El periodo napoleónico

Napoleón durante el golpe de Estado de Brumario

El golpe de Estado de Brumario, que puso fin al Directorio, llevó a Napoleón Bonaparte, ya conocido entonces por ser uno de los mejores generales de Francia, a ser el primer cónsul, en un consulado de tres miembros, aunque en la teoría los otros dos: Shyes  y Ducos, eran meros consejeros del primer cónsul.

El nuevo sistema consular  tuvo como primera misión su institucionalización, con una nueva constitución, la del año 8 de la revolución, que a diferencia que el resto, no fue debatida en ninguna cámara legislativa. Sin embargo, esta nueva constitución no rompía con los textos anteriores, puesto que se seguía manteniendo el voto de los ciudadanos, aunque de forma indirecta y en tres niveles.
Se establecía el ya mencionado gobierno de tres cónsules, aunque con desigualdad en el poder, siendo el primer cónsul quien poseía amplios poderes, cuyo mandato era de 10 años pudiendo ser reelegido.
El poder legislativo se dividió entre tres cámaras. En primer lugar el Senado, compuesto por miembros vitalicios, elegidos por los propios cónsules, cuya misión era velar por la constitucionalidad de las leyes. La segunda cámara era el Tribunado, cuyos miembros eran renovados todos los años en una quinta parte, y tenía como función el debate de los proyectos de ley. Finalmente, estaba el Cuerpo Legislativo, renovado, también, en una quinta parte todos los años,  cuya única función era votar los proyectos de ley una vez escuchados a los tribunos.
El nuevo régimen intentará por todos los medios acallar a los disidentes, tanto de la derecha como de la izquierda,  y los logros militares sobre la Segunda Coalición fueron de gran importancia para el asentamiento del Consulado, puesto que daban a Francia un respiro después de continuas derrotas.
Con las fronteras aseguradas, Napoleón abordo una cuestión pendiente, la negociación con la Iglesia Católica. Napoleón entendía que era fundamental tener de su parte a la Iglesia, algo que se consiguió gracias a la elección de Pio VII como Papa, quien era menos beligerante que el anterior, y que acabó firmando un Concordato en 1801, en donde la Iglesia asumía que los bienes que había perdido durante la revolución ya no podían recuperarse, y renunciaba también a que la religión católica fuera la religión oficial del Estado. Sin embargo, por otra parte, se abolió la Constitución Civil del Clero.
La nueva estabilidad de Francia suponía, al mismo tiempo, el crecimiento del poder de Napoleón, tal y como demuestran las sucesivas

Napoleón en su etapa de primer Cónsul

constituciones, la de 1802 y la de 1804. En la primera se otorgaba a Napoleón un consulado vitalicio, pudiendo incluso nombrar a su sucesor, y la capacidad de poder revisar la constitución sin necesidad de la intervención de ningún tipo de cámara legislativa. Con dichos poderes, dos años después, Napoleón daría una nueva constitución, en la que la República era sustituida por un Imperio hereditario, convirtiéndose en “Emperador de los franceses”.

Napoleón, con el fin de asegurar el cumplimiento de sus decisiones, llevó a cabo la creación de una administración centralizada, y el cumplimiento de las órdenes mediante una red de prefectos, subprefectos y Alcaldes. Se llevo a cabo también una amplia producción legislativa, que daba forma y organizaba a esta administración. Uno de los textos más importantes, que consagraban los principios de la revolución, fue el Código Civil de 1804. También se dieron medidas laborales, aunque muy moderadas, y se interesó también por la educación como pilar del mantenimiento del régimen, aunque se interesó más por la educación secundaria y la Universidad.
Se dio un trato privilegiado a los militares, lo que ha llevado a muchos a considerar que se trato de una dictadura militar, aunque esto no es así, puesto que el poder civil siempre estuvo por encima del militar, aunque es cierto que en los últimos años se produjo una moderación del régimen, produciéndose represiones, aunque siempre de forma controlada y puntual.
Pero si algo destaca del periodo napoleónico será la conquista de Europa por éste. En 1800 Napoleón regresó a Italia, que había sido vuelta a conquistar por Austria. Los ejércitos austriacos fueron vencidos, no solo en Italia, sino en su propio territorio, hasta que finalmente firmaron el Tratado de Campoformio, y a su vez, Inglaterra, firmaba en 1802 el de Amiens. Si bien, la paz a la que se llegó era totalmente precaria, y ni Inglaterra, ni ninguna monarquía, estaba dispuesta a reconocer a la república francesa, y posteriormente, tras 1804, tampoco a Napoleón como emperador.
En 1803 los ingleses reanudaron la lucha contra Francia en el mar, y en 1805 Rusia, Suecia, Austria y Nápoles se unen a Inglaterra, formando de esta manera la Tercera Coalición. El principal problema para Napoleón era Inglaterra, la flota francesa no era suficiente para derrotar a los experimentados ingleses, por lo que en 1804 consiguió que España apoyara a Francia, en una nefasta política española llevada por Godoy, que acabó en la conocida  batalla de Trafalgar, con la destrucción de la flota francesa y española. Ello puso fin a la única posibilidad de Napoleón de derrotar a Inglaterra en el mar.
Sin embargo, Napoleón iba a mostrar su capacidad en la guerra terrestre. En 1805 los ejércitos de la Tercera Coalición empezaron a sufrir continuas derrotas. La principal batalla fue Austerlitz, en 1805, en la que los ejércitos austriacos y rusos fueron derrotados. En 1806 Napoleón conquistaba el reino de Nápoles, y su hermano, José, era coronado como rey allí. Y en 1806, con la gran mayoría de los Estados alemanes ocupados, fundó la Confederación del Rin, a cuyo cargo puso a su hermano Luis.
La Tercera Coalición se desintegró, pero Prusia y Rusia se aliaron en una Cuarta Coalición, pero igualmente en 1806 fueron derrotados en las batallas de Jena, Auerstädt y Friedland. En 1807 el Zar de Rusia acabó firmando el Tratado de Tilsit, donde el territorio de Prusia era reducido, y el Gran Ducado de Varsovia pasaba a estar bajo el control de Napoleón. Éste conseguía así pacificar su frente oriental, e iniciar un bloqueo continental del comercio de Inglaterra. Sin embargo, Portugal se negó a bloquear sus puertos al comercio inglés. Tras una alianza con España, los ejércitos franceses entraron en territorio español para llegar hasta Portugal que fue fácilmente conquistado. Pero las conspiraciones del príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, contra su padre Carlos IV en España, hicieron que finalmente Napoleón decidiera controlar España. Tras una reunión en Bayona entre Napoleón, Carlos IV y Fernando VII, se produjeron las famosas abdicaciones, donde el trono español recayó finalmente al hermano de Napoleón, José, siendo sustituido en Nápoles por Murat.

