significado de estas manifestaciones se desconoce. Mientras unos autores apuntan al carácter mágico o religioso, otros consideran que no tendrían más significado que el mero entretenimiento de aquellas gentes. Jamás podremos saberlo.

Epipaleolítico

Hacia el 10.000 a.C. se inicia una fase de transición, que dura hasta el 5.000 a.C., conocida como Epipaleolítico. Es el momento en que finaliza la glaciación Würm y las temperaturas aumentan. La vegetación y la fauna cambian. Los grupos humanos tuvieron que adaptarse a las nuevas condiciones de vida. Destaca del periodo las pinturas levantinas que, a diferencia de las paleolíticas, se caracterizan por la representación de la figura humana, pero de forma esquemática.

Sea como fuere, los grupos epipaleolíticos convivieron, a partir del sexto milenio, con otros que trajeron una economía productiva y que finalmente imitaron los primeros. Para aquel entonces, la vida nómada basada en la caza y la recolección acabó en a península.

BIBLIOGRAFÍA

ARSUAGA, J.L. (2000): El collar del neandertal, Debosillo, Barcelona

BARANDIARÁN, I. y otros (2012): Prehistoria de la Península Ibérica, Ariel, Barcelona

ROSAS, A. (2019): “Atapuerca. Los primeros europeos”, Historia National Geographic, n.º 186, pp. 51-67

TRISTAN, R.M. (2018): “La vida en la Edad de Hielo. Europa bajo los glaciares”, Historia National Geographic, n.º 177, pp. 52-69

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