Las revoluciones de 1830 y 1848

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Si las  revoluciones de 1820 habían podido ser superadas por el Antiguo Régimen, a partir de 1830 las monarquías ven que el régimen absolutista es algo ya del pasado, después de los dos periodos revolucionarios: 1830 y 1848. A partir de entonces la gran mayoría de los Estados crearan constituciones y regímenes parlamentarios más o menos liberales.
Los dos periodos revolucionarios tienen como inicio Francia, en donde ambas revoluciones triunfaran, y de allí son exportadas al resto de Europa, a excepción de Inglaterra, donde ya existía un régimen parlamentario.
LA REVOLUCIÓN DE 1830
En Francia,  el periodo de la Revolución aún no había sido olvidado y la población, con la gran burguesía a la cabeza que aspiraba llegar al poder, pedía cada vez una mayor apertura del régimen. Sin embargo, Luis XVIII, quien se había mostrado moderado durante la Restauración, había fallecido, y Carlos X, el nuevo monarca,  creía que ante los descontentos y protestas generalizadas en Francia, la solución era la suspensión de prensa y  la disolución de las cámaras, dos de los puntos esenciales de la Carta Otorgada.

Carlos X de Borbón

En estas condiciones, el pueblo, liderado por la gran burguesía, se echa a las calles, y ante dicha presión, Carlos X abdica en su nieto, pero de nada sirve ya. Se pide el fin de los Borbones, aunque no el fin de la monarquía, puesto que la gran burguesía es ante todo moderada y no quiere retornar a una segunda república. Se acude, por tanto, a la otra casa que había sido reinante en Francia, la casa de Orleans, y su candidato era Luis Felipe, coronado por la voluntad del pueblo, quien crea una monarquía moderada, garante de las libertades.

La revolución de 1830, dejo ver la fuerza de las calles, y la caída definitiva del Antiguo Régimen en Francia, con el triunfo del liberalismo, pero tal y como era entendido por la gran burguesía: una monarquía constitucional con un sistema electoral censitario. Es decir, el triunfo de la Revolución fue el triunfo de la gran burguesía, que pasa ahora a controlar el poder, dejando fuera de éste al resto de las clases por debajo de ella, que habían participado también

Leopoldo I de Bélgica

en la lucha, especialmente las clases más desfavorecidas, que se enfrentaron, mediante barricadas, a las fuerzas del orden. Por tanto, existe aquí una primera ruptura entre los liberales, puesto que la mediana y pequeña burguesía luchara ahora por llegar también al poder.

En Bélgica el liberalismo se mezcla con un tinte nacionalista, que clama por su independencia de Holanda, después de que el Congreso de Viena hubiera unificado ambos países. La revolución belga, a excepción de Francia, es una de las pocas que triunfa. Bélgica se independiza definitivamente y se elige a Leopoldo I como monarca, creándose, al igual que en Francia, una monarquía constitucional.
En Italia se dieron revoluciones especialmente al norte, pero todas ellas fracasaron, tras la intervención austriaca, y de igual modo en Polonia, en donde se intenta también la independencia, y en donde actúan contundentemente los tres Estado que se había dividido el país, especialmente Rusia, en donde las revoluciones de 1830 y 1848 no tendrán prácticamente repercusión por la inexistencia, prácticamente, de una burguesía capaz de encabezar la revolución.

