Repoblación cristiana

Llamamos repoblación cristiana al proceso por el cual los reinos cristianos del norte peninsular asentaron población cristiana en aquellos territorios que conquistaron al Al-Ándalus entre los siglos IX y XV.

En el año 711 las tropas arabo-bereberes penetraron en la Península Ibérica, apoderándose del antiguo reino visigodo en los siguientes años. En las zonas montañosas del norte, es decir, la Cordillera Cantábrica y los Pirineos (territorios que no tenían gran interés para los musulmanes, ya que no poseían ningún interés económico), surgieron una serie de núcleos cristianos que acabaron por convertirse en reinos y extenderse progresivamente hacia el norte.

En la zona de la Cordillera Cantábrica había pueblos que habían puesto ya resistencia a los romanos, los cuales tampoco se habían integrado demasiado bien en el reino visigodo. Allí, el principal núcleo que se creó fue el del reino astur, después de que un misterioso Pelayo, del que no conocemos su pasado, acaudillase a los diversos pueblos de la zona. A lo largo del siglo VIII este ente político extendió su dominio a lo largo de los distintos valles hasta la zona del actual País Vasco.

En cuanto a los Pirineos, los inaccesibles valles tuvieron una organización política por la actuación de Carlomagno. Este pretendió crear una frontera (marca hispánica) en el Ebro, para lo que tenía que conquistar el norte del valle del Ebro y la propia ciudad de Zaragoza. Si bien no lo logró, sí que se crearon diversos condados: Rosellón, Ampurias, Beslú, Cerdaña, Urgel Pallars (que compondrán el núcleo de lo que más adelante será Cataluña); Ribagorza, Sobrarbe (que dieron lugar al reino de Aragón) y el de Pamplona, que prontamente se convirtió en el reino de Pamplona, más tarde Navarra.

Estos pequeños entes políticos dieron lugar en los siglos siguientes a los reinos de León, Portugal (que se independizó del reino de León), Castilla, Navarra, Aragón y los Condados Catalanes (estos últimos mayoritariamente en manos del conde de Barcelona).

Estos territorios o reinos fueron avanzando hacia el sur, aprovechando especialmente los momentos de debilidad del Al-Ándalus. Conforme estos reinos iban conquistando territorio, había que repoblarlos (aunque no siempre de forma inmediata), puesto que algunos territorios que se conquistaron estaban vacíos de población o los habitantes musulmanes los abandonaron. Obviamente, un territorio sin una población que lo explote no tiene ningún interés. Pero que exista población y, especialmente, cristiana, es una forma también de asegurar el territorio. (Ver cuestión del uso de la palabra reconquista

El aporte de población cristiana no es siempre desde el interior de los propios reinos cristianos. Cuando existe una falta de pobladores, estos son traído de otras zonas de Europa, sobre todo francos, pero también se hizo un gran esfuerzo por traer población mozárabe desde el Al-Ándalus.

Sea como fuere, la repoblaron no se realizó en todo el territorio peninsular de la misma manera, sino que se usaron distintas fórmulas atendiendo a las distintas circunstancias:

PRESURA

A partir de la segunda mitad del siglo IX se produce la primera gran expansión del reino astur desde la Cordillera Cantábrica hasta el Duero. Se trataba de una zona inhabitada, pues ni los musulmanes la habían ocupado, mientras que la población que allí vivía en época visigoda fue traslada a los valles. Más modestamente, también se conquistaron las tierras al piedemonte del Pirineo. Se trataba en muchos casos de una necesidad el poder establecer población, pues desde el punto de vista de los recursos, los valles estaban saturados de población. En este territorio se siguieron dos procedimientos:

El primero, y más extendido, fue el de los sistemas fue el de presura. Mediante este, una vez conquistado el territorio, se permitía a los campesinos cristianos que se hicieran propietarios de aquellos territorios a los que llegaran, roturaran y cultivaran. Pasaban, por tanto, a ser propietarios libres. Era lógico, se trataba de un lugar de frontera y era la forma más atractiva de que aquellas gentes se arriesgaran a perder su vida en favor de una vida más prospera. No obstante, esa supuesta libertad acabó por desaparecer conforme los campesinos se fueron poniendo al amparo de los señores feudales.

Aunque la presura estuvo muy extendida en esta zona, no faltó tampoco la concesión de amplios territorios a nobles y monasterios, especialmente en la zona gallego-portuguesa, ocupándose esto luego de establecer a los campesinos como colonos.

En cualquier caso, este sistema de repoblación siegue manteniendo una repercusión, pues generó una propiedad de minifundios (pequeña y mediana propiedad).

