Clasificación de las fuentes históricas

Una fuente histórica puede definirse como todo aquel documento escrito u objeto material que aporta información para reconstruir el pasado. Son, por tanto, la materia prima con la que el historiador trabaja, el cual, en función del método científico, aplica una serie de técnicas sobre las mismas con el fin sacar de ellas los máximos datos posibles, que le llevarán posteriormente a una serie de conclusiones. Cualquier estudio que no utilice fuentes y, además, no se citen adecuadamente para demostrar los argumentos que se vierten, no puede ser creíble. Sería como condenar a un acusado sin aportar ninguna evidencia.

Las fuentes históricas son muy variadas. Cualquier elemento proveniente del pasado es susceptible de convertirse en tal. Así, por ejemplo, cualquier cosa que hoy en día escribamos o utilicemos será el día de mañana una fuente histórica. Realizar una lista de ellas sería totalmente inabarcable, pero sí que podemos realizar diversas clasificaciones en función de una serie de criterios.

Normalmente se suelen clasificar en dos grandes grupos: las fuentes primarias y las fuentes secundarias. No obstante, las segundas, provienen de las primeras.  Se trata de escritos que hablan del pasado, pero que se elaboraron tiempo o mucho tiempo después de los acontecimientos de los que tratan. Son las obras historiográficas, es decir, las investigaciones de los historiadores, ya sea en libros, artículos, documentales, etc. Estas fuentes son utilizadas posteriormente por otros historiadores para elaborar sus propios estudios, puesto que sería impensable comenzar siempre desde cero.

Sea como fuere, nos centraremos ante todo en las fuentes primarias, las cuales provienen directamente del pasado.  Estas pueden dividirse, a su vez, en fuentes escritas y no escritas.

 

FUENTES ESCRITAS

Como su nombre indica, son fuentes que están escritas independientemente de la grafía, idioma o soporte. Respecto a esto último, estas pueden estar en tablillas de cera, cerámica, metal, piedra, papiro, pergamino, papel e incluso los modernos soportes informáticos.

1. Fuentes documentales. Es toda la documentación que se ha ido generando a lo largo del tiempo ya sea por los entes públicos o, en su caso, por personas privadas. Gran parte de este tipo de documentos se encuentran en archivos históricos. Así, por ejemplo, en España existen cuatro grandes archivos estatales: Archivo General de Simancas, Archivo Histórico Nacional de Madrid, Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona, y el Archivo General de Indias en Sevilla. A lo que se suma los archivos históricos provinciales y de las distintas instituciones públicas, privadas o, incluso, familiares.

Pueden ser clasificadas en:

  • Políticas. Todo aquel escrito que tiene relación con la actividad política como, por ejemplo, discursos, manifiestos, actas de reuniones, documentación diplomática.
  • Legales: decretos, leyes, ordenes, tratados, sentencias judiciales, etc.
  • Estadísticas. Entra aquí la documentación de todo tipo de registros como libros parroquiales, censos, registro civil, cuentas, etc. Todos ellos nos aportan una amplia cantidad de datos que únicamente pueden ser usados si se vuelcan en tablas y gráficos.
  • Cartográficas. Se podrían clasificar como documentación no escrita, pero, por lo general, los mapas, planos, etc. suelen ir acompañados de escritura.
  • Numismáticas.  Aquí entraría monedas, así como billetes en las épocas más modernas. Por norma general, las acuñaciones monetarias llevan siempre algún tipo de grafía, aunque se puede dar el caso contrario.

2. Publicaciones periódicas, es decir, prensa diaria y revistas. Su existencia únicamente se remonta al siglo XVIII y hasta el siglo XIX no se convierte en algo habitual. Nos explican lo que sucedía en el día a día de una época, lo que la convierte en una fuente de gran valor.

3. Obras literarias o científicas. Son obras que se escribieron en una época concreta y que tratan sobre temas muy diversos. Desde novelas, poemas y ensayos hasta obras de investigación, así como canciones o himnos. Nos permiten conocer la mentalidad de la época y otros datos que no aportan las fuentes documentales. Cabe mencionar que este tipo de fuente puede contener a su vez referencias o incluir textos legales o políticos como, por ejemplo, ocurre con los historiadores romanos.

4. Las memorias y diarios personales se podría decir que tienen un carácter especial, puesto que en la mayoría de los casos se escriben con la intención de que queden para la posterioridad. Por tanto, el historiador debe ser especialmente cuidadoso, ya que muchos de los hechos son modificados o alterados en función de los intereses de quien escribe. Por ejemplo, la persona que escribe sus memorias intenta situarse en el centro de la acción y ensalzar sus logros.

5. Correspondencia personal o documentación personal. Se pueden englobar aquí cartas, borradores, notas, etc. que alguien generó para sí mismo o para unas pocas personas, pero sin que existiera la intención de que las leyera el gran público. Un claro ejemplo es la correspondencia de Cicerón.

 

FUENTES NO ESCRITAS

Las fuentes escritas engloban una amplia cantidad de objetos que, de nuevo, no se crearon con el fin de informar al historiador, pero que este puede utilizar para su investigación.

1. Todas las fuentes artísticas desde la arquitectura y escultura hasta la pintura, incluyendo el arte rupestre.

2. Objetos cotidianos. Cualquier tipo de objeto que se utilizara en épocas anteriores, desde ropajes, instrumentos de  trabajo, instrumentos musicales, adornos, vehículos, etc.

3. Fotografía, cinematografía y grabaciones sonoras. Son unas fuentes que, evidentemente únicamente se empiezan a producir bien adentrado el siglo XIX o incluso el siglo XX. Son fuentes de gran importancia para la historia reciente.

4. Fuentes orales. En la historia más reciente, cuando todavía quedan personas vivas que presenciaron los acontecimientos, el historiador las puede entrevistar y sacar datos a partir de sus comentarios. Claramente, al igual que ocurre con memorias y diarios, el entrevistado suele dar una visión de los hechos distorsionada a conveniencia del individuo o por la forma en que este los recuerda.

Finalmente, podríamos hacer un apartado especial para las fuentes arqueológicas. En principio podemos decir que se trata de fuentes no escritas, aunque muchas de las fuentes escritas que hemos citado muchas veces se descubren gracias a la Arqueología, en especial para las épocas más antiguas. ¿Serían por tanto fuentes arqueológicas? En realidad poco importa responder a la pregunta. Del mismo modo, las fuentes no escritas que hemos citado anteriormente también pueden ser rescatadas por la Arqueología (por ejemplo un colgante del neolítico fue en su momento un objeto cotidiano). De nuevo, tampoco tiene mayor importancia. Lo que si podemos considerar una fuente arqueológica son todos los datos que se desprenden de la actuación arqueológica sobre un yacimiento, los cuales van más allá de la mera recuperación de objetos, como por ejemplo conocer la fauna y vegetación de un lugar en un momento dado gracias a la obtención de polen y restos de animales.

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