LA REVOLUCIÓN DE 1848

A partir de 1848 se vuelve a generalizar los movimientos revolucionarios. Serán llamativos en Francia, Confederación Germánica e Imperio Austriaco. Pero estos movimientos se caracterizaran, además de por el descontento político, por una crisis económica y una crisis de supervivencia, y por lo tanto un hambre generalizado entre las clases menos pudientes.
Además, las revoluciones de 1848 tienen un carácter marcadamente nacionalista, de ahí que se conozca a este año como “la primavera de los pueblos”.
Una vez más la Revolución comienza en Francia. De las primeras esperanzas que se había depositado en el nuevo régimen surgido tras

Luis Felipe de Orleans

1830, a la altura de 1848 estaba claro que la gran burguesía no abriría el sistema político ante el temor de perder el poder, manteniendo un sufragio muy censitario que permitía excluir de la vida política al resto del país. Esto hizo que con el paso del tiempo la monarquía, representada por Luis Felipe de Orleans, fuera cada vez más impopular. Ello, unido a que París se había convertido en el refugio de liberales que estaban perseguidos en otros países europeos, hizo que en 1848 las clases trabajadoras, que ahora estaban tomando conciencia de clase (hay que recordar que 1848 es el año del Manifiesto Comunista de Marx), pero dirigidos por la mediana y pequeña burguesía, se echan a las calles, en donde se produjeron encarnizados combates en improvisadas barricadas, hasta que finalmente la monarquía fue derrocada.

Se creó un gobierno provisional, formado por republicanos, demócratas, un teórico socialista, Luis Blanc, e incluso un obrero. Se eligió también una Asamblea Nacional Constituyente, implantándose el sufragio universal masculino, en donde fueron elegidos en su mayoría republicanos moderados, estando a la derecha de estos orleanistas, y en la izquierda demócratas radicales.
Tras el triunfo, rápidamente se vuelve a moderar, y se deja de lado a los elementos más radicales. Tras su aparente inicial carácter democrático, el nuevo gobierno pronto dejó de escuchar las reivindicaciones de las clases bajas. La mediana y pequeña burguesía había alcanzado el poder, pero una vez más intentan monopolizarlo frente a la clase obrera, utilizando la fuerza contra estos.
Cuando pocos meses después del triunfo de la Revolución, el Gobierno decretó el cierre de los talleres nacionales que daban trabajo a miles de parados, se produjo una segunda oleada de insurrección por parte de las clases obreras, que fue sofocada de forma sangrienta. A partir de entonces se desligaba la mediana y pequeña burguesía del proletariado, iniciándose un auge, en solitario, del movimiento obrero.

Napoleón III

Sin embargo, el nuevo régimen francés, la Segunda República, no iba a durar mucho. El recién elegido presidente de la república, Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón, que consiguió el voto de las clases rurales gracias al recuerdo de su tío, mantendrá una lucha contra la moderada Asamblea Nacional, controlada por los monárquicos legitimistas, y que abolió en 1850 el sufragio universal. Ello permitió a Luis Napoleón presentarse como el garante de las libertades, y después de que la Asamblea no aprobara una nueva constitución que prorrogara su mandato más allá de cuatro años, Luis Napoleón dio un golpe de Estado, en 1851, celebrándose un plebiscito que aumento sus poderes, y al año siguiente promulgó una nueva constitución, que aumentaba su mandato a diez años, y creaba tres cámaras legislativas. Al igual que su tío, iniciaba así el camino hacia el segundo imperio, y el 2 de diciembre de 1852, mediante plebiscito, Francia vuelve a convertirse en Imperio, y Luis Napoleón se convierte en su emperador bajo el nombre de Napoleón III.