 

REPOBLACIÓN CONCEJIL

Entre los siglos XI y XII se realizó la conquista desde la zona sur de Duero hasta los Montes de Toledo (en concreto la gran taifa de Toledo), así como la zona oriental del valle del Ebro. En estos casos se llevó a cabo la repoblación concejil. Se creaban ciudades que estarían gobernadas por concejos (en origen organismo en el que participaban el conjunto de los vecinos) y que estaban rodeados por amplios territorios de cultivo, alfoces. El rey otorgaba a estas ciudades un fuero o una carta puebla (para muchos historiadores no hay distinción entre un documento y otro) con las normas que debían regular el funcionamiento y vida de la ciudad, las condiciones del cultivo de las tierras, pero especialmente lo que era más atractivo a la hora de asentarse allí era que se concedían diversos privilegios, como por ejemplo: libertades y exenciones de impuestos, así como quedar libre de cualquier pena por los delitos cometidos en el pasado.

Entre los grandes concejos creados podemos destacar, en el sur del valle del Duero, los de Salamanca, Ávila, Cuéllar, Arévalo, Segovia, Sepúlveda, Soria, Almazán y Berlanga (zonas estas que estaban básicamente despobladas). En la antigua taifa de Toledo, por otro lado, se crearon los concejos de Talavera, Madrid, Alcalá, Guadalajara, etc. En el sur del valle del Ebro: Calatayud, Daroca, Belchite, y Alcañiz.

La causa de este tipo de repoblación era la de que fueran atractivas para atraer a población, pero especialmente porque estos concejos debían encargarse de la defensa de la propia ciudad creando milicias entre sus ciudadanos, así como defender las fronteras frente al Al-Ándalus. No es de extrañar que la mayoría de ellas se cercaran mediante murallas.

La estructura de la propiedad resultante de la aplicación del sistema de repoblación concejil se caracterizó por el predominio de la propiedad mediana, por la abundancia de tierras comunales y por las ciudades y villas de gentes “libres”, es decir, no sometidas a señorío. Muchas de estas ciudades tuvieron gran peso en el futuro de la política internas de los propios reinos.

 

ORDENES MILITARES

Entre los siglos XII y XIII la repoblación dependió de las órdenes militares. Las zonas afectadas por este tipo de repoblación fue la que se encuentra entre el Tajo y Sierra Morena, es decir, el valle del Guadiana (La Mancha y Extremadura). También la zona de la actual provincia de Teruel y el norte de Castellón.

A las órdenes militares se les otorgaba el dominio de grandes señoríos o “maestrazgos” en esos territorios. Las nuevas tierras se dividieron en encomiendas al frente de las cuales se situaba a un caballero de la orden con cargo de comendador. Fueron repobladas por colonos y gentes dependientes de las ordenes, a los que éstas cedieron campos de cultivo en sus tierras señoriales, aunque la repoblación fue muy lenta.

Las causas de este tipo de repoblación fue que se trataba de un extenso territorio que fue conquistado rápidamente una vez que el Imperio almohade se debilita, lo que imposibilitaba que pudieran ser pobladas, puesto no existía población cristiana suficiente. Tampoco había población musulmana, pues en algunos casos habían huido y en otros fue aniquilada. Además, había que asegurar el territorio.

Al ser zonas extensas y poco pobladas, la estructura predominante fueron los latifundios, dedicados a la explotación ganadera, y las órdenes militares se convirtieron en propietarias de grandes rebaños.

 

“REPARTIMIENTOS”

El “repartimiento” fue el sistema de repoblación que se realizó básicamente a partir del siglo XIII sobre las tierras conquistadas tras la batalla de las Navas de Tolosa, es decir, desde Sierra Morena hacia el sur.  No obstante, ya se había experimentado anteriormente en algunas ciudades como Toledo, Zaragoza, Tudela y Tortosa.

Este procedimiento consistía en que se repartía entre los cristianos que habían participado en las respectivas conquistas (especialmente entre los nobles, Iglesias y ordenes militares) los inmuebles de la zona urbana, obligándose a la población musulmana a irse a barrios extramuros (arrabales). Además, se daba también un lote de tierra, cuyo tamaño dependía de la condición social y los méritos de los conquistadores. Evidentemente, en el caso de la nobleza, Iglesia y órdenes militares fueron de grandes tamaños. También se crearon concejos, que recibieron extensas propiedades con el fin de atraer población en los años siguientes. , A los musulmanes, en cualquier caso, se les permite en muchos casos seguir cultivando las tierras que ya cultivaban, aunque como arrendatarios de las mismas.

Las causas de que se llevara a cabo este reparto era, en primer lugar, la existencia de una amplia población andalusí a la que se le permitió quedarse para que siguiera explotando la tierra, especialmente las zonas de huerta. En segundo lugar, la imposibilidad de poder repoblar con cristianos unas extensiones tan amplias de tierra.

Sea como fuere, el resultado de este tipo de repoblación fue la creación de grandes latifundios en manos de la nobleza, las Órdenes Militares y la Iglesia. Eso ante todo sucedió en la zona de Andalucía y Murcia. En Aragón y en Valencia, por lo general, fueron lotes de menor tamaño. Además, dio lugar, como sucedió en Toledo, ejemplo por excelencia, a que cada grupo tuviera un estatuto privativo en estas ciudades: musulmanes, cristianos y judíos.

 

BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA DE CORTÁZAR, J.A. (2006): La época medieval, Alianza, Madrid

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