Películas sobre el mundo de la economía actual

En las últimas décadas, los habitantes del primer mundo no han dejado de observar la economía. El capitalismo más bestial ha vuelto con fuerza, pero incluso aquellos que lo sufren en sus carnes, los trabajadores, todavía no parecen conscientes de lo maligno del sistema. Varias películas nos lo explican.

Podemos empezar por El capital (2012) en donde un joven banquero que consigue presidir una gran entidad no duda en realizar despidos, despilfarrar dinero en sí mismo, sobornar, etc., al mismo tiempo que con todo el cinismo del mundo pugna ante los medios de comunicación por un mundo más justo y democrático.

Margin Call (J.C. Chandor, EE.UU., 2011) nos narra, aunque sin decirlo, la caída del Lehman Brothers. Podemos observar una empresa que descubre que, en realidad, su capital y el de otras tantas empresas no vale nada. Los afectados, evidentemente, los trabajadores. Los poderosos se salvan. Las reflexiones de algunos de los protagonista sobre cómo no habían construido nada son manifiestas. También sobre esta circunstancia Malas Noticias (Curtis Hanson, EE.UU. 2011), en donde podemos observar como el Gobierno de los Estados Unidos rescató a los principales bancos con el dinero de los contribuyentes, al mismo tiempo que dejaban caer a estos últimos. Misma situación, aunque más velada, podemos encontrar en Wall Street 2: el dinero nunca duerme (Oliver Stone. EE.UU., 2010), en donde un antiguo empresario que acaba de salir de la cárcel por haber usado información privilegiada en los años 80 (que es el argumento de la primera película de 1987) se llega a sorprender como en el siglo XXI las grandes empresas están robando a manos llenas a los ciudadanos.

Una de las muchas causas de la recesión mundial desde el 2008 fue debida al mercado inmobiliario. Una enorme burbuja que debía reventar, y así lo hizo. La gran apuesta (Adam McKay, EE.UU., 2015) nos muestra la quiebra del mercado inmobiliario estadounidense y como algunos ya habían vaticinado que ocurriría.

La obsesión por ganar dinero sin mucho esfuerzo en la bolsa la podemos encontrar en El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, EE.UU. 2013). Si quitamos las escenas de sexo, drogas, etc., nos queda el ansia de las personas por el dinero, y cómo precisamente eso es usado para timarles. En la evolución del personaje interpretado por Leonador di Caprio podemos ver como el dinero corrompe a las personas. La afición por apostar en bolsa queda retratada también en Money Monster (Jodie Foster, EE.UU., 2016), en donde un gurú que da consejos sobre invertir en bolsa acaba por ser secuestra en directo en su programa debido a que uno de sus espectadores ha perdido todo su dinero.

Por otro lado, los despidos se han convertido en algo habitual, y muchas personas que tenían incluso buenos empleos y la vida solucionada se vieron de la noche a la mañana en el paro y teniendo que replantearse sus vidas. Eso es lo que precisamente le pasa al protagonista de The Company men (John Wells, EE.UU. 2010). En cualquier caso, el paro ya había sido el tema de películas anteriores a la crisis actual como Full Monty (Chris Roope, Reino Unido, 1997) y la española Los lunes al sol (Fernando León, España, 2002).

¿Cómo despedir al personal? Pues Up in the air (Jason Reitman, EE.UU., 2009) trata sobre compañías y expertos en realizar estos despidos. Aunque también podemos ver la vida de esos ejecutivos que no tienen arraigo en ningún sitio, pues únicamente viajan.

Conseguir un empleo es para muchas personas un trabajo en sí mismo. Y la dificultad no estriba únicamente en lanzar currículos, sino que las entrevistas de trabajo llegan a ser en muchos casos carnicerías en las que se busca la competición entre las personas como bien se ve en El método (Marcelo Piñeyro, España, 2005)

En muchos casos esas entrevistas tan solo valen para conseguir un puesto no remunerado de becario. Una parodia sobre este mundo la hallamos en la película de humor El becario (Nancy Meyers, EE.UU., 2015) en donde un jubilado se convierte en becario de una empresa de venta online. Se puede apreciar también la brecha generacional en el uso de las tecnologías y la forma de trabajar, entre otras cuestiones del nuevo mundo de los negocios.

Por otro lado, las grandes compañías son las que tienen el poder mediante la presión que ejercen a los Gobiernos. Buen ejemplo es Gracias por fumar (Jason Reitman, EE.UU., 2005) en donde una empresa tabaquera defiende el derecho de los fumadores y desprestigia a aquellos. En el caso del mercado de armas y la presión para que estas no sean prohibidas en EE.UU., llama la atención El caso Sloane (John Madden, EE.UU. Y Francia, 2016) en donde se aprecia la vinculación de este tipo de empresas con la política y como las primeras dirigen el tipo de legislación que debe ser aprobada en su propio beneficio.

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