El proceso revolucionario que se dio en Francia, alentó, como en 1830, a que el resto de Europa se levantara también. En la Confederación Germánica los levantamientos son intensos, pero a diferencia que en Francia, la gran burguesía no había tomado aún el poder, y este seguía aún en manos de la nobleza. Se observa en los Estados alemanes una conciencia nacionalista hacia la unificación, en un contexto económico en auge como demuestra el Zöllverin (solo Austria quedaba excluida), o unión aduanera, que había unificado una futura Alemania en el aspecto económico, y en donde  Prusia era el  Estado más extenso y con el mayor desarrollo económico.
La gran mayoría de los Estados alemanes crearon constituciones, y se dio también el paso hacia la unificación. En Frankfurt se convocó una asamblea federal por sufragio universal, pero Austria y Prusia mostraron desconfianza desde el principio. Este nuevo parlamento ofreció la corona a Federico Guillermo de Prusia, quien no la aceptó por considerar que una corona era algo demasiado sagrado para venir de un parlamento, y rechazó también la constitución aprobada en Frankfurt, disolviéndose el parlamento.
En el Imperio de los Hansburgo, muchas zonas mostraron revueltas, también con un tinte nacionalista, en un Imperio que era un mosaico de nacionalidades: Checos, eslavos, Polacos eslovenos, croatas, serbios, magiares, rumanos, italiano. Estos movimientos provocaron que el primer canciller, Metternich, fuera cesado, huyendo del país, y el propio Emperador abdica en Francisco José I, que comenzaba uno de los reinados más largos de la historia, bajo una monarquía constitucional y parlamentaria.
Frente a las reivindicaciones del nacionalismo checo, liderado por Palacky, el Imperio Austriaco prometió una constitución y la autonomía, pero manteniéndose dentro del Imperio. Pero el nacionalismo húngaro fue mucho más violento, liderado por Kosuth y la nobleza húngara, llevó a  una guerra que perdieron los húngaros, y a partir de entonces el Imperio Austriaco reprimió cualquier tipo de movimiento nacionalista, incluido el checo.
También en Italia se produjeron revoluciones. En Piamonte triunfó el liberalismo, creándose una monarquía constitucional, y el primer intento de unificación de Italia, que fue frenado por los austriacos. También en Nápoles, Toscana, etc, se dieron constituciones.

LA INDEPENDENCIA GRIEGA

Lord Byron

También en Grecia las revoluciones europeas tuvieron su eco, en una vertiente nacionalista e independentista frente al Imperio Otomano, en donde participaron importantes personajes del mundo de la cultura, donde cabe destacar a Lord Byron, o el apoyo moral de muchos europeos, como el propio Luis I de Baviera, que consideraba que Europa estaba en deuda con Grecia.

En 1821, el principal líder griego, Alejandro Ypsilantis, con un pequeño ejército, declaró la independencia de Grecia en el teatro de Epidauro, siendo apoyados por Inglaterra, Francia y la propia Rusia, por razones económicas, pero que suponía la propia quiebra de la Santa Alianza y del sistema de la Restauración, puesto que existía entre los griegos también un ideal liberal.
Pese a ello, los griegos lucharon en solitario, en una sangrienta lucha contra los otomanos, hasta 1827 en el que se produce una intervención extranjera, cuando la flota otomana es derrotada por Francia e Inglaterra en la batalla de Navarino. En 1829 la guerra finalizaba con el Tratado de Adrianápolis, pero ni Inglaterra, Francia  y Rusia aceptaron la constitución griega, prefiriendo una Grecia bajo su protectorado, mientras buscaban un rey que la gobernara.
Mientras tanto, la presión en el interior de Grecia aumentaba, con Capo d´Istria, antes presidente

Otón I

provisional, gobernando el país con carácter dictatorial, hasta que fue asesinado en 1831, abriéndose una guerra civil, hasta que Otón de Baviera aceptó el trono griego que le proponían las potencias europeas en 1832, aunque el mismo sería también destituido treinta años después, siendo sustituido por Jorge de Dinamarca.

CONCLUSIÓN

En un corto periodo de tiempo se estaba dando en Europa las condiciones para una profunda transformación, en la que el peso de los nacionalismos es cada vez mayor. La gran mayoría de los Estados europeos finalizaron 1848 con regímenes liberales, y  en el caso austriaco y alemán, aunque se evaporaron las esperanza tan solo unos pocos meses después de producirse las revueltas, se había dado un paso importante para la introducción de reformas liberales.
Sin embargo, aunque las revoluciones fueron un triunfo para la burguesía, para las clases trabajadoras había sido una decepción, pero entendieron que a partir de entonces tenían una lucha propia: el movimiento obrero.