Pero el pueblo español entendió que la familia real española estaba siendo retenida contra su voluntad. En todo el país surgieron Juntas Provisionales, en nombre de Fernando VII, que iniciaron la resistencia contra los ejércitos franceses, a lo que se unió un nuevo frente en Austria, quienes habían roto la paz firmado en los años anteriores. Los austriacos fueron vencidos en la batallada de Wagram en 1809, y los nuevos territorios arrebatados a Austria se convirtieron en las Provincias Iliricas, y un nuevo Tratado con Austria llevo a que Napoleón casara con la princesa Maria Luisa, hija de Francisco I de Austria. De dicho matrimonio nació un hijo al que se le concedió el título de Rey de Roma, puesto que los Estados Pontificios habían sido conquistados también.

En 1810 el imperio de Napoleón había alcanzado su mayor expansión. A partir de entonces se iniciará la caída del imperio y del propio Napoleón. Pese al Tratado que había sido firmado con Rusia, el Zar fue presionado por la aristocracia para iniciar de nuevo las hostilidades contra Napoleón y recuperar del Ducado de Varsovia. En 1812 los ejércitos rusos llegaron a la frontera polaca, pero la Gran Armada de Napoleón derroto a este ejército, y penetró en territorio ruso. Los rusos optaron por no presentar batalla contra los ejércitos franceses, con el fin de que Napoleón se adentrara en el territorio Ruso y el invierno cayera sobre él. Napoleón llegó hasta Moscú, donde pasó un mes, pero observando que el Zar no estaba dispuesto a firmar ningún armisticio, y temeroso de perder el control de Francia, decidió retirarse. Napoleón perdió casi 600.000 hombres en la retirada de un ejército que había comenzado la campaña con 650.000.
Ante tantas bajas, Prusia se unió a Rusia, al mismo tiempo que los Ingleses apoyaban a Portugal y España en la resistencia contra los franceses. Sin embargo ello no impidió que Napoleón derrotara a la nueva Coalición en Dresde en 1813. Pero pocos meses después, con Suecia y Austria unidas a la Coalición, Napoleón fue derrotado en Leipzig. Napoleón replegó todo su ejército a Francia, pero para entonces su ejército estaba demasiado mermado como para hacer frente a los ejércitos de la Coalición.
A finales de Marzo de 1814 los ejércitos de la Coalición llegaban a Paris, y en abril de ese año Napoleón firmaba el Tratado de Fontenebreau, después de que intentara la abdicación en su hijo. Napoleón fue exiliado a la pequeña isla de Elba, manteniendo el título de emperador. Mientras tanto, las potencias vencedoras se reunían en el Congreso de Viena para restaurar el orden en Europa. En Francia, Luis XVIII era nombrado rey.
Recreación de la batalla de Waterloo

Pero Napoleón no se iba a mantener en Elba, tras burlar la seguridad inglesa, logró cruzar en una barcaza hasta Francia. Sin necesidad de derramar sangre, Napoleón consiguió que el ejército que había sido enviado por Luis XVIII para detenerle, y comandado por el Mariscal Michel Ney, se pasara a su lado. En poco menos de un mes, Napoleón llegaba a París, donde instaura el llamado gobierno de los Cien Días. Creando un ejército con sus antiguos veteranos, Napoleón fue derrotado en Waterloo en 1815, y sin el apoyo de los políticos franceses, Napoleón abdicó en su hijo, Napoleón II, y se entregó a los ingleses.

Napoleón pensó que los ingleses volverían a darle un exilio dorado, sin embargo, fue encarcelado y llevado a la Isla de Santa Helena, suficientemente alejada de Europa, en donde murió en 1821.

 

BIBLIOGRAFÍA

GODECHOT, J. (1976): Europa y América en la época napoleónica, Labor, Barcelona

MANFRED, A. (1988): Napoleón Bonaparte, Akal, Madrid

SOBOUL, A. (1992): La Francia de Napoleón, Crítica, Barcelona

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